
La viuda de mi amigo
Chapter 5
Leonardo:
No pude apartar la vista de ella en todo el camino, trataba de pensar alguna excusa para alargar el tiempo compartido, esta sensación que tenía en mi pecho era algo maravilloso, por primera vez en mi vida, sentía que valía la pena estar vivo, por el solo hecho de estar con ella.
Pero cuando llegamos ella fue más rápida que mi mente, y simplemente bajo de auto agradeciendo y saludando con su mano, me quedé viéndola, como entraba en esa pequeña cabaña, preguntándome si realmente no era una hada, por lo menos se dónde vive, de regreso a mi estancia comenzó a repasar nuestra conversación, pasando en limpio el tema de su renuncia podía estar seguro que Elio quería ligar con ella, eso me molesto de sobre manera, a pesar de que era tarde, no lo era tanto para el susodicho, así que lo llamé y efectivamente estaba todavía en el restaurante con Kevin, ahora era tiempo de aclarar las cosas.
— Hasta que te dignas a volver, ¿dime conseguiste algo con la castaña?
— ¿De qué castaña habla Kevin? No me digas que fuiste tras Flor, Leo, no pierdas tu tiempo, ella no lo vale. — Antes que el idiota termine de hablar lo golpee, jamás fui partícipe de la violencia, pero por ella, era capaz de todo, maldito idiota.
— ¡Pero que mierda! Cálmate, Leo.
— Hey, ¡que te pasó loco!
— Te lo diré solo una vez, no vuelvas a intentar pasarte de listo con Florencia, si ella te dijo que no, ¡sé un hombre y acéptalo! Si me vuelvo a entrar que la sigues molestando, me aseguraré de que todo este lugar se valla a la mierda. Vamos Kevin, aquí ya no tenemos nada que hacer.
En menos de 15 minutos ya estábamos en mi estancia, mi amigo no pronunció palabra alguna en el viaje, era sabio debes en cuando, pero en cuanto llegamos, comenzó a hablar.
— Leo, realmente... ¡¿tú realmente sientes algo por ella?!
Sabía muy bien porque era su asombro, durante más de una década ha sido mi mejor amigo, él sabe muy bien de mi nulo interés por los demás, por lo menos en lo que se refiere a cuestiones románticas, si bien en una que otra ocasión me acosté con Charlotte, solo fue por su insistencia, por lo general me gustaba tener relaciones con mujeres que solo veía una vez en la vida y era más que nada para que no hablaran estupideces, una puta obligación.
— Sí, siento todo, amor, miedo, desesperación siento absolutamente todo. — admito de forma desesperada y lleno de frustración.
— Calentura, lo entiendo, pero lo demás, ¿amor? Miedo... ¿de qué mierda hablas?
— Miedo que ella no llegué a amarme, quizás ni le intereso.
— O quizás ya ama a alguien. — Me sorprende el comentario de mal gusto de mi amigo, no sé qué le ocurre, es como si quisiera tirar por los suelos mi felicidad.
— No, eso no, por lo que pude ver cuando hablé con ella, es más que claro que está sola, por ahora. Y es eso lo que me desespera, que alguien la ame como yo y que me la arrebaten.
— Tranquilo, ella sucumbirá a tus encantos, ¿cuándo van a verse de nuevo?
— No lo sé, no se me ocurrió nada para concretar un encuentro.
— Volvamos al restaurante mañana.
— Renunció por culpa de Elio, estaba pensando en decirle a Alfredo que no acepte su renuncia, pero tampoco la quiero cerca de Elio. — Estoy seguro qué ese idiota seguirá molestándola.
— Llámala, dile que la contratas para que cante mañana, no, todo el fin de semana, que tendrás una reunión y la necesitas.
— ¿Una reunión?
— Invite a Amara y sus amigas, voy a tomar tu consejo y vengare a mi hermana.
— Odio cuando le prestas atención a mi lado idiota, mejor solo déjala ir, esa joven no tiene por qué pagar por las idioteces de Alexander, ya seme ocurrirá algo para acercarme a Florencia.
— No, no, ya las invité.
— De acuerdo, la iré a buscar mañana.
Florencia:
Pase toda la noche dando vueltas sin poder dormir, cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Leonardo, esa barba recortada a la perfección, sus labios que tentaban a besarlos, ¡demonios! ¡¿Que me pasa?! Me levanté temprano para salir a buscar trabajo, tomé mi guitarra, si no conseguía nada tendría que ponerme a cantar en la plaza, no me iba nada mal cuando lo hacía, pero necesitaba un sueldo fijo para ayudar con la renta de la cabaña.
Estuve caminando un largo tiempo, estaba sumida en mis pensamientos cuando alguien tocó mi hombro, al girarme lo vi, Dios todo poderoso, ¿acaso podía ser aún más hermoso con la luz del sol? Creí que lo había visto bien anoche, pero no fue así, Leonardo es el hombre más hermoso que he visto.
— Hola. — Me mira con una hermosa sonrisa Blanca y yo por unos segundos no sé qué contestar.
— Ho— Hola Leo. ¿Qué haces aquí? — Parezco tonta hablando así.
— Vine por ti, quisiera pedirte, mejor dicho, quisiera contratarte por el fin de semana, a partir de hoy, tengo una reunión con el grupo que estuvo anoche en el restaurante y me gustaría que cantaras, te pagaré bien. — Habla con tanta confianza como si me conociera de toda la vida. Y lo peor es que no tenga ni fuerzas ni ganas de negarme.
— No lo sé, debo buscar un trabajo fijo. — lo más sensato es que me aleje.
— Puedes empezar a buscar el lunes, te pagaré lo que ganabas en dos meses donde Alfredo, ¿qué dices?
— ¡¿Que?! Es demasiado, no soy un reproductor de música, deberé parar a descansar y...
— Por supuesto, no estarás cantando siempre, solo unos temas por aquí y por allá, además te garantizo que te divertirás, ¿qué dices? — Sé que me arrepentiré, pero más que por el dinero iba a aceptar para poder estar a su lado.
— De acuerdo, a qué hora y donde. — Me hace subir a su auto mientras hablamos.
— Te llevo a tu cabaña para que recojas algunas mudas de ropa, te irás de inmediato conmigo y volverás el lunes a primera hora.
— Hoy es viernes, dices tres días en tu...
— Es una estancia grande, tengo habitaciones de sobra, no te preocupes. — ¿Cuánta tentación voy a pasar al tenerlo a mi lado?
— Bien, vamos y de paso le avisaré a Mónica.
— ¿Es algún familiar tuyo? — Su pregunta me sorprende es como si realmente le interesara saber cosas de mí.
— No, es la otra camarera del restaurante, vivimos juntas porque compartimos gastos, eso es todo.
— Oh, ¿y tu familia? ¿Siguen en México?
— Sí, ellos están allá. Ya no pudieron volver. — No pude evitar que mi voz salga un poco rara gracias al nudo que se formó en mi garganta, mis padres quedaron en aquel lugar, que una vez fue mi hogar, por lo menos sus cuerpos están allí, porque su recuerdo y amor estarán siempre conmigo.
— Hey, ¿estás bien? ¿Qué sucede?
— Nada, detente aquí ya llegamos ahora vuelvo. — Escape como mejor sabía hacerlo, me estaba costando retener mis lágrimas, no me gusta hablar de la muerte de mis padres.
Al entrar veo que todo sigue como cuando me fui hace un par de horas.
You may also like





