
Embarazada del maldito Alpha
Chapter 8
— Entiendo que me culpes, después de todo no soy una buena madre. — así era como la pobre mujer se castigaba día tras día, desde que su hija desapareció.
— Mi hermosa Zahara, ¿qué dices mujer? — el lobo trato de consolarla como diera lugar.
— La verdad, ¿dime a que madre le arrebatan a su niña de las manos sin que se dé cuenta? — respondió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Zulo y Yaman bajaron apenas escucharon los primeros gritos de sus padres, extrañaban el tiempo donde lo único que veían eran como se besaban y se demostraban amor, ahora cada palabra que salía de sus bocas era mal interpretada por alguno de ellos, lo que desencadenaba una discusión, que terminaba con su madre llorando y su padre suplicando su perdón.
Lara la prometida de Ciro, una hermosa joven de cabello rubio y ojos celeste como todo brujo, se unió a ellos, mirando desde la cima de las escaleras, y es que ella también estaba condenada, a pesar de que conoció a Abigail solo unos días, la quería, pero además, ella y Ciro solo se podrían casar cuando este asumiera como Alpha, mientras tanto solo estaban comprometidos, y si bien esto no le molestaba, si sufría por una razón, en la manada de ROSA Y ESPINA las mujeres de los Alphas solo quedaban embarazadas una vez que se casaban, todos lo sabían, todos dependían de eso, en el momento que Ciro tomara el lugar de Alpha, podía casarse y podría traer descendencia a la manada, luego sus hermanos y hermana menor, harían lo mismo, pero primero tenía que nacer el nuevo Alpha. Por lo tanto, la desaparición de Abigail los afectaba a todos, directa o indirectamente.
Cuando Ciro y Umar cruzaron la puerta principal se encontraron con la imagen que torturaba sus mentes y el porqué de escapar de aquel lugar que una vez fue su hogar, su madre lloraba, mientras su padre miraba las llamas de la chimenea, con el rostro ceniciento por el cansancio de no poder consolar a su amada luna y el dolor de no encontrar a su hija.
— Madre.
El mayor cruzo la sala olvidando el hecho de que tenía su ropa cubierta de sangre, propia y de la joven con la que había luchado, todo quedaba en un segundo plano, cuando se trataba de consolar a su madre.
— Dime ¿qué averiguaron?, ¡porque que yo recuerde los envié a investigar si ese maldito vampiro tuvo algo que ver con el secuestro de tu hermana! — la voz de su padre demostraba la poca paciencia que albergaba.
— Eso hicimos padre, créeme, pero en aquel entonces Víctor no estaba en la ciudad. — Ciro se sentía aún más inútil, él era el mayor y futuro Alpha, sin embargo, luego de 22 años, aun no sabían nada de la pequeña Aby.
— Entonces ¿creíste que era mejor perder tu tiempo peleando que venir a informarme? — Maximiliano trataba de no dejar salir a su lobo, el animal sufría igual o más que el mismo humano, y cuando él tomaba el control nada bueno resultaba de eso. Solo su luna podía controlarlo.
— No es eso, es solo que estaba la familia de Lara en el lugar, sabes todo lo que hicieron para intentar separarme de mi Luna, no lo pude evitar, la oportunidad se presentó y la tomé. — Ciro no pudo evitar sonreír al recordar la cara de dolor y como se arrodillo aquella bruja a los pies de Víctor pidiendo una nueva oportunidad.
Lara y los demás ya se encontraban en el salón, la joven que una vez fue una gran bruja y que ahora había perdido todo su poder por un hechizo que le lanzo su padre por abandonarlos, presto atención a lo que decía su prometido.
— ¿Peleaste con mi padre? — la preocupación era palpable en su voz, mientras sus manos recorrían el cuerpo de su futuro esposo que estaba casi curado al completo.
— No, me enfrenté a tu hermana Laura, realmente me sorprendió la resistencia que tiene, estuve a punto de perder y eso que no uso su magia, quiso hacerlo, pero Víctor termino la pelea, la descalifico. — la joven lo miraba como si fuera un loco que acababa de escapar de su cautiverio, mientras los demás le prestaban atención, no podían creer que alguien y más una mujer casi derrota al gran Ciro. Su madre por otro lado se movía inquieta, su cabeza vagaba por toda la sala, como si estuviera buscando algo, algo muy importante.
— Eso es imposible, Ciro, yo solo tengo hermanos, soy la única mujer de mi familia. — Lara afirmo aquello sin temor a equivocarse.
— Pues la debió de tener después de que los dejaras por nosotros cuñada, porque yo la vi, cuando tu padre le grito que se levantara, estaba furioso, y luego ella le dijo madre a Alexa, pero esta solo la miro con la clara decepción brillando en su rostro por a ver perdido contra Ciro. — Umar sonrió al igual que su hermano mayor al recordar aquella escena.
— Lo repito, soy la única mujer, el enfado de mi familia, es por eso mismo, mi madre deseaba una hija e hizo un conjuro para concebirme, a cambio entrego su fertilidad, ella no puede tener más hijos y no existe magia ni blanca ni oscura que lo pueda revertir, debes estar confundido.
— Te digo que no amor, incluso tu hermano Baltazar la miro con lastima y es que quedo muy golpeada. — El mayor fingió una falsa pena, este hombre realmente odiaba a la familia de su futura esposa por a verla privado de sus poderes, sabía que ella sufría, por no poder realizar ningún conjuro o hechizo.
— No es mi hermana y no es una bruja. — Lara se puso sería por primera vez ante la insistencia de su amado Ciro.
— ¿Por qué lo dices cuñada? — Umar entendía el punto donde Lara aseguraba que no era su hermana, pero no por qué también decía que no era una bruja.
— Nosotros no nos podemos enfrentar a ustedes en una lucha cuerpo a cuerpo, solo con magia somos capaces de enfrentarlos, ya que nuestros cuerpos son débiles, como un humano cualquiera, un golpe y estaríamos fuera de la lucha. — dijo lo más lógico.
De repente Zahara fijo la vista en su hijo mayor, se levantó del sillón donde se encontraba y arranco un trozo de la camisa de su hijo Ciro, la llevo a su nariz y al olfatearla sus ojos se tornaron color dorado, era su loba, esa que hacía 22 años se ocultaba del mundo.
— ¡¿Zahara?! — exclamo alterado Maximiliano al oír a la loba de su luna surgir una vez más.
Un rugido que de ella salió, se dejó oír sobre el grito de Maximiliano y junto con ella los lobos que estaban vigilando la reserva respondieron aullando a la misma Luna que una vez más los guiaría.
— ¡Mi hija! ¡es la sangre de mi hija!
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