
Destino o casualidad
Chapter 4
Al fin luego de unas horas el corazón de Jade volvió a la normalidad, cuando el hombre asiático le hizo señas para que se acercara, tratando de no romper con el ambiente romántico que giraba en torno a ellos, dejo la copa que poseía el anillo dentro, y se dedicó, junto con sus compañeras, a soñar despierta, cada una de ellas matarían porque les pidieran matrimonio de esa manera.
— Susan Layen, hace tres años mi vida cambió radicalmente porque tú apareciste ante mí, eres todo lo que siempre soñé y brindo por ello. — dijo Loan viendo los ojos cafés de su pelirroja.
— Siempre tan romántico…— la mujer dejo de hablar al tiempo que levanto la copa y vio el costoso anillo dentro.
— ¿Qué dices amor? ¿Quieres ser mi esposa y…? — Loan aceptaría ser el líder de la mafia China, el aceptaría cualquier cosa por Susan.
— No. — la seriedad que reflejaba aquella mujer en su rostro no le dejaba margen a la duda, no estaba sorprendida, ni confundida.
— ¿Qué? — respondió con la sorpresa que aquello le generaba.
—Lo lamento Loan, hoy pensaba decirte la verdad. — dijo la pelirroja mientras dejaba la copa en la mesa.
— ¿Qué verdad? — respondió aun aturdido.
— Soy una oficial encubierto, fue por eso por lo que me acerqué a ti, mis jefes creían que tenías algo que ver con el tigre blanco, pero en estos tres años de investigación pude ver que no es así, eres una persona maravillosa, mereces que te quieran, y no debes preocúpate por el malentendido, ya todo quedo claro, fue un error que te investigaran… — Loan la escuchaba, pero no podía procesar todo aquello.
— ¿No me amas? — pregunto lo único que le importaba.
— Te tengo cariño Loan, pero yo ya tengo un prometido. — Loan jamás hubiera esperado esa respuesta, la conocía hace tres años, la iba a visitar a su departamento casi a diario, le hacia el amor.
— ¿Cómo puedes estar prometida si…? — el hombre quería creer que era una broma, deseaba que así fuera.
— El entiende que mi trabajo es lo más importante, lo lamento Loan, espero que encuentres alguien que te pueda amar, no me busques, de Susan Layen no quedara nada a partir de hoy, mañana parto a otra misión, adiós.
La pelirroja de la que él se había enamorado no existía, ni siquiera sabía su nombre real, esa mujer solo estaba a tras el tigre blanco y si no lo pudo relacionar era porque él no quería saber nada con la organización, solo por su amor asumiría aquella responsabilidad, ¿y para qué? Lo habían engañado, tres años amando a alguien que no existía y todo por el tigre blanco. Si incluso le parecía una broma el haber creído que podía vivir en un mundo color rosa.
un tiempo antes:
Era viernes, su último día de trabajo en la cafetería, solo tenía dos días para encontrar un lugar donde vivir los días de semana mientras permanecía en la universidad, el campus no era opción, los cuartos en el eran demasiado para lo que la joven había podido ahorrar en esos tres años de arduo trabajo, más con lo que su padre podía colaborarle, y tres horas de viaje eran demasiadas para ir y venir todos los días, además cada día soportaba menos a su madre, por lo que alquilar una habitación era el lujo mayor que se podía dar.
— ¿Sabes qué? realmente creo que Magnolia no es mi madre. — dijo con toda seguridad y sin rastro de pena a su novio Javier mientras caminaban por la acera.
— Jade sé que siempre buscas el lado positivo de todo, pero ella es tu madre, tienen el mismo color de ojos, cabello y fisco. — respondió Javier dando su punto de vista mientras la abrazaba.
— ¿Qué dices de mis labios? los de ella son finos, la forma de mi rostro tampoco se le parece ¡¿y la altura?! — dijo como tratando de aferrarse a algo más que la diferenciara de aquella mujer.
— Eres alta, pareces modelo, pero puede ser por tu padre, deja de imaginar imposibles, y acepta que Magnolia no tiene madera de madre.
Jade dejo de hacer conjeturas y siguió a su novio, debía ayudarlo a empacar ya que la acompañaría a buscar un pequeño dormitorio que quedara cerca de la universidad, pero apenas ingresaron en la casa de Javier se olvidaron de lo que tenían que hacer, el joven tomo sus labios con desesperación y lo que para Jade era amor, para el rubio solo era la necesidad de marcarla, se había propuesto tener sexo con ella, que le entregara su primera vez, marcarla como si fuera ganado, todo para que Jade volviera cada fin de semana a él, la necesitaba, pero no era solo por sentirse solo, Javier era un vividor de primera categoría, a esta altura Jade se ocupaba de mantener limpia su casa, lavar su ropa, cocinarle, todo, pero aún faltaba lo más importante, que lo mantuviera, si bien en un principio el joven no quería cruzar esa línea con su única amiga, ya que sabía que ella era demasiado buena para cualquier hombre, más para él, pero en la mente de Javier no tenía más opción, no quería perderla, si algún hombre se fijaba en ella en la universidad, algo que estaba seguro pasaría por la belleza que la rubia poseía, la perdería, solo era cuestión que alguien más la enamorara y si ella conseguía un novio en la universidad, estaba más que claro que ningún hombre dejaría que su pareja fuera casi una sirvienta de su amigo.
— Javier ¿qué haces? — pregunto preocupada cuando se dio cuenta que habían llegado a la cama del joven.
— ¿Acaso no me amas Jade? — pregunto con falsa tristeza, sabia como tirar los hilos que convertían a Jade en una marioneta.
—Sabes que te amo, pero hace solo un mes que comenzamos a salir... — respondió sintiéndose incomoda, no era que no deseara entregarse a su amigo, en la mente de Jade, la primera vez debía ser algo maravilloso y romántico, velas y chocolates, como en las películas románticas, ella era una soñadora, alguien que creía en el amor y los milagros que este hace en las personas, se aferraba a ello, a poder cambiar a Javier, que sea más responsable, que pudiera valerse por sí mismo.
— Amor, nos conocemos lo suficiente, desde que éramos niños, ya no soporto estar lejos de ti, te necesito tanto. — ese era el punto débil de Jade, cuando Javier le decía que la necesitaba, aun recordaba cómo había quedado solo siendo tan joven, y si ella sufría por el desprecio de su madre, más sufría Javier al estar solo.
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