
Cautiva de tu amor
Chapter 4
Alessandro era un hombre de sangre fría, despiadado, un ser sin alma, la razón, había nacido sin ella, pero cuando su hija nació descubrió que quizás si tenía un poco de humanidad, solo un poco, no lo suficiente como para perdonarle la vida a Fabiola, la joven que fue su novia y juro amarlo en aquella iglesia pero lo traiciono poco tiempo después de dar a luz, no solo durmió con otro hombre, sino que también tenía todo organizado para desarmar la organización, de un momento a otro Fabiola quería dejar aquella vida, él la hubiera dejado marchar, pero la joven era codiciosa, y creyó que si entregaba a Alessandro, ella podría quedarse con todo, lo único que consiguió fue que el mismo hombre que juro protegerla la matara de un disparo limpio y certero.
—Hola princesa.
— Hola Papy, hola Renzo.
—Hola pequeña, bueno yo me retiro.
— Bien y no te olvides de conseguir a la niñera que te pedí. — La cara de Renzo por un momento se arrugo, pero entendió al siguiente.
— Ha, si, bien, hare todo lo que pueda.
— Y lo que no también. — Si, Alessandro no estaba acostumbrado a que no se cumpliera lo que él decía.
— ¿Porque tendré una niñera? Ya soy grande. — contradijo la pequeña.
— No es una niñera común, es una joven ciega, y tú serás su niñera, tómalo como un nuevo juguete.
— ¡Poder elegir su ropa y darle de comer! — el entusiasmo de la pequeña morena de rizos negros brotaba por los poros.
— Si podrás hacerlo y si ella se niega, podrás castigarla. — Alessandro sabía que para toda joven rica y mimada no había nada peor que ser tratada como un juguete, un cachorro, el no solo la torturaría físicamente, el destruiría su mente poco a poco y su inocente hija lo ayudaría, aun sin darse cuenta.
— ¿Cómo castigarla?
— Recuerdas cuando Rodolfo era cachorro y mordía las cosas, ¿Qué le hacía para que aprendiera a comportarse?
— Lo golpeabas con el periódico en el hocicó.
— Muy bien, tú podrás golpearla con la fusta de tu caballo.
La niña solo sonrió, no estaba muy segura de poderlo hacer, después de todo tampoco le gusto ver cuando su padre le pegaba a Rodolfo, por suerte tiempo después Rodolfo escapo a la granja donde viven los perros, o eso fue lo que su padre le dijo, ya que en realidad el pobre cachorro había mordido unos documentos importantes para Alessandro y decidió dormirlo mientras su hija estaba en el colegio.
Alessandro Santoro, disfrutaba viendo sufrir a sus enemigos, y Victoria Zabet sin saberlo se había convertido en el medio para llegar a su hermano Eros.
Luego de que su pequeña Estefanía se durmiera, salió con destino a uno de los más lujos hoteles de la ciudad, fue directo a la habitación que siempre tenía reservada y donde siempre lo esperaba una mujer, cada noche una joven distinta era llevada a aquel lugar, la traían de cualquier otra cuidad, solo las mejores y las más dispuestas a hacer cualquier cosa que él quisiera.
— Quítate todo y recuéstate boca abajo. — ordeno apenas ingreso, casi sin ver a la pelirroja que allí se encontraba, apenas cubierta con unas diminutas bragas.
— Lo que digas.
— No hables. — la mujer simplemente obedeció, Alessandro prendió unas velas aromáticas que se encontraban en aquel lugar y procedió a desvestirse.
Una vez que se liberó de todas sus prendas, tomo de uno de los cajones unas correas de cuero, sin decir palabra alguna tomo una mano de la pelirroja puso una de la correa en su muñeca y el otro extremo lo ato en el tobillo, repitió la misma acción con las otras extremidades. Dio unos pasos atrás y se quedó viendo inmovilizada a la joven quien quedo con las rodillas dobladas haciendo presión en sus pechos, la cara a un lado completamente apoyada en la cómoda cama y su trasero y vagina expuesto a él, tomo una de las velas y con la otra mano libre corrió el cabello de la mujer, a quien ni siquiera le pregunto el nombre, pues no le importaba.
Bajo con esa misma mano por la espalda pecosa y suave, hasta llegar a su trasero, el cual acaricio para luego dar una nalgada, que provoco que un leve gemido saliera de los labios carnosos de la pelirroja.
— Sí que te gusta, ya estas mojada. — lo dijo con cierta burla, mientras su pene crecía de tamaño, le excitaba saber que tanto se calentaban las mujeres cuando las sometía.
— Veamos que tenemos aquí. — Mientras hablaba ingreso dos dedos en su vagina, como si realmente estuviera buscando algo, y la mujer no pudo evitar gemir, y cuando lo hizo Alessandro dejo caer un poco de cera en su espalda.
— DIOS. — se quejó al sentir el calor bajar por su espalda.
— No finjas que no te gusta, mira cómo te pones. — y en ese momento ingreso un tercer dedo, que comenzó a mover hacia abajo, presionando su interior, lo que provocó que ella volviera a gemir.
— ¿Lo ves? No eres más que una puta y una muy buena. — hizo su observación cuando ella comenzó a mecerse, buscado más de sus dedos.
La siguió torturando con cera y sus dedos hasta que ella se dejó ir, esta mujer jamás había tenido un orgasmo como ese, estaba adolorida, con gotas de sudor por todo su cuerpo, mientras sus manos y piernas, temblaban por la posición, sin embargo él recién comenzaba, fue hasta el cajón de uno de los muebles y se colocó un preservativo, a la vez que tomaba lubricante y un butt plug negro de un tamaño medio, del momento que vio su asterisco rosado supo que ella ya tenía experiencia sexual en la penetración anal.
Subió a la cama y se posiciono entre sus piernas que por cómo estaba atada estaban abiertas, dejo caer abundante lubricante entre sus nalgas y luego unto el plug.
— ¿Qué ES ESO? — Alessandro dejo salir una carcajada, ante la aparente inocencia de la pelirroja.
— Esto es lo que te han colocado más de una vez, tantas que mira con la facilidad que entra.
Y mientras hablaba lo introdujo, sin vacilación alguna, ejerciendo apenas un poco de presión la lleno con el juguete sexual, mientras la mujer solo gemía en respuesta, una vez que quedo en su lugar comenzó a penetrarla, lleno su vagina y ella simplemente comenzó a moverse, pidiendo más, Alessandro la embestía fuerte y rápido al igual que las nalgadas que le daba, solo los gemidos de ella pidiendo más llenaban el lugar, mientras él solo mordía sus labios, jamás le había gustado hablar al momento de tener sexo, ni siquiera con Fabiola lo había hecho, para Alessandro el sexo era que ellas giman y griten y mientras más fuerte mejor, así de esta forma se vació dentro del preservativo luego de que ella lo hiciera dos veces más.
Definitivamente Alessandro era un hombre peculiar y un poco sádico, solo a su hermano Luis de 18 años y a su hija de 7 le mostraba la poca luz que poseía.
Este hombre tenía muchos fetiches, no solo disfrutaba inmovilizando a sus acompañantes sexuales, también les encantaba vendarle los ojos, el verlas mover su rostro desorientadas, y la desesperación por tratar de saber lo que le haría lo calentaba a niveles insospechados, en los siguientes días, disfruto cada noche como siempre lo hizo de las mujeres más osadas y predispuestas a entregarse a él, pero aún más, se divirtió equipando el cuarto donde se hospedaría su próxima víctima, definitivamente Alessandro se divertiría con la ciega, como la llamaba, pero mejor aún se vengaría de Eros Zabet, jamás le quedarían ganas de volver a meterse con su gente, si todo salía bien, Alessandro le regresaría a Victoria a cambio de que liberara a Fabrizzio, aunque él no podía garantizar que la joven siguiera siendo la misma, después de todo, al lado de la sombra, reinaba la oscuridad.
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