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Secuestrada por el Árabe Novel Cover

Secuestrada por el Árabe

Safira’s quiet existence is shattered when she is abducted by a ruthless Arab tycoon. Thrust into a world of opulence and danger, she becomes a pawn in a high-stakes game of power and obsession. As her captor’s dark secrets emerge, she must navigate a treacherous landscape of mafia ties and shifting loyalties. Trapped between fear and a burgeoning, forbidden attraction, Safira fights to regain her freedom before she is lost forever.
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Chapter 3

Ahmed no podía creer que la chica se hubiera esfumado, estaba decidido a buscarla hasta encontrarla, no le importaba el tiempo que necesitará para ello, su rostro y su aroma tan particular se habían quedado grabados en su memoria, Zafir aún seguía en Los Ángeles investigando sin obtener resultados, aún no había indicio alguno de aquella chica, Cambell entró en su oficina, irrumpiendo abruptamente sus pensamientos, pego un brinco cuando este entró tan ruidoso como siempre.

—¡Carajo Cambell! Te he dicho que debes de tocar antes de entrar, es una regla básica para demostrar un mínimo de educación.

—Tranquilo amigo, ni que fuera a encontrarte en alguna situación comprometedora con alguien, si así fuera me daría gusto, hasta porras te echaría - dijo el rubio, sonriendo maliciosamente.

—¿Qué se te ofrece? Espero sea algo importante.

—Uno de nuestros socios en Los Ángeles se casa en unas semanas, la próxima semana es su despedida de soltero y nos ha invitado.

—¿Es alguno de los que asistieron a la cena aquel día?

—No, él no pudo asistir, envió a su mano derecha.

—Ve tú, yo paso, no estoy para esos eventos.

—Amigo mío, cómo te explico, Carlo Román Conti, es uno de nuestros socios más importantes, por lo general inyecta un gran capital a nuestros proyectos sin cuestionarlos, podría ofenderse si rechazamos su invitación, está por invertir en la creación de los nuevos equipos, así podremos producirlos a la par de los otros modelos.

—Está bien asistiré —dijo poniendo cara de fastidio, sabes que no acudo a fiestas, pero estaré solo un rato y me marcharé, en esas fiestas suele haber demasiado ruido y excesos.

—Ok hermano, sabia decisión, es seguro que habrá diversión que pienso aprovechar indudablemente - frotó sus manos al decir esto mientras sonreía.

—Para fiestas estoy —gruño Ahmed.

—Llevas cuatro años alejado de la vida social amigo, menos mal que esa chica te hizo romper el celibato, ya me tenías preocupado, incluso llegué a pensar que quizá tenían razón con lo que han dicho y que ya te habías enamorado de mí jajaja.

—Sabes por lo que he pasado, no me gusta que cuestiones mi comportamiento ni mis decisiones, somos amigos, pero no cruces los límites, sabes que mi paciencia se me agota —dijo a la vez que hacía una mueca de disgusto.

—Ok, mejor me retiro, nos vemos cuando se te pase lo gruñón.

Lo dijo mientras alzaba las manos en señal de rendición caminando hacia atrás, lo que hizo reír a Ahmed.

A veces le era difícil soportar las locuras de su amigo, pero sabía que en tiempos difíciles podía contar con él, tal como había ocurrido años atrás, fue el único que se quedó a su lado cuando más lo necesitaba.

Escuchó que tocaban la puerta de su oficina, enseguida entró una sensual rubia, era muy bella y voluptuosa, camino hacia él mientras sonreía.

—¿Necesitas algo Anelie?

—Uhmmm eso no lo tienes que preguntar si ya lo sabes perfectamente —se le quedó viendo mientras mordía su labio inferior.

—Me refiero al trabajo, en cuanto a lo otro, ya te he dicho que si quieres conservar tu empleo tienes que cambiar tu comportamiento y tu actitud hacia mí, no me importara despedirte, aunque hayas sido la mejor amiga de Lyna, sabes que no me interesas, que no me provocas nada en lo absoluto y que no lo harás.

—¿Estás seguro de poder despedirme? Sabes que Lyna te pidió que me ayudaras y le prometiste hacerlo, si me despides ella no podrá descansar en paz.

Lo dijo mientras inclinaba su cuerpo hacia adelante, dejando ver lo poco que cubría aquella blusa con tan pronunciado escote, acercando sus grandes atributos a la cara de Ahmed, el volteo la cara intentando contener su furia.

—Sal de aquí de inmediato Anelie, sal o no respondo.

—Te dejo estos documentos, revísalos, me avisas cuando los hagas para entregarlos —le dijo mientras le guiñaba un ojo.

La rubia salió moviendo exageradamente las caderas, tenía un cuerpo escultural y lo sabía, Ahmed le gustaba desde hacía mucho tiempo, por eso se había hecho amiga de Lyna, así podría estar cerca de él, había intentado por todos los medios llamar su atención, pero parecía que Ahmed no la notaba, incluso fingía sentir amor por sus hijos, cuando se enteró de la fatal noticia, celebró sus muertes, pensaba que sin esos estorbos de por medio, le sería más fácil conquistar al árabe.

Ahmed pasó su mano por su cabello, era increíble el descaro de esa mujer, no quitaba el dedo del renglón, estaba dispuesta a conquistarlo, pero más que agradarle solo lograba exasperarlo.

Horas más tarde, al finalizar la última reunión del día, el árabe se sentía agotado, esa noche se quedaría a dormir en la habitación que tenía en la parte de atrás de su oficina, ahí tenía ropa y todo lo necesario, solía quedarse frecuentemente en ese lugar, su casa era un lugar muy grande y frío en el que no le gustaba estar, cada espacio estaba lleno de hermosos recuerdos, los niños corriendo por los pasillos, su mujer cocinando mientras sonreía, el jardín con los rosales que plantaron juntos, incluso hasta las paredes guardaban recuerdos en las imágenes que colgaban de ellas.

Salió de la sala de reuniones, al entrar en su oficina, se aflojó la corbata, ya todo el personal se había retirado, solo quedaban él y los vigilantes en aquel edificio, se sentó frente a su escritorio y se sirvió un vaso de whisky, no es que fuera un alcohólico, pero si le gustaba tomar uno o varios tragos de vez en cuando.

Mientras apuraba el contenido de aquel vaso, volteó a ver la fotografía puesta sobre su escritorio, en ella una familia feliz sonreía, agacho la cabeza y cubrió su cara con sus manos recargándose sobre el escritorio, unas gruesas lágrimas cayeron, después de algunos tragos más se levantó para entrar en la habitación.

Abrió la puerta, al entrar encendió la luz, grande fue su sorpresa al ver a Anelie acostada sobre la cama, la mujer le sonrió mientras recorría sus labios con su lengua, llevaba puesta una diminuta lencería de encaje, se le quedó viendo para después rodear sus pechos con sus manos, abrió sus piernas tratando de encender el deseo en él.

—Ven aquí, calma este fuego que se enciende cada vez que te veo.

Ahmed se acercó, la mujer sonrió aún más pensando que por fin lograría su objetivo, más de repente sintió que apretaba fuertemente su brazo, la obligó a levantarse y la llevó hasta la salida de la oficina, de un empujón la sacó de ahí, no sin antes darle una advertencia.

—Que sea la última vez que haces esto ¿qué te estás creyendo?

—Lo siento Ahmed sabes que te amo y te deseo, no puedo salir desnuda a la calle, por favor déjame entrar por mi ropa.

Ahmed cerró la puerta, para después volver a abrirla, aventó la ropa sobre la chica.

—Es la última advertencia, te controlas o te vas.

Anelie no dijo nada, bajó la mirada, tomó su ropa y se marchó de ahí, no pensaba dejar de insistir, Ahmed tarde o temprano sería para ella.

En el interior de la habitación Ahmed aventó las sábanas al piso, puso unas limpias y después se acostó estaba tan cansado que se durmió rápidamente.

En su sueño un niño le sonreía, a lo lejos vio a una mujer que sostenía en sus brazos a un bebé, ella lo miraba, su mirada era triste, él trató de acercarse a ellos, pero cuanto más lo intentaba más lejos de él estaban.

Despertó sobresaltado, cubierto en sudor, las lágrimas mojaban su rostro, esto ocurría siempre que ingería demasiado alcohol, trataba con el de olvidar sus penas, pero sucedía todo lo contrario, sus recuerdos se hacían más presentes convirtiéndose en pesadillas.

Vivía en una especie de bucle en el que las cosas se repetían continuamente, una y otra vez revivía el recuerdo más doloroso de su existencia, aquel que le carcomía las entrañas, ese en el que veía a su mujer y a sus pequeños hijos dentro de esas frías cajas, deseaba morir para estar con ellos, no podía olvidar el momento en el que tuvo que abandonarlos en el interior de aquella lúgubre cripta.

Tenía una vida y una familia perfecta, si tan solo la vida le diera la oportunidad de volver a tenerlos, todo sería tan diferente.

Después de perder a su familia se había perdido en el alcohol, Cambell estuvo ahí cada día, soportaba sus arranques y sus insultos, poco a poco fue recobrando la sobriedad, pero las pesadillas lo acompañaban cada día.

Sus padres habían insistido para qué regresará a Dubai, él se negó rotundamente, no volvería al lado de las personas que odiaban a su familia, sus padres inclusive se habían negado a conocer a sus nietos, Lyna había sufrido durante años por todo eso.

No sabía en que momento de la vida había perdido del camino, había renunciado a todo por ella y después la hizo a un lado, pensaba que tenía merecido el castigo.

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