
Un hombre peligroso
Capítulo 3
— ¡No digas esas cosas!
—Mamá se embarazó por accidente, ¿qué mujer a los cincuenta y tres años se preocupa por eso? De todas formas solo quieren jugar golf o canasta en el club.
—Pero tus padres son bastante vitales aún.
—Lo sé pero… no si se refiere a mí, pasé la vida entre niñeras, viéndoles marcharse con sus amigos. ¿Acaso no recuerdas la fiesta de cumpleaños que hicieron para mis catorce? Fue un desastre absoluto.
—Nunca entendí eso, cuando llegué esperé ver amigos tuyos pero el lugar tenía solo gente mayor, bebidas alcohólicas...
—Según mi padre ya estaba en edad de actuar como heredera de su imperio. Por suerte llegaste para charlar conmigo. Tampoco tenía amigos pero sus socios tenían hijos y ni con ellos podía jugar. Nunca recibí un obsequio en navidad o en mi cumpleaños, los consideraban estupideces de una sociedad altamente consumista.
—No puedo creerlo. Pero siempre tuve esa duda. Nosotros, papá y yo te dábamos juguetes, nunca te vi usarlos y según tú papá, no te gustaban.
—Nunca me dejó usarlos. Los tiraba a la basura porque distraían mi cerebro.
—Elena…lo siento. No entiendo eso, a mí…
—Lo sé, te daban regalos y caros. Tu primer auto fue su regalo y cuando quise uno mi padre me abofeteó. Me dijo que era una consumista.
—Si lo hubiese sabido…
—Pero es que no es tu culpa, solo sé que nunca fui suficiente. Me trataban como a un robot.
—Papá le reclamó eso a lo largo de los años. Comprendía que te habían tenido siendo bastante mayores, pero no aceptaba el aislamiento al que te sometieron. Y ahora qué sé lo que sufriste, lo comprendo menos. Además esta propiedad podría conservarla y añadirla a tu herencia.
— ¿Herencia? Ya han dispuesto todo a obras de caridad. Papá cree que debo ganarme las cosas. Hace un par de meses me dijo que si la quería podía pagársela. Como obviamente es una suma impagable ayer formalizó la venta.
— ¿Tío Jack dijo eso? Es absurdo.
—No para él. Recuerda que me ve como un débil eslabón en su árbol genealógico. Siempre deseó un varón y cuando habían abandonado la idea de tener hijos nací yo.
—Elena, no sé qué decir.
—No digas nada. Hay algo que de todas formas nunca comprendí muy bien. Tío Joe tiene tan solo cincuenta y seis años, por eso me cuesta imaginar cómo es que se lleva tan bien con papá que pasa de los setenta.
También te puede gustar





