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Cautiva de tu amor Novel Cover

Cautiva de tu amor

Elena’s life takes a dark turn when she is forcibly taken by Dante, a ruthless and powerful mafia boss. Trapped in his dangerous world, she must navigate the complex web of power and betrayal that surrounds him. While she initially resists her captor, an unexpected and intense attraction begins to form between them. In a landscape of violence and secrets, Elena struggles to reconcile her growing feelings with the reality of her captivity.
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Chapter 9

Alessandro ingreso en su recamara, que quedaba al lado de la de la joven y encendió el gran monitor que había mandado a instalar, cada rincón de la casa tenía cámaras, más la habitación de la joven, selecciono las cámaras que quería ver y allí estaba, subió el volumen y se deleitó con el llanto de Victoria y esos gritos amortiguados por la almohada, luego de unos minutos la joven decidió dejar de ser tan lamentable, se levantó y sin ayuda del bastón blanco comenzó a contar los pasos en la habitación, camino de un lado al otro, con sus manos por delante y pequeños movimientos para no chocar con nada.

Al cabo de unos minutos la joven abrió la puerta del vestidor, toco cada prenda que allí se encontraba, eligió unos pantalones ajustados y una blusa de algodón, se preguntaba como hizo aquel hombre para saber su talle, ya que solo con tocar la ropa supo que le quedaría bien, cuando llego al cajón con lencería la cara de la joven mostro asombro, y Alessandro dejo salir una pequeña risa, él había puesto cámaras en cada rincón literalmente, tenía más cámara que la casa de gran hermano.

Victoria arrugo su entrecejo y segundos después levanto sus cejas, cada prenda que tocaba era de encaje, una más diminuta que la otra, cada braga estaba enganchada al sujetador que hacía juego con un clip.

— Que, considerado, por lo menos si me matan tendré la ropa interior a juego para cuando realicen mi autopsia. — dijo en voz alta la joven de forma irónica y Alessandro rompió a reír con ganas desde el sillón en su habitación.

Dejo cada prenda arriba de la cama y se dirigió al baño, realizo el mismo procedimiento que hizo con el dormitorio, conto cada paso, mientras llenaba la bañadera, luego cerro con seguro la puerta del baño, mientras tanto Alessandro se sirvió una como de vino y observando el monitor dijo.

—Te estoy viendo.

Alessandro clavo sus ojos al monitor cuando Victoria comenzó a bajar el cierre de su vestido, para luego dejarlo caer, sus pechos se mostraron tan blancos como el resto de su cuerpo, se notaba que la joven no salía de la mansión, dos botones rozados que se pusieron duros ante el aire frio recibido, provocaron que el hombre lamiera sus labios y bebiera un poco de vino, las bragas que llevaba la joven no eran nada sugerentes, pero la delicadeza con la que las retiro provoco que Santoro se moviera inquieto en el sillón, su pene creció de tamaño automáticamente cuando ella se agacho para terminar de retirar sus bragas, sin saberlo la joven estaba desfilando desnuda ente la vista de un depredador, Victoria recogió la ropa que estaba en el piso y camino por el amplio baño, hasta depositarla en el cesto de ropa sucia, dándole una vista única a Alessandro de su redondo trasero y luego de su muy bien depilada vagina, lo que lo llevo a pensar al mafioso que ella no era tan inocente como él creía, claro que no tenía modo de pensar que la joven fue arrastrada por sus hermanas a realizarse la depilación definitiva.

Alessandro presto atención a cada cosa que Victoria hizo, como olio cada pomo, para diferenciar el Shampoo del enjuagué, pero en especial el recorrido que realizo con la esponja por su cuerpo, era tal la atención que tenía en ella que era como que podía sentir la piel sueva de la joven, sin pensarlo demasiado desabrocho su pantalón, lo bajo junto con sus bóxer y tomo su pene entre sus manos, la punta del mismo tenía unas gotas de líquido trasparente de lo excitado que estaba con aquella imagen, apretó el tronco y comenzó a subir y bajar, mientras observaba la imagen de Victoria cerrando sus exóticos ojos y llevando la cabeza hacia atrás, mientras pasaba la esponja por su cuello y luego la deslizaba a los pechos.

Un gruñido salió de sus labio cuando aumento la velocidad en el momento que la joven llevo la esponja hacia abajo pasándola por su abdomen y perdiéndola de vista unos momentos, estaba a punto de dejarse ir, cuando Vicky sumergió su cabeza, para retirar cualquier rastro de Shampoo, cuando emergió sin perder tiempo la inocente muchacha se levantó, para salir de la bañadera, quedando unos momentos de pie, mientras el agua corría por su cuerpo, levanto sus manos tomo su cabello y escurrió el agua de este, mientras que Alessandro se corría en su mano de rodillas al monitor.

— Maledizione bellissimo angelo, devo assaggiarti — Alessandro no pudo evitar hablar en su lengua natal, lo que salió de sus labios, solo fue la sentencia de Victoria, maldición bello ángel, debo probarte.

Luego que el hombre se diera un baño rápido, salió en búsqueda de la joven, quien ya se encontraba vestida y estaba de pie en la ventana de su habitación, Alessandro simplemente abrió la puerta, él era el dueño de aquella finca, podía entrar a donde quisiera, Victoria no se movió de su lugar y al hombre le pareció de lo más ridículo aquella imagen, ella no podía ver, era ciega, entonces…

— ¿Qué rayos haces parada allí? ¿Eres la ciega o mis hombres se equivocaron? — Alessandro camino hasta su lado y siguió la dirección de sus ojos, los cuales parecían que miraban algo con atención.

— Tus hombres no se equivocaron, soy ciega, pero me gusta engañar a los idiotas como tú. — Santoro giro su rostro y la encontró sonriendo.

— ¿Idiota? — pregunto mientras se acercaba peligrosamente al rostro de Victoria.

— Disculpa, es un insulto que tengo arraigado para personas como tú, que se divierten recalcando las carencias de los demás, digo, por más que me repitas mil veces que soy ciega es algo que no puedo cambiar, por lo que tu observación está de más. — la joven al sentir el aliento mentolado del hombre dio un paso atrás con disimulo.

— Me refería a que haces en la ventana.

— Observo, o mejor dicho siento, el sol, está anocheciendo, lo que me dio a entender que vendrías o enviarías a alguien por mí para la cena, a no ser que me quieras torturara dejándome morir de hambre.

— ¿Por eso no te sorprendiste cuando abrí la puerta sin tocar?

— Es así, además tus hombres…

— ¿Que? — Santoro volvió su vista a la ventana y encontró más hombres de los requeridos frente a ella.

— Les parezco bonita, se preguntan si dejaras que se diviertan conmigo, aunque yo prefiero pensar que Eros podrá liberar antes a tu amigo y si ese no llega a ser el caso, preferiría que cortaras mi cuerpo pedazo a pedazo y se lo enviaras por correo a mi hermano.

Alessandro miro sorprendido a la joven que comenzó a caminar por la habitación, como si la conociera de toda la vida, hasta que tomo el bastón blanco preparada para salir.

— ¿Te espero o solo bajo?

— Mientras estés aquí, puedes recorrer la casa, de todas formas, no podrás escapar.

— Esa jamás sería una opción para mí, no llegaría a ningún lado. — Alessandro noto en su voz la molestia que eso le causaba. El no poder escapar, aunque tuviera la oportunidad.

Victoria bajo seguida de Alessandro, a esta altura el hombre no sabía si era por curiosidad o fetiche, pero no podía dejar de ver como se aclimataba una persona ciega a un lugar desconocido y con el estrés que era el estar cautiva, tomaron asiento en la mesa, cuando él le indico que lo hiciera a su derecha.

— Esperaremos un momento, mi hija está a punto de regresar. Y recuerda lo que te advertí.

— No lo olvide y ya te dije que no tienes nada que temer, soy una persona de palabra. — y realmente lo era, todos los Zabet eran personas que cumplían su palabra, cueste lo que cueste.

— Debes decirme si eres alérgica a algo, mi gente no encontró mucha información de ti. — Eso le molestaba, Vicky lo noto en su voz.

— Nueces, cacahuate, almendras. Aunque sea solo un poco y me veras morir asfixiada. — dijo tranquilamente.

— En caso de que la ingieras cuales serían los pasos a seguir.

— La inyección de epinefrina, solo en los hospitales las consigues. — antes que Alessandro dijera algo más, una pequeña voz lo interrumpió.

— Papy. — la joven morena corrió a los brazos de su padre que rápidamente se levantó para recibirla.

—Wou, ¿ella es mi muñeca? Es hermosa. — Victoria solo sonrió al lugar de donde provenía la voz.

— Hola soy Estefanía.

—Hola, soy Victoria.

— Victoria, no me gusta, te llamaras Tiffany. — Alessandro bajo a su hija quien fue a su lugar mientras él esperaba a que su hermano llegara, siempre se quedaba coqueteando con las empleadas.

— Si no es mucho pedirte Estefanía, me gustaría conservar mi nombre, mis padres lo eligieron por una bonita razón, y cada vez que alguien lo pronuncia me siento especial. — Alessandro miro a Vicky, su suave voz, desde que llego ella había hablado de forma educada y tranquila, pero fría, sin embargo, el tono que usaba con su hija era dulce.

— ¿Porque te llamaron así? — pregunto la niña con curiosidad.

— Porque mis ojos representan la victoria de ambos, mi madre tiene los ojos verdes y algunos de mis hermanos también, y mi padre los tiene azules, al igual que algunos de mis hermanos, pero los míos son la mezcla exacta de los dos.

— Pero tus ojos ya no sirven, eres ciega no puedes ver, mi papá me lo dijo.

— A mí no me sirven, pero si a mi familia, ellos dicen que mis ojos brillan como siempre, eso me hace feliz, que no reflejen la oscuridad en la que vivo. — A pesar de que Vicky tenía una sonrisa en los labios Estefanía se sintió triste por su nueva muñeca.

— No cambiare tu nombre, pero deberás usar vestido, a partir de mañana.

— Bien como quieras.

— Y te peinare y te pintare y te…

— ¡¿Dónde está don gruñón?! — la voz de un hombre joven irrumpió en el comedor y Vicky giro en dirección a la entrada.

— Deja de gritar. — Lo regaño Alessandro, pero el joven no lo escucho ni lo miro sus ojos estaban clavados en la joven.

— No puede ser, ¡¿VICTORIA?! — en el momento que su hermano pronuncio el nombre de la joven cautiva, supo que había problemas.

— Si, y ¿tú eres? — Victoria no podía recordar esa voz, y era muy raro, ella había agudizado su oído con el paso de los años.

— Es verdad, estas ciega.

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