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Portada de la novela Tuya Hasta El Infierno

Tuya Hasta El Infierno

Dante Mancini vuelve en la conclusión de la trilogía Infierno, movido por una sed de venganza y una crueldad sin límites. Junto a su esposa, la dama de la mafia, se dispone a resguardar a su familia frente a cualquier peligro. No obstante, una elección forzosa desafiará la solidez de su vínculo emocional. En medio de conflictos históricos, la pareja luchará por su amor mientras el Diablo deja claro que no tendrá piedad al proteger su legado y a sus hijos.
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Capítulo 3

LILLIE

—Come —ordena el monstruo —O quiere algo en especial mi reina.

¿Su reina? Jamás, esta loco si cree que seré suya.

No respondo, y solo tomo el cubierto puntiagudo para hincarlo en el filete que estaba servido en mi plato. Debía comer, no porque él me lo haya ordenado, sino por mis bebés que aún crecían en mi vientre y necesitaban nacer sanos y fuertes para soportar cualquier cosa a futuro.

Yo más que nadie debía tener fuerzas para protegerlos y salir de este maldito lugar.

—Bien, así me gustas más. Obediente y dócil como una pequeña gatita —dijo, mientras me llevo otro bocado a la boca —Solo yo podré domar a esa fiera que llevas por dentro.

Que siga soñando el infeliz engreído, nunca me doblegare ante él. Es la peor escoria que hay en el mundo y tenlo por seguro que ser su sumisa seria lo último en la vida que haría. Antes muerta que obedecerle.

—Ni siquiera en otra vida podría pasar eso — me atreví a decir, pero en vez de gritárselo en la cara, el tono salió suave y bajó.

No lo voy a negar, le tenía miedo y no por mí, por mis hijos. Después de que se enteró de mi embarazo comenzó a lanzar amenazas y cuando suele tenerme cerca, sus ojos me miran de una manera extraña y después se desvían a mi vientre, mirándolo por un largo rato con una expresión desagradable y sombría que me causa escalofríos por el horror que despierta en mí.

Bruno se inclinó un poco sobre la mesa apoyando sus brazos, sin quitarme los ojos de encima sonrió en un modo  burlona curvando su boca.

—Me fascinas que seas apacible. Pero no puedo negar que me vuelves loco cuando te alteras y sale esa Fiera indomable de ti —sus ojos reflejan lascivia como el tono de sus palabras —Ahora entiendo porque el maldito de mi primo te apodo así.

Su sonrisa se amplió y extiende su mano para tratar de tocar mi rostro, pero antes de que lo hiciera giré mi cabeza a otro lado. Mi estómago se revolvió por repulsión, no dejaría que me tocará.

Si esperaba que me arrodillara ante él, o le complacerá como quería,  estaba equivocado. El infierno se congelaría primero antes de que eso pasara.

En el tiempo que llevo aquí no le he permitido acercarse tanto hasta mí, ni siquiera soporto que me mire, mucho menos soportaría su tacto en mi piel.

Lo odiaba y por ello no lo toleraba. Se había vuelto la persona más despreciable para mí. Bruno Mancini era el peor humano sobre la faz de la tierra, una escoria que ni el mundo debió conocer. Me había arrebatado mi libertad y ahora me acechaba a cada instante que podía hacerlo.

Era demasiado incómodo tener siempre su mirada perturbadora sobre mí. No se que trauma tenía o que obsesión loca le provocaba, pero maldecí por ello. Yo no quería esto, nunca pedí que un maldito mafioso se obsesionara conmigo.

Me paso con Dante, pero con él todo fue diferente. Con Bruno era otra cosa, él es muy distinto a mi Diablo, lo que tenemos Dante y yo esta lleno de fervor y sin contar la pasión que arde entre nosotros cada vez que estamos juntos.

Mi amor por él es único, ningún otro hombre puede tener cavidad en mi corazón, más que él. Mi perverso Diablo.

Necesitaba verlo, tenerlo cerca y que me abrazara y me dijera que todo iba a estar bien, y que él nos protegerá de cualquier mal.

Hubo una interrupción por alguien, podía estar segura que era uno de los hombres de Bruno. No preste atención, seguía con la cabeza girada mirado la pared que estaba cerca, hasta eso era más interesante que esos criminales.

―Señor, ya quedo el encargo ―anuncio el tipo.

Desgraciadamente conocía esa voz y ya lo había visto, otra escoria más a quien despreciar. Jack, es su apelativo, la verdad no sabía si ese era su verdadero nombre, con ellos nunca se sabía la verdad de las cosas.

Jamás pensé llegar a ver a este hombre en este lugar, sabía que era un delincuente, pero no tenía ni idea de que estuviera más metido en este mundo de la mafia. Mi hermana sufrió por él, la daño y la dejo destrozada y embarazada, y hoy me vengo a enterar que este tipo no solo trabaja para Bruno, si no que también es parte de una organización de asesinos más buscados y crueles del mundo.

Y pensar que mi hermana en algún momento se involucró con este hombre. Ella no tenía ni idea de lo que había pasado con él, estaba en la ignorancia de su existencia y la verdad quería que asi siguiera. Nada bueno podía dejarles a ella y a Sandy.

Pero lamentablemente él sí sabía de ellas, estaba al tanto de la existencia de mi sobrina y eso me preocupaba demasiado, tanto que me temía que hiciera algo contra ellas. Me sentía impotente e inútil al no poder protegerlas, no podía ni hacerlo conmigo misma como es que iba a cuidar de las personas que amaba.

―Bien, alista al último equipo y encárgate de ellos, estarás al frente ―dijo tajantemente ―Quiero su cabeza y serás tú el que me la traira esta noche, pero esta vez sin fallas. ¿Entendido?

―Sí, así será señor, esta vez no fallare. Hoy mismo tendrá la cabeza del Diablo.

En cuanto pronuncio “Diablo” gire para verlo. Una sonrisa maliciosa se reflejó en su rostro cuando se dio cuenta de que tenía mi atención y con mi expresión de asombro a su confesión.

No otra vez no por favor.

―Hola, cuñadita ―dijo sutilmente con un cinismo.

La ira se apodero de mí, lo fulmine con la mirada. Otro hombre que despreciaba tanto, tiene todavía el descaro de venir y hablarme de esa manera, nunca me quedare callada aunque es inútil discutir con ellos, aun así no podía soportar verlos sonreír victoriosos, como si todo lo que digieran o hicieran fuera mejor que cualquier otra cosa.

―No te permito que me llames así, tú no eres nadie para mi hermana.

― ¿Estas segura de eso? Porque yo creo que ella no me ha olvidado ―sonríe con seguridad.

―Completamente segura, ella ya te supero.

―Lo dudo, cuñadita ―amplia más su sonrisa ―Tenemos algo que nos une y eso nadie lo va a cambiar.

―No metas a mi sobrina en esto —siseo enfurecida. 

―Yo la meto cuando quiera, es mi hija y pueda ser que pronto le haga otra visita. Quizás quiera venir a conocer Rusia y ver a su tía por última vez —guiño el ojo en mi dirección. 

Me hervía la sangre de solo pensar que ese maldito se le acercaría a mi pequeña sobrina, no podía dejar que eso pasara. Pero desde aquí no se podía hacer nada, ni siquiera alertarles de las artimañas que tenía planeadas este tipo.

―Te advierto que si le tocas un cabello, yo misma te asesinare ― lo señalé con mi dedo, me puse de pie furiosa, mirando a los dos idiotas que no dejaban de reír como si lo que hubiera dicho fuera un chiste.

― ¿Y cuándo mate al Diablo que me harás? ―dijo provocativamente con un ligero tono lujurioso.

Bruno gruño bruscamente en respuesta a la pregunta que hizo, es claro que le molesto el subidito de tono de Jack. Pero él se disculpó con su jefe, no conmigo. Tampoco podía esperar mucho de él, de hecho de ese hombre no se puede esperar nada bueno, solo lo malo. Tanto él cómo Bruno eran las peores personas que tenía este mundo.

Ahora mi preocupación estaba en Dante, enterarme de esto solo hizo que me entrara el pánico. No quería volver a pasar por lo mismo, sentir ese vacío, ese dolor de pérdida, es la sensación más desagradable y lastimosa que puedes percibir cuando se trata de alguien que amas, y más si es el hombre de tu vida.

No estoy dispuesta a vivir nuevamente lo mismo, Dante no es fácil de vencer, sé que él podrá con ellos. Sé que es por mi rescate y sé que no le importara arriesgarse por nosotros, pero aun así me preocupa que le pase algo malo y que jamás pueda volverlo a ver. No me di cuenta que unas lágrimas estaban amenazando por salir de mis ojos hasta que sentí como unas se deslizaron por mis mejillas, me limpie rápidamente, no quería mostrar debilidad frente a ellos, no me verán derrotada fácilmente.

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