
UN CORAZON ROTO
Capítulo 3
Sara entró a la habitación de su prima Lucero, que estaba recostada en la cama con su tablet en mano. Apenas la vio, se incorporó con entusiasmo.
-Mañana hay entrevistas para ser la asistente del CEO y otra para la vicepresidencia de la empresa Lombardi Motors -dijo Lucero, mostrándole la información en la pantalla.
Sara se acercó y tomó la tablet con interés. Sus ojos recorrieron cada detalle de la publicación, mientras su corazón se aceleraba. La oportunidad que había estado esperando estaba justo frente a ella.
-Es mi oportunidad para entrar a la empresa -susurró, mirando por la ventana con la mente sumida en recuerdos-. Si logro quedarme con el puesto, podré estar de nuevo a tu lado, mi amor -pensó, limpiando una lágrima que amenazaba con delatar su dolor.
Lucero notó su expresión y prefirió no decir nada al respecto. En cambio, soltó un suspiro y dijo con una sonrisa determinada:
-Yo me quiero presentar a la entrevista de vicepresidencia.
Sara giró la cabeza para mirarla. Sabía que su prima estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para ayudarla a descubrir la verdad.
-Vamos mañana nosotras dos -afirmó, cruzándose de brazos-, pero en la entrada no podemos dar indicios de que nos conocemos. Esa es la primera regla de la empresa, no pueden trabajar junto a familiares.
Lucero asintió y la abrazó con fuerza.
-Lo sé. Será difícil fingir, pero podemos hacerlo.
Sara correspondió al abrazo con un gesto de gratitud.
-Ahora, vamos a hablar con mi tío. Recuerda que debemos informarle nuestros planes.
Lucero soltó una risa nerviosa.
-Papá es muy protector, más aún después de lo que pasó contigo y los tíos. Lo mismo que mi hermano Andrés.
Sara suspiró, recordando cómo su vida había cambiado en un abrir y cerrar de ojos.
Las dos chicas bajaron las escaleras y se dirigieron al despacho de Nicolás. Lucero golpeó la puerta con suavidad.
-Adelante -se escuchó la voz firme del hombre.
-Tío, papá, ¿podemos hablar un momento? -preguntaron al unísono.
Viktor levantó la vista de los documentos sobre su escritorio. Amaba a esas dos niñas como si fueran sus propias hijas. Una era su sangre, y la otra, lo único que le quedaba de su hermana y su cuñado después de aquella tragedia.
-Claro que sí, hijas. Vengan, siéntense y cuéntenme.
Lucero tomó la iniciativa y se acomodó en la silla frente al escritorio de su padre.
-Papá, mañana habrá entrevistas en la empresa de los Lombardi. Quieren contratar a dos asistentes, uno para el CEO y otro para la vicepresidencia.
-Queremos presentarnos -añadió Sara con firmeza.
La mirada de Viktor se endureció. Sabía que este momento llegaría tarde o temprano, pero no podía evitar preocuparse.
-Sara, Lucero... les dejaré guardaespaldas. Usarán las manillas con GPS por si les pasa algo, y cualquier cosa que descubran, me lo cuentan de inmediato.
Sara apretó los labios, comprendiendo la gravedad de la situación.
-Lo sé, tío. Todo lo haremos con cuidado. ¿Verdad, Lucero?
-Sí, papá, no te preocupes por nosotras -contestó la joven con una sonrisa cálida.
Viktor se apoyó en el respaldo de su silla y miró a Sara con seriedad.
-Sara, no pierdas el rumbo. Si logras quedarte con el puesto, estarás cerca del amor de tu vida.
La joven bajó la mirada. La sola idea de verlo de nuevo la aterraba y la emocionaba a partes iguales.
-Por ahora, nadie puede saber quién eres en realidad -continuó Viktor.
-Lo sé, tío.
-Otra cosa -dijo el hombre con un tono más grave-. No puedes usar nuestro apellido. A partir de ahora, te identificarás con el de tu abuela, el de mi madre, Fiore.
Sara asintió.
-Entendido.
-Y tú, Lucero, usarás tu apellido Beltrán. Por ese lado no habrá problemas.
-Entendido, papá.
Viktor se quedó en silencio por un momento. Luego, se levantó y se acercó a Sara, posando una mano en su hombro.
-Hija, solo quiero que tengas cuidado. No quiero perderte otra vez.
Sara sintió un nudo en la garganta, pero se obligó a mantenerse firme.
-No pasará nada, tío. Estoy lista para esto.
Al día siguiente
Sara y Lucero llegaron a la entrada del edificio Lombardi con pasos seguros. Se miraron de reojo antes de separarse.
-Recuerda, aquí no nos conocemos -susurró Sara antes de girarse y caminar hacia la recepción.
Lucero asintió y tomó una ruta diferente.
La recepcionista, una mujer elegante con gafas y cabello recogido, les indicó a cada una dónde debían esperar. Sara se quedó en la sala asignada para la entrevista de asistente del CEO.
Los minutos pasaron lentos. Las otras candidatas estaban sentadas con carpetas en mano, algunas repasando documentos y otras revisando sus teléfonos con nerviosismo.
Finalmente, la puerta se abrió y una voz autoritaria anunció:
-Sara Fiore.
Se puso de pie con aplomo y entró a la oficina. El ambiente era frío, elegante, con amplios ventanales que dejaban ver la ciudad. Detrás del escritorio, un hombre estaba revisando unos papeles.
Giacomo Lombardi.
Sara sintió un escalofrío recorrer la espalda. Ahí estaba él, después de tanto tiempo. Su mirada se posó en su perfil serio, en la forma en que su mandíbula se tensaba al leer.
Cuando levantó la vista, sus ojos azules la inspeccionaron con indiferencia.
-Siéntese -ordenó con voz seca.
Sara obedeció sin demostrar emoción.
-Su currículum es impresionante. Tiene experiencia en administración y manejo de agendas ejecutivas. ¿Por qué quiere trabajar aquí?
Sara sostuvo su mirada.
-Busco nuevos retos profesionales. Me interesa formar parte de una empresa de renombre y contribuir con mis conocimientos.
Giacomo asintió lentamente.
-¿Está dispuesta a seguir órdenes sin cuestionarlas?
-Por supuesto.
-¿Puedo confiar en su discreción?
-Sí.
El CEO la miró con atención. Había algo en su expresión que le resultaba familiar, pero no podía identificar qué.
-Bien, me gusta su actitud. Hay algo en usted... interesante.
Sara mantuvo su postura, aunque su corazón latía con fuerza.
-Puede retirarse. La llamaremos si es seleccionada.
Se levantó y salió de la oficina con el pulso acelerado.
Mientras tanto, en la entrevista de vicepresidencia...
Lucero se encontraba frente a Luigui Lombardi, el hermano del CEO. A diferencia de Giacomo, él tenía una sonrisa más amigable.
-Señorita Beltrán , su expediente es impresionante. ¿Por qué quiere este puesto?
-Porque me apasionan los negocios y sé que puedo aportar mucho a la empresa.
Luigui asintió con interés.
-Me agrada su seguridad.
Lucero sonrió.
-Espero que no se arrepienta de contratarme.
Luigui rió.
-Veremos qué pasa. La llamaremos con la decisión final.
Lucero salió de la oficina y se encontró con Sara en el ascensor. Se miraron en silencio hasta que las puertas se cerraron.
-¿Cómo te fue? -preguntó Lucero en un murmullo.
-Estuve frente a él y no me reconoció -respondió Sara, sintiendo un torbellino de emociones en su interior.
Lucero la observó con preocupación.
-Esto apenas comienza.
Sara asintió.
-Lo sé...
Continuara ...
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