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Portada de la novela Todas las cosas que aprendí contigo

Todas las cosas que aprendí contigo

Lina, una joven aplicada que busca independizarse, y Yerik, un heredero rebelde con fama de libertino, chocan por sus distintos estilos de vida. Ella decide escapar de la opresión de su familia, mientras que él es castigado severamente por su padre para que cambie de actitud. Obligados a compartir el mismo espacio, ambos deberán enfrentar sus diferencias. En este entorno forzado, la fricción constante podría convertirse en un vínculo sentimental profundo.
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Capítulo 3

Yerik

Tenía que disfrutar mi última noche lejos de mis padres, aquí en San Petersburgo. Había salido con Kat, mi mejor amiga, a pasarla bien en una de las tantas discotecas que solemos

frecuentar.

Hemos podido por fin terminar el instituto y mañana tendremos que volver a Moscú. Esta tarde he recibido una llamada de mi madre felicitándome por mis calificaciones, me hubiese gustado más que hubiera podido estar aquí, pero sus negocios a veces van primero que yo.

Mi padre es muy entregado a sus negocios pues la empresa es su mayor orgullo, mamá lo apoya en la administración, pero es ella quien está más pendiente de mi siempre.

Papá solo sabe dar órdenes, pero no me quejo, me da todo lo que le pido y para mi eso es

más que suficiente, puedo hacer lo que se me dé la gana.

No soy de tener muchos amigos, la verdad es que además de Kat no tenía a nadie más, solo personas conocidas que no llegaban a ganarse por completo mi confianza, y a menos que fuese algún novio de turno de ella, prefería a las chicas como amigas, menos competencia para mi y menos drama machista de insectos inútiles que quisieran compararse conmigo a la

hora de ligar, arte que yo domino a la perfección…

En comparación con otras noches de fiesta, esta estaba siendo bastante aburrida para mi gusto. Estábamos en una mesa lo bastante apartada como para tener una vista completa del lugar, lo cual me facilitaba mucho las cosas al fijar mis ojos en mis posibles objetivos de la noche.

—¡Aish! Estoy tan aburrida Yerik, deberíamos irnos a otro lugar con mejor ambiente.

—Hace media hora iba a sugerirte lo mismo.

—¿Pero?... No me digas. ¿Ya tienes a alguien en la mira?

—¡Exacto! ¿Ves a la pelirroja que está con el grandulón y los otros inútiles a tu izquierda? Parece igual de aburrida que nosotros.

—¿Qué rayos estás pensando? Esa tipa está con ellos y ese grandulón parece su novio.

—¿Y qué? ¿Acaso yo quiero algo con el novio?

—No seas imbécil Rik, sabes a lo que me refiero.

—No seas aguafiestas Kat, esa pelirroja no es precisamente una santa, ya la he pillado varias veces mirándome y hasta hace poco me estuvo coqueteando sin disimulo alguno.

—¡Ajá, como digas! ¿Y que piensas hacer?

—Sacarla de aquí obviamente, ya se me antojó.

—¿Y como se supone que harás eso?

—Ten mis llaves, espérame en la entrada con el auto listo para irnos en cuanto me veas salir de aquí con ella.

—¡Que carajos! ¡Oh no, no, no Yerik! ¿Estás loco?

—Tú solo hazlo, ¿si? ¡no me hagas pedírtelo por favor, Kat!

—¡Pues deberías! Me vas a deber una luego de esto.

Un poco enfurruñada, Kat accedió a la petición que le hice. Ahora solo tenía que esperar una distracción por pequeña que fuera de aquel imbécil que, teniendo a su lado a tal pelirroja con unas tetas diez de diez, parecía más interesado en sus amigotes que en su chica.

¡Ah! Que idiota es este tipo, si supiera que en unos minutos le bajaré a su novia por inútil. Las rubias siempre han sido mi debilidad, pero las pelirrojas, ¡esas son mi perdición!

Me percato que el grandulón está dejando su mesa, al parecer se está acercando a la barra y los otros inútiles están ignorando a la pelirroja.

¡Esta es mi oportunidad!

Me levanto de mi mesa y camino con paso firme hacia ella, ya se ha dado cuenta que la estoy mirando fijamente y acomoda un mechón de su cabello tras su oreja mientras me sonríe.

Por más que quiera mirarla a los ojos, mi mirada se desvía a su escote y sí, ya sé que estoy actuando impulsivamente, pero ya me he salido con la mía antes y esta vez pienso hacerlo también.

—¿Estás aburrida? —le pregunto directamente.

—Mucho —responde ella, luego de mirar en dirección a la barra.

—¿Qué te parece si vamos a otro lugar más entretenido?

—Pero… —ella duda un segundo—. Ni siquiera te conozco.

—Eso lo podemos solucionar fácil… —tomo su mano delicadamente y depósito un beso en ella sin dejar de mirarla—. Soy Yerik, quien te ofrece librarte de estos inútiles esta noche.

La veo sonrojarse un poco, pero claro, esa acción solo provoca que me pregunte como se verían otras partes de su cuerpo con ese mismo color… Bien, tenía que relajarme un poco, empezaba a calentarme y ella aún estaba dudando si irse conmigo o no.

¡Quién la viera hace un rato provocándome y coqueteándome y ahora hasta parece tímida! Seguro que en la cama es una desinhibida, necesito comprobarlo.

—Oye Marlene, ¿quién es el imbécil con el que hablas?

—¿Te está molestando o es que otra vez andas de zorra?

Y como no podía ser de otra manera, los insectos que están con la pelirroja y el grandulón ya se dieron cuenta de mi presencia.

¿Pues que está esperando ella para darme una respuesta? Fijo, al menos yo la trataría mejor que estos patanes, aunque me vaya a olvidar de ella al día siguiente.

—¡Que raro, creo que escucho voces, pero no veo a nadie! —digo haciéndome el gracioso y ella ríe ignorando a los insignificantes esos.

—¿Te crees muy gracioso, idiota? —responde uno de ellos acercándose a mí.

—¿Vienes conmigo? La pasaremos bien —ignoro el intento por intimidarme de esos dos y me dirijo a ella tomándola de la mano y guiñándole un ojo.

—¿Quién mierda eres tú? —escucho una voz áspera tras de mi y me volteo lentamente.

¡Oh, oh! Es el grandulón, me mira como si quisiera matarme y la mira a ella aún más fríamente. La pelirroja retrocede un paso cuando aquel tipo se acerca más y se suelta de mi mano instintivamente.

Lo siguiente pasa tan rápido que no me da tiempo a procesarlo bien y tengo que actuar sin pensar.

El grandulón me soltó un golpe seco y directo a mi ojo izquierdo que me hace trastabillar, yo sin saber que hacer, me le abalanzo encima y caemos al suelo entre más golpes, la pelirroja

intenta separarme del estúpido y es cuando veo que los otros dos vienen con todo sobre mi, pero en un movimiento rápido y aprovechando que se ha formado una guerra campal en el lugar, tomo de la mano a la chica y empezamos a correr hacia la salida.

El grandulón sale de la nada intentando alcanzarnos, pero ya estamos fuera donde Kat está en mi auto esperándonos y abre la puerta de los asientos traseros para que salgamos rápido de allí.

Me subo primero y luego la chica, quien antes de alejarnos a toda velocidad le grita algo a aquel sujeto.

—¡Puedes pudrirte en el infierno, Vlad!

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