
Destino o casualidad
Chapter 7
Jade continuo en un modo automático los días siguientes, negándose a exteriorizar lo que su corazón estaba sintiendo, no le dirigió palabra alguna a su madre, solo tomo el dinero que habían ahorrado con su padre para la universidad y contrato el mejor servicio fúnebre que pudo conseguir, su padre se lo merecía, el único que siempre la quiso y la apoyo, aun sin llevar su misma sangre, mientras que Magnolia recibía las condolencias y felicitaciones por lo bien que todo lucia en la sala velatorio, a Jade no le importaba, solo se concentró en su padre Isaías, aun cuando escucho que Magnolia la culpaba por la repentina muerte del mayor, solo la ignoro, luego del sepelio le pidió a Javier quedarse en su casa unos días, necesitaba aclarar su mente, ahora la universidad no era una opción, ahora todo perdía sentido, estaba sentada en la sala de Javier mirando a la nada cuando la puerta fue tocada.
— Magnolia. — dijo con rencor al ver a su madre parada en el umbral.
— No creas que vengo a verte por gusto. — respondió la mujer entrando en la casa sin que nadie la invitara.
— Lo sé, no serias tú si lo hicieras. — algo dentro de Jade había muerto junto con su padre y eso era el respeto que le tenía a aquella mujer.
— Si como sea, solo vengo a informarte que necesito que retires todas tus cosas de la casa, el vendí y los nuevos propietarios no tardan en llegar. — dijo ignorando el comentario de su hija.
— ¿Qué? — las palabras salieron casi en un susurro. — ¿Vendiste la casa de papá? — no lo podía creer, apenas había pasado una semana, sentía como sus manos hormigonaban y se volvían frías.
— Entiende de una vez que Isaías no era tu padre, no te debo dar explicación de lo que hago con la miseria que él me dejo, pero si quieres algo de tu “verdadero Papi” ve a buscar a Derek Bach, quizás ahora si ve tu rostro termine de aceptar que eres su hija.
Magnolia salió de aquel lugar sin ver atrás y Jade no pudo reaccionar hasta unas horas más tarde, su madre había vendido su hogar, el lugar donde había vivido por 21 años, ese mismo que estaba lleno de recuerdos felices al lado de Isaías, lo peor fue descubrir que se había desecho de todo lo que era de su padre, solo quedaban los álbumes de fotos, esos que Isaías se encargó día a día a llenar con cada logro de ella, su hija.
Cinco cajas, era todo lo que Jade tenia, sus 21 años cabían en cinco cajas de cartón y la vida feliz junto a su padre se resumía a 21 álbumes.
— Todo estará bien amor, vele el lado positivo, ahora viviremos juntos. — Jade observaba a Javier y por primera vez el joven le parecía un idiota.
Al fin con el correr de los días acepto como seria su vida desde ese momento en adelante, más aún cuando tomo uno de los álbumes de fotos, cuando ella nació, en la primera página encontró una frase en lugar de una foto.
VE EL LADO POSITIVO DE LA VIDA SIEMPRE, SOLO ASI PODRAS SER FELIZ, HOY NACIO MI HIJA, MI ETERNA FELICIDAD, QUIEN ME LLAMARA PAPÁ.
Isaías siempre supo que ella no era su hija, sin embargo, se concentró en ver el lado positivo, él sería el único padre que ella conocería.
No pudo tomarse más tiempo para hundirse en su dolor, las cuentas comenzaban a juntarse, Javier tenía trabajos temporales que no duraban más que unas semanas, por lo que ella comenzó a trabajar medio tiempo en la cafetería nuevamente y logro conseguir trabajo en un restaurant de muy alto prestigio, así en pocos meses la casa de Javier parecía otra, no solo no habían deudas de servicios pegadas al refrigerador, también tenían la nevera llena, al igual que la alacena, pero Jade cada día estaba más cansada y los deseos lujuriosos de Javier en la noche no ayudaban.
— Vamos amor, si estas tan cansada solo quédate quieta y yo me encargare del resto. — dijo de forma sugerente mientras comenzaba a tocar debajo del pijama de Jade cada parte de su cuerpo.
— Javier, en verdad, estoy muy cansada y no me he estado sintiendo bien. — respondió acompañado de un suspiro que denotaba cansancio.
— ¿Cómo qué no te has sentido bien? — Javier un poco más no salto de la cama y tontamente Jede pensó que estaba preocupado por ella.
— Estoy más cansada de lo normal y no tengo mucho apetito… a decir verdad, tengo un atraso. — Jade mordisqueo sus labio nerviosamente al ver como la cara de su novio cambiaba con cada palabra que ella decía.
— No jodas Jade, si es un broma es pésima.
— Pues no lo es y no me mires así, eres tú quien se la pasa de lujurioso todo el tiempo, más de una vez te he dicho que sin preservativo no lo hagamos y no me escuchas. — Jade estaba frustrada y muy cansada, trabajaba y luego llegaba para ocuparse de la casa al completo, pero además su novio siempre quería sexo, sin importar si ella estaba durmiendo, comiendo u duchándose, nada detenía a Javier, ni siquiera la falta de condones.
— Debes ir a comprar la píldora del día después.
— ¿En verdad? Acaso no prestaste atención en clases, esa píldora solo sirve el día después de allí su nombre, y si tengo un atraso no es de un día. — quería gritarle, pero estaba demasiado cansada para hacerlo, los últimos 5 meses con Javier casi no había tenido cosas buenas en las que centrarse y el lema de su padre cada vez se le hacía más difícil de cumplir, “ve el lado positivo a la vida” pero… ¿Cómo se hace cuando nada bueno te sucede?, se preguntaba casi a diario.
— Tendrás que abortar. — la joven no pensaba ser madre, pero nunca se le había pasado la idea de un aborto y escuchar la forma fría en la que su novio lo dijo, le hizo recordar a su madre, Magnolia.
— Pero no sería justo… es nuestro bebé, fue nuestra culpa…
— ¡Jade! No quiero bebés, ¿lo entiendes? Si estas embarazada será mejor que busques un lugar para abortar.
Su mejor amigo, ese joven del que se había enamorado desde los 15 años, salió de la habitación dejándola sin palabras y llevándose con él las ganas de dormir.
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