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Portada de la novela Un juego del destino

Un juego del destino

Emma Spencer, una analista de riesgos acostumbrada al control, viaja a Hawái tras la cancelación de su boda. En un impulso inusual, decide dejar su futuro al azar lanzando una moneda, lo que la lleva a compartir una noche intensa con un extraño. Convencida de que el encuentro será único, regresa a su vida profesional, pero el destino ignora sus cálculos. Pronto, ese hombre reaparece en su entorno laboral, desafiando toda lógica y estadística.
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Capítulo 2

Al día siguiente Jamie esperaba en la puerta principal de la empresa a que apareciera Emma, pero era extraño no verla, nunca llegaba tarde, siempre exacta, miró de nuevo el reloj y ya habían pasado cinco minutos después de la hora que solía llegar.

— ¿Dónde estará si siempre es estrictamente puntual al llegar? —arrugó su ceño y entró al edificio, durante el camino al elevador pensó que quizás para no encontrárselo en la entrada, subió antes a su oficina. Así que antes de empezar labores, iría a intentar tener una conversación decente, estaba a nada ya de la boda y tenía que celebrarse. Al llegar al piso, varios empleados especialistas en riesgo tomaban sus escritorios, Jamie se acercó a la jefa de Emma. —Buenos días, señora Byrne, estoy buscando a Emma, ¿Sabe de casualidad donde puedo encontrarla? ¿Y ha llegado? —la señora Byrne arrugó su ceño.

— ¿Emma? —extrañada a su pregunta—A Emma le di el día de ayer y hoy para que tuviese más tiempo para revisar los últimos detalles de su boda, —luego entrecerró sus ojos—¿Está todo bien? —Jamie asintió.

—Sí, todo bien, es solo que ayer tuve que hacer unas cosas fuera de casa y…—Jamie ya no sabía que más decir, —Gracias, llamaré a su celular. —ella asintió y luego siguió su mirada a la pantalla de su computadora que tenía frente a ella.

Jamie torció la boca, «Entonces por eso llegó antes al departamento», pensando que quizás alguien le había puesto una trampa.

Durante el resto del día, Jamie llamó a Emma muchas veces hasta que la última que llamó no volvió a entrar. Imaginó que pudo haber bloqueado las llamadas y los mensajes por qué al parecer no se conectaba. El celular sonó y él creyó que finalmente Emma le regresó la llamada, pero no, era su madre.

—Dime, madre. —dijo al contestar.

— ¿Cómo está eso que no habrá boda? —Jamie abrió sus ojos de par en par.

—No es nada, si habrá boda, y…—su madre lo interrumpió.

—Emma ha enviado un texto diciendo que la boda se cancela y que me agradecía por el hijo que había hecho, entonces me pregunto ¿Qué es lo que has hecho? ¿Sabes la vergüenza que pasaremos si no hay una boda? He invitado a muchas personas a esta boda, Jamie. No sé lo que hiciste, pero tienes que solucionarlo AHORA. —luego colgó la llamada la señora. Jamie soltó un largo suspiro y pensó en lo que tenía que hacer.

Del otro lado de la ciudad, Emma estaba tomando su segunda taza de café de la mañana a la hora habitual solo que esta vez es desde su lugar favorito que era la ventana de su habitación, desde ahí tenía una de las mejores vistas a Central Park, disfrutó por un momento esa sensación de tranquilidad que la albergó de la nada, creyó en que no necesitaba de Jamie y menos la desconfianza ahora que había creado en ella, se preguntó dos veces más ¿Qué era lo que había pasado como para tomar la decisión de engañarla? Era bonita, se cuidaba físicamente, era amable, educada, paciente y demasiado accesible para cuando se trataba en probar nuevas cosas en la cama, entonces negó.

«Hombres insatisfechos»

Había cancelado todo lo de la boda sin obtener una pérdida tan alta, a excepción de la luna de miel que no sería reembolsado, así que decidió adelantar el viaje a Hawái para salir esta misma tarde, había dado un pago por lo del cambio de fecha y había empezado a empacar, en medio de aquella gran cama de su habitación la maleta grande estaba abierta con ropa doblada a la perfección, con bolsas del mismo color donde tenía su ropa interior, sus pinturas y más. Cuando iba a salir del armario para desenfundar el vestido de novia y revisar que estuviese bien para regresarlo con el personal de la misma tienda que iría a recogerlos ellos mismos, sonó el intercomunicador. Fue hasta a él y contestó.

—Dime, Dock —le decían así al portero.

—Buenas tardes, señorita Spencer, el código negro ha llegado.

—Bien, dile que suba, pero al pendiente por si te toca subir a bajarlo a jalones.

—Cuente con ello que espero con ansia hacerlo. —luego Emma colgó, caminó hasta la sala donde tenía un par de maletas con todo lo de Jamie, ropa, trofeos, diplomas, champú, jabones, cepillos, había sacado toda la presencia de él. El timbre sonó y ella presionó sus labios.

—Que empiece el drama, —la puerta la abrió y ahí estaba, Jamie con cara de perrito mojado. —Ahí están tus maletas, puedes pagarle a Dock para que las baje por ti.

— ¿Podemos siquiera hablar y solucionarlo, cariño? —ella arqueó una ceja.

—Has perdido el privilegio de llamarme de esa manera, Jamie, creo que el verte con otra mujer revolcándote en mis nuevas sábanas debe de decirte algo.

—He cometido un error, soy humano, Emma.

—Pero yo no soy pendeja, ni tu tapasol y menos la que perdona una infidelidad, sabes perfectamente lo que pienso de eso y, aun así, lo hiciste. No hay vuelta atrás, toma las maletas y adiós.

— ¿Así tan fácil me vas a desechar? —preguntó Jamie sorprendido por verla con tanta seguridad.

— ¿Así tan fácil te metiste con otra a días de casarnos? —Emma se cruzó de brazos. —Y no te atrevas a pedirme el anillo de compromiso que pagaste con mi tarjeta de crédito y que dijiste que pagarías, yo lo he regresado, así como las argollas, el salón, la comida, la música, meseros y loza.

— ¿Qué? ¿Y la luna de miel? —Emma sonrió.

—Esa…—Emma miró su reloj y luego levantó la mirada a él. —… Me está esperando.

— ¿Qué? ¿Cómo que te irás a Hawái sin mí? ¡Yo elegí ese lugar! —exclamó ofendido.

—Y yo quien lo pagó. Así que tengo prisa, toma tus cosas y adiós. —se dio la vuelta Emma, pero la mano de Jamie la atrapó con fuerza y volviéndola hacia él casi chocando su pecho contra el de ella.

—No puedes hacerme esto, Emma. —se miraron a los ojos, Emma arqueó una ceja y se soltó del agarre bruscamente.

—Solo mírame. —tomó el intercomunicador. —Dock, sube. —Jamie arrugó su ceño y entonces momentos después apareció el cuerpo fornido, alto e intimidante de Dock, apareció una sonrisa.

— ¿Qué necesita, señorita Spencer? —Jamie se tensó y entonces entendió lo del código negro que había dicho anteriormente.

—Saldré por mi cuenta, no es necesario usar la fuerza en esto. —no podría contra Dock el mastodonte como le decía en su cabeza. Emma esperó a que Jamie sacara las maletas y que el portero lo sacara del edificio. —Le partirás el corazón a mi madre.

—Dile que tú me lo partiste a mi primero y que, por ende, será el de ella cuando escuche por tu boca que es lo que me hiciste.

—Emma, hablemos por favor, ¿No merezco una segunda oportunidad?

—No. Adiós, gracias Dock. —y cerró la puerta delante de la cara de Jamie, al hacerlo se quedó ahí, de pie, viendo la puerta e imaginando la cara de su ahora ex prometido. Soltó un largo suspiro, pensando que en cualquier momento aparecería el dolor y las lágrimas, pero…

Siguieron sin aparecer.

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