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Portada de la novela UN CORAZON ROTO

UN CORAZON ROTO

Giacomo Lombardi, el poderoso sucesor de un imperio de autos, fue humillado cuando Sofía Álvarez lo dejó plantado en su boda. Tras un lustro de ausencia absoluta y rastros eliminados por fuerzas ocultas, la vida vuelve a unirlos. Ella busca desesperadamente confesar el motivo de su huida, pero Giacomo solo respira odio. Entre el deseo y el desquite, él enfrentará un dilema: perdonar su traición o desvelar el turbio misterio que arruinó su futuro juntos.
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Capítulo 2

Luigui no podía apartar la sensación de que algo no cuadraba. Desde aquel día en que Sofía desapareció, su hermano se había convertido en un hombre frío, impenetrable y calculador. Giacomo era fuerte, pero el abandono lo había destrozado por dentro, y Luigui lo sabía mejor que nadie.

Apretó los puños con frustración.

-Si Sofía sigue viva y alguien la obligó a desaparecer... -dijo con voz baja, dejando que la idea tomara forma en su mente- significa que alguien tenía razones para separarla de Giacomo.

Eva tragó saliva y asintió.

-Y si eso es cierto, entonces ese alguien sigue cerca.

Ambos se miraron en silencio, procesando sus propias palabras.

-Tenemos que averiguar la verdad, Eva -dijo Luigui con determinación-. No podemos seguir permitiendo que Giacomo viva en la oscuridad.

Eva se mordió el labio.

-Pero, ¿cómo lo haremos? Han pasado tres años. No hay pistas, no hay testigos, no hay nada.

Luigui negó con la cabeza.

-Siempre hay algo, solo que no lo hemos visto aún.

Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana de su oficina. Desde allí podía ver parte de la ciudad, los autos avanzando, las luces parpadeando. El mundo había seguido adelante, pero Giacomo se había quedado atrapado en el día en que Sofía desapareció, el mismo día de su boda.

-Ariana -dijo de repente.

Eva frunció el ceño.

-¿Qué pasa con ella?

Luigui se giró con expresión sombría.

-Siempre ha estado demasiado interesada en Giacomo. Desde antes de la boda, y mucho más después de la desaparición de Sofía. Es como si hubiera estado esperando su momento.

Eva sintió un escalofrío.

-¿Crees que ella tuvo algo que ver?

-No lo sé, pero no confío en ella. Y Giacomo tampoco. Solo que él está tan perdido en su dolor que no se da cuenta de lo que pasa a su alrededor.

Eva suspiró y se pasó una mano por el cabello.

-Si Sofía estuviera aquí, sabría qué hacer.

-Pero no está -respondió Luigui con amargura-. Y si alguien le hizo algo y la separó de nosotros, lo vamos a descubrir.

Eva lo miró con los ojos llenos de tristeza y esperanza al mismo tiempo.

-Entonces empecemos.

FLASHBACK: UN DÍA ANTES DE LA BODA

Sofía caminaba por la sala de la mansión Lombardi con una sonrisa radiante. Llevaba un vestido verde oscuro sencillo y el cabello recogido en una coleta alta. En su rostro se reflejaba la felicidad absoluta.

-Cuñadito -dijo entrando a la sala con esa alegría que iluminaba todo a su alrededor.

Luigui la miró y sonrió de inmediato.

-Enana -dijo, abriéndole los brazos y abrazándola con cariño-. ¿Cómo te sientes para mañana?

Sofía suspiró con ilusión y se llevó una mano al pecho.

-Me siento la mujer más afortunada del mundo. Mañana es el día en que uno mi vida con el hombre que amo y será para siempre.

Se dejó caer en un sillón, con un vaso de jugo en las manos.

Luigui arqueó una ceja.

-¿Jugo? -preguntó con extrañeza-. Pensé que te gustaba más una copa de vino o champagne.

Sofía sonrió con picardía.

-Te voy a contar algo, pero prométeme que no dirás nada.

Luigui puso una mano en el pecho con dramatismo.

-No soy un chismoso. Soy tu amigo, tu cuñadito lindo, y te guardaré el secreto.

Sofía se inclinó hacia él con una mirada brillante de emoción.

-Estoy embarazada.

Luigui parpadeó, sorprendido.

-¿Qué?

Sofía rió y asintió.

-Serás tío. Ese es mi regalo de bodas para Giacomo.

Luigui se quedó en shock por unos segundos, pero luego sonrió ampliamente.

-Es el mejor regalo que mi hermano podría recibir.

Sofía asintió con entusiasmo.

-Lo sé. Quería esperar hasta la boda para decírselo. Será un momento perfecto para los dos.

Pero ese momento nunca llegó-penso él mientras tomaba un sorbo de su whisky.

Luigui salió de sus recuerdos con un peso en el pecho.

Eva lo miraba con atención.

-¿En qué piensas?

Luigui apretó los dientes.

-Sofía estaba embarazada.

Eva abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Me lo dijo el día antes de la boda. Quería darle la noticia a Giacomo en la ceremonia.

Eva se llevó las manos a la boca, tratando de procesar la información.

-Entonces... si alguien la hizo desaparecer, también se llevó con ellos a nuestro sobrino o sobrina-dino Eva con su voz entrecortada.

El aire se volvió denso. La posibilidad era aterradora.

Luigui sintió que la rabia se encendía en su interior.

-No voy a parar hasta descubrir qué pasó.

Eva asintió con firmeza.

-Entonces tenemos que empezar por Ariana.

Luigui tomó su teléfono y marcó un número.

-Voy a hacer algunas llamadas. Si alguien sabe algo sobre lo que pasó ese día, lo averiguaremos.

Eva lo miró con determinación.

-Encontraremos la verdad, Luigui. Y cuando lo hagamos, quien sea que haya hecho esto... lo pagará.

Eva entró a la oficina con el ceño fruncido y el teléfono en la mano. Acababa de recibir un mensaje que confirmaba lo que ya sospechaba: su hermano mayor, el temido Giacomo Lombardi, había vuelto a hacer de las suyas.

-No lo puedo creer... -murmuró, cruzándose de brazos mientras se apoyaba contra el escritorio de Luigui.

-¿Qué pasó ahora? -preguntó su hermano sin levantar la vista de la pantalla de su computadora.

Eva resopló con dramatismo y llevó su mano al pecho, como si estuviera a punto de desmayarse.

-Giacomo despidió a su asistente. Otra vez.

Luigui levantó la mirada, su expresión impasible como siempre.

-¿Otra vez? -repitió con voz monótona-. ¿Qué fue esta vez?

-Le gritó "¡Eres inútil!" frente a todo el personal y ella salió corriendo con lágrimas en los ojos -respondió Eva, negando con la cabeza-. Te juro que me da pena, pobre chica.

Luigui suspiró, pasando una mano por su rostro.

-Eso significa que otra vez tenemos que hacer entrevistas para encontrarle a alguien nuevo -dijo, sin pizca de emoción en su tono.

-Exacto -afirmó Eva-. Y espero que la persona que contratemos esta vez dure al menos unos meses. No sé cómo alguien puede soportar el genio y el ritmo del hombre de hielo.

Luigui alzó una ceja, notando la sonrisa divertida de su hermana.

-Te encargas de las entrevistas mañana -anunció de repente, con una expresión inocente pero llena de intenciones.

Eva entrecerró los ojos.

-No me mires así -protestó, cruzando los brazos-. Está bien, yo lo haré... pero dime, hermanito, ¿qué vas a hacer tú mientras tanto?

Luigui esbozó una media sonrisa y alzó las manos en un ademán despreocupado.

-Voy a hacer una entrevista para contratar a mi propia asistente. Así no sufro cada vez que Giacomo le da por despedir a la suya.

Eva soltó una carcajada.

-Buena suerte con eso. Encontrar a alguien que soporte a Giacomo ya es difícil, pero encontrar a alguien que te soporte a ti... eso sí que será todo un reto.

Luigui rodó los ojos y volvió a concentrarse en su computadora, mientras Eva salía de la oficina preparándose mentalmente para el día de entrevistas que le esperaba para el día de mañana.

Eva al salir de la oficina de Luigui se encontró con Giacomo -hermanito que buscas -dijo Eva con una sonrisa.

-A ti -contestó Giacomo serio.

-Para que -hablo Eva mirándolo a los ojos.

-Yo escogeré a mi asistente, en pocas palabras haré las entrevistas.

Eva se quedó mirándo con una sonrisa, de lo que me libre -susurro para ella misma...

Continuara...

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