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Portada de la novela Zehra. Un nuevo comienzo.

Zehra. Un nuevo comienzo.

Al cumplir dieciocho años, Zehra escapa de una vida marcada por la crueldad de su madrastra y el desinterés paterno. Buscando refugio, llega a la imponente hacienda de Amir Hasad, un poderoso magnate, para cuidar a su hija Hilda. A pesar de la mala fama del puesto, la joven logra conectar con la pequeña mediante su dulzura. Su presencia no solo transformará el hogar, sino que también derretirá el frío corazón de Amir, naciendo entre ellos un amor imprevisto.
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Capítulo 3

Zehra jugó un poco con la niña en el jardín, pero antes de que cayera más la noche la hizo entrar a la casa. Se había enterado de que tiempo atrás había estado enferma, por lo tanto, prefirió que al atardecer, donde el día se pone más fresco por estar cayendo la noche, ya estuviera adentro.

– Hilda, ya es tarde, vamos adentro.

– Zehra, quiero quedarme un poco más.

– Lo sé, pero debes merendar y luego hacer la tarea, así que entremos.

– De acuerdo, voy.

Zehra temió que la niña no le hiciera caso, pero por suerte todo resultó bien.

Mientras se dirigían hacia la sala, Zehra le preguntó a Hilda:

– ¿Qué quieres merendar?

Hilda quedó pensado por un momento, hasta que fue capaz de darle una respuesta.

– Pues como está un poco frío, me gustaría tomar un chocolate caliente.

En ese tiempo el otoño se estaba yendo, dando paso al invierno.

– Me parece una buena idea – respondió con una sonrisa –, además vendrá bien para acompañarlo con algunas galletas de vainilla que según parece Zaida preparó.

– ¿Hizo galletas? – dijo emocionada la niña.

– Así es… ¿has probado alguna vez sus galletas?

– La verdad no, cuando le pregunté si sabía hacer, ella me dijo que no.

– Pues parece que ahora si sabe, así que seremos las primeras en probar sus galletas de vainilla, parecía estar emocionada cuando me dijo que las haría.

– Veremos como serán, espero que tengan un buen gusto.

– Crucemos los dedos. – expresó Zehra, deteniéndose en la puerta principal cruzando los dedos de su mano derecha, más con una sonrisa Hilda la imitó e ingresó a la sala.

Al entrar a la sala, a unos pasos más adentro, se encontraban sentados en los sillones su padre Amir y su abuela Nuray.

– ¡Papá! – dijo Hilda acercándose a su padre corriendo para abrazarlo.

El hombre recibió el cariño de su hija y la abrazó.

– ¿Cómo ha estado tu día hija?

– Muy bien, Zehra jugó conmigo y me divertí, pero ya me hizo entrar a la casa.

– Si me permite hablar señor – dijo cuidadosamente –, lo hice porque me contó que hace un tiempo atrás estuvo enferma de los bronquios y por eso la hice entrar antes de que cayera más la noche y estuviera más frío.

– Hiciste bien Zehra, gracias.

– Además, ya es hora de merendar y luego debe hacer los deberes ¿no es así Hilda?

– Así es…

– Muy bien, no esperes más y ve a merendar con Zehra.

– Sí papá. – dijo dándole un beso en la mejilla, luego se acercó a su cuidadora y tomándola de la mano, la llevó hasta la cocina, mientras que Amir y Nuray las contemplaban irse del lugar.

– Yo creo que Zehra es la buena hijo – comentó la mujer –, realmente veo que se preocupa por la niña, algo que en las demás no veía ni siendo su primer día de trabajo.

– Estoy de acuerdo madre, creo que hemos dado con la niñera indicada. Me agrada.

En la cocina…

Zehra ya le había preparado a Hilda el chocolate que tanto quería y de paso ella la acompañó también, pues obviamente tenía permitido merendar con la niña.

Una vez que entraron en la cocina, el olor a galletas horneadas junto con el olor a vainilla invadió sus fosas nasales. ¡Mmm! ¡Que delicia! Recién Zaida las había sacado del horno.

– ¡Qué rico olor! – exclamó Hilda con ganas de agarrar alguna, pero Zehra la detuvo.

– Primero que nada, debes esperar que se enfríen y segundo, también esperar que te haga el chocolate caliente.

– De acuerdo… – dijo sentándose en una pequeña mesa que descansaba en la cocina.

Mientras Zehra preparaba el chocolate y Zaida hablaba animadamente con Hilda, Jenna se le acercó y dijo:

– Parece que te está yendo muy bien, jamás había visto a Hilda hacerle caso tan rápidamente a una de sus niñeras.

– Por ahora creo que sí, pero recuerda que es el primer día, ya veremos como me va en los otros.

– Te irá bien, de eso estoy segura – dijo dándole ánimos.

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