
Embarazada del maldito Alpha
Chapter 3
Me pregunto si todos los brujos son así con sus hijas, porque claro que con mis hermanos Baltazar, Ron y Ezu no son así, con ellos son cariñosos y protectores. Los golpes e insultos son guardados para mí, la única que es diferente en la familia, la que desentona por su color de cabello, el mío es castaño, el de ellos rubio, mis ojos son color avellana, el de ellos celestes, definitivamente mi madre engaño a mi padre y yo soy castigada por ello.
Trato de concentrarme a pesar del ruido que generan los gritos a mi alrededor y el pitido constante en mi oído, tanto de los amigos del lobo, como las personas que están exaltadas ante mi probable derrota, algunos han estado esperando años a que esto suceda, recito el encantamiento en mi mente, mientras la bola de fuego se forma en la palma de mi mano, veo como el lobo se sorprende de lo que ve, no cualquier bruja tiene la templé para manejar el fuego, pero antes que haga un movimiento más, Víctor aparece en medio de los dos, su poder es tan fuerte que todo humano presente queda en un estado de trance, y sé que sus recuerdos serán afectados, para que olviden la última parte del enfrentamiento.
— La lucha termino. — sentencia con toda calma y una enorme sonrisa aparece en su rostro mientras yo deseo morir.
— ¡NO! — Mi grito se pierde en su mirada fría, la cual está dirigida a mí.
El bullicio de los seres místicos se levanta ante la sentencia de mi derrota, es todo, perdí.
— Está prohibido usar la magia, y lo sabes Laura, por fin…. perdiste. — Su sonrisa demuestra lo encantado que esta con ello, lo mucho que lo ha deseado, cinco años observándome con deseo, uno que me hacía sentir sucia.
— Sabía que no podrías contra mí, pequeña bruja. — Pasó por alto lo que dice el lobo, ya que la desesperación se apodera de mí, sé muy bien lo que pasara ahora.
No puedo evitar que unas lágrimas salgan de mis ojos y se mezclen con mi sangre, jamás he llorado en la jaula de lucha, nunca he llorado al frente de otros, solo Baltazar conoce mis lágrimas, hasta hoy.
— No, por favor, dame una oportunidad, te lo imploro Víctor. — mi voz se quiebra mientras me arrodillo.
No me importa ponerme de rodillas ante él, no me importa humillarme, pero parece tener el efecto contrario, ya que el vampiro sonríe con gusto y sus ojos se vuelven más oscuros.
— No, ya fue todo.
Es lo único que dice, y solo puedo ver a mis padres con desesperación, DIOSA, soy su hija, ¡no pueden permitir esto! Pero el único que me mira con pesar es Baltazar, mi hermano mayor fue el único que siempre demostró quererme, aunque lo haga a escondidas.
— ¡Por favor, madre! — Ruego una vez más con desesperación y terror, pero soy ignorada.
Estoy perdida. Ellos me ignoran por completo y un deje de decepción pasa por sus ojos, como si ellos fueran los afectados y no yo. Ridículo.
— ¿Qué sucede? ¿Por qué suplicas? — la confusión toma el rostro de mi oponente y se nota inquieto, maldito lobo.
— Nada que te incumba, futuro Alpha, nuestro trato término aquí, querías un reto digno y lo conseguiste, ahora sal de mi club, sabes que tu gente no es bienvenida en mi ciudad. — le responde el vampiro con seriedad y yo estoy a punto de rogarle al lobo que me mate de una vez, que termine con mi miseria.
— Tienes razón, adiós hermosa, quizás para la próxima puedas ganarme, aunque lo dudo, pequeña bruja.
El odio crece dentro de mí, su burla quema algo en el centro de mi pecho que se extiende por todo mí ser, el vino a este lugar por diversión, pero yo soy obligada a pelear día tras día, y los humanos que caen en mis manos, lo hacen por necesidad, por el dinero no por diversión como él.
— ¡Te maldigo, Ciro, Alpha de la manada rosa y espina, la próxima vez que nuestros caminos se crucen te acabare! — El maldito solo ríe, y sale siendo cargado por lo que supongo es parte de su manada. Víctor da la orden de que le paguen, mientras soy llevada a los vestidores.
Baltazar se encarga de cargarme, ya que mis padres se largaron apenas termino la lucha.
— Resiste Laura, ¡Dima!, es hora. — de repente un torbellino aparece frente a nosotros, provocando que quede aturdida, un brujo de aire.
— Bebe esto, tu sangre está contaminada, es el primer paso para que el hechizo de localización de los Lumber se rompa. — quisiera preguntar tantas cosas, ¿a qué se refiere con que estoy contaminada? ¿esa es la razón por la que mis padres no me quieren? ¿no soy una bruja completa? pero lo único que viene a mi mente es que quizás fuera mi propia familia la que me envenenara y si ese fuera el caso, Baltazar lo sabía.
Luego de beber la pócima, mi cuerpo es levantado en el aire, no es magia, son los brazos de Dima que me observa maravillado, mientras aspira fuerte el aroma que desprende mi cuerpo.
— ¿Qué rayos haces con mi hermana? — Baltazar se nota molesto.
— Huele muy bien, huele delicioso. — me ve de igual manera que Víctor lo hizo durante todos estos años y de forma instintiva me alejo.
— ¿Por qué la sientes de esa forma si tú ya tienes compañera? — pregunta aún más molesto Baltazar y un cierto alivio cruza por mi cuerpo, por un momento pensé que este brujo depravado podía ser mi compañero.
— No lo sé, pero será un problema si otros la huelen como yo.
— Dima, la gente de Víctor viene por ella. — informa mi hermano y eso hace que Dima reaccione, me toma nuevamente en sus brazos y comenzamos a elevarnos, maneja el aire, no lo puedo creer.
Podía sentir que la felicidad aguardaba por mí detrás de las grandes puertas, casi podía tocarla, casi.
La alegría que me causo el creerme libre fue efímera, estaba tan cerca de poder ser libre y feliz de que de una vez por todas quizás podría tener un futuro mejor, pero el destino se había encaprichado en destruirme.
Víctor apareció frente a nosotros en plena huida, no me dolió cuando mi cuerpo se estrelló contra la pared del callejón, lo que me causo un enorme dolor, fue ver el cuerpo de Dima ser golpeado con tal brutalidad que estaba segura de que lo había matado, una muerte más que cargar en mi espalda.
— Tu esperaras por mí. — Víctor me vio a los ojos, y mi cuerpo quedo inerte, solo podía escuchar como mi hermano y su amigo eran llevados a alguna parte, aún estaba en el callejón, deseaba ponerme en pie, buscar a mis padres para que al menos ayuden a Baltazar, porque moriría de pena si mi hermano muriera por mi causa, ya demasiado dolor le he causado, y sé que mis padres si lo ayudaran, lo necesitan, Baltazar es un brujo muy poderoso, pero entonces oí unos pasos acercarse.
— Pero mira que tenemos aquí. — la voz del lobo eriza mi piel, es uno de los que acompañaba al Alpha con el que luche. — Hueles muy bien. — acota con una sonrisa. — Hueles a calentura. — trato de no hacer arcadas al verlo bajar a mi altura solo para olfatearme.
— No sé de qué hablas, pero debes ayudarme… — las carcajadas forzadas que salen de sus labios me hielan la sangre. — Por favor. — suplico tratando de encogerme ante su contacto, ya que está acariciando mi mejilla magullada, pero no logro moverme, y no lo haré gracias al poder de Víctor.
— Shhh, linda brujita, sabes algo, desde que te vi en la jaula mi polla se calentó. — mi estomago se retuerce y mis ojos se empañan dificultándome ver con claridad, como puede ser que este hombre no me tenga ni un ápice de misericordia, sé que estoy muy lastimada, mis pulmones recién se están curando, ¿Cómo puede ser que no le dé pena? — A pesar de que eres una bruja, eres mujer, al fin y al cabo.
— No, no, no, por favor, te lo suplico. — mi pedido se pierde en la mano del lobo, la cual muerdo, por lo que recibo un nuevo golpe, que abre aún más el corte en mi mejilla, aunque no es eso lo que me aturde, sino, sus ojos que cambian de color, él también es un Alpha.
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