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Portada de la novela Un amor inocente

Un amor inocente

Mariana e Iván forjaron un lazo indestructible durante su infancia, pero la adolescencia los separó inevitablemente. Años después, el destino propicia un reencuentro en su vida adulta que reaviva una pasión profunda y pura. Decididos a no perderse de nuevo, ambos se enfrentan a los retos actuales para proteger su relación. Esta historia narra cómo superan juntos cada obstáculo, redescubriendo que aquel amor inocente sigue más vigente y fuerte que nunca.
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Capítulo 2

Mariana Jiménez era la hija más pequeña de su familia. Su padre, Sergio Jiménez, era un hombre adinerado dedicado a la construcción. Su empresa era muy reconocida a nivel nacional por los numerosos proyectos que había realizado en el gobierno.

El hombre amaba mucho a su hija. Desde el día de su nacimiento se volcó totalmente a su cuidado. La niña poseía una belleza sorprendente. Sus rubios cabellos caían sobre sus hombros brindándole un halo luminoso que resultaba absolutamente llamativo. Sergio era consciente de esa belleza, por lo que decidió protegerla del mundo exterior de manera quizá exagerada.

Una mañana decidió llevarla con él a su partido de golf matutino. Sin embargo, la curiosidad natural de la niña la llevó a alejarse ligeramente hacia el lago. Mariana miraba su reflejo en el agua a la vez que observaba como pequeños peces revoloteaban cerca de la orilla.

Quizá debido a los enormes cuidados que sus padres habían puesto al cuidarla, había crecido protegida por una burbuja de amor. Lo cual le había formado una personalidad tímida y asustadiza.

Después de un momento, se dio cuenta de que ya había transcurrido algún tiempo, por lo que de inmediato trató de volver con su padre. Sin embargo, se dio cuenta de que el hombre ya no se encontraba ahí.

Totalmente asustada, Mariana comenzó a correr sin dirección al mismo tiempo que lloraba llamando a su padre. Después de un rato, cansada y asustada, buscó refugio al lado de un árbol.

La niña lloraba desconsoladamente, pues no sabía que sería de ella. Nunca antes se había alejado tanto tiempo de su padre, por lo que su sorpresiva soledad le causó un inmenso temor.

De pronto, escuchó pasos a su alrededor, lo que le causó un mayor temor. Sin embargo, algo en su interior le decía que no debía tener miedo.

Mariana no pudo evitar seguir llorando hasta que, después de un momento, un niño se arrodilló frente a ella y la tomó de la mano.

Después de ver su sonrisa, comprendió que aquel niño era inofensivo y que su único interés era ayudarla, por lo cual le sonrió también.

No obstante, debido a su intensa timidez solamente lo miró sin decir nada durante un buen rato.

Iván estaba muy complacido al tener totalmente la atención de esa niña, por lo que, aprovechando la situación, comenzó a hablar de todo tipo de cosas.

"Me gusta venir aquí en el verano porque hay muchos más insectos en el pasto. Aunque también me gustan los días lluviosos. En una ocasión encontré una rana".

Iván le contó todo tipo de historias a la niña, quien lo miraba divertida aún sin decidirse a hablar con él.

"¿Te gustan las ranas? Entiendo que quizá no sean de tus animales favoritos porque a veces son un poco babosos y a las niñas no les gustan las cosas que sean desagradables al tocarlas. A mí me gustan mucho las mariposas. Son unos insectos sorprendentes, pues antes de obtener sus alas permanecen en un capullo durante mucho tiempo".

Iván continuó hablando de todo tipo de temas con cierto nerviosismo, aunque no pudo evitar sentirse muy complacido por haber llamado la atención de tan hermosa criatura.

Para ese entonces, Iván ya había descubierto que la niña no era en verdad un ángel, en tal caso, le gustaba imaginar que se trataba de uno encubierto que no quería ser descubierto por los mortales.

"No te preocupes. Tu identidad está a salvo conmigo", le dijo guiñando el ojo. Mariana se quedó muy sorprendida ante su actitud, sin embargo, siguió observándolo en silencio.

Después de unos minutos, Mauricio, el padre de Iván, llegó a toda prisa lugar.

"¿Dónde has estado? Llevo mucho tiempo buscándote. Más te vale que tengas una buena explicación esta vez. Ya me has retrasado bastante".

El hombre habló con gran molestia, no obstante, el niño no hizo ningún intento por detenerlo, solamente lo miró señalando discretamente en dirección a su acompañante.

"Vaya, pero sí es una niña. ¿Qué está haciendo aquí tan sola? Hola, ¿cómo te llamas?".

Mariano lo miró con desconfianza. Pareció asustarse mucho ante su presencia, por lo que casi se pone a llorar otra vez.

"No llores, tranquila", le dijo Iván mientras ponía su mano sobre su hombro y miraba a su padre con desaprobación.

"No te asustes. Él es mi papá. No va a hacerte ningún daño, aunque tenga cara de ogro".

Mauricio miró a su hijo contrariado al escuchar sus palabras, a pesar de ello, decidió aclarar en otro momento aquello de que tenía apariencia de ogro.

"Sí, no tengas miedo, a pesar de que no tenga una apariencia amistosa soy una buena persona. Dime, ¿dónde están tus padres?".

A pesar de ello, Mariana no pronunció palabra. Siguió guardando silencio, mirando todo a su alrededor con sus enormes ojos negros.

Mauricio estaba perdiendo la paciencia, pues a pesar de todos sus intentos, la niña seguía inmóvil.

"Cariño, se está haciendo un poco tarde y estoy seguro de que tus padres deben estar muy preocupados. ¿Por qué no vamos a buscarlos?".

Entonces, Mauricio intentó tomarla de la mano para llevarla en dirección al restaurante más cercano, no obstante, la niña se resistió.

"Espera, la estás asustando", dijo Iván molestó. Al haber sido reprendido por su hijo debido a su poco tacto con la niña, Mauricio no pudo evitar sentirse malhumorado.

"Anda, ven conmigo. Yo te voy a cuidar. Verás que no voy a dejar que nada malo te pase".

Mariana lo miró con los ojos muy abiertos. Iván le sonrió de forma tranquilizadora y luego le preguntó: "¿Confías en mí?".

Al notar la gran calidez de su mirada, Mariana asintió sonriendo. Entonces, Iván la tomó de la mano y juntos comenzaron a caminar ante la mirada sorprendida de Mauricio. Por alguna extraña razón, Mariana se sentía segura a su lado como si creyera en su promesa.

'Parece ser que Iván tiene mucha habilidad al hablar con las chicas', pensó el hombre complacido mientras los miraba caminar frente a él tomados de la mano en una escena totalmente conmovedora.

Al llegar al restaurante más cercano, Mauricio ordenó el desayuno para los tres y luego se dispuso a dirigirse a la recepción.

"Esperen aquí. Les traerán el desayuno en un instante. Mientras tanto, voy a buscar a tus padres", le dijo a la niña.

Después de brindarles una última mirada, el hombre se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta, Iván aprovechó nuevamente el momento para hablar con Mariana de todo tipo de cosas.

"Mi papá nos ordenó waffles porque son mis favoritos, pero si no te gustan puedo pedirle algo distinto a la mesera. Él siempre comete el error de generalizar a los niños piensa que a todos nos gusta lo mismo.

Mariana lo miraba divertida, pero seguía sin pronunciar palabra. Después de un rato, el desayuno llegó y los niños comenzaron a comer sin perder tiempo.

"Vaya, sí que tienes hambre", le dijo el niño al ver que ella comía con igual interés. Sin embargo, Mariana se limitó a sonreír nuevamente.

'Este niño sí que es muy ocurrente', pensó.

Con el paso del tiempo los niños terminaron el desayuno. Ella se había enterado de un montón de datos interesantes acerca de su acompañante; desde sus clases favoritas en la escuela, el nombre de algunos de sus maestros y sus amigos más cercanos.

A pesar de su constante silencio, la niña la estaba pasando muy bien, pues aparte de sentir una enorme seguridad en compañía de Iván, sus relatos eran bastante divertidos, por lo que deseaba que ese momento no terminara nunca.

De pronto, Iván notó que Mauricio se acercaba a la mesa acompañado de un hombre, quien inmediatamente asumió se trataba del padre de Mariana. Al darse cuenta de que su encuentro con ella estaba a punto de llegar a su fin, sintió una enorme tristeza.

"Creo que ahí viene tu padre, me temo que ya no podré seguir contándote más cosas".

Iván contagió a Mariana de su sorpresiva tristeza, pues se sintió igualmente abatida al darse cuenta de que su encuentro había llegado al final.

El gesto que apareció en el rostro de Iván fue tan expresivo y conmovedor que Mariana no pudo evitar sentir una súbita calidez brotar desde lo más profundo de su ser. Por lo que, sin previo aviso, en un súbito movimiento besó al niño en la mejilla dejándolo totalmente anonadado.

"Me llamo Mariana", le dijo sonriendo. Iván no podía creer lo que acababa de suceder. Aquella preciosa niña, a la que había confundido con una presencia angelical, le había dado un dulce beso en la mejilla. Sin duda ese era el mejor día de su vida.

Ella se puso de pie lentamente acomodando su servilleta sobre el plato y luego acomodó su silla mientras se despedía.

"Te agradezco mucho tu ayuda", le dijo y luego se dirigió hacia Mauricio y también le dijo con una sonrisa: "Muchas gracias por el desayuno y por ayudarme a encontrar a mi padre".

Tanto Mauricio como Sergio se quedaron muy sorprendidos ante la conmovedora imagen que acababan de presenciar. Al no saber cómo reaccionar, el hombre se limitó a asentir.

Luego la niña corrió a toda prisa hacia su padre abrazándolo muy fuerte de la cintura y después ambos partieron de ahí.

Después del fuerte sobresalto que acababa de experimentar, Iván seguía impactado.

"Vaya, eso sí que fue sorpresivo'' dijo Mauricio acariciando la cabeza de su hijo.

"No te preocupes. Ya sé quién es su padre. Seguramente los veremos a menudo por aquí".

El niño se sintió muy feliz al escuchar las palabras de su padre, pues la posibilidad de volverse encontrarse con ella era más suficiente para él.

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