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Portada de la novela Una Oportunidad Para Amaar

Una Oportunidad Para Amaar

Emma García, una poderosa empresaria de 38 años, posee una gran riqueza pero carece de plenitud amorosa. Su camino se cruza con el de Erik, un joven de 19 años que ha renunciado al amor tras ser víctima de una traición. Este encuentro fortuito une sus vidas, forzándolos a cuestionar todo lo que creían saber sobre los sentimientos. Ambos deberán enfrentar grandes obstáculos y prejuicios para defender su conexión especial frente a la brecha generacional.
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Capítulo 3

Emma.

Luego de revisar una y otra vez aquellos documentos rompió el silencio, y no lo hizo de la mejor manera posible.

—No sé que es lo que pretenden hacer ustedes, pero esto que dice aquí es absurdo, no es ni la mitad de dinero en que le compro las telas a los demás proveedores, no sé cuál sea la irregularidad aquí pero no quiero ser participe en este tipo de negocios turbulentos. —Coloca los documentos sobre el escritorio y exhala profundamente.

»Lo que menos quiero es que mi empresa me la arrebaten por irregularidades. —Furioso Donato se puso en pie—. No se crean que porque soy amable, sea un ingenuo que me deje envolver por los bajos precios que ustedes aquí me plantean —dijo poniendo un tono fuerte en su voz.

—Déjese de tonterías señor Donato —responde Nicoletta mientras se pone en pie—. Lo que le venimos a ofrecer son telas de muy buena calidad, además de ello somos nuevos en el mercado por tal motivo le ofrecemos nuestros productos a bajo costo, todo con el fin de crecer en el mercado, además de brindarle un buen beneficio a su empresa —exclamó Nicoletta mostrando su peor cara.

—Recojan sus documentos y retírense de mi empresa, está reunión ha terminado —habla Donato de manera fría y sin rodeos.

Los hermanos Moretti se miraron entre sí y recogieron el sobre, pero antes de salir un gesto que le hizo aquella mujer a Donato me dejó bastante sorprendida, no fui capaz de decir palabra alguna mientras que estuve dentro de aquella oficina, tan solo cumplí con la presencia que se me fue pedida por él.

—¿De dónde los conseguiste?, ¿y cómo llegaron a ti? —fue lo único que le pregunté mientras que él bebía agua.

—Me contactaron a través de una llamada, la cual fue demasiado curiosa, tanto así que llegué a imaginar que se trataba de nuestra hija —con aquella respuesta notaba en él como cambiaba su cara de hombre fuerte a un hombre con miedo.

Después de concluir aquella reunión con los hermanos Moretti él revisó otros documentos hasta llegar la hora del almuerzo, notaba que se encontraba preocupado, al verle el alto grado de estrés que reflejaba su rostro; por lo cual decidí pedirle que fuéramos a comer en un restaurante cercano, no opuso resistencia a mi invitación como usualmente lo hacía.

Salimos de la empresa y nos dirigimos directo al parqueadero, subimos al auto y dimos marcha al restaurante favorito de él.

—Estoy muy feliz con tu compañía, hacía tanto tiempo que no salíamos a comer, al terminar el almuerzo lo que más deseo es ir al apartamento de Celeste; la quiero ver, ya que han pasado varios meses desde la última vez que la vimos, no tengo el corazón tan duro como para corresponderle a ella de la misma manera como ella nos ha abandonado —al escuchar su tono vidrioso al hablar asentí sin cuestionar su petición.

Yendo de camino quedó aturdida por el fuerte estallido del vidrio del auto por el costado de Donato, tan solo me fijé como el escolta sacó su arma y respondía contra aquellos malhechores; el tiempo se detuvo, todo transcurría en mi cabeza de manera lenta, levanté la cabeza y puse la mirada hacia donde se encontraba Donato, el escenario era el más cruel y despiadado que nunca antes había presenciado.

Vidrios por doquier, el rostro de Donato estaba sin color, no suficiente con eso bajé la mirada llevándola hasta la altura del pecho de él, el cual brotaba sangre sin parar, entre en shock; mis manos temblaban y con ellas el resto de mi cuerpo, tanto así que no pude hacer nada al ver la cantidad de sangre que inundaba el auto.

Marco abrió la puerta repentinamente para brindarle su ayuda a Donato, colocó sus dedos sobre su cuello y solo apretó los labios y negó con su cabeza.

—Señora, lo lamento mucho pero ya no hay nada que hacer, los disparos han sido certeros, los cuales no le han dado oportunidad alguna de sobrevivir —fueron sus palabras mientras me miraba tristemente.

Aquel acto marcó mi vida de sobremanera, tanto así que no fui capaz de salir del auto hasta que llegaron a sacar el cuerpo del hombre con el que acababa de entablar una conversación; tomé mi teléfono móvil en mi temblorosa mano y procedí a llamar a Celeste. Al cabo de insistir unas cuantas veces logré conseguir que ella me diera respuesta.

—¿Qué se te ofrece mamá? —responde de manera fría—. Háblame rápido porque me encuentro demasiado ocupada, solo espero que lo que me vayas a decir sea realmente importante como para haberme hecho perder el tiempo al haber contestado. —Ella como siempre contestando de manera odiosa e incomprensiva.

—Lamento mucho que sea yo quien te tenga que dar esta mala noticia. —Tuve que hacer una pausa, debido a que el nudo que tenía en mi garganta impedía que saliera de mi boca tal trágica noticia.

—Habla de una buena vez, porque no tengo todo el día para estar perdiendo el tiempo contigo —su manera petulante de hablar me hace romper en llanto, es increíble que sea capaz de hablarme de esa manera sabiendo que yo soy su mamá.

—A tu padre le han quitado la vida, lo mínimo que puedes hacer es venir a despedirte de él. —Hubo un silencio por parte de ella, luego carraspeó su garganta.

—Espero que no te hayas emocionado con todas las propiedades que él me ha dejado, recuerda que ese imperio es y será tan solo mio, el cual no lo compartiré con nadie y menos contigo. —Era increíble lo que le estaba escuchando.

—¿Me estás hablando en serio hija? —Obtuve por respuesta una sonora carcajada.

—Sabes que yo no bromeo, hace mucho que perdí el gusto por las bromas, y no cuentes conmigo si piensas que yo iré a despedirme de mi padre, hay más cosas que tengo que hacer y no tengo tiempo para despedirme de un frío cadáver. Si no es más adiós, hablaremos luego, cuando me esté posicionando de todas las propiedades de Donato —fueron las palabras de aquella fría y cruel mujer.

Finalizó la llamada para luego dar inicio a todo el papeleo y organizar su sepelio, es increíble cómo habían acabado la vida de un hombre bueno en tan solo un par de segundos.

En su sepelio lo acompañaron todos sus colaboradores y amigos, pero la presencia de los hermanos Moretti provocaba en mí que se eriza todo el cuerpo, no lograba entender quien había sido capaz de acabar con la vida de un hombre que no se metía con nadie, todo lo contrario, era quien le daba trabajo y oportunidades a muchas personas.

Al finalizar aquel momento triste fui a casa en compañía de Marco y al llegar allí e ingresar en aquella enorme casa me senté en el sofá; me sentí tan sola que no fui capaz de estar un solo momento más en este lugar. Fui a mi cuarto para empacar un par de cosas personales e ir al aeropuerto en compañía de Marco.

Lo único que quería era ir a un lugar donde no me sintiera sola, es decir sin aquel enorme vacío que provocaba la pérdida del hombre con el que he compartido varios años de mi vida.

Por lo cual decidí ir a España a una de las cuantas propiedades de Donato, quizá un aire fresco me ayudaría para enfrentar a mi hija.

Al llegar a este lugar el ambiente era diferente, el aire puro ingresando a mis pulmones acompañado de aquel olor del césped recién cortado me hacía recordar mis días alegres, cerré los ojos y me tranquilicé un poco.

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