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Portada de la novela Demasiado tarde para el arrepentimiento: la heredera talentosa

Demasiado tarde para el arrepentimiento: la heredera talentosa

Evelina cuidó de Carlos durante tres años de ceguera, pero al recuperar la vista, él exige el divorcio para volver con su antigua novia, despreciando su sacrificio. Ella se marcha sin protestar, ocultando que en realidad es una doctora brillante, experta financiera y la única heredera de un magnate. Mientras la verdad sale a la luz y el arrepentimiento consume a Carlos, un hombre influyente surge para protegerla, impidiendo cualquier intento de reconciliación.
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Capítulo 3

Evelina pasó tres días seguidos recuperando el sueño perdido en la lujosa suite presidencial de Cristina.

Aparte de breves pausas para picar algo, apenas se movió, mientras su amiga incluso le aplicaba mascarillas faciales rejuvenecedoras.

En la mañana del cuarto día, Demi llamó inesperadamente para pedirle a Evelina que fuera a la Mansión Gibson.

No le resultó difícil adivinar el motivo de la llamada: sin duda, se trataba del divorcio.

Cristina, sin embargo, sospechaba algo más.

"Dudo que sea tan sencillo", comentó. "Al parecer, Flora Russell, la nieta mayor de la influyente familia Russell, se quedó ciega hace poco tras sufrir una grave lesión en la cabeza. La familia ha agotado sus opciones con especialistas de renombre y ahora está buscando desesperadamente a la escurridiza protegida de Landen Mitchell, la Tejedora.

El propio Gaspar Russell llegará a Aglonard para supervisar la búsqueda personalmente. Demi es la única que conoce tu verdadera identidad, y me preocupa que intente...".

Evelina la tranquilizó rápidamente. "Demi ha jurado que nunca revelaría mi identidad. No te preocupes por eso".

Cristina se mantuvo cautelosa. "Solo asegúrate de que la familia Gibson no vuelva a aprovecharse de tus habilidades".

"Tendré cuidado", respondió Evelina con firmeza.

Como Cristina aún no estaba convencida, sentenció: "No te reunirás con ellos con ese aspecto".

Justo después del desayuno, convocó a su equipo de belleza privado. "Su misión: revivir a nuestra bella durmiente".

Y vaya si lo hicieron. Tras un descanso adecuado, Evelina se asemejaba a una flor marchita que por fin recibía la luz del sol. Su piel lucía luminosa, sus facciones radiantes, y el cansancio que había nublado su mirada durante años desapareció por completo, dando paso a una claridad y un encanto renovados.

Con un refinado vestido de coctel y un maquillaje sencillo pero de buen gusto, la transformación de Evelina fue drástica.

Cristina se quedó sin habla durante unos instantes antes de exclamar: "Carlos debió de estar completamente ciego para cambiar a una diosa por una mujer como esa".

Puntualmente, el vehículo con chofer de la familia Gibson llegó frente al hotel.

Asher, el mayordomo de toda la vida de la familia, vino personalmente a acompañarla. Al principio, no reconoció en absoluto a Evelina.

La miró con incertidumbre hasta que ella lo saludó, y entonces la reconoció de golpe. "¿Señora Marsh?", tartamudeó. "Se ve absolutamente extraordinaria".

En menos de media hora, el vehículo llegó a la Mansión Gibson, y Asher salió rápidamente para abrirle la puerta con cortesía.

"¿Es la señorita Russell en persona?". Margot se apresuró hacia adelante, con una expresión que cambió al instante a una de adulación.

Hoy llegaba Gaspar, y Margot se había arreglado con esmero desde primera hora de la mañana, ansiosa por captar su atención.

Esperaba que solo apareciera él, por lo que no se imaginaba encontrar a una mujer tan impresionante en la puerta.

Con esa gracia y confianza, ¿quién podía ser sino una Russell?

"Margot, quizá deberías revisarte la vista". El tono de Evelina era cortés, pero con un inconfundible matiz de desdén.

Margot se quedó con la boca abierta. "¿Eres tú?", susurró con incredulidad, mientras la examinaba de cerca con una envidia visible.

En ese preciso instante, se acercó otro vehículo. Carlos salió con elegancia, acompañado de Esme.

Su mirada se posó en la recién llegada y se detuvo en seco, completamente cautivado.

Solo habían pasado unos días, ¿cómo se había transformado de forma tan asombrosa? Evelina irradiaba una belleza natural y cautivadora.

Al notar el asombro de Carlos, Esme apretó la mandíbula, aunque mantuvo su suave sonrisa. "Esa es tu exesposa, ¿verdad?", dijo en voz baja. "Ya que nos la encontramos, podrías saludarla. Debe de haber sido un reto para una huérfana como ella seguirte hasta aquí".

Esme habló en voz baja, pero cada palabra era más hiriente que una bofetada, actuando como si ella, y no Evelina, fuera la verdadera señora Gibson.

Sacada de su ensoñación, Margot estalló inmediatamente en ira. "¡Evelina! ¿De dónde sacaste el dinero para vestirte así? ¿Usaste las cuentas de Carlos para pagarte ese cambio de imagen y ese vestido de diseñador?".

Incluso Esme había optado hoy por la sencillez, evitando llamar la atención innecesariamente. Ver a Evelina robarse el protagonismo sin esfuerzo era insoportable para ella.

Dudó un instante antes de escupir con rencor: "Mírate, vestida como una zorra. ¿Intentas recuperar a Carlos? ¡Ilusa!".

Furiosa, se lanzó hacia adelante, con las uñas extendidas con saña hacia el vestido y el cabello de Evelina.

Asher intervino con firmeza: "¡Señorita Gibson, por favor! Hoy hay invitados importantes, este no es un comportamiento apropiado para alguien de su familia".

Ignorando la súplica del mayordomo, Margot gritó con furia: "¡Te destrozaré esa cara de presumida!".

Sin perder la compostura, Evelina levantó tranquilamente su celular, grabando la rabieta de su excuñada. Con fría confianza, respondió: "Sigue. Vamos a mostrarle a Gaspar Russell lo refinada que eres en realidad".

Margot se quedó paralizada al instante, con los ojos muy abiertos. Su amenaza se ahogó en su garganta y se trocó en una mirada fulminante. "¡No te atreverías!".

Cambiando de estrategia, Margot se apoyó teatralmente en Esme, fingiendo vulnerabilidad. "Esme, por favor, protégeme. Pronto seremos familia, tienes que defenderme".

Enfatizó deliberadamente la palabra "familia", con la intención de molestar a Evelina.

Tiernamente, Esme acarició el cabello de Margot como si estuviera consolando a una niña. "No pasa nada. Nadie te hará daño mientras yo esté aquí".

Evelina soltó una risa brusca: "¿Dónde están Demi y Elora Gibson? ¿Desde cuándo los extraños imponen las reglas en esta casa?".

La expresión de Esme se puso rígida.

Esa no era la dulce Evelina que todos esperaban. ¿Cómo había desarrollado una lengua tan afilada de repente?

Margot replicó rápidamente: "¿Quién es la extraña? ¡Tú eres la que no tiene nada que hacer aquí!". Volviéndose hacia Carlos, le reclamó: "¿Oíste lo que le dijo a tu prometida? ¡No puedes dejar que nos intimide así!".

Con una gracia practicada, Esme suspiró con suavidad. "No pasa nada. La señorita Marsh no tuvo padres que le enseñaran modales, no es su culpa. Carlos, por favor, no la culpes".

Evelina puso los ojos en blanco, claramente irritada por la insinuación de Esme.

Sin embargo, Carlos no vio nada de la frustración de su exesposa. A sus ojos, la suave tolerancia de su prometida solo amplificaba la perfección de esta última.

Dando un paso protector hacia Esme, Carlos la abrazó con cariño antes de volverse fríamente hacia su exesposa. Su voz fue cortante cuando dijo: "Si crees que causando problemas vas a ganar puntos, te equivocas. Es patético. Pídele disculpas a Esme ahora mismo".

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