
Siempre fuiste tú
Chapter 2
Mi dulce adolescente pasa horas contándome los mejores chismes de la familia de mi amor platónico, hasta que comienza con sus desvaríos y suelta una locura.
— Termina la universidad, pídele a tu amigo un empleo y la pagas con eso.
— ¿A quién? ¿de qué? — mi adolescente habla con demasiado rapidez como para que le siga la charla.
— A tu amigo, puedes terminar tu carrera a distancia y pedirle empleo a Mateo Zabet, su empresa principal no queda muy lejos, solo un par de horas en automóvil, yo podría ayudarte con los niños…
— Delfina, él no podrá darme empleo, nunca me gradué ¿lo recuerdas? No creo que en su empresa requieran a alguien como yo, una inútil…
— Mamá, le corriges los planos a Mariano.
— No llames por su nombre a tu padre. — Delfi deja salir un bufido, ella a diferencia de mis demás niños si ha visto a su padre golpearme.
— Lo que sea, tú eres lista, inteligente, tu…
Las palabras de mi hija me llenan de un valor que jamás creí tener, me recuerda que tan lista y útil puedo ser, y es cuando me atrevo a desear algo para mí.
Me esfuerzo por hacer una cena digna de dioses, les pido a mis pequeños que se comporten como cuando sus abuelos vienen de visita y a Dios le encomiendo mis plegarias, mientras sirvo la cena bajo la atenta mirada de Mariano.
— Mariano, hoy estuve pensando… — las carcajadas de mi esposo provocan que aferré los cubiertos con mayor fuerza.
— Eso es nuevo ¿verdad Emilia? Tu madre puede pensar. — mi niña quita sus ojos de su cena y lo ve empática.
— Mamá es más lista que la tonta que tienes de secretaria. — suelta de la nada Delfina y comienzo a sudar.
— Mira jovencita…
— Cariño. —llamo su atención y me alivio de obtenerla, aunque creo que mi plan se fue por un caño.
— Mejor dime que mierda quieres Elizabeth, me toca las bolas que des tanto rodeo para decir mierda. — los ojos de mis hijos sobre mí me hacen hiperventilar, muerdo mis labios para retener las lágrimas y mostrar una estúpida sonrisa.
— Te quería preguntar si podría inscribirme en la universidad, para terminar… — el golpe que da en la mesa me hace pegar un brinco, mientras Delfina se pone de pie y sale del comedor.
— No, sabes que el dinero que tenemos es para la universidad de Delfina, pero como veo que te sobra el tiempo como para querer desperdiciarlo en estudiar a tu edad, sabiendo muy bien que eso ya es inútil, y que mi hija se cree muy adulta para intervenir en nuestros asuntos… será mejor que busques empleo y que Delfina se encargue de sus hermanos cuando salgan del colegio. — el silencio se esparce por un largo tiempo, es como si mi estúpido cerebro no quisiera comprender lo que acaba de decir.
— Cariño… Delfina no tiene por qué cuidar a sus hermanos, son nuestra responsabilidad, no la de ella, y ¿Qué tipo de empleo puedo aspirar cuando solo fui un año a la universidad…?
— Primero que los niños son tu responsabilidad, no la mía y lo sabes, segundo si te digo que ella se ocupe lo debe hacer, a no ser que quiera que la coloque en su lugar como lo hago contigo. — Tiara deja caer un vaso de agua y por un segundo creo que ella sabe de los golpes.
— Lo siento, manos de manteca es mi segundo nombre. — bromea como siempre lo que hace que me quede tranquila, no necesito que mis hijos sepan cosas que no se pueden cambiar.
— Es verdad, tú eres mi princesa manos de manteca. — mi hija sonríe cómplice a su padre, dejándome en claro que él es un buen padre, no como yo. — Y en cuanto a lo otro, Elizabeth, trabaja trapeando baños, quizás así Delfina comprenda lo que le espera si no levanta sus notas, ser una inútil como tú, que solo puede aspirar a un empleo de limpieza.
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