Portada de la novela ¿Y tú quién eres?

¿Y tú quién eres?

8.2 / 10.0
El codiciado Jairo Beltrán vuelve a Miami para asumir el mando del imperio corporativo familiar, pero su camino se cruza con el de Corina Reina. Esta atractiva madre soltera, heredera del antiguo socio de la firma, irrumpe en la ciudad dispuesta a exigir su posición en la empresa. Sin embargo, Corina no solo busca poder profesional; llega rodeada de misterios y objetivos ocultos que prometen desestabilizar la vida de Jairo y el destino de la compañía.

¿Y tú quién eres? Capítulo 1

Primera parte.

Capitulo 1

—Mi asistente le llamará... Muchas gracias por venir.

La muchacha asiente y sonríe. Se sonroja cuando le dedico una sonrisa ladeada. Contengo el impulso de poner los ojos en blanco, antes de que saliera por la puerta de la sala de juntas.

Soy consciente de que mi rostro y mi cuerpo de atleta atrae a las mujeres como un imán. A decir verdad, no lo niego, me gusta el efecto de deseo que provoco en ellas. Aunque a veces es agotador, porque sólo se esmeran en percibir lo que hay en el exterior, sin ver más allá, bajo el pecho. En el corazón. Viendo el lado positivo y las ventajas de todo, es que no se involucran sentimientos, ni emociones... ¡Solo es sexo!

Y si ellas se dejan, ¿quién carajo soy yo para privarlas de una noche caliente?

Dejo caer la solicitud en la esquina del escritorio. Mi abuelo Justin Beltrán, que hasta entonces ha estado en silencio durante toda la entrevista, sonríe divertido.

—... Otro currículum que va al trastero.

Llegué a la ciudad de Miami hace dos meses. Y mi abuelo decidió dejarme a cargo de la empresa familiar. Nuestra especialidad es fabricar zapatos de tacón exclusivos.

El problema es encontrar a un diseñador artístico. Si no lo encontramos pronto, la empresa irá a la quiebra.

La posibilidad de perder la compañía, me tiene frustrado. No sé qué más debo hacer...

—Pues qué te digo, abuelo... Ya van siete entrevistas hoy. Pero ayer solo fueron cuatro ¿eh? —bromeo para que no se preocupe.

Él soltó una risita discreta.

—Querido, tienes un gusto muy peculiar porque ninguna de las candidatas o candidatos te agrada, y eso que lo buscas con urgencia.

—Como usted bien dice, la desesperación no trae nada bueno... Y, la verdad es que no encuentro el potencial que busco...

—... ¡Y no lo encontrarás!

Ambos giramos la vista hacia la puerta siguiendo el rastro de esa voz ruda y femenina. Una joven hermosa, entra en la sala sin pedir permiso, como Pedro por su casa. De perfil, capto su cabello largo, castaño y ondulado, se mueve con gracia en su espalda.

—Lo siento, señor no pude detener a la señorita...

Brenda, mi asistente, se encuentra detrás de la joven y le hice una señal para que se retire. Después ajustaré algunos detalles con ella.

La joven intrusa no se detiene.

Camina hacia nosotros haciendo resonar su tacón con actitud. La elegancia y sensualidad de su vestido corto, color granate, bien moldeado a su cuerpo, nos tienen al abuelo y a mi encantados.

Arroja una carpeta, que aterriza sobre la mesa, frente a mí.

—Porque lo que buscan está ahí.

El maquillaje leve en su rostro hace más que evidente su hermosura, aunque, a decir verdad, no lo necesita, es guapísima. La dulzura contradice a su gesto altanera y retadora al mismo tiempo, cuando señala con la barbilla hacia la carpeta.

Clavo la vista en esos ojos oscuros, y no puedo evitar sonreír ante mi curiosidad;

—¿Y tú quién eres?

Hace una breve pausa, antes de responder:

—La mujer que va a salvar la empresa con esos diseños.

El abuelo se inclina hacia la carpeta, tan curioso como yo.

Abro la carpeta. Alucinado, observo lo que contiene. Elegantes y sensuales zapatos de tacón ocupan mi campo de visión. Todos los dibujos son diferentes, pero igual de buenos y exclusivos.

Justo lo que estoy buscando.

-¿Lo ha hecho usted? —Quiso saber mi abuelo.

—Así es señor Beltrán.

La joven le dedica media sonrisa, que se borra inmediatamente en cuanto fija la vista en mí. Ladea su cabeza, mostrando seriedad y profesionalidad.

—Y puedo hacer los bocetos de todo un año, si lo prefiere.

—A ver—cierro la carpeta de golpe. Apoyo las palmas en la madera oscura de la mesa, inclinándome hacia ella. —. ¿Nos podría decir su nombre, si es tan amable?

Estira la mano sobre el escritorio, a modo de saludo.

—Corina Reina.

Estrecho su mano. Su tacto es cálido, aunque seco.

—¡Corina... Muchacha...!

El abuelo reacciona a su nombre e inmediatamente le da un breve abrazo.

—Tardaste en aparecer...

—Ya ve, señor, se hace lo que puede.

Mis cejas se fruncen, sin entender...

El abuelo asiente.

—Lamento lo que ocurrió con su padre, señorita. Mi familia y yo lo apreciamos de corazón.

—Lo sé... Mi papá hablaba maravillas de usted señor Beltrán.

Intuyo un tono irónico, o tal vez, sarcástico, en Corina.

El abuelo se gira hacia mí, mientras me explica que es la hija de Miguel Reina.

Viví por mucho tiempo fuera de Miami y no tuve el gusto de conocer a Miguel Reina en persona. Desde luego que, sí había oído hablar sobre él y, "sus encantadores diseños". La familia admiraba su trabajo. Dicen que era el mejor.

—¿Entonces qué? ¿Negociamos?

—¿Cuál es el apuro?

El abuelo y ella me observan con el ceño fruncido. Y trato de aclarar:

—Es decir... Debe hacer como cualquier persona razonable y concretar una cita...

Me callo al ver su sonrisa cínica dibujada en su hermoso rostro.

—Pero yo no soy cualquier persona, Jairo.

Por un momento me desconcierta el tono tan sexi que suena mi nombre de sus labios rojos finos y sensuales. De hecho, lo nombra tan natural, como si me conociera de toda la vida. Aunque, estoy seguro que es la primera vez que la veo.

—Soy la que va a salvar a la empresa de la ruina.

Totalmente sorprendido, tomo asiento. Y trato de mostrar indiferencia. La observo con detenimiento. Su actitud altanera y arrogante me desconcierta tanto como su belleza. Es la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida. Sus diseños es exactamente, lo que estoy buscando para la empresa, pero eso no le da derecho a presumir así.

—O estoy dentro o no —continúa ella —Es así de sencillo... Estoy dispuesta a trabajar mano con mano y el dinero no sería un problema.

¿Cómo? Alzo una ceja, sonriendo de lado:

—¿Está dispuesta a trabajar de gratis?

Una chispa de furia cruza por su mirada y me deja ver que se está enojando. A decir verdad, me gusta esa chispa.

— ¡Me refiero a la sociedad, Beltrán!

El abuelo y yo intercambiamos una mirada. Sus ojos grises están tan perplejos como los míos.

Ella prosigue:

—Puedo invertir la cantidad que haga falta... Usted se encargará de la producción y la venta... Y yo pues, me ocuparé de usar mi ingenio y de sacar el barco a flote.

Noto orgullo, seguridad y decisión. No titubea mirándome a los ojos. Muchas mujeres se intimidan o se sonrojan frente a mí... Ella no. Corina Reina es exactamente todo lo contrario. Y no sé si me enoja o sencillamente, me gusta que sea así.

—Solo pido dos condiciones: Uno, seré una de las modelos en el catálogo. Y dos, mi nombre y mi apellido tiene que ser protagonizado y reconocido como tal.

—¿Puedo saber por qué?

—No—responde seca. —. No puedes.

Estoy a punto de perder los estribos cuando el abuelo interviene:

—Muchacha, si hay algún problema debe saber que puede contar con nosotros.

—Se lo agradezco —Su voz se eleva, alto y claro —. Pero yo he venido hacer negocios, señores. Les pido que no pregunten cosas personales, a fin de cuentas buscan a una profesional, ¿no?

Termina clavando sus ojos en mí. Los míos se endurecen ante su descarada actitud.

—Así es. Buscamos a una profesional. Pero ha llegado usted muy—Busco la palabra adecuada, para no sonar ofensivo. —... Misteriosa. Así que, disculpa nuestra... curiosa reacción.

La veo sonreír por primera vez, sincera. Tiene una sonrisa deslumbrante. Y ni corta ni perezosa, ignora mi tono irónico y toma asiento frente a mí.

—No son necesarias las disculpas, pero se agradece. ¿Cuándo firmamos el acuerdo de los contratos, entonces? Porque es un hecho que voy a trabajar aquí. En tu mano queda aceptar o no...

Mis ojos se abren...

¡¿cómo puede ser tan arrogante esta mujer?!

Claramente indignado, sonrío. Y cuando estoy a punto de decir ¡no va a haber contrato! El abuelo, interviene:

—Señorita Corina, ¿nos permite un momento por favor?

Ella asiente, forzando una sonrisa. El abuelo y yo salimos de la sala de juntas.

—Querido, olvidé decirte...

—Abuelo es obvio que se trata de esa mujer, así que dispara.

El papá de la muchacha se asoció con nosotros en la compañía, antes de morir.

La noticia cae sobre mi cabeza como un jarrón de agua fría.

—¿Cómo dice?

Creí haber oído mal.

No puedo estar obligado a trabajar con esa joven arrogante ¿O sí?

—Lo que oíste, querido. Es la heredera de la empresa. Su padre compró la mitad de las acciones...

Aprieto la mandíbula, indignado.

—¿Por qué me lo viene a decir ahora?

-Porque no creí que fuera a venir a reclamar...

—Perdone abuelo, pero se olvidó usted de un importante detalle...

No le dejé terminar y comencé alejarme como alma que lleva el diablo.

—Pero...

◇ ◇ ◇

Hola, hola!! ¿Cómo están?

[Quiero decir que esta historia es mía. Nada de plagio, ni adaptación, etc., sin mi consentimiento]

Espero y disfruten esta historia. Si os gusta dejen sus votos y comentarios. Plis. Me ayudarán a crecer. Gracias.

*Historia Ganadora en la aplicación chapters, en la categoría Amor dulce en el 2020*

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