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La apuesta

Linda, una joven de 24 años que vive en Nueva York junto con su mejor amiga René, ambas cargan un pasado tormentoso del que creen haber escapado, llevan una vida libre con compañeros sexuales de una sola noche, creen poder con el mundo, apostarían su vida a que ya no necesitan de un hombre que las defiendan. Williams y Deivid, amigos y socios que viven burlándose de las mujeres y apostando quien tiene más conquistas, el compromiso no es para ellos, apostarían lo que sea a que jamás le rogaría a una mujer. Sus vidas colisionan cuando la nueva asistente se presenta ante ellos, una joven de grandes curvas para muchos gorda, pero muy apetecible, Linda cambiará la vida de ellos y la propia sin quererlo. No apuestes, si no estás dispuesto a pagar el precio de perder.
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Chapter 2

Los hombres seguían recordando viejas conquistas, desde hacía 3 años dirigen la compañía que sus padres fundaron, lo hacen bien, pero todavía les falta dar lo mejor de ellos, si prestaran más atención a sus obligaciones y no discutiendo en que pose hicieron gritar más a la asistente les iría mejor.

¿Como comenzó este cruel juego? se los contaré, el padre de Deivid y la madre de Will se dirigían a una reunión de trabajo en el avión de la empresa, lamentablemente tuvieron un accidente y murieron, hasta ahí, era una situación triste para ambas familias, pero cuando la asistente de presidencia filtró a la prensa que supuestamente tenían un amorío todo se fue por un caño, la madre de Deivid entro en depresión y el padre de Will se reusó a volver a la compañía, poniendo en sus lugares a sus únicos hijos, cuando la asistente fue confrontada negó sus dicho, alegando que todo fue un mal entendido, la muchacha que a estas alturas nadie recordaba su nombre era joven y hacía poco que ocupaba tal puesto, ella creyó que como sus jefes habían muerto ella quedaría sin trabajo, una completa idiotez, por lo que inventó esa historia y la vendió a una revista de chimentos, como no tenían pruebas para despedirla, los jóvenes planearon hacer que ella renuncie, la sedujeron y al final se rieron de ella en su cara, provocando que ella presentara su renuncia, desde ese entonces mantenían en discusión de quien se había enamorado la muchacha, por lo que decidieron hacer una apuesta, seducirían a cuanta asistente trabajara con ellos y el primero que lograra llegar a las 10 enamoradas ganaría, ¿el premio? nada, solo satisfacer sus enormes egos, nunca creyeron que irían cabeza a cabeza, algunas caían en la primera a los coqueteos de los ahora hombres, otras les tenían que hacer probar el dulce néctar de sus cuerpo hasta que se confesaban, pero algo era seguro, todas caían una vez que las llevaban a la cama, pero siempre existen las excepciones y ellos pronto lo sabrían.

Unos golpes en la puerta de la oficina de Deivid terminaron la discusión de los amigos.

— Adelante. — Ambos prepararon su mejor sonrisa, pero se quedaron de piedra cuando Linda entró.

La joven castaña, de piel bronceada y más de un metro setenta, no se veía como el prototipo de mujer a los que ellos estaban acostumbrados, era grande, muy grande.

— Buenos días, señores Smith y Jones, mi nombre es Linda Brown, y seré su asistente. — se presentó de forma educada y elocuente

— ¿Linda? — Deivid comenzó a reír de inmediato, la mujer frente a él lo miraba con total seriedad, enfundada en su vestido negro ajustado sin miedo a que se marque sus grandes curvas y zapatos del mismo color con sus brazos cubiertos con una chaqueta color crema.

— De Linda solo tienes el nombre, ¿verdad? — continuo con su burla cando la risa se lo permitió.

— Depende de sus gustos señor, además si nuestros nombres realmente describieran como somos, usted se llamaría idiota y no Deivid. — Concluyó la joven mientras esbozaba una sonrisa perfecta, mostrando unas lindas perlas blancas como dientes.

— ¿Me acabas de insultar? — El asombro tomó la cara del más joven de los empresarios.

— Para nada señor, solo daba mi punto de vista, que es lo que un asistente también hace, ahora si me disculpan iré a trabajar que es para lo que me pagan, por cierto, ya ingresé en el servidor de la empresa y vincule sus correos a el mío, también me agende en sus contactos por si me necesitan y no me encuentro fuera de sus oficinas. Ahora sí, me retiró.

— Espera.

— ¿Si, señor Williams?

— ¿Tú sola hiciste todo eso?, bueno por lo menos eres buena en informática. — el rubio parecía sorprendido, pero a la vez compartía la molestia con su amigo.

— Señor Williams, yo soy buena en todo, créame.

La forma en la que habló y el brillo que adquirieron los ojos de Linda, sumado a la pequeña sonrisa que dibujó en esos carnosos labios provocaron una erección inmediata en Will, quien la miraba casi con miedo, ella se dio cuenta, y le sonrió de costado más ampliamente, para darse la vuelta y salir de aquel lugar, moviendo su gran trasero, el cual era bastante tonificado.

“¡No puede ser!, como es posible que esa mujer me caliente de esta forma con solo unas palabras, ¡¿qué mierda me pasa?!"

Williams estaba asustado, jamás le había sucedido tal cosa.

— Estúpida gorda, ya rogara por mí y le haré recordar este momento. — Deivid estaba más que furioso por la audacia de la nueva asistente.

— ¿De qué hablas?

— ¿Como de que hablo? de la apuesta por supuesto.

— Olvídate de esa estupidez, acaso no tienes ojos ¡¿o te atreverías a follar con ella?!

— En su defensa tiene linda cara, en fin, solo sería un polvo y listo seré el campeón.

— No, no, yo no puedo ni imaginarme, olvídalo es demasiado gorda para mi gusto.

— ¡¿Entonces abandonas?! ¡Sí, soy el rey de Rouge Grup! — el tatuado comenzó a festejar como si de un crio se tratará.

— ¡Nunca dije que abandonaría! sabes, de acuerdo, quieres continuar será así, hasta que ella se confiese enamorada de mi o de ti, y este juego se termina, creo que ya nadie quiere trabajar para nosotros, el próximo puede ser un hombre y eso sí que no.

— Bien, ahora sal tengo que idear mi plan.

— Sí, lo que digas Deivid. — Williams salió de la oficina de su mejor amigo y agradeció que Linda estuviera ocupada en el computador, no estaba seguro de que cara tenía.

“¿Qué carajo paso en esa oficina, no puede ser falta de sexo, anoche estuve con una de las secretarias del segundo piso, ¿que está mal en mí?, algo me dice que me alejé de ella. Ya sé, ¡la asustare para que renuncie!”

Will tomo el teléfono y si, como ella dijo ahí está el número de su nueva asistente.

— Linda ven un momento.

“¿Me habrá escuchado? Debí esperar a que contestara."

La puerta se abrió en ese segundo. Mientras la castaña entraba con paso confiado.

"Valla que tiene confianza, ni siquiera toco la puerta."

— ¿Que se le ofrece?

— Mira, no sé cómo decir esto, toma asiento. — Ella hizo lo que le pedía. Mientras un nervioso Williams se paseaba de un lado al otro sin poder estar quieto.

— Debes renunciar. — dijo y espero un escándalo, en cambio obtuvo una mirada seria de la joven.

— ¿Por qué sería?

— Deivid y yo somos personas difíciles de manejar, a veces explotamos, pareces una buena chica, pero nosotros somos muy crueles, creo que tu apariencia te pondrá en un lugar difícil, no queremos que nos demandes por discriminación cuando salgas llorando por burlarnos de tu cuerpo...

— Disculpe, se refiere a que me dirán, gorda, señorita mantequilla, etc... Eso lo podemos solucionar, redactare un contrato donde se estipule que los apodos que me den no serán motivo de demanda alguna. — Ella no se veía alterada ni molesta, hablaba con una tranquilidad inquietante.

— ¿Tanto necesitas el trabajo? ¡¿Además de gorda eres pobre?! — dijo el rubio sin poder contenerse.

— Se podría decir, en fin, si solo era eso, estaré en mi escritorio.

Linda se dirigió a la salida y Will estaba con los nervios de punta, quería que ella renunciara, no quería tener que enamorar a esa mujer grande y gorda, algo en él le decía que eso no era buena idea.

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