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Portada de la novela Trampas Amorosas

Trampas Amorosas

Lo que debía ser la boda soñada de Tracy se torna en una pesadilla cuando Toby, su esposo, confiesa que solo busca vengarse de los crímenes de su suegro. Tras ser martirizada y usada cruelmente como el reemplazo de un viejo amor, ella escapa decidida a no regresar jamás. Sin embargo, el destino los cruza de nuevo cuatro años más tarde. Tracy enfrentará el dilema de sucumbir a la oscura obsesión de Toby o lograr superar las heridas de aquel pasado traumático.
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Capítulo 3

Pese a que la noche estaba completamente cubierta de neblina, las luces brillaban intensamente. En uno de los suburbios de la Ciudad C, se encontraba el 'Kylin Entertainment Casino'. Este era el lugar de entretenimiento exclusivamente dirigido para las personas de la clase alta.

Frente al enorme local, y vestida con ropa informal, se detuvo Tracy, que lo pensó por un rato antes de entrar.

A ella le encantaba apostar. Más que por diversión, lo hacía como una manera de desahogarse. Era su forma de liberarse de todo cuando no se sentía bien.

La extravagancia del casino se podía describir como lleno de esplendor, en un sentido majestuoso y próspero. Por ello, no se exageraba al llamarlo 'Palacio Real'.

La chica caminó alrededor de la resplandeciente habitación, y luego se dirigió directamente hacia la ostentosa zona VIP, la cual consistía de una serie de salas privadas donde tan solo unos cuantos pertenecientes a la clase alta de la Ciudad C estaban calificados para ingresar.

Al ser una visitante frecuente de aquel sitio, nadie se atrevió a impedirle el paso o desafiarla cuando ingresó a una de las salas privadas.

Simplemente, abrió la puerta y entró al lugar. Muchas de las personas que se encontraban en la mesa de apuestas, levantaron la mirada y clavaron sus ojos en ella.

No obstante, debido a la regla del casino que indicaba no hacer ningún tipo de ruido, la mayoría de las personas solo volvieron a bajar la cabeza, luego del impacto inicial, y continuaron sumergidos en sus juegos.

Después de echar un vistazo alrededor de la sala, dirigió su mirada hacia el hombre que estaba sentado en medio de la mesa, mientras una sonrisa pícara se dibujaba en sus labios.

Sentado frente a ella, aquel hombre usaba una chaqueta casual. Su rostro era un poco indiferente y, sorprendentemente, imponente. Al verla, le devolvió una sonrisa maliciosa.

Cuando notó el significado y la provocación en los ojos del hombre, curvó un poco los labios y se acercó a la mesa.

De inmediato, entendió lo que estaba sucediendo en aquella mesa de apuestas.

Se trataba de un juego de azar, como cualquier otro.

El hombre que estaba frente a ella se trataba del banquero. Las personas estaban apostando la mayoría de sus fichas a los números 2, 3, o 4, pero nadie apostaba por el número 1.

Reflexionó un poco acerca de la expresión fría del hombre, entrecerrando los ojos por un par de segundos y, entonces, tomó aleatoriamente una ficha de una de las mujeres que formaban parte del juego y la colocó sobre el número 1.

"¡Entro con todo!".

La fresca voz de Tracy cortó en un segundo el ambiente silencioso y, en seguida, atrajo la atención de todos los presentes.

Las personas estallaron en un escándalo debido a la arriesgada apuesta de la chica, y, luego, siguieron palabras de lástima.

Aun así, el hombre sentado frente a ella, simplemente observaba su calmado, aunque afligido, rostro.

"¿Lo apuestas todo? ¿Cuánto tienes?", preguntó el hombre con una sonrisa profunda.

Su hipnótica voz calmó al instante el caos entre las personas, y las miradas complicadas y extrañas se clavaron en Tracy. Realmente, daba la impresión de ser una niña muy joven.

"No tengo mucho, solo mil millones", respondió la chica con una sonrisa ante la subestimación.

Sus palabras seguían causando bullicio entre los jugadores, aun así, el hombre la miraba sin emitir palabra alguna.

Eso no se debía a que Tracy hubiese hecho una apuesta muy grande. Después de todo, cualquiera que entrara al 'Kylin Entertainment Casino' era adinerado. Lo que estaban cuchicheando las personas era porque algo estaba mal con la apuesta de la chica.

Todos los presentes habían puesto sus apuestas en los números 3, 2, y 4, pero ella había apostado por el número 1. Era más que evidente que perdería, aun teniendo un montón de dinero, no podía simplemente tirar mil millones por la borda en una apuesta sin sentido.

"Niña, esto no es una broma. ¿Realmente quieres hacerlo?", interrogó el hombre.

La mujer que se encontraba al lado de Tracy, usando prendas lujosas, no pudo evitar reiterarle la locura de aquella decisión. Se preguntó si la niña sabía de verdad cómo se jugaba aquel juego, mientras sus ojos se inundaban de preocupación.

"Sí, estoy segura, apuesto al número 1", respondió con total confianza y firmeza, al tiempo que miraba a la dama a su lado.

Todos los jugadores se habían reunido y suspiraron profundamente, casi en sincronía.

Con una sonrisa reluciente en su rostro, Tracy dijo: "Señor Yan, es hora de que revele sus cartas".

El rostro del hombre tenía una expresión que reflejaba astucia, pero siguió sin decir nada. En su lugar, le indicó al repartidor que revelara el resultado.

Todos los presentes contuvieron su respiración y se mantuvieron en silencio por un momento...

El repartidor echó una mirada profunda a Tracy, luego de unos segundos, y dijo: "Es el número 1".

Al finalizar aquellas palabras, todas las miradas cayeron sobre la chica, primero impresionados, luego resonando en quejas.

"Ah, no es cierto... ¿Cómo pudo haber salido el número 1?".

"¡Dios mío! ¡Estoy perdido!".

El hombre sonrió, se puso de pie y se acercó a ella. Con delicadeza, puso su mano sobre la cabeza de la chica, y dijo: "Niña tonta, ¿por qué estás tan de mal humor?".

Haciendo caso omiso a las palabras del hombre, ella extendió su pequeña mano mientras exclamaba: "¡Dame mis mil millones!".

Sin poder evitarlo, él sonrió ante la obstinación de la joven, y preguntó: "¿Mil millones? ¿Estás segura?".

Con una sonrisa engreída, Tracy respondió: "Apostemos una suma más grande, ¿se atreve?".

Observaba atentamente el rostro encantador de aquel hombre, dedicándole una mirada de astucia.

El YS Group era una institución financiera famosa dentro de la Ciudad C, así como también lo era el YT Group. Tenía unos antecedentes y un récord de operaciones excelentes, estando a la par con el YT Group.

Ben Yan era el presidente del YS Group y, al parecer, tenía muy buen carácter. Era moderado y calmado. Su fuerza incluso lo había colocado en la lista de los magnates más poderosos de los negocios dentro de ese círculo.

Tracy recobró el sentido solo cuando Ben pasó a su lado y salió del lugar.

Tuvo que trotar un poco para poder alcanzar al hombre que caminaba en silencio delante de ella, omitiendo cualquier tipo de comentario, lo siguió hacia otra sala privada, pero esta se encontraba vacía.

"Dime, ¿qué pasa?". Al entrar, la puerta se cerró sin hacer ruido, y los ojos negros del hombre se posaron sobre los suyos que estaban llenos de tristeza.

Por un instante, la preocupación en el rostro de él desapareció.

De cualquier manera, tan pronto como Tracy escuchó las palabras de Ben, la cara diabólica de Brody volvió a aparecer en su mente. Hizo un esfuerzo por sobrellevar la amargura de su pecho, al tiempo que recordaba lo que había escuchado decir a este último.

"Ben, ¿conoces a una mujer llamada Juliet?", interrogó finalmente la chica, intentando cubrir el fuerte dolor mientras miraba fijamente a Ben.

"¿Juliet?", repitió él asombrado, sus ojos negros y calmados parecía haberse oscurecido aún más.

"Sí la conoces, ¿no es así?", dijo ella firmemente. No estaba dispuesta a permitir que él no le dijera la verdad, y cuando notó que la luz se fue de sus ojos su esperanza renació.

"No, no la conozco", respondió Ben sin más, y luego se sentó en el sofá junto a la puerta, no parecía estar dispuesto a seguir hablando.

"¿Ella está relacionada con mi padre?", insistió Tracy, como experimentando.

No obstante, Ben siguió en silencio total, y su rostro se tornó mucho más sombrío.

Ella se decepcionó mucho al ver que el hombre no tenía intenciones de responder, así que, se dirigió hacia la puerta, dispuesta a irse.

"Entonces, será mejor que me vaya".

La puerta ya estaba a medio abrir y el hombre seguía sin responder absolutamente nada, por lo que, con determinación, tomó la decisión y caminó fuera de la sala...

"Ella está muerta".

"¿Muerta?", repitió Tracy impactada al escuchar aquello. Entonces, la mayor parte de lo que logró escuchar al mediodía, era verdad.

Las lágrimas inundaron sus ojos al instante. Cómo esperaba que Brody no la hubiese estado torturando debido a eso.

"Ella era la novia de tu esposo, pero tu padre... la asesinó".

Su corazón se contrajo al escuchar algo que no había querido creer, de manera involuntaria, dio un paso hacia atrás.

'Mi padre fue el causante de su muerte. Debió haberla violado y la hizo caer por las escaleras. De ser así, no me extraña que Brody me odie tanto', pensó la chica.

La expresión de Ben cambió, dejando un rastro de dolor, al notar el cambio de humor de la chica, luego, se levantó y caminó hacia la puerta. Al pasar junto a ella, dijo con total frialdad: "Necesitas desahogar tu furia".

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