
Mi Secreto es Amarte
Chapter 6
Narra Fabiola.
Hoy es domingo, una semana después de que acepté nuestro compromiso con Danilo. Me encuentro maquillando a la séptima concursante de belleza para el mini reinado. Hoy son sus fotos para la presentación ante la prensa y mi agenda se llenó de solicitudes al ser la única disponible en la ciudad para éste día, y además porque nunca le saco los ojos a la gente por mi trabajo, pues es algo que hago con amor.
Termino con la niña morena justo a las ocho de la mañana y siento pena por las niñas que vienen de regreso con su maquillaje perfecto pero con el sueño evidente en sus caras.
—¿Qué tal les fue, eh? —les cuestiono, y una de ellas solo se alza de hombros.
—Si tengo que levantarme todos los días a las cuatro por querer ser una reina, entonces ya no quiero… —se queja Lily, y me río.
—¡Hija bella! —aparece su madre, Liliana, la conozco porque es muy reconocida en el mundo del baile—. ¡Quedó, hermosa, Fabiola! Te enviaré un cuadro en cuanto monte las fotos. Mi niña será la ganadora, el público la amará…
Sonrío por su entusiasmo y entonces alzo una ceja cuando veo a Danilo -quien ha venido a acompañarme-, caminando hacia acá con su hermano.
Mi mirada se enfoca en los ojos mieles que no me quitan tampoco la vista de encima y para cuando quiero cuestionar qué hace aquí, las manos de Liliana van a su cuello para atajarlo y besarlo con fervor.
Bajo la mirada porque de repente siento mi estómago arder, pero intento convencerme de que solo es porque no he desayunado.
Me levanto hacia mi prometido buscando refugio en sus brazos y cuando éste besa mi sien, la parejita se separa.
¿Cuánto tiempo tiene Diego que llegó?, ¿ya tiene una lista de ganado?
Sacudo la cabeza cuando él mira hacia mí.
—Eh… Chicos, ella es Liliana… una amiga —dice sin preocupación.
Entonces la mujer de cabellera con mechas platinadas, saca una risa.
—Sí, amigos… —dice y mira a su hija que está entretenida en su tablet—. Lily, él es Diego. Es el piloto del que te hablé que nos llevará a dar un paseo hoy, ¿recuerdas?
Danilo me hace cosquillas de repente y cuando suelto una risa apartando mi mirada de la pareja, mi prometido me besa y yo le devuelvo el beso. Esto se siente correcto.
—¿Ustedes qué harán hoy? —nos cuestiona Diego mientras no suelta a la mujer de la cintura, ni Danilo a mí.
—Iremos a la iglesia en unas horas para cuadrar la fecha de la boda —le cuento tranquila, aunque me genere ansiedad incluso hablarle.
Sé que Diego no se alegró al ver que he aceptado casarme con Danilo. Lo vi en sus ojos; en esa forma que tienen de volverse más oscuros de lo natural, y en la forma en que como un pequeño que aprende a controlar sus emociones, huye. Lo recuerdo perfectamente como ayer.
Años atrás
—¿Qué día es hoy? —cuestionó mi madre mientras preparaba el almuerzo.
—4 de noviembre —respondí distraída, pues podía ver desde la ventana de la cocina cómo los chicos pasaban por la calle jugando fut.
—Bien, el 10 debo volver a las quimio…
Las palabras de mi madre me llenaron el corazón de dolor.
—¿De nuevo? —cuestioné, aturdida—. Mami, el 13 cumplo quince años. Si vas a las quimio ese día estarás…
—Débil, lo sé. —Ella me examinó con la mirada—. ¿Pero qué puedo hacer, hija?
—Posponerla… —dije sonando obvia. Mi madre bajó la mirada, y sentí el nudo en mi garganta—. Ni siquiera un día tan importante como ese podemos tener un día normal ¿no?
—¡Fabiola!
Salí de casa sintiéndome terrible. En un año nos habíamos mudado dos veces porque mi padre conseguía un trabajo nuevo cada vez, ya que los gastos siempre crecían por la enfermedad de mi madre. Cáncer. La enfermedad que ella ya había superado y había vuelto para recordarnos que no iba a descansar hasta quitárnosla.
Justo cuando el remordimiento me apretó el pecho y quise ir a casa para abrazar a mi madre, una voz me llamó.
—Hey, Fabi —me dijo Germán—. ¿Quieres unirte? No es divertido si somos solo 3.
Asentí con una sonrisa, en cinco meses que llegué, era la primera vez que me invitaban a jugar. Siempre los veía y saludaba. Inclusive me sentaba en la acera y les ofrecía chupitos, pero la mayoría del tiempo se alejaban de mí, gracias al chico que en ese momento al ver qué estaba haciendo Germán, se cruzó conmigo.
—Hola —me saludó Diego con una media sonrisa.
Yo tragué hondo. Su presencia me llenó el pecho de calor, acelerando mi corazón. A él era el único que solía ver jugar, a veces hasta se me derretía el helado en las manos solo por eso. Hasta que un día él se dio cuenta y me sentí demasiado avergonzada para volverlo a mirar.
Hasta ese cuatro de noviembre.
—¡Bien, bien! —me dijo Franklin, un chico llenito, agradable—. ¡Por fin se pondrá bueno!
Diego puso el balón en el centro de la calle libre, poco transitada, y mi pie y el suyo tocaron el balón mientras nos mirábamos a los ojos.
—¡Ahora! —gritó Germán.
Rápido hice un movimiento con mi pie levantando el balón y para cuando Diego se dio cuenta yo ya estaba corriendo hacia Franklin, mi compañero, para que lo tomara.
Sabía que a Diego lo tomó por sorpresa así que lo miré de reojo y reí.
—Mi padre quería un niño. —Me encogí de hombros, y él sonrió levemente, dándome otro calorcito en el pecho.
El juego se volvió bastante apretado para cuando unas chicas de la edad de los chicos llegaron a la calle y al verme quisieron participar.
Diego se quejaba diciendo que no quería jugar más, pero los chicos lo animaron. Pronto armamos un grupo contra los chicos; tres con tres y una portera para cada lado.
Ellos definitivamente no esperaban que los hiciéramos pedazos. Así que al finalizar el juego con nuestro equipo ganador, Germán se acercó a mí y me rodeó con los brazos sobre mis hombros.
—Sí que eres buena... —me dijo, y yo, un poco cansada e intimidada por su cercanía, me sonrojé—. ¿Puedo besarte?
Aunque lo sabía dicho en broma, e intentó alcanzar mi mejilla, yo lo aparté de repente, y éste cayó al suelo recibiendo burlas por parte de las chicas.
—Oye, discúlpate —dijo Diego llegando a nosotros, con el balón en la mano.
Tragué hondo pensando que se dirigía a mí, pero cuando se puso a mi lado y miró a su amigo, incluso el mismo Germán frunció el ceño.
—¿Por qué? Solo estaba jugando, ¿o no, Fabiola?
Yo estaba a punto de responde que sí, pero Diego volvió a hablar.
—Te dije que te disculparas con Fabiola...
—Ohhhh... —corearon las chicas.
Yo me estremecí al escuchar mi nombre en sus labios, pero me puse frente a Diego, pensando en la forma de no crear conflicto entre ellos.
—Él... Déjalo, ¿sí? —le dije, pero sus ojos estaban fijos en Germán, cambiando a un color más oscuro—. No iba a dejarme de todos modos... Debes saber que soy una chica de mi casa —dije esta vez mirando a Germán—. Si es que acaso quieres invitarme a salir tienes que ir a mi casa a pedirlo.
—¡Ouuuu! —corearon la chicas y Franklin, atentos a todo.
Germán soltó una risa nerviosa. Estaba sonrojado, así que asintió.
—Esta bien, niña de tu casa. Vamos ahora mismo a...
El balón pegó en el pecho de Germán interrumpiendo su habla, y antes de que pudiera ver su cara de nuevo, Diego corrió alejándose de nosotros.
—Creo que alguien se puso celoso... —dijo Beatriz, riendo.
Mi corazón bombeó con fuerza mientras lo veía partir, pero Germán se interpuso en mi camino.
—¿Vamos? —me preguntó, extiendo su mano como un caballero.
…
Ahora en la actualidad Diego se prepara para hablar.
—¿Y qué fecha tienen planeada? —pregunta Liliana.
—Bueno —comienza Danilo—. Me gustaría que fuese el 14 de febrero porque ese día nos conocimos pero está muy lejos así que decimos irnos a Noviembre.
—¿Noviembre? —cuestiona interesado.
—Oh, sí, el cuatro si es posible porque el tres y el cinco son días muy... —Danilo sigue hablando, pero no puedo escuchar nada más porque mi mirada y la de Diego se cruzan, recordando seguramente al unísono lo pasó una fecha como esa.
Un día como ese él demostró sus celos por primera vez. También, su amigo Germán no fue a buscarme al anochecer ese día para ir a comer hot dogs, y en su lugar fue Diego.
Y ese día, nos enamoramos.
Aclaro mi garganta en medio del habla de Danilo, sintiendo el nudo repentino en mi garganta, entonces le susurro que quiero irme y rápido procedemos a despedirnos de la parejita.
—¿Quieren venir con nosotros? —cuestiona Diego de repente—. Un amigo me prestó su avioneta para dar un paseo, los invito.
—¡Oye sí! —exclama Liliana y me ve—. Así puedo hablar mejor contigo…
Intento hablar, decir que no he comido, que NO tengo ánimo, pero Danilo me ve con una sonrisa gigante y entiendo. Dios. No puedo creerlo.
—Okay… —murmuro resignada.
Y en cuestión de segundos, Carlos, el productor del programa, llama a Danilo desde la puerta haciendo que éste se vaya, y luego, Lily le dice a su madre que quiere ir al baño; ambas se van y me quedó a solas en el camerino con… mi ex.
Sintiendo la tensión del momento aprieto el bolso bajo mi brazo y me dispongo a salir, pero Diego avanza a pasos rápidos hasta la puerta, la cierra y se queda parado allí, mirándome con fijeza.
Los nervios me recorren la espina dorsal.
—¿El cuatro de noviembre? ¿Es en serio?
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