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Portada de la novela Un príncipe por contrato

Un príncipe por contrato

Katherine Wells, la única heredera de una influyente familia británica, se ve forzada por su padre a un matrimonio de conveniencia para garantizar alianzas bélicas. Al llegar a la corte, se enfrenta al rechazo de su prometido, quien la humilla públicamente al preferir a una criada. Atrapada entre el honor de su linaje y su amor propio, Katherine debe decidir si huirá del palacio o si intentará seducir al príncipe para salvar a su familia de la ruina total.
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Capítulo 3

Les pido a las chicas que preparen el vestido azul. Es mi favorito. Sé que es una tontería, pero con él me siento segura y poderosa. Soy capaz de afrontar cualquier situación con él puesto.

— Al príncipe Andrew le encanta el azul — fantasea Lucy, la más mayor de mis tres nuevas doncellas —Es tan guapo...

En realidad, me da igual si adora el azul o lo odia. Me iba a poner ese vestido de todos modos.

Terminan de colocarme unas horquillas en el pelo. Me pongo de pie y me coloco delante del espejo de cuerpo entero.

El vestido tiene un cuello de barco, junto con unos minúsculos tirantes que caen sobre los hombros. Así está perfecto. Las chicas querían recogerme el pelo en un moño, pero me he negado. Lo llevo suelto a excepción de unos mechones recogidos estratégicamente para que caiga sobre un hombro.

Camino con decisión. Mirando al frente. Me repito una y otra vez que no debo juguetear con los dedos para calmar los nervios que en realidad siento.

Nunca he estado a solas con un hombre. Esta es la primera vez que voy a tener una cita, una cita que no deseo, pero una cita al fin y al cabo.

Muchas veces me he imaginado locamente enamorada de algún desconocido. Soy incapaz de ponerle un rostro en mis sueños, pero le quiero y tenerlo cerca me hace feliz. No se parece en nada a la sensación que tengo ahora mismo.

— Katherine — saluda Andrew sorprendiéndome al girar una esquina del pasillo.

— Andrew...— saludo disimulando el bote que acabo de dar.

Paso mi brazo entre el suyo. En silencio llegamos a las puertas que dan al jardín. Hay dos guardias custodiándolas que se apartan en cuantos nos ven acercarnos.

Miro de reojo al príncipe, que mira hacia el frente con el ceño ligeramente fruncido. Debe estar disfrutando lo mismo que yo.

– Katherine, ¿Qué opinas sobre el acuerdo al que han llegado nuestros padres?

Directo al grano ¿Es algún tipo de prueba o algo? ¿Debería ser sincera o mentir y decirle que estoy encantada?

— ¿Qué opinas tú? – contraataco.

Chasquea la lengua. Divertido.

– No puedo enamorarme de ti. Espero no hacerte daño porque no es mi intención, pero eso no va a ocurrir.

Desde que me enteré de la noticia solo le he dado vueltas a mis sentimientos. Andrew opina igual que yo, pero escuchar su rechazo no me gusta.

— ¿Por qué no se lo has dicho a tu padre?

— ¿Por lo mismo que tú no lo has hecho?

Mantenemos una conversación a la defensiva que desentona con mi brazo enroscado al suyo. Retrocedo un par de pasos.

–Yo no le he dicho nada porque este es mi deber, al igual que es el tuyo.

Ahora es él quien se cruza de brazos. No tenía ningún interés en esta cita, pero una cosa es eso y otra es que comencemos cayéndonos mal.

– Dentro de un año, cuando quieran que nos casemos me negaré. Mientras tanto quedaremos lo imprescindible para que no sospechen ¿Entendido?

¿Qué pensara mi padre si dentro de un año me rechaza? Tendré que volver humillada. Por otra parte es la oportunidad perfecta para no envejecer al lado de un capullo que no siente nada por mí.

– Te negarás... Y tu padre te dará una palmadita en la espalda y dejará que te cases con quién decidas ¿verdad?

Es increíble que sea tan iluso. No hay marcha atrás, no puede elegir. El cuento de hadas en el que te casas con el amor de tu vida no existe, pero él se niega a aceptarlo.

Tampoco es que quiera conocerme, tiene tan claro que no le intereso ni le voy a interesar que sospecho que ya haya conocido a esa persona que hace que su corazón lata por ella y solo por ella.

— Haré lo que haga falta.

Después de lanzarme una última mirada fulminándome, da media vuelta y se va.

Jamás en toda mi vida he tenido permitido revelarme. Mi padre es el rey y su palabra es ley, así que me he dedicado a acatar todo lo que pedía como la princesa responsable que soy, pero Andrew está a mi mismo nivel. Es igual que yo y no pienso permitir que me humille de esta manera.

Agarro los bajos del vestido y lo levanto lo justo para poder correr tras él. Casi en las puertas de palacio lo alcanzo. Le agarro del brazo y le obligó a girarse. Debajo del traje siento sus músculos bajo mis dedos. Es más fuerte de lo que pensaba.

— ¿Quien te has creído que eres?

He levantado la voz demasiado y los guardias se han girado para ver que ocurre. Hacen el amago de acercarse a nosotros.

Tengo que controlar mi temperamento o tendré problemas.

Le suelto el brazo al momentos y agachó ligeramente la cabeza, espero que lo entienda como una disculpa.

Andrew levanta la mano para frenar a los guardias y detienen el paso quedándose donde estaban. Suelto el aire algo más tranquila.

— Ten cuidado con los que haces. No querrás terminar como Ana Bolena ¿eh?

Me dedica una sonrisa. Puede que sea una broma, pero no me ha hecho ninguna gracia. Bolena fue ejecutada...

Quedó tan pasmada por esa amenaza disfrazada de broma que dejo que se vaya sin discutir. Que haga lo que quiera. Si se quiere enfrentar a su padre, por mí vale.

De camino a mi habitación me cruzo con una mujer que no conozco de nada y que nadie me ha presentado, pero que hace una reverencia al verme. Levanto una mano para que se dé por satisfecha y me encierro en mi cuarto dando un portazo nada más cruzar la puerta.

Al volverme, mis cinco doncellas están mirándome con la duda en la cara. Esta noche seré la comidilla en la cocina. No hay nada que les guste más que un buen chismorreo.

–Dejadme sola – ordeno volviendo a abrir la puerta.

Recogen unos retales a toda prisa y se van.

¿Por qué debería sentir miedo por Andrew? todavía no es nadie y como siga así, puede que su padre le dé el otro a su otro hijo, al fin a al cabo, que lo herede el mayor de los hermanos es más una tradición que otra cosa, ya se puede elegir.

No puedo volver a casa como la hija rechazada.

Me tumbo sobre la cama. Debería haber echado a mis doncellas después de ayudarme a quitarme el vestido.

Tengo tantos sentimientos encontrados que no lo entiendo. No quiero que me rechace, pero no quiero estar con él. Debo estar volviéndome loca.

Mañana iré a la cita que ha programado Maximilian y si por algún motivo Andrew no viene... Me chivaré al rey.

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