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Portada de la novela Tuya Hasta El Infierno

Tuya Hasta El Infierno

Dante Mancini vuelve en la conclusión de la trilogía Infierno, movido por una sed de venganza y una crueldad sin límites. Junto a su esposa, la dama de la mafia, se dispone a resguardar a su familia frente a cualquier peligro. No obstante, una elección forzosa desafiará la solidez de su vínculo emocional. En medio de conflictos históricos, la pareja luchará por su amor mientras el Diablo deja claro que no tendrá piedad al proteger su legado y a sus hijos.
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Capítulo 2

Tiempo atrás.

D A N T E

Estoy impaciente y listo para darle un puñetazo a la pared a casi nada de perder el poco control que me queda. 

Otra semana más tuve que aguantar, no se porque tuve que hacer caso a Edgardo, cuando dijo que esperara más tiempo.  

Ese hijo de puta e infeliz tenía a mi mujer y no podía seguir esperando sentado, tenía que hacer algo. 

—No puedo seguir esperando, debo ir por ella — me levanté del sillón, frustrado y desesperado, a punto de perder la cordura. 

Comencé a aflojarme los primeros botones de mi camisa mientras caminaba de un lado a otro, sentía asfixiarme.  Habíamos llegado a Rusia hace apenas un par de horas y ya me sentía como un León enjaulado.  

No acostumbraba venir a Rusia, ya que es territorio enemigo y nunca se las pondría fácil para que me hallarán. Pero la ventaja que tengo es el refugio bien escondido que mantengo en este país, cosa que no sería tarea sencilla para los malditos rusos si se enteraran de mí presencia por estos rumbos. 

—No podemos ir así como así, es arriesgado, más para ella —anuncia Edgardo —Esto lo debemos hacer bien. 

Edgardo y los chicos me habían acompañado e insistieron en querer ayudar en el rescate, después de que les amenace diciéndoles que si no se quedaban en Sicilia yo mismo los mataría por desobedecer a su jefe, cosa que les valió una jodida.  

—Ya hablo el señor correcto y perfecto que siempre hace todo bien —siseo Iván.  

No sé que demonios sucedía entre ellos dos, llevaban días así y no tenía idea del porqué. Tampoco me tomé el tiempo de preguntarle, no tenía cabeza para otra cosa que no fuera mi Fiera.  

—No es el momento para discusiones, Iván — le reprendió Edgardo. 

El rostro de Iván se retorció de rabia, y fulminó a su padre con la mirada, pero no respondió.  

¿Qué demonios le sucedía? 

—¿Desde cuándo se desprecian así? —pregunté.  

Pero ninguno de los dos respondió a mi pregunta, de todos modos no estaba en posición de escuchar esa mierdas que hablan las familias cuando discuten.  

No tengo cabeza para otra cosa que no sea para rescatar a mi mujer. 

Sonó un golpe en la puerta, una vez que di la orden de que pasará, se abrió y Franco entró.  

—Ya envíe el primer equipo al punto que ordeno, jefe —notificó Franco. 

Di un ligero asentimiento antes de respirar hondo e irme hacia el pequeño balcón que tenía la habitación.  

Inhalé profundamente el aroma de la madrugada mientras mi mirada se perdía en la nada, el clima era muy frio, bastante que hasta cala en los huesos, en Rusia las temperaturas siempre son bajas.

¡¿Qué demonios por que seguía aquí sin hacer nada?! Pase la mano izquierda por mi cabello, repetidas veces. Mi exasperación estaba llegando al límite. Saque mi celular del bolsillo y lo observé. Llevaba viendo el mismo mensaje varias veces desde hace más de dos horas, en cuanto llegó.  

Maldito Bruno, el único deseo que tenía en estos momentos era hundir una bala en su puta cabeza. Ya me había jodido toda la vida y seguía haciéndolo, pero ahora con mi mujer y no se lo iba a permitir.  

Tiempo atrás le dejé pasar muchas cosas, pero ahora era diferente, esto lo iba a pagar muy caro, en esta ocasión sería con su vida.  

Yo era el culpable mayor de lo sucedido, si lo hubiese matado antes nada de esto hubiera pasado, Lillie no estuviera secuestrada, ahora la tendría a mi lado, de donde nunca debieron haberla apartando. Porque conmigo es donde pertenece. 

Volví a echarle una mirada al maldito mensaje para leerlo de nuevo.  

"En alguna parte de ti debe haber inteligencia y pensaras razonablemente las cosas, y al final la eligiera a ella porque dudo mucho que la quieras ver muerta. Que ironías de la vida, quién lo iba a decir que la misma mujer nos volvería locos. La única diferencia es que yo si podría matarla, cosa que tú no harías. El trato es que la dejé con vida, a cambio de que te entregues y mis hombres me traigan tu cabeza. Piénsalo, te conviene. Tu estarás muerto, pero ella estará viva.  

Te dejo las coordenadas del lugar dónde está, el plan es simple y rápido, llegas te entregas y luego a ella la dejó ir sana y salva. No lo pienses tanto, las horas vuelan y el tiempo que te doy corre desde ahora. Que a tu atormentada  conciencia lo dejaré si ella muere, Querido primo" 

—Necesito una puta bebida —gruñí en dirección a Franco que seguía ahí de pie esperando alguna orden. Se movió hacía el pequeño bar y me sirvió un whisky antes de traérmelo. Lo contemplé atentamente el líquido antes de tomar un sorbo. Lo escrute con mis ojos—. ¿Tu les pusiste al tanto? 

—No señor —negó de inmediato —El señor  Ricci y su hijo se enteraron por otra parte, no por mí.  

Conocía la lealtad de Franco, pero con los Ricci no se sabía. Mi amigo era un jodido asesino y a él se le facilitaba amenazar, siempre encontraba el punto débil para hacerlo y salir victorioso. Así que por uno segundo creí que Iván lo había amenazado para obtener información del mensaje. 

—Da igual si fue él que aviso o no —comentó Edgardo —Aquí el problema es que no nos dijiste nada y así te ibas a ir. Debemos pensar con la cabeza fría y guiarnos por el plan. 

—No puedo esperar a un puto plan —gruñi.

—Quieras o no lo demos hacer. No confío en ese mensaje y tengo el presentimiento de que algo malo pasará. 

—Ya esta ocurriendo algo malo, lo demás viene valiendo mierda —masculle.

—Sí, se que su secuestro es algo malo. Pero no puedes avanzar sin tener algo seguro, porque algo me dice que esto es una más sus artimañas, Bruno no nos pondrá facil las cosas en una bandeja de plata.

Podría ser que tuviera razón, aún así no quería seguir esperando. 

—Odio decirlo pero tiene razón —continuó Iván —Hay que centrarnos en el plan y una vez este canalizada nuestra estrategia avanzamos y atacamos.  

Cómo demonios querían que siguiera esperando, no podía dejar pasar un día más. Ya había pasado otra puta semana y no estaba dispuesto a dejar pasar demasiado tiempo. Quería a mi Fiera, a mi mujer, de nuevo a mi lado y con una jodida iba hacer caer a todos aquellos que me la arrebataron.  

Ir a ese lugar ya sea con un plan o sin el, era algo que ni le tomaba importancia, mientras pueda rescatarla que más da si fuera lo último que hago en esta jodida vida, lo que importa es que ella esté a salvo.

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