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Por favor, no te enamores Novel Cover

Por favor, no te enamores

Era un acuerdo, frío y sencillo. Ella traía consigo cargas que parecían insuperables; yo estaba rodeado de escombros de una vida que alguna vez fue estable. Su esposo había dejado una herencia de problemas, y mi exesposa había decidido que arruinar mi existencia no era suficiente: quería arrebatarme lo único que realmente importaba, mi hijo. Así que el trato parecía lógico. Un negocio. Solo eso. Ella no tenía afinidad por los niños; yo detestaba los conflictos. Pero cuando todo parecía desmoronarse, el pacto ofrecía una salida. Un papel que firmar, una fachada que mantener. Ninguno saldría perdiendo... al menos, eso pensamos. Pero las cosas comenzaron a cambiar. A ella empezó a agradarle mi pequeño hijo. Y yo, contra todo pronóstico, empecé a encontrar cierto atractivo en los problemas que antes evitaba. "No enamorarse de la esposa falsa". Lo repetía en mi mente como un mantra, un intento desesperado de aferrarme a la razón. Mi subconsciente, siempre alerta, lo gritaba en cada mirada que cruzábamos. "No te enamores". Pero mi corazón tenía otros planes, y la lógica cedió ante la intensidad de lo que comenzaba a sentir. Ahora, el riesgo va más allá de perder a mi hijo, mi reputación, mi puesto como CEO o la credibilidad que tanto me ha costado construir. Ahora, el peligro reside en perderla a ella, en dejar ir a la mujer que nunca debió significar nada, pero que se ha convertido en todo. En medio de la desesperación, mientras la vida que construí se tambalea, tomo una decisión que lo cambiará todo. Porque esta vez no estoy dispuesto a rendirme. — Eres mía, Sofía, y no dejaré que te alejes. No a ti.
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Chapter 7

Alexander era una persona considerada, su padre lo sabía y esa era la razón por la que lo nombro CEO de Lumina Entertainment, pues en una empresa que se dedicaba a trabajar con artistas de diferentes niveles el ser empático y un poco benevolente es de vital importancia, ahora, que al fin tenía entre sus manos el contrato firmado por el puño y letra de Sofía, no pudo evitar que las preocupaciones propias de aquella situación rondaran su cabeza.

— Sofía, necesito saber si comprendiste a la perfección lo que acabas de firmar, porque si no es el caso, lo podemos rever. — a la rubia se le hizo imposible no regalarle una pequeña sonrisa a su jefe y ahora falso novio.

— Señor Thompson, lo comprendo a la perfección, recuerde que soy su secretaria, se interpretar un contrato. — advirtió poniéndose de pie, ahora al menos podria tomar un taxi o Uber para ir a la clínica, al menos estaba segura de que todo marchaba bien, pues su madre no la había contactado nuevamente para saber la razón de su demora.

— Sé que sabes leer un contrato Sofía, no era a eso a lo que me refería, solo… queria saber si queda claro que nadie, absolutamente nadie, debe saber que nuestra relación es una farsa, ni mi familia, ni tu familia. — al CEO no le agradaba el tener que mentirle a su madre o hijo, e incluso a su hermana, pero no podía arriesgarse, el contrato que acababa de firmar era el equivalente a ocultar un cadáver, mientras menos personas supieran, más fácil se les haría sostener todo aquello.

—Lo comprendo a la perfección, esto es algo solo que sabremos nosotros dos, quien infrinja esta clausura deberá responder de manera económica al daño causado en cualquier sentido, para con el otro, ya sea a nivel social, económico, psicológico…

— Bueno, no necesito que me repitas el contrato. — algo se comenzaba a agitar en el interior de Alexander, y si bien sabía que era preocupación, no era la misma sensación que le llegaba a la hora de liberar a alguna estrella de su empresa, era algo más, Sofía se veía tan distraída, tan vulnerable, que Alexander se sentía como si se estuviera aprovechando de ella. — Solo… no quiero que esto te ocasioné problemas con la familia de tu esposo, no me gustaría saber que alguien te enfrente o cuestione tu moralidad o…

— No tiene de que preocuparse señor Thompson, la familia de Adrián me odia, sin importar lo que haga. — reconoció dejando salir un suspiro pesado.

— ¿Qué? ¿Como es eso posible? — no era natural en él de involucrarse en las vidas ajenas, pero el saber que alguien odiara a Sofía, le parecía ridículo, ya que la joven siempre le resulto ser una persona simpática, atenta, tranquila, linda, detuvo ese último pensamiento, nunca la había categorizado como linda, aunque si debía ser honesto, nunca se atrevió a ver a ninguna mujer que no fuera Lucrecia. — Lo siento, no debí preguntar.

— No es ningún problema para mí el responderle señor Thompson, no debe disculparse, ellos me odian porque Adrián queria ser padre y, yo no estaba dispuesta a pausar mi vida y mi reciente ascenso como su secretaria, para cambiar pañales, no tengo nada en contra de la maternidad. — se apresuró a decir al ver el rostro cargado de sorpresa de Alexander. — Es algo que respeto mucho, que una mujer cargue dentro suyo una vida y que luego de a luz, no es como que su trabajo acaba allí, y por más ayuda que tenga, ese bebé dependerá de ella, no solo de su tiempo, también necesita afecto, y por supuesto poder darle un estabilidad económica y emocional. — Sofía estaba nombrando cada cosa que Lyra no tenía para ofrecerle a ese niño que estaba pariendo en ese momento. — Y era consiente que nuestro matrimonio recién comenzaba, si bien hacía tres años que éramos novios, no vivíamos juntos, entonces cuando Adrián lo propuso, me negué y luego… sus padres me dijeron que, gracias a mi egoísmo, nada quedaba de su hijo, que, gracias a mí, no tenían ni siquiera un nieto del que aferrarse. — Sofía omitió la parte donde su suegra la golpeo, o cuando su suegro la saco del funeral, y tantas otras cosas más, no pensaba decirle aquello a su jefe, por más contrato de falso noviazgo que hubiese de por medio.

— Lo lamento. — la mano de Alexander fue más rápida que su razonamiento y en lo que le llevo dar un parpadeo, su mano estaba frotando el delgado brazo de Sofía, queriendo consolarla de alguna forma.

— Pues yo no me arrepiento señor Thompson, Adrián será el hombre más importante en mi vida, pero, aun así, no quiero tener hijos. — solo diría eso, no queria usar a su jefe de psicólogo, no queria decirle que no sabría ser madre, porque la de ella no le servía ni como ejemplo. — Y eso me recuerda que tengo que ir a la clínica, a esta hora mi sobrino ya debió de haber nacido.

— En ese caso, deja que te lleve.

— Oh, no se preocupe…

— Pero lo debo hacer, recuerda que, a partir de esta noche, eres mi novia.

Su jefe tenía razón, desde esa noche y mientras le fuera útil, ella seria la novia del CEO.

En la clínica privada Aurora, se respiraba cierta pesadez en el aire, el descontento de Manuel al ver convertirse en madre a su hija menor era notorio, no solo por el rostro cargado de enfado y reproche que mostraba, también porque se mantenía lo más alejado posible de la cama donde su hija estaba recuperándose de la reciente cesAria.

— ¿Dónde está mamá? — pregunto la morena.

— Fue a buscar a tu bastardo. — respondió de manera seca el mayor.

— Por favor, papá, no lo llames de ese modo. — suplico con ojos llorosos la joven.

— Es lo que es, ¿o me equivoco?

— Tu nieto no tiene la culpa de que su padre no este…

— No te equivoques, Lyra, y no trates de convencerme de lo contrario que ambos sabemos que por más que ese hijo de puta de Adrián, estuviera vivo aun así tu hijo sería un bastardo, ese infeliz jamás hubiese dejado a Sofía por ti y lo peor de todo es que ahora ni siquiera le podrás sacar una manutención para ese niño, y yo no pienso cargar con otra boca que alimentar.

— No es así, Adrián iba a dejar a Sofía, me lo aseguro, solo que luego sucedió lo del accidente.

— ¿Qué? ¿Ahora insinúas que Sofía asesino a Adrián porque iba a dejarla? — no, Lyra no pensaba aquello, pero ahora que su padre lo decía.

— ¿La crees capaz de algo así? — al instante Manuel se acercó a la cama y acaricio el cabello negro de su hija.

— No sé, pero sería bueno averiguarlo, además de saber si Adrián tenía algún seguro de vida, pues si ese es el caso, ese dinero le corresponde a mi nieto.

— Que felicidad que al fin se reconcilien, justo para que este hermoso niño vea como su abuelo cuida a su mamá. — Margaret apareció con el pequeño recién nacido en brazos, sin importarle que Lyra aun no lo había podido tomar en brazos, pues se había desRinydo en plena cesaría, pero para Margaret, ser desubicada era algo natural en ella.

— Mira su cabello, es igual al de Adrián. — dijo con lágrimas cayendo por sus mejillas Lyra, mientras Margaret le pasaba al bebé.

— Será mejor que no repitas eso, o Sofía sabrá todo y dejará de ayudarnos. — advirtió la mayor, viendo hacia la puerta, ya que estaba segura de que Sofía llegaría de un momento a otro.

— Ella nos debe demasiado como para así sea ofenderse porque su esposo se diera cuenta que Lyra es mejor que ella, en todo caso el que estuvo en falta fue Adrián por continuar adelante con ese absurdo matrimonio.

Las duras palabras de Manuel tenían una razón de ser, pues apenas Sofía nació, Manuel pensó que su esposa le había sido infiel, pues ambos eran morenos y Sofía era blanca de cabello rubio, pero luego de que Margaret le jurara una y mil veces que no le fue infiel, incluso se atrevieron a denunciar al hospital, donde Margaret había dado a luz a Sofía, alegando que habían cambiado a su hija, pero el hospital presento los registros de que el día en que Sofía nació, Margaret fue la única que dio a luz en aquel nosocomio, por lo que solo trato de aceptarlo, pero cinco años después, cuando Lyra nació, ella si era su hija, tan morena como ellos y de cabello negro, entonces las dudas comenzaron nuevamente, pero no solo en él, Margaret también comenzó a sentir recelo de estar criando a una niña que no era suya y así comenzaron a tratarla, como una niña extraña, una sanguijuela que se alimentaba de ellos, gastando los pocos ingresos que tenían y de esa manera perjudicando lo que le podían brindar a su verdadera hija que era Lyra, porque ellos en verdad pensaban que en el hospital habían cambiado a su hija, aunque claro que como ellos no tenían dinero ni poder, jamás prospero la demanda que habían impuesto al hospital, pues el juez la desestimo.

Pero muchas cosas estaban por cambiar, ni Alexander ni Sofía, eran conscientes que, desde esa noche, nada volvería a ser lo mismo, para nadie.

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