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Portada de la novela Tras la Pista del Ángel

Tras la Pista del Ángel

Evelyn se enamoró de la faceta más sombría de Raziel, sin sospechar que los secretos lo consumían. Tras esfumarse entre graves acusaciones de crímenes que ella jamás creyó, él regresa cegado por un deseo de venganza. Sin embargo, el hombre de su pasado parece haber sido reemplazado por un extraño. Ante las constantes contradicciones de Raziel, Evelyn decide indagar en la oscura realidad y seguir el rastro del ángel para hallar la verdad.
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Capítulo 2

La oscuridad era su sitio favorito.

Una vez que aprendió a no temerle, logró crear una amistad con las sombras, estas eran su refugio, su escape.

Allí, sentada en el medio de su habitación, sumida en la más profunda oscuridad que solo ella podía crear, se sentía en paz. La ausencia de luz despejaba su mente, la ayudaba a pensar, a analizar y a veces la ayudaba a relajarse, ningún problema podía tocarla mientras estuviese escondida en las sombras, o al menos eso quería creer ella.

Sin embargo, no había oscuridad que pudiese salvarla de lo que ese día significaba para ella.

Pasó una hora para que Evelyn se rindiera y decidiera abandonar su habitación para enfrentarse al evento de esa tarde. Iba vestida con su uniforme, un pantalón negro ajustado pero flexible para no limitar sus movimientos, con líneas verdes a cada lado, una camisa de mangas cortas del mismo color y una chaqueta verde militar con la silueta del animal que daba nombre a su equipo bordada en el lado izquierdo, su cabello rubio estaba recogido en una perfecta coleta alta.

Como cada año, el 16 de julio se celebraba la graduación de la nueva generación de agentes de la Agencia Cyreth, una tradición que, según las palabras de sus mentores, buscaba unir a las nuevas generaciones con las antiguas al darles ese día en común como sus aniversarios y por ende todos los años se realizaba una gran fiesta entorno a esto. Ese día hacían ya seis años desde su graduación.

En pocos minutos llegó al auditorio de la agencia, las puertas estaban abiertas, a la espera de la hora acordaba para el evento, el lugar era amplio espacio circular, las hileras de asientos se extendían hacia abajo, alrededor de la tarima donde ya los futuros agentes estaban sentados y del lado derecho se encontraba el podio donde estaría el director de Cyreth. Desde las puertas pudo ver que la mayor parte de los asientos ya estaban ocupados, a pesar de que faltan treinta minutos para iniciar, ella captó el movimiento de una mano, indicándole que fuese hacía allí y ella sonrió, Cameron le había guardado un asiento.

—¿Dónde estabas? —preguntó el chico en cuanto ella se acercó. Cameron era un año mayor que ella, perteneciente a su mismo equipo, cuando este se trasladó a la sede central de la agencia fue ella quién lo recibió y desde allí entablaron una amistad.

—Sabes muy bien donde —respondió y se encogió de hombros.

—Algún día tienes que superarlo —señaló él castaño—. ¿Cuántos camaleones crees haya este año? —preguntó, desviando el tema, cosa que ella agradeció.

Evelyn le siguió la conversación, con su mirada fija en el escenario, los nuevos reclutas iban vestidos de negro, durante la ceremonia anunciarían a que equipo pertenecerían y se les entregaría la chaqueta correspondiente: verde militar para los camaleones, el equipo de espionaje; azul oscuro para los tiburones, los agentes de inteligencia; gris plomo para los lobos, el comando de acción y antiterrorismo, y marrón para los buhos, el equipo informático.

Llegada la hora, el General Hyle pasó al escenario, pidiendo silencio y dando inicio a su discurso que con tanto esfuerzo preparaba cada año, y si bien había fragmentos que nunca cambiaban, aquel hombre lograba darle su toque único a sus palabras año tras año. La voz de su padre la transportó seis años atrás cuando era ella quien estaba allí sentada, con Raziel a su lado, ella nerviosa y él con su sonrisa arrogante, ambos expectantes por la revelación de cuál equipo había tomado cada uno, ya que se juraron no decir nada hasta ese día, y a pesar de eso era obvio para ambos lo que escogerían.

Ella decidió unirse al equipo de espionaje, su poder le daba una ventaja enorme a la hora de esconderse, y Raziel escogió el equipo Lobo, alegando que la acción era lo suyo.

Hasta hacía dos años era él quien la acompañaba a esa ceremonia cada año y no Cameron, aun podía recordar la efusividad con la que el pelinegro aplaudía a los nuevos integrantes de su comando.

—Hey, eve, ¿estás bien? —La voz del chico a su lado la sacó de sus pensamientos, Cameron la miraba con preocupación.

—Sí, lo estoy, solo… quisiera salir —explicó ella con una sonrisa ladeada.

—Te acompaño —dijo Cameron.

Eve se levantó, tratando de salir de la forma más discreta posible, pero aun así antes de alcanzar la puerta, pudo captar la mirada de su padre desde el escenario, ella le sonrió para tranquilizarlo y salió. Raziel solía decir que su sonrisa era una anestesia, con ella podía calmar cualquier preocupación o dolor de quien la viera, era mágica y por eso él la amaba.

—¿Hasta cuándo seguirás torturándote con su fantasma? —cuestionó Cameron en un tono de reproche—. Han pasado ya dos años, Evelyn, olvídalo. —Evelyn rio por lo bajo, sin un mínimo de gracia.

—Tú lo dices tan fácil, como si pudiese borrar los recuerdos de dieciséis años de un día para otro, y sé que ya ha pasado suficiente tiempo, pero no es sencillo —manifestó ella. El pasillo estaba solo y en silencio, ellos debían ser los únicos fuera del auditorio—. No es como si Raziel hubiese muerto, como si tuviese una tumba a donde dejar flores y estar segura de que nunca lo veré de nuevo, pero no, él desapareció, sin decir nada, no sé nada de él o de qué le pasó.

—Eve, tú sabes muy bien lo que pasó y lo que ha estado haciendo —replicó Cameron.

—No, sé que todos piensan que él se volvió un traidor, pero Raziel no es así, ¿qué pruebas ha habido en su contra?

—Las plumas, las tarjetas con las alas de ángel dibujadas en ellas.

—¿Y todo eso lo suponen solo porque él tiene el nombre de un ángel? —refutó Evelyn. No importaba cuántas pruebas pusiesen frente a ella, en ninguna de ellas estaba él, nadie tenía una foto o video de él cometiendo todos los delitos que le atribuían. Si le daban pruebas contundentes, ella misma se encargaría de apresarlo.

Camerón bufó, exasperado y negó, ya había perdido la cuenta de las veces que habían tenido esa conversación, le entristecía ver como Evelyn desperdiciaba su vida, yendo en automático día tras día, más preocupada por su ex novio que por ella misma. Ella intentaba disimularlo, no había bajado su rendimiento en misiones o en entrenamientos, seguía siendo tan buena como lo había sido siempre, pero luego de dos años conociéndola él podía ver más allá de esa máscara de dureza que ella transmitía a todos.

Antes de que alguno encontrara nuevas palabras para justificar su punto de vista, sus celulares sonaron, alertándolos de una notificación. Era un video en vivo, transmitido por el canal privado de la organización, en cuanto inició la reproducción, Evelyn sintió sus piernas temblar y su corazón acelerarse.

Raziel se mostraba en la pantalla, con su porte altanero y seguro de siempre, tras de él una pared blanca tenía pintada unas alas, las mismas que estaban en las tarjetas dejadas en las escenas del crimen, de tal manera que parecían salir de su espalda, parecía ser un ángel, pero en su mirada no estaba reflejada la bondad de estos, sus ojos no eran los que ella conocía.

—Buenas tardes, CIC —saludó y el corazón de la rubia dio un vuelco. Era su voz, grave y profunda, no había nada diferente, solo tal vez el tono frío de sus palabras—, sé que durante estos años les he dado muchos problemas, encrucijadas a las que no han sabido darle respuestas, hoy vengo a sumar una más a la lista. —El pelinegro subió un dedo y dejó a la vista sus manos, cubiertas con sus guantes negros. Evelyn y Cameron voltearon hacia las puertas del auditorio al escuchar una serie de pasos apresurados, cuatro miembros del comando León pasaron a su lado, yendo de seguro a la sala de computadoras para detener la transmisión y tal vez rastrearla—. Hoy celebran una nueva graduación, la obtención de decenas de nuevos idiotas que seguirán sus órdenes sin replicar, y me dirijo a ustedes, ¿creen que están hoy ahí, recibiendo sus condecoraciones cómo nuevos agentes, por decisión propia? ¿Creen de verdad que sus vidas las manejan ustedes? Pues si es así son unos ilusos. —Raziel dejó escapar una carcajada cargada de ironía—. Lo mismo pensé yo en su momento, pero no es así, cada decisión que han tomado ha estado calculada por sus líderes, esa propuesta de dejarlos elegir si ser agentes o llevar vidas tranquilas, estudiar y dedicarse a otra cosa es solo una pantalla de humo para darles seguridad y que no cuestionen sus decisiones.

»Hoy les pido que se levanten en contra de ellos y se liberen, tienen el poder y ellos solo quieren esconderlos para que las personas menos afortunadas que no evolucionaron se sientan seguros, ¿creen que tienen derechos? ¿Entonces por qué no hay un Ascendido en el gobierno de Venanti? O poniendo un ejemplo más sencillo, ¿por qué nunca habido un director de la CIC que sea un Ascendido? Porque nos temen, no quieren darnos más poder del que tenemos y me parece que es suficiente de su dictadura, levántense…

El video se cortó, evitando que Raziel pudiese seguir calando dentro de la mente de todos pero sus palabras ya habían sido bastante afiladas.

—¿Aun crees que tu querido Raziel es inocente de todo? —cuestionó Cameron y corrió de vuelta al auditorio, dejándola sola con sus sentimientos.

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