
Atrapar al rey Alpha
Chapter 7
En silencio vieron partir al pobre doctor que por un segundo pensó que usar al duque para su beneficio era buena idea, pues su rostro pálido les dejo en claro que su padre le había mostrado el rostro de su lobo, aun así, permanecieron en el pasillo, casi sin respirar con tal de no perderse ni una palabra de lo que sucedía dentro.
— Hija, sé que te estas recuperando, pero me gustaría saber… que fue lo que sucedió, ¿por qué tu cama estaba mojada?, ¿por qué el agua de la vasija estaba sucia?, ¿por qué estabas discutiendo con Iris aquella mañana? — definitivamente Elías no pensaba ver a otro lado, buscaba justicia para su hija, la queria claro que lo hacía, aunque su corazón siempre lloraría por Felicia y su suerte, si al menos tuviera la certeza de que estaba muerta sería un descanso para su alma, pues al menos estaría seguro que ya no estaba sufriendo, o pasando penurias, tantos escenarios, tanta maldad en el mundo, que el duque solo no podía dejar de sufrir, no podía continuar con su vida, sin saber o así sea tener un lugar donde llorar a su verdadera hija.
— Eso… — Eleonor irguió su espalda, levantó su rostro y entrelazo sus manos, justo antes de dejarse caer de rodillas, viendo el rostro de preocupación de su padre. — Perdón padre, por favor, perdona a esta hija ingrata que has acogido en tu hogar, fue todo mi culpa, queria probar una nueva técnica de rejuvenecimiento facial, y por ello coloque lodo en la vasija, cuando Iris vio que había ensuciado el agua con la que debía asearme me regaño, advirtiéndome que podria contraer alguna enfermedad si colocaba esa mezcla en mi rostro, pero no la quise escuchar… la insulte. — aseguro bajando su rostro, porque, aunque estaba haciendo aquello para salvar a Iris y su familia, le dolía como el rostro de su padre la veía con decepción. — Luego, cuando el joven Cameron apareció…
— Tu hermano, Cameron. — corrigió con enojo el duque, creyendo que Eleonor nunca terminaría de adaptarse a su familia, sin saber que, si ella lo llamaba así, era por pedido del propio Cameron.
— Sí, tiene razón, hermano Cameron me regaño por ser tan fastidiosa y mal agradecida, entonces cuando quede sola… — era lo mejor se dijo una vez más Eleonor, de todas formas, ella no importaba. — Arroje el balde de agua que Iris había traído para asear mi cuarto, no fue mi intención arruinar la cama, pero fue allí donde cayó y como soy tan tonta, me arroje a llorar, sin importar que pudiera enfermar, creo que no lo pensé bien, lo lamento padre…
— No digas más. — de niña había conocido brujos de hielo, pero ni ellos poseían la capacidad de enfriar una habitación con solo unas palabras, como el duque lo estaba haciendo en ese momento. — Ya estoy cansado de tu comportamiento, de haber sabido lo problemático que sería traerte conmigo, hubiera dejado que te llevaran con tu madre. — Eleonor apretó la falda de su vestido, reteniendo las lágrimas que pedían salir de sus ojos.
— Padre…
— Ordenare que comiencen con los preparativos para tu debut en sociedad, con suerte conseguiré un buen esposo para ti, quizás si te alejas de nosotros, tu forma de ser mejore.
— Lo comprendo y acepto lo que padre disponga.
Elías salió de aquella habitación, sin siquiera molestarse en ver a sus hijos, los cuales estaban con la boca abierta de la misma impresión ante las duras palabras del duque, lo que ninguno de ellos sabía, era que Elías sentía su corazón ser rasgado, cada palabra dicha, cada mirada fría, todo lo que hizo y dijo, y aun así Eleonor se inculpo, por un lado estaba orgulloso de que su hija se mantuviera firme en su mentira, pero por otra parte, ¿Qué clase de futuro le esperaba si estaba dispuesta a acabar con su vida por proteger a otros? Más cuando estos la han dañado y aunque en ese momento de enojo, pensó que lo mejor sería desposar a la joven y así quizás teniendo a un hombre a su lado que pudiera protegerla del desprecio de los demás su vida mejoraría, rápidamente se arrepintió, pues no pensaba perder otra hija, mucho menos, viviría preguntándose si estaría bien o no, Eleonor no dejaría la mansión White, mientras el viviera.
Eleonor:
El paseo que había planeado para relajarme por el rosal no fue tal, ya que luego de lo que el duque dijo, tuve que soportar el llanto y arrepentimiento de Iris, aunque para mí, la idea de padre no era mala, mucho menos atroz como insinuaba Iris.
— Deja de lamentarte por algo que no es malo, al menos para mí. — le advertí con severidad ya cansada de oírla.
— Pero, señorita…
— Es lo mejor Iris, aquí, nadie me quiere, solo soy un remplazo para alguien que estoy segura pronto regresara y cuando eso ocurra ¿Qué piensas que harán conmigo? — la mujer frente a mi quedo en silencio, pues ella lo suponía muy bien, me lanzarían fuera de la familia, y yo regresaría a ser una mendiga más en las calles de la ciudad, salvo que ahora no sería una niña que despierte así sea empatía entre los ciudadanos, ahora sería mucho más peligroso al ser una joven en edad de conocer los placeres de la vida y el amor, al menos así me verían esos hombres que tantas veces acosaron a mi difunta madre.
— El duque no sería capaz… — no puedo negar que Iris es leal a la familia White, pero yo sabía que ella se equivocaba, ya lo había visto.
— No soy su hija. — le recordé conteniendo las lágrimas. — Jamás podrá quererme como tal, así como los jóvenes White nunca me aceptaran, y aunque eso llegara a suceder, yo solo sería un estorbó en sus vidas, el constante recordatorio de que buscaron una suplente para la señorita Felicia White, lo más prudente que puedo hacer… es conseguir esposo y dejar de usurpar un lugar que no es mío. — y solo cuando lo dije, fue que me convencí de aquello, tal vez, con suerte consiguiera alguien que me quisiera y alguien a quien querer.
— Señorita usted… ¿está enamorada? — no pude evitar soltar una pequeña carcajada a la pregunta de mi dama, así como a su rostro asombrado.
— No, ¿Cómo podria hacer tal cosa? Aun no me he presentado en sociedad y los pocos nobles que me conocen me detestan… creo que el no ser querida es algo propio de mí. — cuán difícil es encajar en el reino de los lobos, pero tampoco quedaba lugar donde escapar, el rey había conquistado cada reino.
— Tal vez… si les mostrara a todos lo bueno que es su corazón, como ha hecho conmigo, si los demás supieran que no es una persona arrogante y frívola…
— ¿Por qué? Dime ¿Por qué debería mostrar mi pena y buscar su lastima? — no pude evitar el ponerme en pie, siempre sucedía lo mismo, mi cuerpo expresaba por sí solo cuando algo me desagradaba, no podía evitarlo, como no podía evitar mis manos hechas puño en este momento. — ¿Debería yo mostrarme sumisa y comprensiva tratando de ganar la gracia de todos? Cuando nadie me ha mostrado siquiera una sonrisa… ni cuando era una niña. — mi voz tembló, pero mis lagrimas ya no salieron, creo que tanto que llore, quede seca, pero esa era la verdad, ese era el motivo por el que me comportaba de esa forma con todos, era mi escudo, para que el hecho de ser rechazada no me afectara. — Queria dar un paseo por el rosal. — recordé tratando de finalizar esta conversación y así poder calmar mi alma y corazón.
— No creo que sea posible mi señorita, estos días que usted ha estado inconsciente, no ha dejado de llover, algo raro, pero gracias a la diosa luna sucedió…
Mientras Iris se desarmaba en explicaciones de como fuera todo estaba cubierto de lodo, que estropearía mi vestido, yo reparaba en otra cosa, el reino Joako pasaba por años de sequía, como jamás se había visto, muchos culpaban al rey lobo por ello, ya que decían que al matar a los reyes brujos, estos lo habían maldecido con privarles de lluvias a su reino, pero yo sabía que mis padres jamás maldecirían a nadie, era algo prohibido, ya que eso solo condenaba al brujo que lanzaba el conjuro a no renacer jamás, no, ningún brujo se arriesgaría a ello, ni mis padres, que estoy segura renacerán en otra vida, en otro lugar y tiempo, pero sé que estarán juntos, pues su amor era verdadero.
— Señorita, ¿en qué piensa?
— En el amor verdadero. — solté sin más y me arrepentí, por el rostro de mi dama, estaba segura de que pensaba que estaba enamorada de algún noble.
— Usted esta…
— No, ya dije que no, pero… ¿me ayudarías a ver mis opciones?
El tiempo no se detendría, mirar a otro lado incluso si son los rosales no calmaría mi malestar, no cuando sé que el tiempo corre en mi contra, ¿Cuál sería mi mejor opción para establecerme como una simple noble? Formar una familia, un lugar seguro, un buen compañero.
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