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Portada de la novela Un amor inocente

Un amor inocente

Mariana e Iván forjaron un lazo indestructible durante su infancia, pero la adolescencia los separó inevitablemente. Años después, el destino propicia un reencuentro en su vida adulta que reaviva una pasión profunda y pura. Decididos a no perderse de nuevo, ambos se enfrentan a los retos actuales para proteger su relación. Esta historia narra cómo superan juntos cada obstáculo, redescubriendo que aquel amor inocente sigue más vigente y fuerte que nunca.
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Capítulo 3

Al día siguiente, Mauricio hablaba con Marina de lo sucedido.

"Cuando volví acompañado del padre de la niña, ella acababa de plantarle tremendo beso en la mejilla a Iván".

"¿De verdad?".

La mujer escuchaba con gran incredulidad el relato. Su hijo siempre se había caracterizado por su actitud inquieta y curiosa, sin embargo, hasta ese momento no había hablado de sentir atracción hacia ninguna niña. Por lo tanto, la historia le pareció sorprendente.

"Nuestro hijo estaba totalmente sorprendido. Parecía no dar crédito a lo que acababa de suceder y, entonces, la niña que anteriormente yo creí muda, de pronto comenzó a hablar con total normalidad".

Marina estaba muy divertida por el suceso. Casi no podía esperar a que su hijo volviera de la escuela para hacerle preguntas al respecto. Aunque tampoco era su intención incomodarlo, por lo que no estaba segura si debía abordar el tema directamente con él.

Iván la había estado pasando bastante mal durante los últimos días. Desde aquel encuentro con Mariana parecía haber perdido súbitamente el interés por las cosas cotidianas. Al principio, su padre creyó que estaba enfermo, pero después de someterlo a numerosas revisiones médicas, se dio cuenta de que se encontraba perfectamente bien.

Entonces, Mauricio comenzó a cuestionarse si aquello tendría alguna relación con el encuentro de aquel día. Sin embargo, no estaba del todo seguro de que su hijo quisiera hablar del tema.

Una noche Iván dormía profundamente, sin embargo, su mente estaba alerta mientras experimentaba uno de los más bellos sueños que había tenido en su vida.

Se encontraba jugando en un hermoso jardín. El pasto verde contrastaba con gran intensidad con el cielo azul. Los rayos del sol brillaban intensamente sobre su cabeza. Mientras tanto, corría con mucha fuerza por todo el espacio hasta que súbitamente tropezó y cayó rodando por el suelo. Entonces, de pronto, levantó la mirada encontrándose con la figura onírica que había visto aquel día.

Sin embargo, en esa ocasión no le quedaba ninguna duda. Aquel ser era un ángel que había descendido de los cielos solamente para estar con él. Iván sonrío totalmente complacido al contemplar aquella maravillosa imagen. Mariana lo miraba con timidez mientras comenzaba a decirle: "Pensé que no te volvería a ver".

Iván pareció sorprenderse mucho al escucharla. '¿Por qué pudo haber pensado eso ?', se preguntaba. Pero al verla sonreír, todo desapareció de su mente. Por un instante, incluso pareció olvidar cómo pronunciar las palabras.

"Por supuesto que nos volveríamos a encontrar. Era solo cuestión de tiempo".

"¿Lo prometes?", preguntó la niña.

"Pero ¿qué es lo que quieres que te prometa?".

"Prométeme que nos volveremos a ver".

Las palabras de Mariana resonaban en la mente de Iván con gran elocuencia. Era tal la intensidad con la que se repetían en su interior que de pronto despertó súbitamente. Aún con la promesa en los labios, no pudo evitar sonreír mientras repetía: "Te lo prometo".

Arturo y Roberto, los hermanos mayores de Iván, lo miraban preocupados mientras charlaban en la sala.

"Siempre está muy contento corriendo de un lado a otro. No sé qué es lo que le pasa ahora. Parece que ha perdido toda la motivación", dijo Arturo con gran consternación.

"Tienes razón. En circunstancias normales, tendríamos que cuidarnos de sus constantes travesuras. Sin embargo, ahora solo está acostado en su cama pensando quién sabe en qué cosas". Roberto no pudo evitar estar de acuerdo con su hermano.

"¿Crees que deberíamos hablar con él?", preguntó Arturo afligido.

"Yo creo que sí o de lo contrario deberíamos llevarlo a ver a un médico". Los hermanos gemelos que se encontraban en plena adolescencia estaban siempre muy al pendiente de su hermano. Pues para ellos el niño era motivo de alegría en la casa con sus constantes ocurrencias.

Ante la decisión de abordar a Iván para cuestionarlo acerca de lo sucedido, decidieron buscarlo después de la cena. Iván no tuvo más remedio que hablar del tema.

"Bueno, si no nos dices lo que te pasa vamos a tener que hablar con nuestros padres. Y ya sabes lo mucho que se preocupara mamá".

La mirada inquisidora de los jóvenes se encontraba fija en el niño, quien no parecía poder ocultarse de tan incesantes cuestionamientos.

"Ya les dije que no tengo nada. Quizás solamente estoy a punto de contraer un resfriado. Necesito descansar un rato".

Arturo, quien siempre se había caracterizado por ser mucho más perspicaz que su hermano, inmediatamente se dio cuenta de que el niño mentía.

"Iván, tú sabes que siempre puedes contar con nosotros. Dime ¿acaso tienes algún problema en la escuela? Si esos maestros del colegio te están haciendo pasar un mal rato te aseguro que me voy a encargar de ellos".

Siempre había mostrado una actitud sobreprotectora con su hermano. Incluso parecía estar dispuesto a pelear contra todos con tal de sacarlo de problemas.

Roberto era un poco más sensato, pues siempre parecía examinar con más cuidado los dos lados de la moneda y, si las circunstancias lo requerían, era capaz de regañar al niño.

"Esto es muy raro. Si no hablas de una vez, tendremos que recurrir a otras técnicas",

dijo el joven mientras dirigía su mirada hacia los juguetes de colección que yacían sobre su escritorio.

"No. Que ni se te ocurra tocarlos".

"Entonces, más te vale que comiences a hablar".

El niño se levantó súbitamente de su cama con la intención de dirigirse a toda prisa hacia los vulnerables juguetes. Sin embargo, antes de que pudiera llegar a ese lugar, Arturo se le lanzó encima tacleándolo para evitar que siguiera avanzando. Entonces, Roberto corrió a toda prisa hacia los juguetes.Sin embargo, en ese momento, su madre entró súbitamente a la habitación.

"Pero ¿qué es todo este alboroto? ¿Qué está sucediendo aquí?".

Marina siempre había gozado de un sexto sentido que le dictaba cuando alguna fechoría estaba a punto de suceder en casa. En esa ocasión, decidió ir a ver a su hijo menor para tratar de hablar con él acerca de lo sucedido.

"Mamá, están tratando de quitarme mis juguetes".

"Eso es lo que veo. Arturo, Roberto, ¿qué explicación tienen para todo esto?".

Al verse sorprendidos en tan desafortunada situación decidieron hablar con honestidad.

"Iván ha estado actuando muy extraño y como no quiere decirnos lo que está pasando tuvimos que pensar en la manera de obligarlo".

Los jóvenes sabían que no habían actuado de forma correcta, por lo tanto, inclinaron la cabeza avergonzados. Sin embargo, su preocupación por el niño era muy grande por lo que decidieron hablar abiertamente del tema.

"Por favor, no abrumen a su hermano con ese tipo de preguntas. Cuando esté listo, hablará con ustedes y si no lo hace, no deben forzarlo.

Los hermanos salieron de la habitación con semblante abatido, pues no tenían nada que hacer en la habitación.

"Mamá. No fue culpa suya. Es cierto, últimamente mi comportamiento ha cambiado", el niño asintió mientras se sentía culpable.

Marina conocía muy bien a sus hijos, por lo que a veces no era necesario que le confesaran cómo se sentían. Ella, con su gran sabiduría y su sexto sentido, tenía una clara idea de lo que estaba sucediendo.

"Conocí a una niña. Por favor, no vayas a reírte. Ella es muy bella y simpática, pero no sé si vaya a volverla a ver algún día".

Marina estaba conmovida por la confesión de su hijo, por lo cual lo miro llena de ternura.

"¿Por qué piensas que no volverás a verla?".

El niño bajó la mirada con pesar mientras decía.

"Desde el día que la conocí no he vuelto a toparme con ella. Pero yo le prometí que volveríamos a vernos".

Su madre sonrió complacida mientras acariciaba su cabeza.

"Si hiciste una promesa de ese tipo es muy importante que la cumplas".

Sin embargo, Iván no entró en detalle diciéndole que aquella promesa la había realizado en un sueño.

"Creo que tendremos que buscar la forma de que puedas mantener tu promesa", le dijo sonriendo. El niño estaba conmovido, por lo que sonrió de oreja a oreja mientras abrazaba a su madre con mucha fuerza.

"Sabía que buscarías la manera de ayudarme",

le dijo con alegría, mientras su corazón se llenaba de esperanza.

El día siguiente, Iván miraba distraído por la ventana de la escuela. La clase no le resultaba demasiado interesante. Mientras observaba el cielo despejado de afuera, su mente comenzó a divagar alejándose cada vez más del presente.

De pronto, alguien tocó la puerta. La maestra de inmediato respondió: "Adelante".

En ese momento, una secretaria entró acompañando a una niña al salón, quien lucía asustada y tímida ante los que a partir de ese momento serían sus nuevos compañeros de clase.

"Chicos, quiero presentarles a Mariana. A partir de hoy será su compañera de clase. Espero que le den la bienvenida con gran entusiasmo".

Al escuchar ese nombre, Iván inmediatamente volvió a poner los pies en la tierra. Entonces, volteó a verla, para con sorpresa descubrir que se trataba de aquella niña que había conocido en el campo de golf.

"Mariana", gritó súbitamente llamando la atención de todos los presentes. El niño sonreía de oreja a oreja complacido. Sus compañeros no pudieron evitar soltar una carcajada al ver la gran emoción que lo embargaba.

"Hola Iván'', contestó Mariana con las mejillas sonrojadas.

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