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Amor prohibido

In this intense billionaire romance, a high-stakes world of wealth and power sets the stage for a forbidden love that defies every social expectation. When two men from opposing worlds collide, their instant attraction threatens to dismantle their carefully constructed lives. Bound by duty but driven by an undeniable passion, they must navigate a web of secrets and family pressure. Will they choose their legacy or risk it all for an illicit desire?
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Chapter 4

Ming no estaba dispuesto a tal comportamiento, estaba pensando seriamente en decirle a Felipe que tan importante era el apellido Ming en país X, mejor aún estaba dispuesto a decirle que él era el sucesor del drago rojo y por ello tenía ese tatuaje, por lo que lo mejor que podía hacer era complacerlo y tenerlo feliz, pero cuando se estaba terminando de vestir, recibió la llamada de uno de sus hombres, el clan lo necesitaba con urgencia, por lo que solo salió con la intención de advertirle que hablarían cuando regresara, pero solo le basto con verlo dormir como un buen niño, para que el enfado disminuyera.

— Eres demasiado hermoso como para castigarte, pero aun así no tientes tu suerte. — Felipe se removió un poco, pero no se despertó, aun con Ming hablando en su oído, el asiático dejo un beso en su frente y salió de la misma forma en la que entro, por la puerta principal con la llave que le había robado a Felipe.

Felipe dormía profundamente, pero no estaba tranquilo, escuchaba a alguien llamándolo, pero no comprendía lo que decía, solo sabía que era alguien que quería, y su corazón se aceleró con desespero, a tal punto que terminó por pegar un salto en su cama, y solo cuando abrió los ojos comprendió que había estado soñando, aunque no recordaba que, se levantó y camino por su departamento, estaba solo, Ming ni siquiera había dejado una nota, pero no era eso lo que lo molestaba, era otra cosa, algo que ni él comprendía. Tomo un vaso de agua y estaba a punto de volver a su cómoda cama cuando la puerta de su departamento fue abierta, arrancándole un grito de la impresión.

— Tranquilo Felipe, soy Conall Bach, nos vimos en el entierro de Dulce, no sé si me recuerdas. — Felipe no solo estaba aturdido por su visita y no era la única, tras el hombre de traje negro ingresaron seis hombres más, que estaban armados.

— No te recuerdo, a decir verdad, no le preste atención a nadie ese día. — respondió al tiempo que daba un paso hacia atrás, el hecho de que ese hombre nombrara el funeral de Dulce le removió las entrañas, era un niño cuando eso sucedió y, aun así, lo recordaba, pero solo el dolor, no los rostros de quienes fueron aquel día a rendir sus respetos.

— Lo comprendo, no te asustes, pero debes venir con nosotros ahora mismo. — dijo Conall, al ver como Felipe había retrocedido dos pasos.

— ¿Qué? No, ¿Por qué?

— Debes llamar a tu madre, ella te explicara, dime que necesitas empacar y mis hombres se encargaran, no podemos perder tiempo. — en la mente del joven solo una cosa se repetía… su sueño.

— Algo le sucedió a uno de mis hermanos. — dijo en un susurro, y tuvo que apoyar una de sus manos en la pared, para lograr mantenerse en pie.

— Lo siento, Lucero solo me dio la orden de venir por ti. Llama a tu hogar y dime que necesitas…

— Solo la documentación. — respondió tratando de recordar el número de su madre, era tantos los nervios que sentía que no pensaba con claridad, solo podía ver los rostros de sus hermanos pasar frente a él, mientras se preguntaba que sucedió, y a quien, ¿sería la loca de Ámbar? ¿acaso el temperamento de Stefano al fin lo había llevado a un problema ralamente grave? ¿o seria Mateo? A cuál de sus hermanaos le había sucedido algo.

— ¿Necesitas ayuda? — indago el hombre mayor y tuvo que obligarse a hablar.

— No… no recuerdo el número de mi madre. — Conall le regalo una sonrisa condescendiente, trato de recordar lo que era ser un joven con preocupaciones mínimas, pero no pudo, él había cargado con ser un Bach desde niño, hombres con nervios de acero y mujeres con mentes brillantes, eso eran los Bach.

— ¿No la tienes agendada como mamá? — pregunto lo obvio y Felipe quería golpearse, completamente rojo por su estupidez, tomo su teléfono y llamo a su hogar.

— ¿Ma? — dijo con voz temblorosa, podía escuchar los grito de Amir a lo lejos.

— Feli, hijo, gracias a Dios que estas bien, debes regresar, todos deben regresar. — dijo con apuro y desespero, Candy precisaba ver a sus niños, necesitaba comprobar por ella misma que estaban bien.

— ¿Qué sucede? — cuestiono porco dispuesto a moverse son saber quién de sus hermanos estaba en problemas.

— Solo regresa con Conall…

— ¡¿Qué es lo que pasa?! Yo soñé… — Felipe dejo de hablar al percatarse de la mirada intrigada de Conall lo último que quería era que lo tildaran de loco.

— ¿Qué Feli? Que soñaste hijo. — respiró derrotado, era su madre, la conocía, no se detendría.

— Soñé que me llamaba… Vicky. — dijo sorprendiéndose incluso él mismo, ya que cuando despertó no podía estar seguro de quien lo llamaba, pero ahora lo estaba.

— … — la línea quedo en silencio, y Conall lo veía sorprendido.

— Dios mío, ¿Qué le paso a Vicky? — el shock que le había causado Conall al abrir de repente su puerta e ingresar con todos esos hombres se había esfumado, en este momento Felipe solo podía pensar en Victoria, su hermana.

— Se la llevaron… Felipe, alguien secuestro a Victoria.

Felipe término con la llamada y comenzó a caminar hacia fuera, necesitaba regresar a Nueva York, tenía que saber que era lo que le había sucedido a su hermana, ¿cómo fue que alguien pudo ingresar en la mansión Zabet? Porque para Felipe alguien había ingresado en su mansión, su hermana era ciega y no le gustaba salir, pero a mitad de camino una mano grande lo detuvo, o quiso hacerlo, Felipe estaba tan preocupado por su hermana que solo reacciono a esa acción que pretendía detenerlo, el delgado joven tomo la mano de Conall y giro, doblándola de tal forma que estaba a punto de romperla.

— Tranquilo Felipe, soy yo. — Dijo con dolor y con su otra mano hizo una señal a sus hombres para que bajaran sus armas.

— Mierda, lo siento, yo estoy… estoy muy nervioso, quiero ir a mi casa, necesito ir con mi mamá. — no quería, no debería, pero Felipe sonaba como un niño asustado, quería regresar al refugio de su hogar, que sus padres le dijeran que todo era una broma, que al fin alguien le había hecho una broma a él.

— Lo comprendo Felipe, y nosotros te llevaremos, solo que no puedes ir en pijama, ponte, aunque sea un abrigo. — y solo entonces Felipe recordó que apenas unos minutos atrás estaba durmiendo.

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