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Nuestra Inocente Secretaria Novel Cover

Nuestra Inocente Secretaria

In the high-stakes world of billionaire business, an innocent secretary navigates a complicated relationship with her powerful boss. This modern romance explores the tension between professional duty and undeniable attraction. As secrets surface and emotions deepen, she must decide if she can trust the man behind the corporate empire. Their journey is filled with passion and unexpected challenges that test their hearts in this captivating tale.
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Chapter 7

—Sabes que no podrá resistirlo, ¡es una niña!

—Tú también lo eras y lo disfrutaste.

—Sí, pero yo sabía en lo que estaba metiéndome. Ella no tiene ni puta idea, Irina.

—¿Por qué estás tan segura de que pasará? Magnus y yo podríamos solo estar cansados de compartirnos, tal vez queramos solo ser más íntimos.

—Sí claro, ¡y yo me chupo el dedo!

—Bueno, técnicamente sí lo haces.

—Eres una… idiota —Telma le dice, llena de ansias—. El poco respeto que me quedaba para ustedes se va a la mierda hoy. Y más vale que me deposites una buena cantidad de dinero por todo esto, si no quieren que les arruine su cochina vida.

Irina solo ríe ante las palabras de Telma y aunque cuando esta se va alejando siente algo en su pecho, algo como un sentimiento de nostalgia, se para firme para salir del estacionamiento y dirigirse a su oficina.

Evangeline es fácil de manipular por lo que Telma ha dicho, y es que no sabe nada de la sexualidad, quizás solo lo básico, pero es eso lo que lo hace más excitante. No todos los días se encuentran chicas a su edad con esas características.

No puede evitar sentirse tan mojada cuando la ve cerca de su marido; cuando nota cómo la chica se pone nerviosa y tan visiblemente sumisa.

Ha estado hablando con su marido toda esta semana sobre las fantasías que tienen con ella y ya no quiere esperar; cada que Eva se muestra tímida, Irina siente que sus sentidos se paralizan. Y sabe que lo mismo le pasa a Magnus; pero ambos saben que deben ser pacientes. Pues no pueden actuar de verdad hasta que la misma Evangeline vaya a ellos.

No obstante, al presenciar la escena rápida en la sala de conferencias, cada partícula del cuerpo de Irina se convence de que debe hacer algo pronto.

No, no, ella no está enferma ni nada de eso. Es solo que tanto ella como su esposo son demasiados adictivos a experimentar, y es más satisfactorio con un juguete humano nuevo.

La conferencia acaba con éxito a pesar de que Magnus ha estado resistiéndose demasiado para al menos rozarse. Necesita atención justo ahora que todos salen de la sala, Irina lo sabe y por eso lo espera sobre la mesa con las piernas abiertas.

—No puedo contenerme, amor.

El ojiazul la baja de la mesa para subirle la falda de cuero crema, hace a un lado su hilo y se introduce lentamente  sin preparo en su agujero trasero, el cual lo recibe más que gustoso.

—Ahhh…

—Ohh, diablos Irina. Me pone tan caliente.

—Y a mí, me tiene mojada desde esta mañana.

—Mmm… —gime ante la sensación de humedad —. Lo puedo sentir, estás tan rica.

Magnus tras moverse lentamente aumenta sus embestidas, palmeando su trasero tantas veces que la marca.

—Ahh… ¡Sí! ¡Sí! ¡Magnus, sí!

Irina voltea su rostro para besarlo y tiene su primer orgasmo cuando ve las sandalias de tacón bajo de Eva en dirección a ellos.

Los paneles de vidrio han sido cambiados a modo oscuro desde hace un rato pero solo hay una parte que no puede escaparse, y esa es los últimos tres centímetros del panel.

—Más duro, amor ¡más, más, más!

El hombre monta una pierna de ella sobre el escritorio para poder penetrarla más abiertamente, y al mismo tiempo en que aumenta sus movimientos una mano suya va hasta su clítoris haciendo que esta se moje sin cesar y grite sin contenerse.

—¡Magnus! ¡Magnus! Ahhh…

Eva solo iba a disculparse, o quizás solo pretender que nada había pasado, cuando sus oídos se concentraron en lo que en la sala ocurría. Así que está allí, sintiendo una impetuosa curiosidad, escuchando los gemidos varoniles de Magnus y gritos placenteros de Irina; mientras su boca se hace agua y sus pezones por primera vez en su vida duelen por el roce del sostén y esa ajustada camisa de oficina.

Su cabeza da vueltas mientras se aleja. Agradece que la sala quede lejos y que desde hace un rato todo el mundo haya vuelto a lo suyo alejados de allí.

Siente que tiene mucho calor y no sabe por qué, pero este se concentra en su parte íntima de forma abrumadora. Siente que debe ver qué le sucede, incluso piensa que tal vez puede ser un problema con su tensión  heredada de sus padres, así que su mente se queda en blanco cuando al entrar a la oficina de Irina su propia mano recorre desde sus pechos duros hasta el borde de su falda de oficina.

Su respiración está agitada, su piel erizada, el corazón fuera de control y los ojos cerrados, cuando sus dedos pasan por debajo de la pretina y su palma llega rápido a su monte de venus; desde allí puede sentir el vapor que la rodea, así que aprieta las piernas y saca su mano antes de que algo peor pueda suceder.

Mientras va al baño de nuevo para lavarse, no puede creer que esté experimentando esto de verdad. Nunca había pasado últimamente de un pequeño escalofrío e incomodidad. Y es que resulta que las últimas veces solo había bastado con poner música electrónica en los airpods que los Keller le obsequiaron, pero esta vez, solo… no siente que puede acabarse con música.

Quizás solo es la acumulación de cosas que ha tenido que ver o escuchar. La primera vez, obviando el juego de roles con Telma, ella los había visto en la oficina de su mansión, y le incomodó pero le pareció relativamente normal. La segunda vez ella estaba solo yendo a despertar a Irina porque esta había tomado el día pero necesitaba hacer algo temprano, y tras tres toques y llamados en la puerta solo entró y la consiguió vestida con lencería negra, hablando por teléfono con los ojos cerrados mientras se tocaba; allí su cuerpo había durado horas tenso, pero solo eso.

Así que dejando a un lado las miradas y ciertas acciones que parecían normal en ellos, esta sensación nueva en su cuerpo le sugiere que es solo una razón ante la necesidad de experimentar.

Suspira tranquila ante los pensamientos que le aseguran que solo se trata de algo normal. Lo escuchó una vez en una charla de la escuela. El cuerpo suele reaccionar a ciertos estímulos, y ella como jamás había sentido la necesidad de tocarse ella misma, al tener un estímulo visual y tenso los últimos días, ha reaccionado; pero lo que se pregunta es, si está bien que la voz en esa situación de Irina o su presencia la haga sentir tanta curiosidad.

Sus padres eran bastante religiosos y aunque ellos ya no están sabe que está mal sentir cosas extrañas por una persona de su mismo sexo; por lo que también piensa que es totalmente normal que incluso la mujer le parezca atractiva, porque las mujeres pueden considerarse atractivas entre sí, ¿o no?

Toda su lucha mental se detiene cuando al salir de la oficina para buscar aire y dirigirse al café, se encuentra con su amigo Jack.

—¿Qué tal estuvo la conferencia, bonita? Wow, ¿en serio cada día vienes con zapatos nuevos eh?

Eva se sonroja porque recuerda que Irina simplemente le llevó de compras un día después de estar en la casa y tiene un atuendo de oficina nuevo como para dos meses completos.

—Estuvo bien, creo. —Toma su café lentamente y decide hacer algo para redirigir sus pensamientos—. Quiero conocer chicos.

—Oh wow, pensé que jamás dirías eso —Jacky se burla, pero luego le sonríe, emocionado—. Yo soy el indicado para eso, linda. Dime, ¿qué harás esta noche?

—No me llevarás de nuevo a ese lugar…

—No, te llevaré a uno cien por ciento normal, te lo prometo.

—De acuerdo —dice chocando su café con el de él—, pero esta vez pago yo.

Se siente orgullosa de decir esto porque hace una semana no tenía en donde dormir ni en qué caerse muerta y ahora tiene una habitación hermosa, con todos los cuidados que jamás pensó tener, comida gratis y un dinero depositándose en su cuenta diariamente  como tal vez no lo hacen con ningún empleado.

Los minutos pasan mientras están en la hora de almuerzo, pero luego todos los presentes ven hacia el pasillo cuando unos hombres con armas en la cintura y trajes negros pasan. Entonces  Evangeline no puede evitar curiosear hasta prácticamente seguir a un grupo de estos hasta la oficina del matrimonio Keller, mientras los demás le muestran una orden al gerente de producción para dejarlos ver algo en el almacén.

—¿Qué es lo que sucede…? —Eva les cuestiona, preocupada.

Un hombre cierra la puerta de la oficina, custodiándola, para luego ponerse frente a la castaña.

—Control de calidad, no puede pasar.

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