Follow
Chapters
Share
La apuesta Novel Cover

La apuesta

Linda, una joven de 24 años que vive en Nueva York junto con su mejor amiga René, ambas cargan un pasado tormentoso del que creen haber escapado, llevan una vida libre con compañeros sexuales de una sola noche, creen poder con el mundo, apostarían su vida a que ya no necesitan de un hombre que las defiendan. Williams y Deivid, amigos y socios que viven burlándose de las mujeres y apostando quien tiene más conquistas, el compromiso no es para ellos, apostarían lo que sea a que jamás le rogaría a una mujer. Sus vidas colisionan cuando la nueva asistente se presenta ante ellos, una joven de grandes curvas para muchos gorda, pero muy apetecible, Linda cambiará la vida de ellos y la propia sin quererlo. No apuestes, si no estás dispuesto a pagar el precio de perder.
Chapters
Share

Chapter 8

Entraron al lugar y Deivid se sorprendió cuando al pedir el almuerzo el camarero le sonrió a Linda y le preguntó si quería lo mismo de siempre.

— No, solo será gazpacho.

El almuerzo pasó y luego de un Deivid audaz y confiado, los inversores se retiraron pidiendo disculpas por el supuesto malentendido y fijando una nueva reunión.

— Los aniquilamos Linda gordita.

— Sí, lo hicimos. — Linda no pudo evitar sonreír, ya se había acostumbrado al apodo que Deivid le había otorgado, pero también noto que ya no lo decía con sarcasmo, sino que, de una forma suave y tierna, lo decía con cariño.

— Bien es hora de volver a la oficina y hablar con Will.

— Claro. — Pero antes que eso sucediera, el camarero reapareció.

— Señorita Brown, permítame el atrevimiento, la última vez no le pude agradecer como era debido, pedí su postre favorito, muchas gracias por lo que hizo aquella vez por mí. — Deivid miraba intrigado al hombre que tendría unos cuarenta y algo o cincuenta y pocos.

— No tiene nada que agradecer, era lo correcto. — respondió su asistente con una sonrisa tensa.

— Aun así, muchas gracias. — El hombre dejó el postre y se retiró. Y Linda no sabía qué hacer.

— ¿Gustas un poco?

— No, no soy amante a las cosas dulces, ya sabes te hace perder la silueta.

— Sabes Deivid, la vida es muy corta para preocuparse por pequeñeces, unos kilos de más a cambio de probar una delicia, es un precio justo para pagar.

— De acuerdo me convenció, señorita Brown.

Linda sabía muy bien porque la llamo así, él quería saber la historia que había detrás de las palabras del camarero, pero ella estaba decidida a jugar a hacerse la tonta, tomo un bocado del postre y él se perdió en su boca envolviendo la cuchara en ese momento, pero volvió a la normalidad.

— ¿Me dirás que fue eso? — Pregunto impaciente. Y Linda se dio por vencida.

— Creo que en mi currículum está especificado lo eficiente que soy, hace un tiempo atrás vine a este lugar con el que era mi jefe, él estaba de mal humor, y se desquitó con el camarero, pidió que lo despidan y no me pareció justo, por lo que intervine, eso es todo.

— ¿Tu jefe quién era? — Esa era una pregunta que ella no quería contestar. Por lo que utilizo el coqueteo como arma.

— Disculpa, ¿dijiste algo? Por un momento tus tatuajes me abrumaron. — Y por fin logró un leve sonrojo en sus mejillas. El cual le debía más al miedo que a otra cosa.

— ¿Y eso cómo qué?

— No sé, tienes tantos, digo los que son visibles, ¿cuán tatuado tienes tu cuerpo? — pregunto con cara de cachorro abandonado.

— Eso solo lo saben quiénes me ven desnudo. — respondió el hombre al tiempo que le giñaba un ojo.

— Ah. — Puso su mejor cara de desilusión, sabiendo que el querría consolarla.

— Si quieres me podría desnudar para ti. — Linda fingió mirarlo con sorpresa e incredulidad, cuando por dentro se moría de risa.

"Eres lerdo Deivid, pero mejor así."

— Pero mira quién está aquí, Deivid Smith, tan apuesto como siempre a pesar de esos tatuajes. — La espalda de Linda se puso tiesa, ¡estaba perdida! Todo había acabado.

— Samara Canón, tan rubia como siempre.

Cuando la mujer saludó a Deivid, se fijó en quien lo acompañaba, claro ella no sabía que eran jefe y empleada por lo que se acercó apropósito a la mesa cuando lo vio acompañado y más con alguien con esa figura, pero cuando reconoció de quien se traba su cara cambio de inmediato, igual que su tono de voz dejó de ser simpático, para pasar a ser ácido y burlón.

— ¿Señorita mantequilla? Mira cómo has cambiado, si hasta pareces una persona.

Linda podía domar a cualquiera, pero había dos personas a las que nunca podría enfrentar, Erick Mark y Samara Canon, ella moría por gritarle a esa rubia de plástico cuantas veces su prometido la había follado, de ciento de formas diferentes, cuantas veces habían alcanzado el máximo placer hasta caer rendidos, pero no podía, el día que ella hiciera eso Erick sería capaz de matarla de ser preciso. Por lo que bajo la cabeza sin decir nada.

— Samara, ¿acaso tienes algún problema con mi asistente? — El tono de Deivid dejaba ver lo molesto que estaba con por sus palabras.

— Mira hasta tienes un nuevo defensor, las cosas no cambiaron tanto, ¿sabes Deivid? te daré un consejo, por la amistad que tiene nuestros padres, despide a esta vaca, es una completa incompetente. — En el terreno laboral Linda si se podía defender, ella sabía lo brillante que era.

— ¡Eso no es verdad! — rebatió sin importarle levantar la voz.

— ¿Que no es verdad?, echaste a perder el mejor negocio que se había conseguido con Dante Ricci, tu idiotez nos costó 2 millones, menos mal que mi prometido te hecho antes de la reunión de la junta o te hubiera destrozado con mis manos. Me imagino que no colocaste nuestra empresa como referencia....

Samara continuó hablando, pero Linda ya no la escuchaba, estaba acostumbrada a sus continuos ataques, siempre le decía que si no fuera porque se parecía más a una cerda que a una mujer ella no dudaría en que Erick y ella tuvieran un amorío, pero gracias a su apariencia nunca sospecho nada, lo que saco de jugada a Linda fue el hecho que la culparan por el fallido de una fusión con el italiano Dante, eso era imposible, ella dejó todo listo, solo faltaba la firma de Erick.

El día después de que Erick la mandó por un tubo ella se reunió con Dante, firmaron todo y entre una cosa y otra, terminaron en la cama de un hotel de lujo, fue así como ella se dio cuenta que podía seducir a cualquier hombre.

— Te estoy hablando jamón con patas.

— ¿Que? — La voz de Linda era apenas un murmullo.

— Que como se te ocurrió poner una cláusula que si no se concretaba el trato pagaríamos dos millones de dólares.

— No... — Las lágrimas de Linda caían a la vez que el subconsciente le gritaba.

"¡Estúpida te pago con dinero de la compañía y te culpo por ello! ¡Ahora además de puta eres una ladrona!”

— ¡¿Acaso no piensas contestar vaca?!

— ¡Oye Samara ya es suficiente, porque no te largas a arruinar el almuerzo de alguien más! — Linda miro de inmediato a Deivid, él la estaba defendiendo, y ella no estaba fingiendo.

No quería estar en ese lugar, en cualquier momento podría aparecer Erick y todo se iría al carajo.

Por lo que se levantó y salió sin decir nada, Deivid salió detrás de ella.

— Linda, espera, ¡Hey detente! — Al momento que Deivid la detuvo la abrazó y ella se quebró por completo.

— No fue así, no sé qué paso, pero lo averiguare, yo sé lo que hago, mi trabajo es lo único que tengo, es lo único para lo que soy buena ¡jamás aceptaría algo así! — Decía entre lágrimas más para sí misma que para él.

— Te creo Linda, no tienes nada que explícame, me acabas de salvar de perder mucho dinero, sé que eres buena en lo que haces. — Deivid acariciaba la espalda de ella, y ese contacto lo empezó a acalorar.

"¡Por favor, si solo la estoy acariciando! ¿Qué sucede conmigo, porque me atrae tanto? Ella se ve tan débil, está sensacional de que alguien te necesite es tan fuerte y linda, Linda como ella, debí mandar al carajo a Samara apenas llegó.”

— Ya estoy bien señor Smith, puede soltarme. — dijo la joven, pero él no quería hacerlo, sin embargo ¿qué podría decirle? Y entonces le dijo la verdad.

— Pero yo quiero abrazarte un poco más. Además, ya te dije no me digas señor. — Le dijo con voz suave junto a su oído.

— Está bien Deivid, ¿podemos volver a la oficina? Todavía tenemos trabajo.

— Eres muy responsable Linda. — Ella lo miró sorprendida, no era gordita Linda, ni otro apodo él la llamo por su nombre.

You may also like

After My Groom Gave Me to His Business Partner Novel Cover
8.4
The champagne flute trembled in my hand as the string quartet's melody faded to silence. Five hundred of Manhattan's elite turned their gazes toward us, their jewels catching the light like predatory eyes in the darkness. Something was wrong. Caden's fingers pressed against mine with unusual force, his palm damp with sweat. "Ladies and gentlemen," Caden's voice carried across the Plaza Hotel's grand ballroom, smooth as aged whiskey. "I have an announcement to make." My heart fluttered. This wasn't part of our plan. We'd rehearsed nothing beyond the customary toast to our future—a future I'd dreamed of since we were children running through Central Park, collecting fallen leaves and promises. "I stand before you tonight not just as your host, but as a man who has made a difficult business decision." His voice hardened, each syllable landing like a stone in still water. Business decision?
The Billionaire Heiress's Revenge: Rejecting Her Cheating Mate Novel Cover
9.4
I was the Barron heiress, and everyone assumed Damien, the Head Warrior, was my fated match. But the sickening scent of rotting peaches led me to the garden, where I found him pinning Eve against a tree. He wasn't just cheating; he was admitting he only wanted me for the Alpha title, while calling that manipulative charity case his "true queen." When I tried to cut off his funding, he declared war. He sabotaged my saddle, leaving a silver shard embedded in my leg, and sneered that I was vulnerable without him. Then came the ultimate humiliation. At my twenty-first birthday party, in front of every high-ranking wolf, Eve and Damien played a deepfake video of me with Rogues. Damien looked at me with mock pity, offering to marry me only to "hide my shame," while his six brothers stood as a human shield protecting Eve. They called me broken. They thought I was defenseless. But they didn't know I had already sent a message to the most dangerous wolf in existence. Just as Damien tried to force his claim, the ballroom doors exploded inward. The Alpha King walked in, eyes glowing gold, and pulled me against his chest. "She is mine," he growled, silencing the room. I looked at Damien and his brothers, holding up a silver USB drive. "You destroyed my reputation to protect her," I whispered. "Now, let's see if you still want her when you find out she's been sleeping with all seven of you." I plugged in the drive.
Falling for My Contract Husband Novel Cover
9.1
"Mario Chandra was once a famous fitness celebrity. Unfortunately, his fate was so tragic-his ex-wife, who also served as his personal manager, cheated him out of everything until he became poor. Amidst all the confusion caused by his 'sudden poverty,' Mario received an offer to become a contract husband for a VIP client of his former gym. The woman is a wealthy single mother and widow named Aunt Inez. Pressed by financial needs, Mario agreed to be Aunt Inez's contract husband. What will their contract marriage be like? Will it be merely a paper-based husband-wife status, or will there be a blazing passion between Mario and Aunt Inez? Find the answers only in the novel Contract Husband by Agneslovely2014.
Falling Into My Husband's Arms Novel Cover
8.6
I woke up from emergency surgery to repair a torn retina, completely blind and alone. The first phone call I received wasn't one of concern. It was my mother, furious that I had embarrassed our family by missing a business brunch. Her next order was chilling. "Go to your husband. Get pregnant. A Hartman heir is the only thing that will secure our trust fund." My husband, Jakobe Hartman, is a man who views our marriage as a corporate merger. Our hundred-page prenup has a clause that strictly forbids any emotional entanglement. He was the last person I wanted to see me so helpless. But then I stumbled blindly out of my room and crashed right into him. He found me weak and pathetic. He overheard my mother's abusive voicemail. He even listened in silence as I spun pathetic lies on the phone, pretending he was a doting husband just to get her off my back. I expected him to walk away in disgust. Instead, he moved me to the penthouse suite and sent me home in an armored car. I dismissed it as a cold calculation to protect his public image. I thought I was finally safe in my own apartment. I had no idea he was watching me on a live security feed, just moments after ordering the hostile takeover of my family's entire company.
His Obsession: Bound to the Ruthless Billionaire Novel Cover
7.2
Blurb: They said loving him would ruin her, and they were right. Adrianna never meant to fall for Xavier Palmer, the cold, untouchable billionaire whose name alone could silence a room. He was dangerous, controlling, and completely out of her world. But the moment he claimed her as his, there was no escape. What started as a forced bond quickly turned into something far more dangerous. Obsession and possession, a love so intense it blurred the line between protection and destruction. Then everything shattered. A brutal accident leaves Adrianna fighting for her life... and Xavier drowning in guilt, rage, and a darkness no one has ever seen before. While she lies unconscious, he hunts for the truth behind the attack, unaware that betrayal is closer than he thinks. When Adrianna finally wakes up, nothing is the same. Secrets have been buried, a child has been lost, and enemies are closing in. But Xavier has made one thing clear. He will destroy anyone who dares touch what belongs to him, even if it means becoming the monster she fears. Even if it means losing her forever.
My Fiancé Watched as His Mistress Tried to Kill Me Novel Cover
8.4
The afternoon sun streamed through the floor-to-ceiling windows of the penthouse, casting golden light across the Egyptian cotton sheets. I smoothed my hands over the silk duvet, adjusting the pillows for the third time. Everything had to be perfect tonight. "Come on, Katherine," I whispered to myself, "you can do this." My fingers trembled slightly as I reached for the small medical bottle on the nightstand. Dr. Chen had prescribed this specialized lubricant specifically for my condition—vaginismus, the diagnosis that had haunted me since adolescence. The cream-like substance contained both a dilator and localized anesthetic, designed to help my body relax enough for penetration without the searing pain I'd experienced before. I uncapped the bottle, examining the clear gel inside. The instructions were clear: apply generously, wait fifteen minutes, then proceed with gentle pressure. Tonight would be different.