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Portada de la novela Una omega para siete alfas

Una omega para siete alfas

Elara escapa de los experimentos de Neo-Eden cargando con una fobia al contacto físico. Su vida cambia cuando siete alfas, de orígenes tan diversos como la milicia y el mercenarismo, la reclaman como su compañera. Mientras marcas místicas aparecen en su piel, ella enfrenta un dilema interno: ¿su pasión es real o fruto de una manipulación genética? Bajo la mirada de sus antiguos captores, Elara debe descubrir si el amor puede florecer en un destino programado.
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Capítulo 3

POV: Elara

Me desperté con el zumbido.

No en mis oídos. En la sangre. Un eco de siete casi-toques que se negaba a silenciarse.

Demasiado temprano para todo excepto mis demonios.

La cafetera temblaba en mis manos. El olor me recordó a Kai. A su control obsesivo.

En la mesa, siete diarios abiertos. Cada uno dedicado a un hombre. Un mapa de mi locura.

Abrí el de Leo. Cuero negro como sus guantes.

"Notó la cicatriz. ¿Sabe más de lo que admite?"

Lo cerré de golpe.

Mi teléfono vibró. Rhys: "Reunión 9 AM. No llegues tarde."

Luego Finn: "Los hologramas funcionaron. Gracias."

No respondí. Fui a la ducha.

Bajo el agua, con los ojos cerrados, los sentí más fuerte. Las manos de Leo. La presencia de Zane. El calor de Finn. Mi omega - la dormida, la que había pasado la noche agitándose entre ronroneos - absorbía cada recuerdo como esponja. Más despierta que ayer. Más hambrienta.

Tres años manteniéndola callada. Tres años de supresores y distancia y reglas. Y ahora siete hombres estaban despertándola sin saber lo que despertaban.

El teléfono sonó mientras me vestía. Número desconocido.

-¿Hola?

Respiración. Luego:

-Sé lo que eres.

Se me heló la sangre.

-Una Omega Cíclope. Rara. Valiosa. -Voz femenina. Clínica-. Mis sensores detectaron actividad feromonal anómala. Siete Alfas convergiendo en un solo punto.

-No sé de qué hablas.

-Elara Ashford. Dada de alta del programa después del Incidente. Tres años escondida. Pero tu biología no puede esconderse. Te encontré.

El Instituto. Mi omega se encogió en mi pecho. Terror puro. El tipo de terror que tiene memoria muscular.

-Déjame en paz.

-Eres mi obra inacabada. Y vengo por ti.

-¿Quién eres?

-Dra. Miriam Kove. Nos conocimos antes de que casi mataras a mis Alfas de prueba.

Colgué. Manos temblando.

Tres años de libertad. Acabados con una llamada.

________________________________________

Debí quedarme en casa. Fui a trabajar porque la rutina era lo único que me mantenía cuerda.

Error fatal.

A las diez, mientras trabajaba en los hologramas de Rhys, lo sentí.

Un tirón. En mi pecho. Luego en mi columna.

Las siete líneas en mi espalda ardieron.

Y mi omega - la dormida, la silenciada - abrió los ojos de golpe. No como el despertar gradual de los últimos días. Esto fue violento. Como un animal que se despierta y encuentra fuego.

Otro tirón. Más fuerte. Siete cuerdas invisibles jalándome en siete direcciones.

Sentí a Kai. Kilómetros lejos. Apretando su teléfono hasta que el plástico crujió.

Leo en su clínica. Pulso disparándose. Lo sentí en mis costillas.

Jax en alguna azotea. Algo ardiendo en su hombro que ardía en el mío.

Rhys en una audiencia. Mandíbula tensándose. La mía apretándose en espejo.

Finn en la estación. Su corazón rompiéndose. Dolor fantasma en mi pecho.

Cole en su estudio. Pincel cayendo de dedos entumecidos. Mis dedos abriéndose.

Zane meditando. Respiración cortándose. La mía sincronizándose.

Siete hombres. Siete sensaciones. Un cuerpo intentando contenerlos a todos.

Mi omega rugió. Desde adentro. Con una fuerza que no sabía que tenía. Tres años de supresión detonando en un segundo. La llamada de Kove la había aterrorizado y el terror la había liberado de golpe.

Caí de la silla. El suelo golpeó mis rodillas pero no lo sentí. Espalda arqueándose. Dedos arañando el suelo. Boca abierta sin sonido.

Y peor que el dolor vino el anhelo.

Una necesidad tan primitiva que superó todo pensamiento. Los necesitaba. A los siete. Aquí. Ahora. Tocándome. Llenando este vacío que mi omega abría en mi centro como agujero negro.

Mi mente gritó por ellos.

Y ellos respondieron.

________________________________________

La puerta de mi loft explotó.

Kai entró primero. Se detuvo en seco.

Porque no estaba solo.

Leo subía las escaleras con maletín médico. Rhys salía del ascensor. Finn atravesaba la puerta de servicio. Jax se deslizaba por la ventana del baño. Cole dejaba caer su kit de pintura. Zane simplemente estaba ahí - como si nunca se hubiera ido.

Siete hombres. Siete extraños que no se conocían entre sí.

El silencio duró dos segundos. Después:

-¿Qué mierda hacen todos aquí? -Jax, mano moviéndose hacia su costado.

-Podría preguntar lo mismo. -Rhys evaluando amenazas.

-Todos sintieron lo mismo -dijo Zane. Calma que era más intimidante que la furia de Jax-. El tirón. La urgencia. Ella nos llamó.

-Sin palabras -murmuró Finn-. Pero nos llamó.

Se miraron. Siete hombres viéndose por primera vez. Reconociéndose sin entender qué reconocían. Y debajo del reconocimiento, algo más crudo: rivalidad. Siete lobos oliendo al mismo alfa y queriendo lo mismo.

Leo me vio en el sofá.

-¡Elara!

Se movieron al mismo tiempo. Y se detuvieron a la misma distancia. Como si una línea invisible los contuviera.

-Aléjense -gruñó Kai.

-Soy médico. Necesita ayuda. -Leo sacando la tablet.

-No la tocas hasta que sepamos qué pasa. -Jax bloqueando.

-Muévete. -Leo con un filo que nunca le había escuchado.

-Hazme.

-Suficiente. -La palabra salió de mi garganta como vidrio roto.

Los siete se congelaron.

Me senté. Todo me dolía. Mi omega temblando dentro de mi pecho como algo recién nacido que no sabe dónde está.

-Dejen de pelear y explíquenme por qué están aquí.

-Porque algo me dijo que estabas en peligro -dijo Kai-. Cada instinto gritaba que viniera. -Miró a los otros-. ¿Ustedes también?

Asintieron. Uno por uno.

-Así que todos conocen a Elara -dijo Rhys.

-Profesionalmente -mintió Kai.

-Claro. Por eso corrimos como si el edificio ardiera. -Jax no sonaba convencido.

Leo se arrodilló frente a mí.

-¿Puedo examinarte?

-No la toques -Kai, más cerca.

-No te estoy preguntando a ti. -Leo sin mirarlo-. Elara, ¿puedo?

Asentí.

Sus dedos encontraron mi muñeca. Tomó mi pulso.

Y en el momento que su piel tocó la mía, los otros seis gruñeron. Bajo. Gutural. Primitivo.

Leo soltó mi muñeca como si quemara.

Se miraron. Horrorizados. Porque el sonido no fue voluntario. Salió de un lugar que ninguno controlaba. De los lobos que todavía no tenían nombre.

-¿Qué fue eso? -susurró Finn.

-Instinto territorial -dijo Zane-. Todos lo sentimos.

-Eso solo se activa con... -Rhys se detuvo. Miró a los otros.

-Con vínculos potenciales -terminó Cole. Primera vez que hablaba-. Con Omegas compatibles.

-Pero ella es Beta -dijo Finn-. ¿Verdad?

Todos me miraron.

Mi omega tembló. Las mentiras pesaban tres años y ya no podía cargarlas.

-No -dije-. No soy Beta.

Silencio.

-Soy una Omega. Y soy lo que llaman Cíclope. Puedo vincularme con múltiples Alfas simultáneamente.

-¿Cuántos? -Kai. Peligrosamente calmado.

Miré a cada uno.

-Siete. Ustedes siete.

El caos.

-No soy parte de ninguna colección -gruñó Jax.

-No es elección. Es biología -dijo Leo.

-¿Cuánto tiempo lo supiste? -Rhys.

-Tres años. Desde el Incidente.

-¿Qué incidente? -Finn.

-Me usaron de prueba. Tres Alfas a la vez. Mi cuerpo intentó sincronizar. Uno murió. Dos con daño cerebral. Sobreviví. Me clasificaron como defectuosa. -Pausa-. Y escapé. Aproveché un fallo de seguridad y corrí. Tres años escondida. Identidad falsa. Supresores para oler a Beta.

-No eres defectuosa -dijo Finn.

-Soy peligrosa.

-Para ellos. -Jax sonrió. La primera genuina-. Para nosotros, aún no decides.

Mi teléfono sonó. Número desconocido. Puse altavoz.

-Veo que tus Alfas te encontraron. Conveniente. Ahora puedo recolectarlos a todos de una vez.

-¿Quién eres? -Kai, voz de acero.

-Dra. Miriam Kove. Instituto de Investigación Omega. Elara es propiedad intelectual. Y ustedes siete son datos valiosos.

Colgó.

Silencio. Los siete mirándome. Mi omega encogiéndose de terror porque Kove significaba Neo-Eden significaba jaulas significaba inyecciones significaba todo lo que llevaba tres años escapando.

Finn fue el primero en hablar.

-No dejaremos que nadie te lleve.

No lo conocía. No conocía a ninguno de los otros seis. Pero lo dijo con la voz de alguien que entraba a edificios en llamas para sacar desconocidos. Y mi omega - la aterrorizada, la que quería correr - se detuvo. Escuchó. Y por primera vez en tres años, consideró la posibilidad de que quedarse fuera más seguro que huir.

-Necesitamos un plan -dijo Kai.

-Y entender qué eres -dijo Leo. Sin dureza. Con la curiosidad de un médico que acaba de encontrar algo que cambia todo.

-¿Qué somos para ti? -preguntó Rhys.

-Mis compatibles. Mis vínculos. Los siete. Mi cuerpo los atrajo. Por eso están aquí.

-¿El Instituto? -Zane.

-Un lugar donde te abren y te miden y te usan y cuando se rompe algo lo anotan en un archivo y prueban de nuevo. -Mi voz más firme de lo que esperaba-. No voy a volver.

Kai miró a los otros. Seis desconocidos que habían corrido hasta aquí por instinto. Que se habían gruñido por territorialidad. Que ahora estaban parados alrededor de una mujer que acababa de decirles que su biología los había elegido sin preguntarles.

-Mañana -dije antes de que organizaran mi vida-. Comenzamos mañana. Esta noche necesito estar sola.

Uno por uno asintieron. Uno por uno se fueron.

Cuando la puerta se cerró detrás del último, me desplomé.

Mi omega ronroneó. Exhausta. Aterrorizada. Pero por primera vez en tres años, no sola.

Siete lobos habían venido corriendo sin saber por qué. Y uno de ellos - el del fuego, el de la voz rota, el que dijo "no dejaremos que nadie te lleve" sin conocerme - le había dado a mi omega algo que tres años de huir no habían podido darle.

La posibilidad de que quedarse no fuera rendición.

Fuera elección.

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