Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Una omega para siete alfas

Una omega para siete alfas

Elara escapa de los experimentos de Neo-Eden cargando con una fobia al contacto físico. Su vida cambia cuando siete alfas, de orígenes tan diversos como la milicia y el mercenarismo, la reclaman como su compañera. Mientras marcas místicas aparecen en su piel, ella enfrenta un dilema interno: ¿su pasión es real o fruto de una manipulación genética? Bajo la mirada de sus antiguos captores, Elara debe descubrir si el amor puede florecer en un destino programado.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

POV: Elara

La Estación de Bomberos #7 huele a humo viejo y dolor fresco.

Finn O'Connell me guía entre los camiones rojos, su mano flotando cerca de mi espalda baja. Nunca toca. Solo protege el espacio. Como si supiera - sin que nadie le dijera - que el espacio entre su mano y mi cuerpo es sagrado.

-Es aquí -dice. Voz rasposa por años de humo.

La sala de reuniones es un santuario. Seis rostros sonríen desde los hologramas que diseñé. Seis hombres que nunca volverán a casa.

-Los queremos así -murmura Finn-. Vivos. Riendo. No como estatuas frías en un cementerio.

Ajusto la iluminación. Finn se para detrás de mí. Tan cerca que siento su calor. Y era calor real - no metáfora. Finn irradiaba temperatura como una estufa. Podía sentirlo a medio metro de distancia.

-Michael -dice, señalando un holograma-. Tenía una risa que llenaba toda la estación. A veces me quedo tan quieto que juro que todavía puedo oírla.

Su voz se quiebra. Veo sus puños cerrarse, las cicatrices en sus nudillos blanqueándose.

Y hago algo increíblemente estúpido.

Extiendo mi mano y la poso sobre su puño cerrado.

Ambos nos sobresaltamos.

Su piel caliente. Marcada por quemaduras. La mía fría. Siempre fría. Pero donde nos tocamos, arde. Mi omega - la dormida, la que anoche ronroneó por primera vez en meses con Kai - se estremeció. Diferente a lo de anoche. Esto no era electricidad ni tensión ni juego. Esto era calor encontrando frío. Algo más básico. Más antiguo.

-Elara... -Susurro roto.

-Lo siento. Por tu pérdida. Por tus amigos. Por todo lo que cargaste solo.

-No tienes que...

-Lo sé. Pero quiero.

Sus dedos se relajaron bajo los míos. Lentamente. Como flor abriéndose. Su mano se giró envolviendo la mía.

Simple. Devastador.

Cada cicatriz en su palma. Cada quemadura. Cada momento en que arriesgó todo para salvar a alguien. Y su calor subiendo por mi muñeca, por mi brazo, llegándome al pecho donde mi omega absorbía cada grado como alguien que lleva años pasando frío.

-Gracias -susurró-. Por esto. Por verlos como eran. Por estar aquí.

Conté los segundos porque era lo único que me mantenía anclada. Retiré mi mano primero. Tuve que hacerlo.

Porque si me quedaba, iba a hacer algo peor. Como quedarme para siempre.

-Los hologramas están listos -dije. Voz ronca.

-Elara.

Me giré en la puerta. Sus ojos húmedos. No lloraba. Pero casi.

-Si alguna vez necesitas a alguien que solo escuche... -Tragó-. Estoy aquí. A cualquier hora. Siempre.

Asentí. No confié en mi voz.

Finn O'Connell no era como los otros tres. Kai me acechaba. Leo me desarmaba. Rhys me interrogaba. Finn simplemente estaba ahí. Caliente. Abierto. Esperando.

Y mi omega, debajo de todo, quería acurrucarse contra ese calor y no moverse nunca.

________________________________________

Esa noche. El Gato Negro.

Jax Mercer me esperaba en la mesa del fondo. Espalda contra la pared. Ojos escaneando cada sombra como si esperara que alguna atacara.

-Nuevas identidades -dijo, deslizando un disco cifrado por la mesa pegajosa.

Nuestros dedos se rozaron al tomarlo. Rápido. Áspero. Intencionado.

Sonrió. Expresión que no llegaba a sus ojos del color del hielo sucio.

-Te gusta vivir peligrosamente, ¿eh, pequeña Beta?

-No soy quien contrata mercenarios en bares clandestinos.

-No, tú eres quien crea las identidades para esos mercenarios. -Se inclinó, olfateando el aire entre nosotros-. Mucho más peligroso.

-Solo hago mi trabajo.

-Hueles raro.

Mi sangre congelándose. -¿Qué?

-Como Beta. Te mueves como Beta. Pero a veces... -Ojos entrecerrándose-. A veces hay un destello debajo. Como oro bajo pintura barata.

Mi omega se encogió. Esconderse. Más profundo. Que no la huela. Que no la encuentre.

-Es el perfume.

-Claro. Perfume. -Su pie encontrando el mío bajo la mesa. Presionando-. Sabes, todos mis clientes tienen secretos. Pero tú tienes un arsenal completo enterrado ahí dentro. Y un día, preciosa, voy a desenterrarlo todo. Cada. Maldito. Secreto.

No aparté el pie. Paralizada. Mi omega paralizada. Pero no de miedo - de algo peor. De la certeza de que este hombre era el más peligroso de los siete y que lo peligroso no la asustaba tanto como debería.

-Y cuando lo haga -continuó, sonrisa peligrosa-, vas a tener que decidir si me matas o me besas. Personalmente espero lo segundo. Pero estaré preparado para ambos.

-Estás loco.

-Estoy interesado. Hay una diferencia. -Se reclinó-. Ahora lárgate antes de que decida seguirte a casa solo para ver dónde vive una mujer que no existe.

Me fui. Sus ojos me siguieron hasta la puerta. Los sentí en mi espalda como mira de francotirador.

Jax Mercer era todo lo que debía evitar. Violento. Impredecible. Sin reglas.

Y mi omega - la que se encogía de miedo con los demás - se había quedado quieta con él. No calmada. Quieta. Como un animal que reconoce a otro animal y decide no huir.

________________________________________

Estudio de Cole Vance.

Las paredes cubiertas de pinturas. Todas eran yo. Pero no yo. Formas que sugerían mis curvas. Colores que evocaban mi piel. Sombras que susurraban mi nombre.

Perturbador. Hermoso. Obsesivo.

-Hoy es textura -anunció Cole, pincel entre los dientes-. Cierra los ojos.

-Cole...

-Confía en mí.

-Esa es una petición peligrosa.

-Lo sé. Por eso es interesante.

Cerré los ojos.

El pincel tocó mi clavícula. Las cerdas trazando una línea desde mi hombro hasta el esternón. Frío que se convertía en calor. Sentí su intención a través de las cerdas como corriente eléctrica.

-¿Sientes? -Voz cerca de mi oído-. La pintura lucha contra el lienzo. Pero sobre la piel es rendición absoluta.

El pincel descendió por mi brazo. Cada cerda dejando un rastro que mi omega seguía desde adentro. Con Kai había habido electricidad. Con Leo, liberación. Con Finn, calor. Con Jax, peligro. Con Cole era otra cosa. Era ser vista. No con los ojos que evaluaban o diagnosticaban o interrogaban. Con los ojos que componían.

-Estás temblando.

-Tengo frío.

-Mentirosa. El miedo y el deseo tienen el mismo temblor. La única diferencia es a qué le pones nombre.

Abrí los ojos. Los suyos, color óxido húmedo, me estudiaban como se estudia una obra que todavía no está terminada.

-¿Cómo le pones nombre tú? -pregunté.

-Inspiración. Obsesión. Necesidad. -El pincel rozó mi muñeca-. He pintado cien versiones de ti. Ninguna es correcta. Porque ninguna captura esto.

-¿Esto?

-El momento justo antes de que te rompas. Estás en ese filo ahora mismo.

Mi respiración cortándose. Mi omega temblando. No de miedo. De la sensación de ser leída por alguien que no usaba palabras ni datos ni leyes. Que leía en colores.

-Para -susurré.

-¿Por qué?

-Porque si no paras, voy a pedirte que sigas.

-Los mejores errores son los que cometemos con los ojos abiertos, musa. -Retrocedió-. Volverás. Porque ahora que sabes cómo se siente, vas a querer más.

Salí antes de demostrarle que tenía razón.

Cole Vance no tocaba como los demás. No medía distancia ni diagnosticaba ni interrogaba ni calentaba ni amenazaba. Cole pintaba. Y ser pintada por él era más íntimo que cualquier toque de piel.

________________________________________

Mi apartamento. Domingo.

Zane Thorne en mi umbral. Como cada domingo.

-Tu sistema tiene una falla. Ventana del baño. Sensor desalineado.

-¿Por qué vienes cada semana?

-Porque no eres simple. Probablemente no eres Beta. -Un paso adelante-. Y porque hueles a miedo y secretos.

-¿Y?

-Y porque cuando estoy aquí, el ruido en mi cabeza se detiene.

-¿Qué ruido?

-Voces. Explosiones. Gritos que nunca se apagaron. -Sus ojos recorriendo mi rostro-. Tú eres silencio.

Di un paso hacia él. Mi omega hizo algo que no había hecho con ninguno de los otros: se aquietó. No se agitó, no se encogió, no tembló. Se aquietó. Como si Zane fuera el único lugar del mundo donde ella podía dejar de estar alerta.

-¿Alguna vez para completamente? -pregunté.

-Nunca. Excepto aquí. Contigo.

Nos quedamos así. De pie. En mi umbral. Sin tocarnos. Sin necesitarlo. La distancia entre nosotros no era vacío - era conexión. El tipo que no necesita contacto para existir.

Dos minutos. Después retrocedió.

-Falla reparada. Hasta la próxima semana.

Se fue. Y yo me quedé en el umbral con la certeza de que Zane Thorne era el más peligroso de todos.

Porque los demás me hacían querer más.

Zane me hacía querer quedarme.

________________________________________

Medianoche.

Me quité la camisa frente al espejo.

Las siete líneas en mi espalda brillaban en la oscuridad. Suaves. Como las primeras estrellas cuando cae la noche.

Siete líneas. Siete hombres. Siete formas diferentes de derribar lo que llevo tres años construyendo.

Mi omega - la presencia sin nombre que se había agitado con Kai, acurrucado con Finn, escondido con Jax, temblado con Cole y aquietado con Zane - ronroneó en la oscuridad. Despertando un poco más con cada encuentro. Después de tres años de silencio, ahora era murmullo.

Pronto sería voz.

Y cuando lo fuera, iba a pedirme algo que no podía darle.

Más.

Afuera, siete hombres regresaban a sus vidas creyendo cada uno que era el único que sentía este tirón.

Y yo contaba los segundos hasta que todo se desmoronara.

Porque cuando pasara - y iba a pasar - no iba a ser una ola.

Iba a ser un tsunami.

Y yo nunca aprendí a nadar.

También te puede gustar

Portada de la novela Adiós, Diego: Mi Nuevo Comienzo
8.4
Ximena dedicó diez años a levantar el imperio de Diego, pero su lealtad fue pagada con desprecio. Él planea casarse con Sofía, una mujer refinada, tachando a Ximena de ser demasiado ruda para su nivel social. La humillación escala cuando Diego le exige que su grupo de mariachi actúe en la boda. Con el corazón roto pero decidida, ella acepta el trabajo, usando el evento como el escenario perfecto para ejecutar una venganza que despojará a Diego de todo.
Portada de la novela El Último Aliento de Selena
9.1
Un fiscal descubre el cadáver de Selena, su esposa, en una construcción. Durante años, él creyó las calumnias de su exnovia Amaya, pensando que Selena lo había dejado. Sin embargo, la autopsia revela que ella murió esperando un hijo suyo. Atormentado por haberla humillado y confiado en la mujer errónea, el dolor se torna en una furia implacable. Ahora, usará toda su influencia legal para destruir a Amaya y vengar la muerte de su familia.
Portada de la novela Fürsten
9.6
Nacidos como un milagro de la corona, los príncipes gemelos destacan por su intelecto y un vínculo inquebrantable. Su destino cambia drásticamente al descubrir que deben compartir a la misma Luna. Esta revelación pondrá a prueba su temperamento y lealtad mientras enfrentan peligros externos. En una travesía llena de acción e instintos, los hermanos lucharán por proteger lo que aman bajo un mismo sino, enfrentando amenazas que acechan su futuro y su unión.
Portada de la novela GIUSEPPE EL HEREDERO DEL NARCOTRAFICANTE
9.6
La unión entre Bianca y Giulano prosperó tras superar grandes desafíos, dejando como legado a sus hijos Cintia y Giuseppe. En esta segunda parte, Giuseppe asume su rol como el nuevo soberano del narcotráfico, cargando con la herencia familiar. Para proteger el futuro de su estirpe, se ve obligado a casarse con Arianna, con quien debe concebir un sucesor. ¿Podrá el joven capo afianzar su poder y liderar con éxito su oscuro imperio criminal?
Portada de la novela La reina de Bratva
9.6
Amira Ivanov intenta escapar de la herencia violenta de su padre, jefe de la mafia rusa en Samara, estableciéndose en Londres. Pese a sus esfuerzos por iniciar una vida normal, su oscuro pasado la localiza sin piedad. En medio de esta huida, conoce a un hombre extremadamente peligroso que altera su destino. Esta colisión de mundos la obligará a enfrentar una duda letal: si este misterioso encuentro representa su libertad definitiva o su destrucción total.
Portada de la novela Mi Imperio, Mi Revancha: De la Nada al Todo
9.4
Tras fallecer como un magnate del café, descubro que mi esposa Isabella y mi hijo Javier me traicionaron; su amor fue una farsa para quedarse con mi fortuna junto a Mateo, el padre real del joven. Consumido por el odio, mi alma viaja al pasado y despierto a los dieciocho años. Es el momento justo en que Isabella cae al río, pero esta vez elijo no rescatarla. Usando mis recuerdos del futuro, inicio una fría y absoluta venganza contra quienes me destruyeron.