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Cuatro Hadas

Cuatro mujeres, que fueron asesinadas por los hombres que amaban, un mismo día, a la misma hora, en diferentes lugares del mundo. Pero el universo les tenía preparada una sorpresa, darles la oportunidad de renacer de los elementos, agua, tierra, aire, fuego, según como fueron asesinadas, en una nueva vida, donde son elegidas para convertirse en hadas. Luego de estar en un complejo, donde les enseñan a controlar sus poderes, son enviadas al cumplir 18 años, a modo de última prueba, a ayudar a cuatro hermanos que son responsables de un gran imperio empresarial, ellas creen que su misión es convertirlos en personas de bien, ya que estos hombres cargan con sus demonios personales, sin embargo, la última prueba es no enamorarse y así poder obtener sus alas y la vida eterna. ¿Podrán lograrlo? ¿O sus corazones volverán a latir por amor? ¿Podrán superar el dolor y la furia que les causó ser traicionadas por sus parejas, amigos y familia en sus vidas pasadas? ¿O desquitaran su ira en los hermanos Romanov? ¿Estos hermanos podrán jurarles amor eterno o están jugando con ellas? ¿Obtendrán sus venganzas, cuando el destino las ponga frente a sus homicidas? ¿Los enfrentarán ellas o los cuatro hermanos a los que han hechizado con su belleza? ¿Podrá más el amor o el sufrimiento? “Si un hombre espera que la mujer sea un ángel en su vida, primero debe crear un cielo para ella. Los ángeles no viven en el infierno.”
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Chapter 7

Melania se levantó temprano, apenas los rayos de luz solar se dejaban ver, se tomó su tiempo para despedirse del bosque que tanto quería, desde que se le otorgó el don de manipular la tierra ella se sentía feliz y en armonía con todo a su alrededor y con sus amigas en aquel lugar, ayudando a la tierra a dar vida, es que le sobraban motivos para ser feliz, hoy cumplía 18 años, dos años más de los que tuvo en su vida pasada, aunque, lamentablemente ella era hoy por hoy una joven insociable, callada y pesimista, todo lo contrario a lo que una vez fue, cuando su nombre era Acacia Doxi.

Acacia vivió 16 años de pura felicidad, eso fue lo que la joven tuvo en su anterior vida, rodeada por sus amigos quienes la cuidaban y amaban por su forma de ser tan divertida y positiva, su hermano mayor era su tutor ya que sus padres murieron en un accidente cuando era aún más pequeña, pero ella quería más, estaba enamorada de la idea del amor, buscaba al príncipe que la cuidara, protegiera y por supuesto la respetara, fue así que se había enamorado del amigo de su hermano, Cristopher Fotsis, un joven de 20 años. Comenzaron su romance en secreto, ya que sabía que su hermano se opondría a tal relación, siendo ella menor y Cristopher mayor, el joven de cabello negro y piel blanca la cautivó de inmediato, y a pesar de que siempre estaba rodeada de personas ya que era sumamente encantadora y amistosa, siempre encontraba tiempo para escabullirse y estar con el hombre que le hacía ver las estrellas con palabras lindas y detalles maravillosos, la trataba como una reina, pero no todo lo bueno dura para siempre y no todo lo que brilla es oro.

— Vamos, quiero mostrarte algo mi amor. — dijo Cristopher al tiempo que la tomaba de la mano y la jalaba suavemente para que lo siguiera.

— ¿Qué cosa? Mi hermano está comenzando a sospechar, cada vez que desaparezco tú también, un día nos va a atrapar y...

— No me importa, apenas cumplas 18 años nos casaremos y nadie podrá oponerse, ya lo verás, formaremos nuestra familia y a tu hermano no le quedará más que aceptarlo. — refuto sin darle tiempo a decir nada más.

La joven guardo silencio y lo siguió a un prado, donde Christopher había preparado un picnic, todo estaba bien, todo estaba de maravilla, hasta que él joven comenzó a pedir más.

— Vamos Acacia, no puedes negarte, yo no soy un niño, tengo mis necesidades y tú eres mi novia. — le exigía con molestia en la voz.

— No quiero, ¡no estoy lista! — grito molesta en un arrebato, ya que las manos de su novio se movían inquietas sobre sus pechos.

— ¡¿Que?! ¿Acaso piensas que alguien como yo se conformara con unos besos? ¡Me tienes cansado!, primero subes la temperatura y luego te arrepientes.

— No es mi intención, hacer eso, pero entiende no estoy lista, mejor me voy. — Acacia hizo el intento de regresar a su hogar, pero la gran mano de Cristopher se lo impidió.

— No, claro que no, hoy haremos el amor, ¿acaso no me amas?

— Por supuesto que te amo, pero...

— Pero nada. — sentencio callando las quejas de la pequeña con besos duros y exigentes.

El joven siguió besando los labios, cuello, he inclusive los pechos de la pequeña Acacia con la intención de generar en ella el calor de su cuerpo y así que se entregara a él de una vez por todas, Christopher estaba sediento por poseer el cuerpo de la joven virgen. Pero sucedió todo lo contrario, a medida que él más la tocaba Acacia se sentía más incómoda, y cuando Cristopher introdujo un dedo en su vagina ella le dio una bofetada.

— ¡Te dije que no, ya no!

Sus ojos se llenaron de lágrimas, tenía miedo, y se sentía sucia, pero eso no lo detuvo y le devolvió el golpe. Estaba furioso, seis meses de novios como si fuera un chiquillo, todo para probar el dulce néctar de esta joven virgen y ahora, ella se rehusaba, Cristopher solo explotó.

— Dices que me amas, ¡¿pero no puedes entregarte a mí?! ¡¿Ese es el amor que me tienes?!

El joven arremetió contra ella una vez más, sin ninguna necesidad, ya que Acacia era baja de estatura, y muy delgada, sin embargo, le propinó otro golpe, y luego otro, para cuando liberó su enfado, ella yacía tendida en el piso, creyó haberla matado, por lo que hizo un pozo en el mismo lugar donde minutos antes tuvieron el picnic y allí la enterró.

Lo que él nunca supo, es que ella aún estaba viva cuando cubrió su pequeño cuerpo con la tierra húmeda por las lluvias.

Todo el pueblo la busco por meses, años, pero Acacia, simplemente había desaparecido.

Acacia abrió sus ojos al tiempo que la oscuridad la encerraba, trato de arañar a la superficie cuando se dio cuenta que estaba bajo tierra, pero lo único que consiguió con su desesperación fue que sus pulmones se llenaran de polvo y así poco a poco murió enterrada viva, preguntándose cómo el amor podía matar. De repente ante sus ojos no solo apareció una luz, sino también una mujer, dándole un nuevo nombre Melania Katsaros.

— Te amaba tanto Cristopher, ¡¿por qué no pudiste detenerte?! — La tierra comenzó a sacudirse bajo sus pies a medida que las plantas morían a su alrededor y el hada de la tierra dejaba salir su dolor.

— Melania, es mejor guardar tú pena para el otoño y tú ira para el invierno, hoy es día de vida, no de muerte. — le dijo con calma su tutora.

— Perdón hermana Nelly.

— Esta bien, ya pasó, mi pequeña, solo quería decirte que los señores Romanov ya están llegando.

— Hermana, ¿cree que todo estará bien? Ya sabe, no estoy acostumbrada a estar cerca de hombres. — era así, su anterior vida le había enseñado a no confiar en nadie. Ahora solo trataba de ser invisible para los demás.

— No te preocupes, no todos son iguales, aún existen personas buenas. ¿Quieres preguntarme algo más?

—Me gustaría saber, si yo lo amaba.... ¿por qué no pude entregarme a él? — dijo en un susurro, temerosa a escuchar la respuesta.

—... Eso es algo que no puedo contestar, en cambio te diré, que tú hermano te buscó hasta su último aliento, jamás dejo de buscarte.

— ¿Hasta su último aliento? Él...

— Lo siento, murió hace un año, en un accidente igual que tus padres, pero no estés triste, él al igual que tú, tiene una nueva vida, claro que no se acuerda de su vida anterior como tú, pero en esta vida también cuidara a su pequeña hermana, como lo hacía contigo.

— ¿Y eso?

— Ustedes murieron de forma trágica, murieron injustamente, en manos de seres despreciables, fueron engañadas por lo que se les dio otra oportunidad para elegir sabiamente.

— ¿Elegir que hermana?

—... Vamos, ya pronto vendrán a buscarlas.

Lo que la hermana Nelly no quería decir era que tendrían una oportunidad de amar y ser amadas, de una forma pura, o simplemente convertirse en hadas, la decisión era de ellas.

A la hermana Nelly le hubiera gustado decirle a Melania que ella no se entregó a Cristopher porque en realidad no lo amaba a él, sino el romance que este generaba, pero eso la podía volver susceptible en su decisión, por lo que optó por revelar lo que había ocurrido con su hermano.

MILOS

El menor de los Romanov era Milos de 19 años, un joven sumamente soberbio ansioso y rígido, encargado de la publicidad de varias áreas del gigante imperio familiar, ninguna mujer se le acercaba gracias a su forma de ser, pero además porque creían que era el menos interesante de los cuatro herederos.

El joven estaba discutiendo con uno de sus empleados, lo desesperaba que no lo obedecieran de inmediato, y es por eso que discutía también con sus hermanos, él siempre creía tener la razón.

Apenas cortó la llamada vio la hora, y tomo la fotografía de la joven de ojos y cabello negro que se le fue asignada y supo de inmediato que no se llevarían bien.

"No, no, bajo ningún motivo nos llevaremos bien, yo necesito a alguien dócil a mi lado y tú no lo eres, solo con mirar la foto lo sé. En fin, mis padres dijeron que podría cambiar, espero que alguno de mis hermanos no se lleve bien con su asistente y realizare el cambió."

“¡Maldición ya están por llegar!"

Este joven quería a alguien que pudiera manejar sin mayores problemas, que no le estorbar en sus actividades diarias, y con la foto de Nefered en sus manos, se dio cuenta que esa pelinegra era de todo menos dócil, y él necesitaba a alguien casi invisible, pero la tierra está en todos lados, a veces inclusive no eres consciente de que esta, pero aun así es sobre ella que te paras y puedes seguir adelante, es la base de todo y así era Melania, solo bastará con que la vea en persona para que Milos ya no vuelva a ser la misma persona.

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