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Portada de la novela Un Profesor Sexy

Un Profesor Sexy

Mía es una chica que acababa de cumplir los dieciocho años estaba en la mejor etapa de su adolescencia, aunque sus padres que eran demasiados antiguos no pensaban igual prohibiéndola a todo tipo de acercamiento con chicos obligándola a que estudiara lo que ellos querían no lo que ella en realidad deseaba. No tenía una vida normal como toda adolescente teniendo que ir del instituto a casa y de casa al instituto. ¿Pero qué pasaría si un nuevo profesor llegara a su centro donde ella estudiaba? Sin duda Mia no sabría donde se metería ya que ella no había experimentado nada que tuviera que ver con él sexo ni si quiera su primer beso. Ares él nuevo profesor que pone a todo el centro patas arriba por ser el primer profesor joven. Un profesor que tenía que tener una faceta de buen profesor amable con sus alumnos pero que luego afuera del centro era una persona fría y también un poco mujeriego. Sin duda sus alumnas terminan locas por él, excepto Mia que le ve solo como su profesor... O solo le ve como su profesor hasta que... Si quieres saber más te invito a leer mi historia.
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Capítulo 2

La clase de lengua había sido un poco más llevadera nada comparada como cuando estábamos con Federica.

La pobre mujer a su edad tenía que tener cuidado teniendo que estar más tiempo sentada que de pie por eso algunos de los alumnos se aprovechaban de su mala vista para copiar en los exámenes y hacer trampas.

Además de vacilarla y ella no tenía nada de paciencia en parte era normal.

Pero con Ares todo era completamente diferente, había regañado a más de uno que quería ir de listo echándolos de la clase ya desde primera hora de la mañana.

Yo siempre estaba callada en todos las clases al menos que el profesor o la profesora me preguntará algo no quedándome más remedio que contestar.

Teníamos dos horas de clases con él, en esas dos horas nos había mandando hacer unos ejercicios después de habernos explicado todo en la pizarra.

Al cabo de un rato yo ya había terminando los ejercicios pero por supuesto no dije nada porque no me gusta llamar la atención.

Por eso aproveche mi tiempo sacando mi cuaderno de escritos, ni si quiera mi madre sabía que lo tenía lo guardaba como si fuera un tesoro ya que si mi madre leía solo unas páginas estaba segura que la terminaría dando un infarto.

¿El motivo?

Escribía cosas subidas de tono, mi madre intentaba que yo no supiera nada referente al sexo pero eso es un caso imposible.

Si te fijabas bien todo lo que rodeaba era sexo, ibas por la calle y las parejas se besaban y se metían mano.

La atracción flotaba por el aire y mi madre ni si quiera a mi edad me dejaba ver películas donde salían escenas de sexo.

Si, cuando salían sin esperarlo cuando veía una película con ellos me tapaba los ojos pero mis oídos escuchaban todo entonces terminaba imaginándomelo.

Porque así era nuestras mentes de poderosas que si no lo veías entonces te lo imaginabas aunque no se cual más era peor.

Estaba tan metida en mis pensamientos escribiendo que no me doy cuenta de que había sonado el timbre avisando que las dos horas de clase habían terminado.

Gracias al ruido que hacían al moverse vuelvo a mi realidad comenzando a recoger mis cosas rápido.

Los alumnos van saliendo de la clase y yo me apresuró porque lo menos que quería era llegar tarde y que no me dejaran entrar a la clase toda la hora.

-Mía – me quedo petrificada cuando escucho la voz del profesor llamarme cerca de mí.

Levanto mi mirada encontrándome con sus ojos dándome cuenta que estaba solo yo en clase todos se habían ido.

-¿Si? Profesor – le contestó guardando el cuaderno en la mochila pero antes de que lo hiciera él lo señala volviendo a hablar.

-¿Qué estabas escribiendo tanto en ese cuaderno? – abro mi boca dispuesta a mentir diciéndole que era el cuaderno de lengua cuando veo como coge el cuaderno de lengua que estaba aún en la mesa.

Me cachis…  pero que despistada apuntó de pecar diciendo una mentira y ahora no se como salir de esta.

-Yo… - me callo porque sinceramente no sabía que decir.

No podía mentir tampoco, estaba castigado si lo hacía.

Él me mira para después abrir el cuaderno entonces comienzo a ponerme nerviosa.

-Profesor por favor voy a llegar tarde a la siguiente clase – pongo la mano en el cuaderno para quitárselo pero él me vuelve a mirar con esa mirada que hace que rápido aparte mi mano poniéndome aún más nerviosa.

-¿Qué hacías que no estabas haciendo los ejercicios que yo mande Mía? – me pregunta.

Rápido reaccionó abriendo el cuaderno enseñándole que los ejercicios de lengua estaban hechos.

-Lo siento los termine todos antes de tiempo y pensé que podría aprovechar mi tiempo libre – el observa los ejercicios viendo el mismo que si estaban hechos.

-Esta bien – siento un gran alivio cuando veo como cierra mi cuaderno de escritos dándomelo.

Rápido lo cojo guardándolo en mi cartera como lo demás que quedaba en la mesa.

-Para la próxima repasa lo que dimos así aprovechas tu tiempo que sea la última vez que te veo escribir en ese cuaderno – me tenso cuando escucho sus palabras un poco subidas demostrándome que me estaba regañando como profesor.

-De acuerdo profesor no volverá a pasar – con eso agachó mi cabeza saliendo todo lo rápido que puedo de la clase sintiendo su mirada en mi hasta que no me alejo.

Sin duda me había salvado de una bien grande no me quiero ni imaginar que hubiera pasado si él llega a leer unos solos renglones.

Consigo llegar a tiempo a la siguiente cuando me siento a los pocos segundos entra la profesora de matemáticas.

-Buenos días comencemos con la clase…

Así fue mi mañana hasta que llegó la hora del recreo, la verdad que yo no salía me quedaba en la biblioteca.

Me sentía más agusto dentro rodeada de libros y no llevándome caras extrañas de la gente al verme sola.

Me tomó mi almuerzo rápido entrando después a la biblioteca saludando a la mujer que llevaba este sitio.

-Hola Mía – me saluda ella con una gran sonrisa.

-Hola Margarita, ¿necesita que la ayude en algo? – aparte de pasar el recreo en la biblioteca ayudaba a Margarita.

-Pues cariño sabes que no me gusta abusar de nadie ya que… - antes de que siguiera la corto.

-Margarita es un placer ayudarla usted dime se que no puedes subir a lo alto de las estanterías por su problema de la cadera – ella me sonríe estirando su brazo para acariciar mi mejilla.

-Siempre tan buena Mía pues hoy no es nada de colocar libros – frunzo mi ceño.

-¿Entonces? – la pregunto.

-¿Te importaría si llevas esta caja a la sala de profesores? Si te preguntan porque no estas en el recreo diles que vienés de mi parte – me sonríe cogiendo la caja que se veía que pesaba dejándola encima de la mesa.

-Encantada de llevarlo – la sonrió cogiendo la caja sintiendo que si era pesada.

Salgo de la biblioteca caminando por los pasillos hasta que llegó a la sala de profesores.

Entró viendo que no había nadie, era normal algunos profesores y profesoras aprovechaban para ir a la cafetería que había y tomarse sus cafés.

Dejó la caja encima de la mesa larga observando las estanterías que estaban llena de papeles descolocados.

Me doy la vuelta para salir cuando…

-¡AAHHHH! – grito asustándome sin esperarme encontrarme con el profesor Ares.

Se me queda mirando extrañado.

-¿Mia? No quería asustarte – deja su maletín en una de las sillas. - ¿Qué haces aquí? Los alumnos tienen prohibido la entrada – me señala el cartel que había pegado en la entrada.

-Lo siento – me disculpó rápido. – Solo vine a dejar esta caja mandando por Margarita la de la biblioteca – le explicó rápido.

-No me parece bien – me dice de repente. – Deberías de estar en el recreo como todo el mundo, como te vuelva a ver por aquí la próxima vez estarás castigada – pero…

Solo quería ayudar a Margarita no había echo nada malo.

Agachó mi mirada disculpándome para después salir.

El profesor me había regañado más veces en solo un día que todos los que llevaban aquí años.

Vuelvo a la biblioteca pasando por donde estaba la mesa de Margarita pero ella me llama.

-¿Mia estas bien? – la miro asintiendo con mi cabeza.

-No se preocupe Margarita ya deje la caja donde me dijo – camino hasta la mesa sentándome en la silla sacando mi cuaderno especial comenzando a escribir.

Una chica que no sabía nada sobre el sexo, ni si quiera sabía lo que se sentía un beso con lengua.

Quería experimentar esas sensaciones por eso se puso guapa con un vestido rojo que se ajustaba a su cuerpo.

Llegó al sitio donde había quedado con el chico que había estado chateando desde hace mes.

Aunque no supiera nada sobre el sexo había tenido conversaciones subidas de tono con él por el móvil donde despertaba sensaciones nuevas para ella.

Cuando se encontró con el nunca se imagino ver a un chico tan apuesto como él, más que en la foto que tenía por la red social además de que estaba lleno de tatuajes y su piercing en su labio le dejaba verse aún más sexy dándola ganas de besarlo y probar para ver lo que se sentía sentir ese aro sobre sus carnosos labios.

Seguí escribiendo una pequeña historia que nunca saldría a la luz, hasta que mi mente comenzó a volar aún más y termine describiendo sin creérmelo yo misma a mi profesor de lengua.

Suelto un pequeño jadeo mirando a mi alrededor cuando término de escribir sintiendo una corriente de aire fría pasar por mi nuca haciendo que mi piel se erizase.

Cojo el pequeño espejo que tenía en mi mochila viendo que tenía mis mofletes rojos.

Dios mío…

Que dios me guarde pero esta vez mi imaginación paso los límites al escribir como sería el cuerpo de Ares mi profesor…

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