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Contrato Evans

To settle her father's massive debt, Ava enters a cold marriage contract with the ruthless billionaire Silas Evans. Their arrangement is strictly business, bound by cold terms and a fixed timeline. However, living under the same roof begins to blur the lines between obligation and genuine desire. As hidden vulnerabilities surface, Ava must navigate a high-stakes world of wealth and secrets to discover if their union is a trap or true love.
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Chapter 4

Rodrigo

Después del pequeño infortunio que sufrió en el accidente finalmente me dieron el alta. Por fortuna mi amigo Aidan se encontraba de guardia en la clínica, pero no estarlo si es el director médico y puto dueño del lugar.

Antes de retirarme me quedé conversando con él sobre los próximos negocios que tengo en puerta. Le estoy muy agradecido por haberme contactado con un excelente abogado que no es nada más y nada menos que su hermano Ethan, ese hombre es un monstruo referente a leyes. Es frío y despiadado, no le tiembla el pulso a la hora de ejercer su labor.

Mientras seguimos conversando viene a mi mente la hermosa doctora Sabrina, me encanta esa antipatía de ella, sin hacer el mínimo esfuerzo logro que mi entrepierna se enloqueciera y eso fue algo totalmente extraño, nunca me había sucedido eso. Lo asocié a la medicación porque no logro entender como una mujer que nunca había visto en mi vida produjera esa reacción en mí.

No me creo la última coca-cola del desierto, pero tengo mis atributos y son muchas las mujeres que caen rendidas a mis pies. Puede que peque de vanidoso, pero esa es la realidad.

—¿Sé puede saber a qué se debe esa sonrisa de idiota? —pregunta mi amigo mientras se recuesta en el respaldo de su silla—. Un momento no me digas, ¿se debe a la doctora?

—Para qué te voy a mentir si es cierto. —masajeo mi sien—. Es la primera vez que una mujer llama mi atención de esa manera.

—Te voy a dar un consejo, es mejor que no se te ocurra molestarla. —saca su celular del bolsillo de su bata—. Esa muchacha tiene la vida vuelta un caos para que vengas tú a colocar la cereza del pastel. Ella no es como las otras, así que… —frunce el ceño mientras lee el mensaje—, ¿En qué estaba? Ya recuerdo, es mejor que te alejes de ella.

—¿Acaso le hice alguna propuesta? —me defiendo, pero recuerdo mis últimas palabras antes de que saliera de la habitación—. Mis palabras solo fueron una broma, no le veo el motivo a tu enfado.

—Es mejor que me hagas caso y dejes todo como está. —dice mientras anota algo en una de las recetas médicas—. Toma aquí tienes la receta para tus medicamentos y nos vemos dentro de 8 días, saludos a tu abuelo de mi parte.

Sin más nada que decir, nos despedimos con un estrechón de manos y salgo de su consultorio. Apenas estoy fuera, veo a una de las enfermeras que viene caminando a paso apresurado.

Por curiosidad me quedo parado a un lado y confirmar mis sospechas, la enfermera llega hasta la puerta y voltea de un lado a otro verificando que nadie la vea, pero para su mala suerte yo me he dado cuenta de ella y sobre todo del lugar al que se dirige.

«Aiden es un desgraciado, no aplica lo que tanto pregona ¿Dónde queda eso de no tener relaciones con su personal? Ese hombre nunca va a cambiar»

Veo entrar a la enfermera y cerrar la puerta tras de sí, quisiera quedarme para escuchar sus jadeos y tomaros infraganti, pero todo eso cambia porque mi celular empieza a sonar y al ver de quién se trata no tengo más remedio que contestar.

—Hola abuelo, respondo mientras camino hasta el ascensor—. ¿A qué debo el honor de tu llamada?

—¿Dónde carajos estás Rodrigo? ¿Te das cuenta de la hora que es? —espeta con molestia alzando la voz y tengo que retirar el celular de mi oído porque de lo contrario me va a dejar sordo—. ¿¡Acaso se te olvidó la reunión!?

—Lo siento abuelo, pero tuve un contratiempo que me impidió estar a la hora pautada. —soy sincero y además tengo como demostrarlo—. No te preocupes, voy en camino a la empresa.

—Más te vale que tengas una justificación a tu demora, no creas que soy tu payaso y que puedes reírte de mí cuando te da la gana.

Escucho que la llamada se corta y salgo de inmediato hasta la entrada de la clínica para parar un taxi y me lleve hasta la compañía.

«Bendito viejo gruñón»

Subo al primer taxi que pasa por la avenida y le indico la dirección a la que debe llevarme. Siento un leve dolor de cabeza y eso se debe al golpe que recibí en el accidente, por fortuna no pasó a mayores y la resonancia no arrojó nada extraño.

Al cabo de unos 20 minutos llego la gran Corporación Evans, le pago al taxista y prácticamente entro corriendo tropezando con algunas personas a mi paso. No me dio tiempo de disculparme con ellas y entro al ascensor para ir a mi oficina y cambiarme de ropa. Por gracia divina siempre tengo un cambio de ropa en caso de que se llegue a dar alguna emergencia y esta es una de ellas. Eso se lo voy a agradecer infinitamente a mi madre por ser tan insistente.

—Buenos días, Francia. —saludo a mi secretaria pasando directo a mi despacho sin prestar atención a lo que estaba diciendo.

En menos de 10 minutos ya estoy enfundado en mi pulcro traje negro, me peino y aplico un poco de perfume.

Al salir de la oficina se encuentra mi secretaria con unas carpetas en mano y se acerca para dejarlas sobre el escritorio.

—Señor Rodrigo, su abuelo, lo espera en la sala de juntas. —informa mientras me observa como bicho raro—. Estos documentos son los que debe revisar y deben estar firmados antes de las 5:00 por órdenes directas de su abuelo.

—Está bien Francia, muchas gracias. —toco su hombro—. Ahora me puedes decir ¿Qué tanto me estás viendo?

—Disculpe, señor, pero… es que tiene el labio partido y parte de su pómulo amoratado.

—No te preocupes, fue un pequeño incidente sin importancia. —sonrió recordando lo ocurrido—. Nos vemos en un rato si es que mi abuelo me deja salir vivo.

Arreglo mi saco y camino a paso firme hasta llegar a la sala de juntas, cuando estoy frente a las puertas de madera doy un respiro antes de atravesar las puertas del infierno.

—¡Buenos días! —saludo a los presentes—. Disculpe la tardanza. 

Mientras camino hasta mi puesto, varios pares de ojos no dejan de reparar en mí, menos mal y me pude cambiar si no sus expresiones faciales serían de terrón en vez de asombro.

Tomando asiento al lado de mi abuelo, este carraspea para llamar la atención de los presentes. En el proceso no deja de darme una mirada de advertencia como “me debes una explicación”

Se endereza en su silla y le da inicio a la reunión. En ella se tratan diversos temas y dentro de ellos el ascenso a la presidencia de la compañía.

Este es un tema que he querido abordar con mi abuelo desde hace mucho tiempo, sé que está pronto a jubilarse y yo quiero ser el que tome las riendas de la compañía. Cumplo con todo lo que se requiere para el puesto.

Pasadas dos horas finaliza la reunión, cada directivo va saliendo quedando en la sala mi abuelo y yo. No pierdo en recriminar mi falta de ética por haberlos hecho esperar tanto tiempo. Aprovecho la ocasión para darle una explicación sobre lo acontecido y a regañadientes aceptó mi explicación.

Antes de salir me hace una advertencia y me informa que dentro de unos días vamos a tener una reunión familiar en dónde se van a tratar temas de gran interés, pero sobre todo beneficiosos para la empresa.

Camino en dirección a mi despacho y empiezo a trabajar en la serie de documentos que tengo que leer y formar antes de que se haga la hora de entregarlos. Si no lo hago en el tiempo establecido, creo que esta vez mi abuelo no va a tener compasión de mí y me va a mandar a la quinta paila del infierno.

Las horas pasan y finalmente puedo decir que tengo listo el trabajo. Llamo a mi secretaria por teléfono interno para hacerle entrega de las carpetas y se encargue de dárselas a mi abuelo.

Veo la hora en mi reloj y me doy cuenta de que son las 4:40 de la tarde. Tengo tanta hambre que sería capaz de comerme una vaca si me la sirvieran, pero no sé por qué demonios llega a mi mente el rostro de esa hermosa doctora y me dan ganas de devorarla completa sin dejar un solo centímetro de su cuerpo por recorrer.

Salgo de mis pensamientos cuando la puerta de mi oficina se abre abruptamente dando paso a la mujer que acaba con mi paciencia.

—Lo siento, señor, no la pude detener. —se disculpa mi secretaria apenada por no poder evitar la llegada de Vanessa.

—No te preocupes Francia, vuelve a tu lugar. —le indico y esta cierra la puerta tras de sí.

—¿Se puede saber qué haces aquí? —le reclamo porque ella no debería irrumpir de esta manera en mi lugar de trabajo.

—¿Acaso no me extrañas pastelito? —pregunta en tono meloso que me va a hacer sufrir de diabetes.

—No te he extrañado para nada y te agradezco que no me vuelvas a dar ese apelativo ridículo. 

—Pero antes te encantaba que te llamara así, más cuando me la metías…

Levanto la mano para que haga silencio, no quiero escuchar sus berrinches y por eso debo poner las cartas sobre la mesa. El hecho de que me acueste con ella de vez en cuando no quiere decir que tengamos una relación. 

—Vanessa, ¿Cómo te explico que no puedes venir cada vez que te venga en gana? —me levanto de mi asiento para quedar frente a ella.

—No te enfades pastelito, sabes que tarde o temprano vamos a terminar siendo esposos. —se acerca hasta mí quedando a pocos centímetros de mis labios acariciando mi mejilla—. Nunca vas a encontrar una mujer mejor que yo, que te satisfaga como a ti te gusta y que además sea la madre de tus hijos.

«Gran error, nunca en la vida me casaría con ella y mucho menos será la madre de mis hijos» pero el culpable fui yo al follarme a la hija de uno de los socios de mi abuelo, ahora ella se cree con el derecho de querer imponerme ser su maldito esposo y todo para poder tener un mejor puesto en la sociedad.

Su padre posee una gran fortuna, pero no se compara en nada a la que tiene mi abuelo.

Salgo de mis pensamientos cuando de un momento a otro se abalanza sobre mí y lo peor del caso es que no me di cuenta en qué momento se desnudó quedando en una diminuta lencería color rojo que deja mucho a la imaginación. Ambos caemos al suelo y seguidamente la puerta se abre para darle paso al amor de mi vida.

«¿Qué puto karma estoy pagando?»

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