
Arderemos en lo prohibido
Chapter 9
— ¡Hermano! — grito casi con terror al distinguir la espalda tensa de Shen. — Shen, que bueno que te encuentro. — dijo ahora más despacio el pelilargo, ya que había llegado a donde se encontraban, aunque sus nervios no disminuyeron.
— Pero mira quien vino a saludar. — Walter tenía ganas de golpear a su amigo, no terminaba de comprender porque Renzo se comportaba de una forma tan estúpida cuando del rubio se trataba, era como si quisiera que lo viera, como un niño pequeño buscando la atención de quien le gusta, aunque claro que eso era imposible, a Renzo no le gustaban los hombres.
— ¿Acaso conoces al señor Zhao Huang Lei? — solo cuando la castaña hablo Renzo vio a su alrededor, por escasos segundos sus ojos solo se habían fijado en Huang, como si no existiera nada más. — Responde Renzo. — su voz era autoritaria, y el timbre en ella era el mismo que se utiliza para regañar a un niño pequeño.
— Lucero. — fue todo lo que pudo decir antes de palidecer, la jefa suprema estaba allí, al menos de ese modo la llamaban los más jóvenes de la familia, sabían que una orden salida de esos labios debía cumplirse y si esa orden era ser expulsados de la familia pues ni modo, adiós poder, adiós fortuna, adiós vida. — Yo…
— Nos vimos una vez, cuando usted asumió, creo que para su joven primo soy inolvidable. — había cierta satisfacción en la voz del pelilargo, era como si supiera que le estaba salvando el trasero, y eso en lugar de reconfortar a Renzo, lo hizo enfurecer aún más.
— Sí, es imposible olvidar que lo confundí con una niña, como ahora, cabello largo, vestido de esa forma… — la descripción burlesca del castaño quedo a la mitad, ya que Lucero le dio una bofetada frente a todos, y es que no solo estaban ellos, también estaba Mei, Dalia y Lizbeth, pero era eso o ver como los jóvenes Zhao mataban al hijo de su prima.
— Les pido disculpas en nombre de la familia Bach, es vergonzoso reconocer que el hijo de mi prima no sabe que tu vestimenta es la de un guerrero, estoy tan apenada. — los cuatro jóvenes Bach no daban crédito a lo que oían, menos a lo que veían, Lucero no solo se estaba disculpando con alguien menor que ella, también había bajado su cabeza, ella, la señora de la familia se mostraba sumisa ante el clan oriental.
— En nuestras tierras, a una persona tan inculta, se la mataría de hambre, o se la desmembraría, si quieres puedo explicarte como llevar adelante tu puesto en tu clan. — acoto Mei viendo con superioridad a Lucero.
— No puedes hablarle de ese modo. — Dalia sentía sus manos picar, no solo ante la impotencia de haber visto como Renzo fue abofeteado, sino que tampoco soportaba la forma en la que una niña, le estaba hablando a la señora de la familia Bach, se suponía que sobre ellos no había nadie, ningún clan tenía tanto poder como los Bach.
— Claro que puede. — Shen clavo sus oscuros ojos en Dalia y la joven sintió un escalofrío subir por su espalda. — Ella es la joven señorita Zhao, ella puede hacer lo que desee, en especial… porque nosotros no nos doblegamos ante los Bach. — Shen recorrió a la castaña un poco regordeta que tenía en frente, Dalia era grande, no solo de altura, sus curvas eran gruesas, al igual que su madre Linda, las dietas y ejercicio no iban con ella.
— Shen Kun Zhao. — al igual que años atrás, Jade apareció para detener a su hijo, conocía esa mirada, Shen estaba a punto de matar a alguien, y sus ojos estaban puestos en una chica regordeta. — Me gustaría pensar que recuerdas que estamos aquí para rendirle honores a su maestra Melody y mis respetos a quien quise como una madre. — Lucero dejo salir el aire que tenía retenido, el pedido de Candy era imposible de cumplir, o al menos eso creía la cabeza de la familia Bach.
— Tranquila Jade, aquí no está pasando nada de otro mundo, solo estaba presentando a los hijos de mis primos, con tus hijos. — la rubia alzo una ceja y vio a su prima, sin creerle ni una palabra.
— Sí, seguro. — susurro.
— Señora Zhao, es… hermosa. — dijo casi con sorpresa Dalia, pues poco había reparado en la mayor del clan.
— Gracias, te puedo asegurar que es algo genético. — rebatió Jade y Lucero comenzó a reír, eran primas, eran familia, aunque Dalia no lo supiera.
— Ahora que mi gran universo no tiene ojos de asesino, ¿me dirán que es lo que estaba sucediendo? — Jade era una Bach, aunque casi nadie lo supiera, no se la podía engañar, menos cuando sus hijos estaban involucrados.
— Mamá la señora Lucero lo acaba de decir, solo nos estaba presentando y Shen recordó la pequeña trifulca que tuvimos de niños, solo eso. — Dalia vio a Lizbeth, ambas recordaban aquel suceso, incluso tuvieron pesadillas por largos meses gracias a Shen.
— Lo siento Lucero, Shen suele ser rencoroso y sobre protector, creo que salió igual a mí en ese sentido. — Lucero podría tomar aquello como una señal y descartar a Shen como posible hijo de Felipe, pero no podía, no cuando era tan delgado y rubio como Felipe, aunque Huang también era delgado y rubio, pero jade también era rubia, entonces vio a Mei, la pelinegra tenía los ojos tan verdes como Felipe Zabet, pero nuevamente Jade también tenía los ojos verdes.
— Sí, ya me di cuenta. — aunque de lo que Lucero se dio cuenta era que Mei la estaba ayudando, quizás la pelinegra tenía un corazón tan noble como el de Felipe Zabet.
— En realidad mamá, lo que pasa aquí, es que Dalia y Lizbeth estaban viendo las posibilidades de ir a nuestras tierras. — Mei hablaba y los cuatro hombres fijaban la vista en sus respectivas hermanas, todos y cada uno con cara de espanto. — Lizbeth porque quiere aprender las técnicas de pintura de nuestras tierras, dice que le servirá para su carrera y Dalia necesita aprender nuestro idioma por cuestiones de negocios…
— Ningún Bach puede pisar nuestras tierras. — para asombro de todos fue Huang quien hablo, sorprendiendo incluso a Shen, pues nunca habían escuchado la dulce voz del rubio de una forma tan cortante y acerada.
— Lo sabemos señor Zhao, como también sabemos que eso no es algo que decreto su padre, ni su abuelo, creo que sería una buena oportunidad para que el pasado quedara en el pasado, no veo razón por la que nuestras familias deban estar enemistada. — Lizbeth era físicamente igual a Rene, de estatura baja, delgada y con pequeñas curvas que solo servían para hacerla ver más pequeña de lo que era, alguien irresistible, incluso para Huang.
— Pareces un pequeño duendecillo. — dijo sin ser consiente el pelilargo, ocasionando la molestia de Walter, y la risa de Lizbeth.
— Señorita Lizbeth, disculpe a mi pequeño trueno, suele decir todo lo que piensa, lo que quiso decir es que le parece linda.
— Yo escuche que le dijo duendecillo. — objeto Renzo viendo mal a Huang.
— Por eso, a mi hijo le encantan las historias de duendes.
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