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Portada de la novela Todas las cosas que aprendí contigo

Todas las cosas que aprendí contigo

Lina, una joven aplicada que busca independizarse, y Yerik, un heredero rebelde con fama de libertino, chocan por sus distintos estilos de vida. Ella decide escapar de la opresión de su familia, mientras que él es castigado severamente por su padre para que cambie de actitud. Obligados a compartir el mismo espacio, ambos deberán enfrentar sus diferencias. En este entorno forzado, la fricción constante podría convertirse en un vínculo sentimental profundo.
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Capítulo 2

Lina

Sentí como mi amiga me abrazaba de manera protectora, ninguna de las dos dijo ni una palabra en varios minutos, hasta que finalmente me decidí a hablar.

—¿Tú… escuchaste lo mismo que yo o solamente aluciné? —pregunté con un nudo en la garganta.

—Lina… tal vez todo sea un error, o escuchamos mal, no lo sé.

—Ellos… ellos quieren que me case con…

—Con el idiota de Erich… No, no escuchamos mal.

—¡Es que eso no puede ser Naty! Él es muy mayor para mí y… y yo quiero ir a la universidad, yo quisiera poder elegir por mi misma que es lo que quiero hacer. ¡Él es un patán, no quiero casarme con él, no Naty, no quiero!

—¡Shh! Calma Lina, calma… Lo sé y créeme que te entiendo, ¿cómo se les ocurre comprometerte con alguien sin siquiera decírtelo o consultarte?... Tal vez pueda haber algo que podamos hacer, no lo sé.

—¿Algo como qué? Estoy segura que por mucho que intente hablar con ellos, no querrán escucharme. ¡Nunca lo hacen! Siempre tengo que cumplir con lo que me dicen, tú escuchaste a mi madre, ella les aseguró a los Chernov que me casaría con Erich y solo faltan dos meses

para mi cumpleaños…

—Pues… No lo sé Lina… Estoy pensando, estoy pensando…

Rompí a llorar nuevamente, estaba en una encrucijada y mi mente en ese momento era un enredo. Naty estaba angustiada, ambas pensábamos qué hacer. Era increíble como la vida podía darnos giros así de nefastos.

Tocaron a la puerta, Naty y yo nos pusimos en alerta, pero tomamos unos segundos para tranquilizarnos. Me dirigí a mi baño a lavarme la cara que seguramente tenía roja y pegajosa por las lágrimas, mientras Naty atendía.

—Era tu nana, dijo que tus padres te estaban buscando… Quieren que bajemos a saludar a los Dolkolov, están conversando también con mis padres —dijo Naty en cuanto me vio salir del baño.

—Como si estuviera de humor para seguir saludando a sus socios…

—Sí, lo sé es estresante… Pero ellos no saben que ya sabemos sus planes, nos toca actuar nuevamente Lina. No te dejaré sola en esto, algo se nos ocurrirá.

Bajamos y allí estaban mis padres y los de Naty conversando con un matrimonio que no conocía, pero del que ya había escuchado una vez a mi padre mencionar. Se trataban de nuevos socios de las empresas de mis padres.

—¿Entonces, su hijo también se ha graduado? —escuché a papá preguntarle a aquel señor.

—Así es, regresa mañana desde San Petersburgo. Lo enviamos a estudiar allá cuando cumplió los quince, vivió con mi hermana y mi sobrino, pero con la muerte de mi hermana el año pasado, una buena amiga nuestra estuvo a cargo de él hasta ahora.

No quería interrumpir su conversación, mamá se enojaba muchísimo cada vez que llegaba imprudentemente mientras ellos hablaban con alguien, pero la esposa de aquel señor notó mi presencia y la de Naty, interrumpiendo así la charla que tenían en ese momento…

Cuando llegó a su fin el día, en lugar de sentirme aliviada por poder quitarme aquella máscara que siempre debía usar, me sentía miserable, muy miserable.

Mis propios padres querían entregarme a un idiota solo por negocios, lo que equivale a más dinero, ¿acaso solo eso es lo que valgo?

***************

Ha pasado un mes, el maldito peor mes de mi vida y todo porque mi madre se empeñó en hacer de mis días un infierno peor del cual ya estaba acostumbrada.

Permitió que Erich fuese a “visitarme” a casa en distintas ocasiones y en otras me obligaba a salir sola con él.

El muy canalla siempre intentaba propasarse conmigo, odiaba su maldita risita cada vez que quería tocarme o besarme, en todas y cada una de las ocasiones tenía que valerme de mi

misma y mi ingenio para impedir que lo hiciera.

Falta exactamente un mes para mi cumpleaños, hoy estoy en un salón de belleza con mi madre. No estoy segura, pues ella no me ha querido decir nada, pero creo que esta noche el patán de Erich “pedirá mi mano oficialmente”…

No me equivoqué con mi predicción, estamos en un lujoso restaurante de la ciudad donde en breves momentos ocurrirá todo el “circo” que han organizado mis padres y los Chernov.

Naty está aquí conmigo, mamá invitó a su familia para presenciar esta farsa.

Veo que Erich se pone de pie y se acerca a mi, me da la mano para que yo también lo haga. Dudo un poco, pero al ver la expresión de mi madre, me pongo de pie de inmediato y en seguida todos los demás desde sus mesas imitan mi acción.

La señora Chernova se cubre la boca con ambas manos cuando ve a su hijo hincarse en una rodilla frente a mi y mamá se abraza a mi padre.

Naty me mira con lástima en sus ojos, Erich dice algunas palabras a las que no les presto atención y veo como saca de uno de sus bolsillos, una cajita roja aterciopelada que abre

dejando ver en ella un anillo de compromiso que parece costoso por la esmeralda que porta.

Siento las miradas de todos sobre mi, yo no sé que hacer, tengo unas ganas inmensas de llorar y no por alegría, sino por angustia. Siento como algunas lágrimas escapan de mis ojos y no sé como, pero empiezo a correr en dirección a los baños del lugar.

Al llegar, paso directamente a uno de los cubículos a vomitar, detrás de mi siento llegar a Naty quien me sostiene un poco ayudándome apenas me ve y no han pasado ni dos minutos, cuando aparece mi madre. Escucho que le dice algo a Naty y ella se retira, dejándonos solas a

mamá y a mi.

—¡Espero que esta no sea una de tus actuaciones Alina! Has dejado al pobre de Erich desconcertado, esperando tu respuesta.

Diría que no puedo creer que ni siquiera me pregunte si estoy bien, pero ya la conozco… Salgo del cubículo y paso al lado de ella, directamente a los lavamanos, ella me mira con una ceja levantada, mientras lavo mi rostro.

—No estoy actuando mamá, yo… yo no me esperaba esto —claramente mentí— estoy bien, por cierto. Creo que… creo que reaccioné así por la sorpresa.

—Más te vale que así sea Alina… Ahora sal de aquí y ve a pedir disculpas a todos, en especial a Erich que de seguro pensó que hizo el ridículo.

—S-si mamá, como digas…

Intenté salir antes que ella, pero me tomó fuerte del brazo y tuve que detenerme a escuchar que más me diría.

Me obligó a mirarla a los ojos.

—Espero que aceptes su propuesta, no tienes opción Alina. Acepta a las buenas y con una sonrisa tal y como siempre te he enseñado, porque sino te obligaré a que aceptes por las

malas.

Solo pude asentir y fingir una sonrisa, soltó mi brazo, pero caminó conmigo a mi lado como si nada hubiera pasado. Sentía un nudo en la garganta y la impotencia me invadía el cuerpo,

tuve que hacer lo que me dijo y al final acepté.

Todos aplaudían, mientras yo volvía a tener ganas de vomitar al sentir en mis labios que mi primer beso, me lo estaba dando aquel imbécil con el que me debía casar…

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