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Una esposa para mi hermano Novel Cover

Una esposa para mi hermano

In this modern billionaire romance, a high-stakes family arrangement takes center stage. The story follows a calculated search for the perfect woman to marry the protagonist’s brother, ensuring the family legacy remains secure. As the search intensifies, unexpected emotions threaten to disrupt the carefully laid plans. Balancing duty, wealth, and hidden desires, the characters must navigate a world where love is often a secondary concern to power.
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Chapter 3

El primero en llegar al departamento fue Daniel. Ya había estado allí alguna vez en los últimos años, pero esta vez se notaba la presencia de Laura en pequeñas cosas por toda la casa. Era evidente que llevaban un buen tiempo compartiendo el lugar.

Por alguna razón, se sentía nervioso. Esta situación era muy similar a cuando su madre le armaba citas con las hijas de sus amigas, solo que esta vez vino por voluntad propia. Quizá porque esta era la primera vez que quien estaba esperando aprobación era él.

A los pocos minutos sonó el timbre. Era Deanna. Ni bien la vio cruzar el umbral, supo que todo aquello le resultaría más difícil de lo que había pensado. Ella entró con una enorme sonrisa y, en pocos segundos, llenó el lugar con su energía, como si irradiara una especie de luz cálida. Llevaba el cabello suelto; la abundante melena color caramelo le cubría los hombros.

La primera reacción de Daniel fue la de ponerse de pie inmediatamente, como empujado por una fuerza invisible. Al verlo, Deanna no dudó en acercarse hasta él y pararse frente al hombre alto de cabello negro.

—Mucho gusto, soy Deanna. ¿Eres Daniel? —Y le extendió la mano con otra sonrisa.

—Mucho gusto, Deanna. Soy Daniel, el hermano de Harry. Es un placer —tomó su mano para estrecharla y sintió esa calidez irradiando.

Laura entró con algunas bebidas y bocadillos, y ambas mujeres se saludaron. El ambiente se sentía un poco incómodo, pero Harry, con su habitual charlatanería, comenzó a preparar el terreno para aliviar un poco la tensión. Esta reunión debía ser todo un éxito si querían que el plan funcionara. Y lo fue, solo que no como lo tenían pensado.

—Así que estudias con Harry y Laura —tanteó Daniel.

—Sí, nos conocemos de la universidad.

—¿Y qué estudias?

—Canto lírico.

—Mmmm… —respondió Daniel con un dejo de… ¿desaprobación?

Harry le había advertido, se lo había advertido.

—Mmmm, ¿qué?

—Nada.

—Algo debes tener para decir, además de “mmm”.

—Nada… Respeto mucho a los artistas.

—Tal vez debamos comer ahora —dijo Laura, tratando de cambiar el tema.

Debían contener a Daniel antes de que mostrara su carácter especial. Sabían que Deanna no se quedaría callada tampoco. Lo mejor era tratar de estirar y dilatar el inminente choque.

La cena transcurrió en una charla amena. Parecía que Daniel y Deanna habían encontrado un punto de inflexión, hasta que surgió el “tema”.

—Debemos hacer esto lo más rápido posible. No saben lo agradecidos que estamos de que puedan ayudarnos —dijo Harry.

—Es verdad, gracias desde el fondo de mi corazón —añadió Laura.

—Correré con los gastos universitarios por el año que estemos casados, en compensación por tener que pausar tu carrera —disparó Daniel sin más.

—¿Cómo que pausar mi carrera? No voy a pausar mi carrera.

—Definitivamente tendrás que hacerlo. No puedo estar casado con una universitaria, no se vería bien.

—No quiero tu dinero.

—No se trata de eso. Estás por hacer un sacrificio y debe ser compensado.

—Qué bueno saber que será un “sacrificio”.

Harry y Laura se miraron. La delicada línea se había roto.

—Tengo tres hijos, ¿lo sabes, verdad?

—Claro que lo sé.

—Bien, porque debemos establecer reglas para que interactúes con ellos.

Deanna miró a Harry, quien le respondió como resignado. En su interior estaba rogando que su amiga resistiera lo que quedaba de la noche y no se arrepintiera. Daniel parecía estar tratando de cerrar un acuerdo de negocios y no una boda.

—Otra cosa que debes respetar es que en casa tenemos normas de convivencia que funcionan de maravilla y no podemos… cambiarlas.

—¿Dónde vives? ¿En una base militar?

—Espero que no te cueste adaptarte, a pesar de tu evidente desinterés por todo lo que te digo.

—No es desinterés, pero difícilmente pueda adaptarme a nada con esa actitud “castrense”.

—¿Castrense? Es solo un poco de disciplina… Y no puedes vestirte más de esa manera —le señaló las rodillas desnudas.

—¡Ah! Es un convento, no una base militar.

—Chicos, por favor… —intervino Harry.

Pero de ahí en más, todo fue en picada. Las condiciones que Daniel trataba de imponer recibían una respuesta contraria por parte de Deanna. No estaba siendo para nada amable. Era extraño, solía ser cortés a pesar de estar disgustado por algo.

—Son aspectos mínimos que necesito que cumplas si queremos que esta fachada no levante sospechas. No eres exactamente el tipo de mujer con la que saldría.

—Bueno, ¿gracias? Entiendo lo que dices, pero no la forma en que lo haces, como si estuvieras tratando de cerrar un contrato.

—Eso lo hablaré con mi abogado mañana, el contrato prenupcial. Será una boda falsa, pero legítima, y debemos cubrir eso también.

—Entonces déjame repasar: tengo que cumplir reglas y dejar la universidad. Supongo que debes tener un manual sobre cómo debo interactuar con tus hijos y debo cambiar mi manera de vestir. Lo del contrato prenupcial lo entiendo perfectamente.

—Bien, me alegra que llegáramos a un acuerdo.

—¿Qué acuerdo? Eso solo es lo que tú quieres, pero yo también tengo mis condiciones.

—¿Cuáles serían?

—Ya que no puedo continuar en la universidad, tomaré un día en la semana, a mi criterio, para asistir a clases de canto particulares.

—Bien, cubriré ese gasto.

—No necesito que lo hagas, tengo un empleo.

—Al que deberás renunciar, así que yo cubriré el gasto.

Deanna estaba a punto de explotar; solo se contenía porque Laura la miraba con ojos grandes y llenos de preocupación. Daba la impresión de que estaba rogándole por paciencia. Deanna respiró profundo.

—Muy bien… ya que eres un cajero automático con piernas, también quiero un cuarto en tu casa, solo para mí, que funcione como un salón de música.

—Puedo hacerlo… ¿eso es todo?

—Por el momento, supongo que sí.

Se quedaron en silencio sin mirarse. Harry y Laura habían estado conteniendo la respiración sin darse cuenta mientras los observaban discutir.

—Mañana hablaré con nuestros padres para que hagamos una reunión familiar y poder presentarla. Confío en que Laura podrá ayudarla a adecuarse a la situación —hablaba de ella como si no estuviera en el mismo cuarto.

—Bien —dijo Harry y le lanzó una mirada furtiva a Deanna, como tratando de disculparse. Ya estaba oyéndola en su cabeza quejarse sin cesar de las actitudes de Daniel.

Este tipo era increíble, no demostraba ningún reparo por expresarse sin filtros, como si todos fueran sus empleados y debieran seguir sus órdenes.

—Me iré entonces —dijo Deanna. Ya no lo soportaba más.

—Déjame pedirte un taxi —le dijo Harry.

—Nada de eso, yo la llevaré hasta su casa.

—No creo que sea buena idea, Daniel.

—¿Por qué no? Dentro de algunas semanas será mi esposa, es lo más normal del mundo, Laura… Vamos.

Simplemente se puso de pie y se paró junto a la puerta, esperándola. Ella se resignó, saludó a sus amigos y salieron. No cruzaron una sola palabra en todo el trayecto hasta que llegaron a su edificio.

—¿Aquí vives?

—Sí… Bueno, gracias por traerme. Buenas noches.

Y eso fue todo. Se bajó del coche y se perdió dentro del edificio.

Daniel se quedó unos minutos más mirándola y luego pensando. Si no lograba moldearla un poco a sus estándares, nadie se creería la historia. Era una mujer combativa que no se quedaba callada, tenía ese cabello caramelo todo rizado, los ojos grandes y expresivos, la sonrisa cálida… ¿En qué estaba pensando?

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