
La santa hija de la sombra
Chapter 9
Al llegar a la finca el ambiente no había cambiado mucho, Alejandra se mantenía alejada de todos aun estando en la misma habitación, parecía que su hermana tenía un escudo dirigido solo a ellos, casi no hablaba, casi no los miraba.
— Necesito hablar contigo y Fabrizzio. — dijo dirigiéndose a su padre. Que lo único que hacía desde que ella ingreso en aquel lugar fue observa a su santa hija.
— Vamos al despacho. — respondió mientras le enviaba un mensaje a su amigo y mano derecha.
El despacho de su padre siempre le había gustado a Estefanía, desde que era una niña pasaba gran parte del tiempo allí, ahora le parecía un lugar lleno de responsabilidades y decisiones difíciles, cada vez que se imaginaba sentada en aquella silla.
— ¿Qué sucede princesa? — dijo con afecto su padrino apenas entro.
— Quiero que me sedas el control de todos los negocios ahora papá, no dentro de tres meses. — respondió de forma tranquila, pero decidida.
— No es buena idea, si lo hago, Dante podría sospechar, ya que tendrás que ausentarte… — comenzó a debatir su padre, pero ella era Estefanía y si estuviese en frente de todo, las cosas cambiarían.
— Primero, no me casare, no puedo permitir que los nuestros sigan muriendo en manos de Dante, como tampoco lo engañare hasta que este casado conmigo para decirle quien soy.
— ¿Qué dices? — la sorpresa surco el rostro de ambos hombres, remarcando las arrugas producto de la edad.
— Si tomare tu lugar las cosas cambiaran, quiero una reunión, quiero que cada mafioso del mundo sepa que una mujer ocupara el lugar de LA SOMBRA ITALIANA, que vean mi rostro y no lo olviden nunca, quien será la perra con la que tendrán que negociar, pero sobre todo que sepan de una puta vez que a los Santoro se los debe respetar y antes que me des tu discurso de las ventajas de vivir entre las sombras papá, permíteme decirte que si hubieran sabido que Alejandra es hija de la GRAN SOMBRA esto no le hubiera pasado, ella estaría hincada rezando como cada día y no perdida en su mente sin saber que será de su destino, lastimaron a mi hermana, la atacaron por no saber quién es.
El color chocolate de los ojos de la morena parecía desaparecer y ser cubierto por un manto negro, venganza era lo que buscaba, poder y respeto lo segundo, su hija tenía razón, puede que en el pasado el ser un anónimo o una sombra más era lo mejor para el negocio, pero aquel anonimato le había costado que alguien utilizara a su pequeña hija, no estaba dispuesto a esperar que más podían hacer.
— Entiendo tu punto de vista, pero debes saber que eso no te asegura nada, recuerda que tu padre fue capaz de secuestrar a tu madre hace 20 años atrás, aun sabiendo que el clan Neizan, los Bach y el Ángel de la muerte irían por él. — Fabrizzio siempre apelaría por lo mejor para ellos.
— Y lo hizo solo para liberarte Fabrizzio, porque somos leales, ustedes me lo enseñaron, nos cuidamos mutuamente, es por eso que cuando mi madre escapo tu ayudaste a mi padre a ir por ella, aun sabiendo que era una misión suicida, ahora dime, si tu fueras un mafioso más, un sicario cualquiera y te enviaran contra alguno de la familia, ¿asumirías tu responsabilidad? Tenemos a los Neizan manejando la mayor parte de Rusia, a Donato y Valentina Constantini con todo el norte de estados unido bajo su poder, el tío Eros a cargo de los Bach, y por supuesto a Hades y sus hijos, los Ángeles de la muerte, su sola mención hace temblar a cualquiera, es hora de demostrar que los Santoro también somos importantes y que tu Fabrizzio no solo eres mi padrino y empleado de mi madre, eres la mano derecha de la sombra, mi padre… y dentro de una semana la mía.
Ninguno de los dos podía rebatir eso, lo más importante ninguno de los dos podía decir que Estefanía no tenía lo que se necesitaba para dirigir la organización.
Estefanía estaba en el balcón del segundo piso, la luz de la luna bañaba el viñedo, mientras se preguntaba si estaba hacendó lo correcto, Dante se había encargado de ganar su corazón, con detalles caros y ostentosos, pero aún mejor con los simples y si valor económico, su sonrisa, sus caricias, la forma tan suave y delicada con la que aquel hombre le hacia el amor, ella no podía engañarlo de esa forma, no podía salir de la iglesia colgada de su brazo para luego en la noche de bodas informarle que asumió como la sombra italiana, no, claro que no haría eso, dejaría que sea el quien eligiera, si su sed de poder podía más que el amor.
— Estefi. — La dulce voz de Alejandra la hizo girar.
— Mi querida hermana, ven, hazme compañía. — respondió al tiempo que se limpiaba una lágrima que no sabía en qué momento comenzó a salir de sus ojos.
— ¿Por qué sufres? — contesto al tiempo que llegaba a su lado a abrazarla.
— El amor te hace sufrir, las inseguridades, en fin, la vida. Y tú ¿Cómo te encuentras con todo esto? ¿Sigues firme con tu decisión?
— Si, tendré a este bebé, y a pesar de lo que todos piensen no estoy loca, sé que esto no es obra de Dios, pero es una vida que no tiene culpa de nada.
— ¿No tienes miedo? Si alguien hizo eso contigo lo más probable es que cuando nazca querían a ese bebé de regreso, solo te están usando hermana y eso es lo que más me duele y molesta.
— Pues… llegado ese caso, sé que mi familia me ayudara a que no me lo quiten, ¿verdad?
Estefanía vio el verde con motas negras de los ojos de su hermana, brillaban como dos gemas de aguamarina, llenos de amor y esperanza, era su deseo, como el deseo de ella era cambar las reglas de juego de la mafia, un lugar dominado por hombres, ¿Cómo no protegerla?
— Jamás dudes de ello, estaré a tu lado cuidando tus pasos como cuando éramos niñas, nadie te obligara a hacer algo que no quieras, te lo juro Alejandra, si tu deseo es quedarte con ese bebé así será.
La promesa de Estefanía no abarcaba que no buscaría venganza, quien sea que se atrevió a utilizar a su hermana se arrepentiría por el resto de su vida.
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