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Un bebé para el CEO Novel Cover

Un bebé para el CEO

After a night of unexpected passion with a powerful CEO, a young woman discovers she is pregnant. Her life is turned upside down as she navigates the complexities of her new reality. The wealthy businessman, known for his cold and calculating nature, must confront his feelings and responsibilities. As they deal with corporate pressure and personal secrets, they must decide if their connection is a mistake or a chance for a new family.
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Chapter 6

Capítulo 6 — No me iré.

Alexandra

Observando al pequeño bebé mientras dormía, liberé una bocanada de aire, mientras meditaba sobre lo sucedido los últimos días; mi vida había cambiado tanto, que creía que todo se trataba de un sueño.

Extendiendo mi mano despacio, la acerqué a él, quien reposaba plácidamente en su cuna; y acariciando sus mejillas sonrojadas, sonreí al sentir la calidez de su piel, notando que era real, que no se trataba de un sueño.

—Señora Zorzi... Su esposo acaba de llegar.

Tras más de dos semanas de despertar del coma, recuperar la movilidad progresivamente de mi cuerpo, al fin conocería a mi captor, al responsable de encontrarme en este lugar, y asintiendo; solo apreté mis manos alrededor del barandal de la cuna, por lo que estaba pronto a venir.

Decir captor, creo que era un calificativo pequeño para este tipo. Quien me había mantenido cautiva por muchos meses, me había inseminado sin mi permiso, y decía ser mi esposo. Un hecho que, por más que aclaré, nadie me creyó; por supuesto, no era maltratada, y era vigilada por un grupo de médicos, quienes se cercioraban de mi mejoría; además de seguridad, los cuales no me permitieron huir por más que lo intenté.

—Bajaré a verlo.

Respondí, sintiendo mi corazón agitado, no de la emoción de conocerlo, sino de la incertidumbre de no saber qué sucedería; por el momento yo solo tenía una cosa clara, no saldría de aquí sin el pequeño que llevé en mi vientre por meses, aun en mi inconsciencia.

Inclinándome hacia el, me limité a depositar un casto beso en su frente, y viéndolo sonreír dormido, mi corazón se llenó... esta vez de amor.

—Aquí vamos...

Intentando parecer calmada, serena, la esposa de este tipo; pasé mis manos sudorosas por mi vestido, tratando de alisarlo, e iniciando mi caminata. Descendí las escaleras hasta la estancia, en donde lo vi desde la distancia, de espaldas, dando órdenes al personal.

—Por ahora... Pueden retirarse, gracias, por su recibimiento.

Escuché su voz retumbar en el lugar, la cual me pareció conocida; y viendo a todos salir, él se giró sobre sus pies, al fin al notar mi presencia.

Sentí mi corazón detenerse, mientras me quedé inmóvil al notar de quién se trataba.

—Tú eres... ¿El señor Zorzi?

Sentí mis piernas temblar, así como también mis manos. ¿Esto era cierto? ¿Ese hombre era Damiano Zorzi? El mismo que la última noche que estuve con vida, insistió para que subiera a su auto.

Dando un par de pasos atrás, sentí mi cuerpo impactar con la mesa a mis espaldas, y precipitándose al suelo el jarrón sobre ella. El estruendo del cristal haciéndose añicos me regresó a la realidad.

—Tenemos mucho que hablar, Alexandra... Por lo que te pediré ir a mi estudio.

Con su semblante sereno, como si estuviese hablando con alguien cercano a él, me señaló el camino que debía seguir, y permaneciendo de pie en el mismo lugar, solo apreté mis dientes antes de decir.

—¡No sé qué carajos quiere de mi señor Zorzi! Pero déjeme ir...

El hombre de cabello oscuro, elevó su mentón levemente, pareciendo indiferente a mi petición, y juntando sus manos frente a su cuerpo, me observó de arriba a abajo antes de decir.

—Pensé que querías respuestas... Entra al estudio, y te las daré.

La firmeza, e imposición con la que habló, me hizo sentir una opresión en mi pecho que no pude describir, y maldiciendo a mis adentros, traté de calmarme.

—¿Qué me asegura que no me hará nada? Que usted no es un depravado que desea matarme, y quedarse con mi hijo.

El muy cínico sonrió de lado con cierta gracia, como si estuviese jugando con él, y agitando su cabeza en negación, estrechó el puente de su nariz.

—Ya lo hubiese hecho, llevas casi un año aquí en mi casa, llevando a mi hijo en tu vientre. ¿Acaso piensas que hubiese sido difícil deshacerme de ti? No me hagas reír... Sí te interesa, te estaré esperando.

Pasando por mi lado, sentí unas ganas intensas de golpearlo, pero deduciendo que no lograría nada con ello; permanecí un instante en el mismo punto, pensando.

Huir, no era una opción, era imposible cuando el bebé, y la casa eran protegidas, solo quedaba escucharlo, y si tenía suerte, sacar alguna ventaja de esto, por lo que solo me quedó caminar a donde me señaló.

—Toma asiento, Alexandra.

Rodeando el oscuro escritorio de madera, una vez ingresé a su despacho. Damiano tomó lugar del otro lado, y colocándose cómodo para empezar a hablar, insistió en que tomará lugar frente a él, pero no lo obedecí.

—Hable de una buena vez... Puedo escucharlo desde aquí.

Asintiendo al ver que deseaba estar lejos de él, recargó su espalda en la silla, y observándome por un instante, dijo.

—No eres cautiva, no te tengo secuestrada... Estás en este lugar porque fuiste vendida con un solo fin, darme un hijo que fue concebido por inseminación artificial. En ningún momento abusé de ti... Es más, puedes marcharte cuando desees, pero el bebé se queda.

Bufé, por lo último. ¿Dejarlo aquí? Estaba loco si creía que eso sucedería, quién sabe qué haría con ese niño una vez que saliera por esa puerta

—Eso no pasará, así que ni lo sueñes.

Damiano enarcó una ceja una vez que vio mis manos impactar contra su escritorio, y colocándose de pie, se quedó en silencio, mirándome de manera intensa.

—Entonces te quedarás aquí, Alexandra... Lo que necesité de ti, ya lo tengo. Estás sana, como te dije, te puedes marchar cuando desees.

Sintiendo la irritación aumentar en mi interior al ver que este no me escuchaba, apreté mis labios permaneciendo en silencio los dos, y observándolo con la misma intensidad con la que él, finalmente respondí.

—Y te diré de nuevo que no sucederá, me voy, él se va conmigo. Yo no te pedí que me usaras para tu experimento de ser padre, tú me compraste sin mi permiso, así que no me pidas algo que no sucederá.

Damiano negó regresando a su lugar, pareciendo como si nada hubiese sucedido, y sonriendo de lado un instante después, soltó sin descaro.

—Entonces tendrás que seguir fingiendo ser mi esposa... Nadie te creerá que estás aquí porque te compré, que te tengo cautiva. ¿O sí?

Mordí mi labio llena de ira, deseando arrojarme sobre él, y golpearlo, hasta derramar sangre, pero sabiendo que con eso no ganaría nada, solo me giré sobre mis talones, y salí de allí.

Si el señor Zorzi pensaba que con eso me iba a hacer salir huyendo despavorida, estaba muy equivocado, porque de ninguna manera renunciaría, y ese juego de fingir tranquilamente lo podíamos jugar dos.

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