
Venganza De Un Pacto Sagrado
Capítulo 2
Estoy arrodillada en la fría piedra de la capilla de nuestra hacienda. El olor a incienso y madera vieja me llena los pulmones.
Mi abuelo, el patriarca de la familia, se alza frente a mí. Su voz es grave, como el eco de generaciones.
"Sofía, como heredera de nuestro linaje, ha llegado tu momento. Debes elegir."
Delante de mí, sobre un cojín de terciopelo, hay dos objetos: una simple alianza de oro y el sello de la familia, un pesado anillo de plata con nuestro escudo.
"Puedes elegir la alianza, vivir una vida normal, casarte, tener hijos, ser feliz. O puedes elegir el sello y convertirte en la Heredera Principal, con todo el poder y la responsabilidad que conlleva."
En mi vida pasada, elegí la alianza.
Lo hice por Mateo.
El recuerdo me golpea con la fuerza de un tren. Mi quincuagésimo cumpleaños. La casa llena de gente. Mateo se acerca con un pastel, su sonrisa tan encantadora como siempre.
"Feliz cumpleaños, mi amor."
Mis hijos, ya adultos, aplauden a su lado. Los crie con todo el lujo que mi fortuna podía comprar. Lo ayudé a él, a un hombre sin nada, a construir un imperio con mis viñedos.
Le di mi vida entera.
Comí un trozo de ese pastel. El veneno fue rápido y doloroso. Mientras caía al suelo, vi la verdad en sus ojos. Codicia. Y en los de mis hijos, indiferencia.
Me abandonaron para morir.
Ahora, estoy aquí de nuevo. En el mismo momento. Con el mismo hombre esperándome ansiosamente fuera de la capilla.
Mateo. Él también ha vuelto. Lo sé.
Miro a mi abuelo. Mi voz no tiembla.
"Abuelo."
"Dime, niña."
"Elijo el sello. Elijo ser la Heredera Principal."
Mi abuelo me mira, sus ojos profundos leen mi alma. Ve el dolor, la traición, la resolución de acero que ha reemplazado a la joven ingenua que fui.
Asiente lentamente.
"Que así sea."
Toma el sello para comenzar el rito. Lo detengo.
"Abuelo, por favor. Guarda el secreto. Solo una semana. El rito necesita una semana para completarse, ¿verdad?"
"Así es."
"Nadie debe saberlo. Especialmente Mateo. Déjale creer que he vuelto a elegir la alianza por él."
Mi abuelo frunce el ceño, confundido por mi petición, pero ve la determinación en mi mirada.
"Confía en mí, abuelo."
Suspira, un sonido cargado de siglos de tradición y tristeza.
"Está bien, Sofía. Tu secreto está a salvo conmigo."
Me levanto. El frío de la piedra ya no me molesta. Salgo de la capilla, hacia el sol de Andalucía y hacia el hombre que me asesinó.
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