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Portada de la novela Trampas Amorosas

Trampas Amorosas

Lo que debía ser la boda soñada de Tracy se torna en una pesadilla cuando Toby, su esposo, confiesa que solo busca vengarse de los crímenes de su suegro. Tras ser martirizada y usada cruelmente como el reemplazo de un viejo amor, ella escapa decidida a no regresar jamás. Sin embargo, el destino los cruza de nuevo cuatro años más tarde. Tracy enfrentará el dilema de sucumbir a la oscura obsesión de Toby o lograr superar las heridas de aquel pasado traumático.
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Capítulo 2

'¿Qué?', pensó Tracy.

Estaba parada junto a la puerta. Al oír las palabras de Brody, se sorprendió tanto que dio un salto hacia atrás, casi cayéndose.

"Es imposible", murmuró. Aturdida, negó con la cabeza mientras pensaba: 'Brody debe estar mintiendo. ¿Cómo pudo mi padre hacer tal cosa?'.

A sus ojos, su padre era un hombre muy culto, amable y afable, así que lo que acababa de escuchar no tenía sentido para ella.

Estaba tan sumergida en el caos de sus pensamientos, sin poder asimilar las cosas con claridad, que quedó en shock cuando la puerta del estudio se abrió repentinamente.

El pánico se apoderó de su ser cuando sus ojos se encontraron con los de su esposo, quien aún tenía el teléfono pegado a la oreja.

"Tú... tú...", comenzó la chica, inmóvil al notar la mirada de desprecio que el otro le daba.

El hombre tenía un semblante inexpresivo, y sus ojos la miraban peligrosamente, como los de un tigre que está listo para atacar. Recorrió con la mirada a su esposa, quien aún seguía confundida.

Después de un minuto que fue como una eternidad, todo seguía en silencio. Ni siquiera sonaba la otra voz al otro lado de la línea, dando la impresión de que la llamada había terminado.

Tracy se sintió muy asustada repentinamente. No sabía exactamente por qué estaba tan nerviosa, pero su instinto le decía que era muy extraño que su cruel esposo la mirara tan fijamente y en silencio.

Pasado un momento, la razón de su miedo fue revelada, confirmando sus instintos.

"Ella está en mis brazos incluso ahora. ¿Quieres escuchar su desesperación y sus gritos histéricos?", preguntó Brody. Dicho eso, tiró de la joven, cerró la puerta de golpe y la empujó contra la pared.

La pregunta repentina rompió el silencio e hizo que Tracy palideciera al instante.

Aparentemente, no había colgado la llamada en absoluto.

"¡Desgraciado! ¡¿Cómo te atreves...?!", la voz enojada de Horace Su sonó desde el otro extremo de la línea. Estaba completamente angustiado.

"¡Suéltame!", la chica luchaba presa del pánico, pero su voz permanecía tan baja como el sonido de un mosquito.

"¿Tienes miedo de que tu padre escuche tus gritos? ¿Por eso hablas en voz tan baja? ¿No quieres que oiga cómo te estoy lastimando?", le susurró el otro al oído, apartando el teléfono.

"¡Desgraciado!", replicó ella, reprimiendo su tono de voz humillado y mirándolo fijamente con resentimiento y rechazo.

El insulto simplemente sirvió para agitar más a Brody, quien arrojó el celular sobre el escritorio no muy lejos de ellos y, enojado, espetó: "¿Cómo te atreves a presentarte ante mí vestida de esta forma tan informal? ¡¿Qué diablos estás pensando?! ¡Perra!".

Ella se sorprendió completamente al oírlo. Mirando fijamente sus ojos oscuros, levantó la mano inconscientemente para tirar de su pijama, pero él le apretó la muñeca y la empujó con rudeza contra una esquina.

El sentimiento de abyecta humillación la invadió como una ola. Con rostro lloroso, suplicó:

"¡Déjame ir! ¡No hagas esto!".

Sin embargo, su voz impotente todavía no podía despertar la compasión del hombre.

"¡Tienes que complacerme cada vez que yo te desee!", espetó él despiadadamente, sin dejar espacio para que ella reaccionara.

"¡No, no lo hagas eso!", la chica comenzó a llorar amargamente, tirando suplicante de la ropa del otro con sus manos frías e indefensas.

Pero ni siquiera su llanto provocaba remordimiento en este hombre de corazón frío;

en cambio, satisfacía su necesidad de venganza.

"¡Ponte de pie!", ordenó él, levantándola del suelo al mismo tiempo.

Ella gritó en voz baja durante un rato, negándose, pero solo despertó aún más el gran odio que envenenaba el alma del otro, quien la soltó repentinamente, haciéndola colapsar en el suelo. Brody la miró con frialdad y le preguntó: "¡¿Ni siquiera puedes pararte?!".

Cuando Tracy levantó la cabeza para responder, la humillación y el dolor en sus ojos ya habían desaparecido.

Dándole una sonrisa amarga, dijo: "Haz lo que quieras. Si eso te hace feliz, adelante".

Lo miraba sin parpadear, sonriendo de oreja a oreja.

No podía creer que este hombre era su esposo. Su esposo.

"Pero te juro... que te arrepentirás", agregó en un tono pausado pero firme.

Al oír sus palabras y ver sus lágrimas, un nuevo sentimiento surgió en el corazón de Brody, que no le gustó para nada.

Tracy, por su parte, salió de la habitación y cerró la puerta, dejando solo al hombre desalmado.

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