Portada de la novela Tras la Pista del Ángel

Tras la Pista del Ángel

9.0 / 10.0
Evelyn se enamoró de la faceta más sombría de Raziel, sin sospechar que los secretos lo consumían. Tras esfumarse entre graves acusaciones de crímenes que ella jamás creyó, él regresa cegado por un deseo de venganza. Sin embargo, el hombre de su pasado parece haber sido reemplazado por un extraño. Ante las constantes contradicciones de Raziel, Evelyn decide indagar en la oscura realidad y seguir el rastro del ángel para hallar la verdad.

Tras la Pista del Ángel Capítulo 1

La oscuridad se extendía por la habitación, densa e impenetrable, dificultándole a los investigadores su trabajo. Los suaves sollozos de una pequeña niña acababan con el silencio, cosa que ellos usaban para guiarse, sin embargo estos parecían lejanos cada cierto tiempo. Al llegar al sitio solo supieron que una niña había quedado atascada, presa del miedo, en una habitación en completa oscuridad, y que a pesar de los intentos de los encargados del orfanato, no pudieron hallarla y llevarla de vuelta, la luz de las linternas o de velas no atravesaba la negrura de la habitación, solo alumbraba unos pocos centímetros de su entorno y parecía apagarse de vez en cuando para luego volver a encenderse, con menos intensidad.

—Todo estará bien, ¿cómo te llamas? —preguntó uno de los hombres, en un intento de distraer a la niña.

—Evelyn… —susurró ella.

—Bien, Evelyn, necesito que seas fuerte y sigas mi voz, estoy cerca, no te pasará nada —la animó el joven—, camina hacia mí. —pidió Hyle.

—No puedo, hay un hoyo en la habitación, no sé dónde está —Los hombres detuvieron su avance al escucharla, la opción más segura era calmarla.

—Eve, ¿puedo llamarte Eve?— preguntó Hyle.

—Sí…

—¿Qué pasó? ¿Por qué estás aquí?

—Estaba jugando con mis amigas aquí a las muñecas, cerca de la puerta, lejos del hoyo, pero unos niños llegaron a molestarnos. Las niñas corrieron, yo traté de hacer lo mismo, pero ellos me llevaron hacia el hoyo —sollozó—. Me dejaron al otro lado, y no pude volver a cruzar. Me desesperé y la luz empezó a desaparecer, los niños se asustaron y corrieron, me dejaron aquí… y todo se volvió negro.

Hyle negó y frunció los labios. Los niños podían ser muy crueles, no obstante, eso había despertado la habilidad de Evelyn.

—Eve, tienes que calmarte. No tengas miedo, toda esta oscuridad tiene una explicación, ¿sabes qué hay personas con poderes especiales?

—Sí —susurró.

—Hay personas que pueden manejar el agua, el sonido, la luz… tú puedes manejar la luz, tus poderes debieron manifestarse y tu miedo ha creado toda esta oscuridad, si te relajas, la luz volverá. Nosotros estamos aquí para ayudarte, intenta calmarte, ¿puedes?

—Lo intentaré.

Los hombres se quedaron de pie donde estaban. Durante varios minutos no pasó nada, no se oían sollozos pero tampoco indicios de que Evelyn estuviese apartando la oscuridad, hasta que pasó. La luz volvió tan rápido que los cegó por unos instantes, y la vieron, a la pequeña de cabellos rubios que estaba sentada en el piso al otro lado de un hoyo. Este era fácil de cruzar para un adulto, pero para una niña parecía ser el abismo más grande.

—Lo lograste, Ev, ahora iré por ti.

Hyle cruzó la habitación, pasó sobre el hoyo con cuidado, tomó a la pequeña en sus brazos y volvió a la puerta junto a su equipo. Mientras bajaban Hyle se encargó de explicarle a la pequeña cómo funcionaba su equipo y que si aceptaba ir con ellos, le enseñarían cómo manejar su poder y tendría una casa. La niña aceptó encantada, alegando que el señor Welles era malo con ellos y que quería alejarse de él, pero se entristeció al recordar a sus amigas.

—No puedo dejarlas aquí —fue lo último que dijo antes de que llegaran al primer piso, donde los directivos del orfanato y varios niños esperaban. Un grupo de tres niñas corrieron hacia Evelyn en cuanto Hyle la dejó en el piso y la abrazaron, mostrando cuan asustadas habían estado por ella.

—Gracias, en serio gracias por todo —El director se acercó a estrechar la mano de Hyle y sus compañeros—, los acompañaré a la puerta.

—Espere a que las niñas recojan sus cosas —Lo frenó y el hombre lo miró extrañado.

—¿Disculpe?

—Como escuchó, las niñas se irán con nosotros —contestó. Las miradas esperanzadas de las niñas se fijaron en él, todas sonrientes y emocionadas, y el señor Welles con una mueca confundida.

—Ustedes no…

—¿No podemos llevárnoslas? —completó otro de los hombres—. Lo lamentó, pero con nosotros estarán mejor, le daremos los cuidados necesarios, y esta pequeña —Miró a Evelyn—, tiene que entrenar su poder.

—Por favor, prepare los papeles correspondientes —le cortó Hyle antes de que el gordo hombre hablara—. Ustedes niñas, vayan por sus cosas.

Tardaron una hora más entre los parloteos del señor Welles argumentando porqué no podían llevárselas y los bufidos amenazadores de Hyle para agilizar los procesos. Una vez en la camioneta las niñas chillaban de alegría, agradecidas con esos hombres por salvarlas.

—¿A dónde llevaremos al resto, Patrick? —preguntó uno de los chicos a su superior.

—Con Madame Lyna, ella las cuidará, incluso a Evelyn cuando no tenga que entrenar.

♣♣♣♣♣

—Vamos, Eve, concéntrate en llevar toda la luz a un único punto —la animó Hyle y ella volvió a iniciar sus intentos. La oscuridad empezó a apoderarse de la habitación, llevando la luz hacia el centro de la habitación, Evelyn trató de mantener la luz en ese único punto pero la magnitud de su poder terminó por agotarla y acabar con su concentración—. Bien, terminamos por hoy, ve con Madame Lyna. —Hyle le sonrió y despeinó su cabello, pero no fue suficiente para calmar la frustración de la niña.

La pequeña se fue pisoteando el suelo con fuerza. Al salir al campo de entrenamiento y ver a los adultos practicar de forma maravillosa con sus poderes avivaba su desanimo. Llevaba ya seis meses en el campo de entrenamiento del Centro de Investigaciones de Cyreth y aun no lograba controlar su poder sin agotarse.

Evelyn se fijó en un niño delgado a unos metros de ella. Ladeó su cabeza, curiosa, no había muchos niños allí, lo normal era que los poderes se desarrollasen en la adolescencia, un caso como el de ella ya era bastante extraño, ¿pero dos niños? Eso era una sorpresa tan grande como un elefante. Eve dio saltitos emocionada y se acercó hacia el niño.

—¡Hola! ¿Cómo te llamas? —saludó, alegre. El chico volteó hacia ella, la analizó y volvió a mirar al frente.

—Raziel —respondió con simpleza.

—Un gusto, yo soy Evelyn —se presentó, aun sonriente. Al ver que el niño no hizo ningún gesto por sus palabras, se dedicó a analizarlo. Ella frunció el ceño al verlo usar guantes; no parecían guantes normales, estos eran azul marino y negro, y de un material que ella desconocía—. ¿Por qué usas guantes? —indagó, sin poder evitar su curiosidad.

—Porque tengo frío —contestó con sarcasmo, cosa que ella no captó.

—¿En serio? Pero hace calor —comentó con inocencia, a lo que él respondió rodando los ojos.

—Que tonta eres —murmuró, hastiado. Evelyn abrió la boca para decir algo pero prefirió calmarse al notar como la luz del bombillo tras de ellos empezaba a titilar. Su poder era algo inestable en ocasiones. Ella se dio la vuelta, indignada y partió hacia su habitación.

—¡Eve! Qué bueno que no te has ido —La voz de Hyle hizo que se detuviera y girara hacia él con un intento de sonrisa en su rostro—, quería presentarte a un nuevo compañero —Él le hizo señas a Raziel y ella bufó por lo bajo. El niño se acercó, sonriente como si nada hubiese ocurrido, cosa que la molestó aún más. ¡Era mejor que ella fingiendo!—. Él es Raziel, es nuevo, me preguntaba si puedes darle un tour por las instalaciones. —Ella sonrió, asintiendo a su petición y en cuanto su entrenador se marchó le dedicó una mirada furiosa a su compañero.

—Sígueme —indicó e inició su camino sin mirar si él iba tras ella o no.

♣♣♣♣♣

—¡Knox, Raziel, comando Lobo! —anunció el director Larsson y la sala se llenó de aplausos para recibir al siguiente graduado, y el mejor de su generación.

Raziel se puso de pie con gracia, portando su impecable uniforme negro y se adelantó hasta el director para recibir su chaqueta color gris plomo, símbolo del comando especial de acción, y su placa, su sonrisa brilló en todo momento. Raziel se esforzaba en ser el mejor para recibir el reconocimiento del resto, todo lo contrario a Evelyn, quien si bien se esforzaba en mejorar cada día más sus habilidades, le importaba muy poco otro reconocimiento que no fuese el de su padre. Evelyn vio a su mejor amigo disfrutar su logro, le aplaudió y solo pudo pensar en que esas felicitaciones se le subirían a la cabeza.

El volvió a su lugar en la tarima, portando ahora su chaqueta con orgullo, volteó hacia ella dedicándole una sonrisa arrogante, a lo Evelyn que rodó los ojos en respuesta.

♣♣♣♣♣

Evelyn bajó del avión de la agencia, estirando los brazos para desperezarse luego del viaje. Su mirada fue directo a su familia, quienes la esperaban, emocionados, sin embargo, le extraño no ver a su novio allí también.

—¿Qué tal el viaje? —preguntó su padre abrazándola.

—Estuve dormida todo el tiempo —respondió sonriendo—. ¿Raziel está en una misión?

—Tenemos algo importante que decirte, Eve, te lo diremos en la casa —dijo su madre, pero desde allí un mal presentimiento se instaló en su pecho.

♣♣♣♣♣

Su habitación se sumió en una completa y profunda oscuridad, una que la acompañó cada día desde que le dijeron que Raziel había desparecido, y a pesar de que luchaba para mantenerse fuerte, con cada día que pasaba sin tener noticias de él perdía un poco más las esperanzas.

Desde el inicio pensó lo peor, Raziel era parte de los Lobos, se había enfrentado a decenas de criminales durante esos dos años de servicio, algunos de los cuales escaparon. Las pesadillas la perseguían, le mostraban a Raziel rodeado de un charco de sangre, de su sangre.

Cada día rezaba para que él apareciera y sus plegarias fueron escuchadas, él volvió, pero no como ella esperaba.

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