Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela ¿Y tú quién eres?

¿Y tú quién eres?

El codiciado Jairo Beltrán vuelve a Miami para asumir el mando del imperio corporativo familiar, pero su camino se cruza con el de Corina Reina. Esta atractiva madre soltera, heredera del antiguo socio de la firma, irrumpe en la ciudad dispuesta a exigir su posición en la empresa. Sin embargo, Corina no solo busca poder profesional; llega rodeada de misterios y objetivos ocultos que prometen desestabilizar la vida de Jairo y el destino de la compañía.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Me detengo en el edificio donde vive Corina. Elegante fachada de cristal y donde se nombra con letras grandes: Zaina Sílex. Uno de los edificios más codiciados de Miami. El mismo donde había decidido alojarme independiente de mi familia. ¿Cómo es que no la vi antes?

— ¿Y cuándo dijiste que te mudaste a vivir acá? -pregunto perplejo.

—No te lo he dicho.

Sonríe y abre la puerta. Como un caballero que soy, me bajo y la ayudo a salir del auto.

—Lo digo porque mi apartamento está en el séptimo piso. 

Abre la boca y muestra el gesto de guasa en su rostro. 

—Oh, ¿en serio? ¿puerta D?

Asiento con el ceño fruncido sin entender cómo lo adivinó. De pronto, suelta una carcajada. 

— ¡Uuuuhi! Vaya coincidencia ¡Eres el James Bond que hace gritar a sus... zorras despampanantes! 

Sonrío divertido, ante el tono burlona en el que lo dice.

—No me digas que te excita oír los gemidos detrás de las paredes... — ¡No me sorprendería! Para nada. Añado a mis adentros...

Ella ni se inmuta con mi comentario. Me pasa a su bebé, éste de inmediato me abraza y, saca el cochecito del maletero. 

— ¿Excitarme? No — dice mientras convierte el carro cerrado en un auténtico cochecito. Sacudo la cabeza, si me hubiera ofrecido, habría hecho el ridículo porque no tengo ni idea de cómo se hace —. Mis gustos son más...

— ¿Más qué?

Me quita al pequeño de los brazos, lo sienta en el coche, asegurándose de estar bien atado con los cinturones... Me mira, seria.

—Eso a ti no te importa... Además ¿qué hago yo dándote explicaciones a ti de mis intimidades?

No sé por qué, pero me divierte mucho la altanería, su guasa y la manera que tiene de enojarse en un parpadear de ojos. 

—Sería lo justo ¿no? Ya sabes más cosas de mí que yo de ti.

Ella sonríe, cínica. 

—Y así se va a quedar, machote.

Agarra el bolso del pequeño y se aleja con un simple gracias. Mientras que el niño desde su asiento sacude su manita y me lanza un beso al aire. Sonrío devolviendo el gesto cariñoso...

— ¡Al menos aprende de tu niño, él si sabe dar las gracias con un beso! —grité a su espalda con mofa.

Ella miró por encima de su hombro y me enseñó su dedo corazón, en gesto obsceno. 

Muerdo mi labio, conteniendo la risa. ¿Quién carajo es esta mujer?

Sacudo la cabeza, vuelvo a mi auto y me pierdo entre las calles de Miami. 

Restaurante bufet chino, allí están mis amigos Brenda, Eliana, Jonathan y Alex, me esperan junto a una mesa grande. Los cubiertos y los platos están vacíos, lo cual ya habían terminado de comer. Les saludo:

—Qué hay chicos...

—Eh, brohder. - saluda Alex. — ¿Dónde te metiste?

—Llevamos una hora esperando —añade Jonathan. 

Mi amiga Ariadna venía del baño, saluda, ocupa la silla junto a Alex y Brenda. No me queda de otra que tomar asiento en el único sitio entre Jonathan y Eliana. 

—... Y como no llegabas pues hemos comido sin ti —dice Eliana Green. 

Eliana se acomoda su mechón corto y rubio, sonrojada, ante mi sonrisa ladeada... Ella es una de mis "zorras despampanantes" como me dijo esa españolita.

—Chicos, si me tardé fue porque ayudé a una mamá en apuros —respondo mirando a todos en general. 

—Hombre, Jairo... No te conocía esos gustos por las maduritas. —fanfarronea Jonathan.

Suelto una carcajada. Si Jon hubiera visto a Corina de seguro diría que le gusta las mujeres maduras. Definitivamente, mi humor va mejorando. 

Ariadna me observa, intuía que no me iba a callar e interviene:

—Esperad. Esperad, que empieza la cuenta regresiva — murmuró ella —. Al menos espera a que hagamos la digestión. 

Nos conocemos, desde hace años y para Ariadna la cuenta regresiva implica los temas sexuales en la mesa.

Sonrío pícaro y miro a Jon.

— ¿No te dijeron que la fruta madura es la que sabe mejor?

—Oh, venga ya Jairo. —dice Alex — ¿En serio?

—En serio, dice... Si no lo probaste ¡te lo recomiendo! 

Creo que todos somos conscientes del gesto de Alex, debió de imaginar la escena, y hace muecas, asqueado. 

No puedo contener la carcajada, que contagia a los demás, menos Alex y Eliana que nos ven como el que no entiende el chiste.

—De verdad, cariño que lo tuyo es para meterte un coscorrón so' tonto ¿no ves que te está tomando el pelo? —mi amiga Ariadna, me conoce bien, la muy canija.

—Jairo parece hablar en serio, te entiendo Alex.

Alzo las cejas ante la vocecita de pito de Eliana. Por supuesto no voy a hablar de mis gustos con ella... 

Ari soltó una carcajada indignada, mirándome fijamente. 

— ¡Ay, ya! A ver cuenta, no me digas que ¿te tocó ver un parto en vivo y directo?

Hago un breve resumen de la novedad en la empresa, somos amigos y compañeros de trabajo, desde que tomé las riendas de la empresa: quieran o no, tienen nueva jefa y no estoy solo para tomar las decisiones...

—Por cierto, Brenda ya te vale... La dejaste entrar...

—No Jairo. No la dejé. Uff qué podía hacer, tiene un carácter...

—¿Carácter cómo? —quiso saber Ari — ¡De mírame, pero no me toques!

Mi dedo en alto, le da la razón:

—No la puedes describir mejor, Ari.

Me sonríe maliciosa. 

—Es de las mías, entonces. 

Resoplo y pongo los ojos en blanco. 

Se podría decir que sí. Se parecen en carácter. Y cuando mi amiga se pone en plan borde, no hay ser humano que la aguante. No entiendo cómo Alexander y ella llevan más de tres años juntos, sin que al pobre le den ganas de salir corriendo. 

—Tampoco creo que sea para tanto ¿no? —Eliana distrae mi pensamiento...

Ariadna cruza una mirada conmigo. Interrogante. Pareciera que estaba escuchando su voz en mi mente: ¿Qué hace ella aquí? ¡Si sabes que no la soporto! 

Levanto un hombro, en respuesta. 

Pagamos la cuenta y al salir a la calle, Ariadna me recriminó a solas.

—Escucha, cuando me llamaste anoche para quedar ella estaba conmigo y se apuntó sola. ¿Qué querías que hiciera?

Sonrío ante su gesto mal humorada. 

—Decir la verdad, Jairo. Reunión de amigos ¡Amigos!

—Oye, no entiendo por qué te ensañas con ella "es muy maja la chavala" como tú dices.

—¿Maja? Pero, ¿tú no ves que es una sosa, egoísta, entrometida?

—Te aseguro que cuando está conmigo es de todo menos eso —Recuerdo lo que dijo Corina sin conocerla y no puedo contener la risa —. Tu nueva jefa la llamó 'zorra despampanante'.

Sonríe maliciosa. 

—¿Sabes? Ya tengo curiosidad porque me cae la mar de bien.

—Pues a mi no. Es arrogante y, creída. Encima la tengo de vecina ¿lo puedes creer?

Me da unos golpecitos al hombro. 

—¿Sabes lo que creo? Creo que te encontraste a la horma de tu zapato y.… quién quita que esa chica arrogante y creída no sea tu media naranja ¿Eh?

—Bobadas, Ari... ¿Y viniendo de ti? No me hagas reír, mujer.

Suelto una risita y sigo a mis amigos. Con tal de que Ari no me convenza de lo contrario. Porque a este paso, me lo voy a creer.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Anhelando a mi esposo tirano
9.4
Después de sufrir una humillación pública por su expareja, una mujer termina casada por error con un enigmático sujeto llamado G. Pese a presentarse como un consultor común, su influencia es devastadora contra los enemigos de ella. Las dudas crecen por su similitud con Agustus Williams, el implacable magnate de Wall Street. Al intentar fotografiar al tirano para pagar una deuda, ella descubre que su protector esposo y el monstruo financiero son el mismo hombre.
Portada de la novela El CEO y la tentacion
8.2
Carlos Montoya, un poderoso CEO, vive encadenado a un matrimonio vacío con Sofía. Sin embargo, un viaje de trabajo al exterior junto a su secretaria, Claudia, cambia su destino para siempre. Lejos de la rutina, la tensión contenida entre ambos se desborda en un apasionado romance secreto. Mientras su esposa empieza a intuir la deslealtad, Carlos se debate entre proteger su estatus social o entregarse por completo a la irresistible tentación de Claudia.
Portada de la novela El CEO Y Las Dos Hermanas
8.7
Emma carga con la culpa injusta por la muerte de su mejor amigo, Bratt. Tras una noche de pasión con el misterioso Noah James, huye ignorando que él es el hermano de Bratt y un agente encubierto que busca venganza. Cuatro años más tarde, ella vuelve a la clínica St. James para confrontar su pasado. En un entorno de peligrosos secretos familiares y traiciones, Emma intentará revelar al verdadero asesino y limpiar su nombre ante el hombre que ama.
Portada de la novela El silencio que habla
9.6
Alberto Díaz, un exitoso y ambicioso CEO, vive alejado de su familia y centrado solo en los negocios. Su abuelo, Don Julio, ha quedado mudo y aislado tras una operación fallida, sumido en un silencio que Alberto prefiere ignorar. Sin embargo, la llegada de Carmen, una jardinera con gran sensibilidad hacia la discapacidad, cambia todo. Ella logra conectar con el anciano, transformando la frialdad de la mansión y desafiando la desconexión emocional de Alberto.
Portada de la novela EL VICIO DE GRECO
8.0
Greco Leone, sucesor de un potente dominio delictivo europeo, combina su porte sofisticado con una naturaleza implacable. Su existencia, marcada por traumas previos, da un giro tras conocer a Arianna, una misteriosa bailarina, en un evento secreto. A pesar de su inocencia ante el crimen organizado, ella termina envuelta en una espiral de deseo y riesgo. Entre lujos, engaños y conflictos de mando, su conexión deriva en una peligrosa obsesión de consecuencias inciertas.
Portada de la novela Embarazada y divorciada: Oculté a su heredero
9.5
Después de tres años de un matrimonio gélido, mi embarazo coincide con el momento en que Sol Espejo decide abandonarme por su antigua amante. Atrapada por una cláusula legal que amenaza la vida de mi hijo, decido ocultar mi condición de alto riesgo para salvarlo. Soportando humillaciones públicas, firmo el divorcio renunciando a todo y huyo sin dejar rastro. Mientras él celebra su libertad, ignora que ha perdido para siempre a su único heredero.