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Portada de la novela Tentado a tocar.

Tentado a tocar.

Bastian Derrick siempre puso su orgullo por encima de todo, en especial ante Dylan Henry, la irritante joven que no dejó de molestarlo en el pasado. No obstante, los años han convertido a esa niña en una mujer que ahora sacude sus cimientos y domina su mente. Lo que inició como una hostilidad mutua evoluciona hacia un juego arriesgado donde las normas pueden fallar. ¿Lograrán contener el deseo y evitar caer en la tentación definitiva?
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Capítulo 3

Caminaba en su habitación de la planta baja ansioso por lo que pudiese estar haciendo Dylan en la suya. Tenía conocimiento del odio que tenía sobre ella, y la dificultad que tenía tener que soportarla, pero tocarla y hacerla retorcerse del placer lo hacía tener líos en la cabeza.

En las dos cabezas, pero más específicamente en la de abajo.

Seguía sin creer el increíble atractivo que ahora tenía la azabache, hermosa, y seductora, la chica también tenía consciencia de lo que era y de lo que causaba en cualquier hombre, es por ello de que se daba el lujo de volverlos locos y por lo que desde que lo supo, se dedicó a conseguir lo que quería de esa manera.

El cenizo tomó asiento en el borde de su cama, llevó las manos a la cabeza. No podía sacarla de sus pensamientos, si fuese un horario aceptable para salir estaría en algún bar buscando a cualquier mujer para liberar su libido, pero aunque sí era horario para ir a algún bar clandestino, no se atrevía a sacar un pie de su habitación.

No durmió hasta bien entrada la noche, y cuando luego decidió salir a correr antes de que el sol saliera, la vio entrar a la casa con la misma ropa que la noche anterior, pies descalzos y ansiosa de que alguien la escuchase.

Bastian estaba seguro de haberla visto entrar la noche anterior a la casa, pero ni siquiera quería imaginarse cómo es que había logrado escapar sin que nadie la escuchase.

—Juraba que estabas en tu habitación —Dylan se sobresaltó al intentar subir por el árbol frente a la casa y sonrió levemente al ver al hombre acercarse, en la oscuridad la única luz que apenas los cubría era la luz del pórtico, no sabía ni siquiera por qué debía enfrentarlo, pero algo dentro de ella la hizo acercarse para mentir y es que era lo único que lograba hacer.

—Bueno, lo estaba, pero salí un rato con un amigo —Bastian cruzó los brazos sobre su pecho y aprisionó toda sorpresa de la chica sobre si sus brazos eran tan duros y grandes como se notaban. Enarcó una ceja, no supo cómo interpretar la mirada que inspeccionaba su cuerpo y exhaló largo—. Sólo fuimos a tomar un poco, me acaba de dejar sobre la avenida, sólo caminé unas cuantas cuadras.

—Así que, es irresponsable tu amigo al dejarte caminar unas cuantas cuadras largas hacia la casa, ¿qué edad tiene? —Dylan se encogió de hombros y farfulló unas cuantas cosas—. ¿Qué?

—Tiene tu edad —respondió finalmente.

—Así que, sales con un hombre que es mayor que tú por tres años —Dylan asintió con la cabeza muy en alto—. Y que, en lugar de velar por tu seguridad, prefiere dejarte a la deriva en la avenida.

—Hiciste un verso... —el hombre de ojos verdes hizo una mueca de enfado, para su sorpresa el saber que salía con alguien mayor a ella lo hizo enojar, ni siquiera alguien mayor, sino que estaba saliendo con un hombre, y por su aspecto seguramente habían tenido sexo—. Mira, no te molestó masturbarme, y eres de la misma edad, así que no vengas a decirme que salí con alguien mayor.

—Eres una necia, al menos entra por la maldita puerta.

Regañada hizo lo que él pidió. En cuanto entró subió escaleras con gran rapidez molesta por la manera en que le había reclamado salir con su mejor amigo Raphael, si tan sólo supiera la gran persona que era, no le importaría que saliera incluso sin regresar en dos días.

Rio mientras se desnudaba en el camino hacia su cama, no había tiempo para bañarse, quería dormir hasta altas horas de la tarde y es lo que haría.

—Puede que sea la peor idea que has tenido en años —reclamó Bastian horas después hacia su padre.

—Bueno, tener Tinder no es mala idea en estos tiempos, además de que sigo tan guapo como cualquier joven —una risa profunda salió de la garganta del joven—. En verdad, que si te ríes de tu padre una vez más haré que te vayas de la casa.

—Podría irme ya, pero estoy más cómodo aquí —el Derrick mayor asintió en burla, podía hacerlo, tenía las solvencia económica, pero no tiene interés alguno en conseguir algún lugar para vivir, más que ahí junto a su padre.

¿Qué era lo que hacía? Pues no era más que un diseñador de automatización, se dedicaba a realizar máquinas, arreglarlas y ser básicamente el sustento de la empresa en la que trabajaba y para su suerte, no siempre lo requerían en el lugar, sólo en ciertas situaciones en las que le pagaban miles de dólares sólo por saber qué arreglar o cómo realizar un programa.

— ¿Dylan no se ha levantado? —Bastian negó observando el celular, tampoco tenía interés en saber si ya lo había hecho o no, posiblemente una vez más no se encontraría en su habitación como la noche anterior.

No quería llamarla irresponsable, después de todo eso no era de su incumbencia, después de todo no eran más que familia a fuerzas, su hermana... Un intenso dolor en su entrepierna se encendió al imaginarla hacer pucheros como una hermana para tomarla por detrás, ¿cómo es que su sucio pensamiento con un familiar apareció de pronto?

Soltó un suspiro y entonces habló.

— ¿Se quedarán mucho tiempo? —Francis negó nervioso.

—Sólo unos cuantos días, después de todo Naomi sólo vendrá para una entrevista de trabajo.

— ¿Entrevista? Oh, rayos, ¿en la empresa? No me digas por favor que la tendremos aquí más seguido.

—Bueno, acabo de encontrar entonces la manera para que ya te mudes de mi casa.

Hizo un chasquido con la boca y observó a su padre salir de la casa, no era en definitiva cómo quería empezar la mañana.

—Buenos días —comentó la chica bajando de las escaleras, de manera instintiva giró un poco para poder verla.

— ¿Intentas provocarme? —ella rio falsamente acercándose hacia el refrigerador, en esos precisos momentos no tenía ni ganas intención ni siquiera de verle, salvo para hacerlo rabiar.

—Somos hermanos, creo yo que eso de andar tocando a tu hermana, no es lo correcto —se excusó vertiendo un poco de leche en un vaso, él sólo le veía impaciente—. Además de que sigues siendo aquel pedante adolescente "Me creo mejor que ustedes."

Él enarcó una ceja, es que sí era mejor que todos, pero no seguiría el juego que ella tenía, de fingir ahora ser hermanos cuando él estaba seguro de que ella se moría por tocarlo tanto como él también lo hacía. Divagó unos segundos en el cuerpo de la mujer, su pijama o lo que se podría llamar como una, era un brassier de encaje azul oscuro cubierto por apenas una camiseta blanca transparente, junto con las mismas bragas de color similar que había visto cuando masajeó su cuerpo en el sofá.

—No terminamos el trato, ¿sabes? —ella elevó la cabeza asintiendo, no lo habían ni siquiera platicado, ni siquiera sabía en qué estaba pensando para pedirle tener un trato tan lujurioso, pero siendo Bastian no le molestaría que así fuera—. Quieres que te coja.

—Cuando lo dices tú suena tan extravagante —Bastian rio dejando el celular sobre la isla de la cocina y elevó las cejas pícaro—. Sí, hagamos ese trato, sólo que hay una condición.

Él entonces frunció el ceño, no podían existir condiciones cuando se trataba de tener sexo, ni siquiera sabía cuál podría ser, y meneó la cabeza en desaprobación, si saciaría su sed de ella haciendo lo que quería, entonces no le molestaría jugar un poco. Cruzó los brazos sobre el pecho tambaleando la silla hacia atrás, Dylan esperaba ansiosa su respuesta.

—Parece razonable, ¿qué es lo que quieres? —ella bromeó tocando su barba para fingir pensar lo que quería, pero por supuesto que ya tenía en mente la condición.

Bastian era un hombre orgulloso y regio, no dejaría que su imagen fuera manchada así se tratara del sexo. Se le notaba que era reservado y mantenía el perfil bajo si era sobre de arruinar su reputación, toda la vida había sido así y por supuesto que esta vez, no sería diferente.

—Mi condición es que me llevarás a donde yo quiera —él asintió una vez más, no parecía tan mala idea, después de todo le gustaba manejar—. Y en su defecto, hacerlo dónde, cómo y cuándo yo te lo pida.

Agregó ahuyentando todo asentimiento en el rostro del hombre, ¿ser salvaje y hacerlo hasta en las piedras? Negó con el ceño fruncido, no podría siquiera exponerse de esa manera.

—No, para nada, ni lo pienses.

—Mi oferta sigue en pie, será divertido —mencionó caminando hacia las escaleras una vez más—. Piénsalo, cariño, con la cabeza —Bastian rodó los ojos—. No esa, mejor con la de abajo.

Le guiñó un ojo antes de subir las escaleras hambrienta de lo que él pudiera hacerle, en su lugar sólo la observó, una trato intrigante, ella le conocía, sabía que no aceptaría, pero si estaría ahí de ahora en adelante, entonces él podría divertirse un rato y mudarse de una buena vez por todas.

Frunció el ceño, dejar entonces su figura serena frente a su padre y ser un animal salvaje junto a ella, un perro buscando aquel mínimo instinto.

Por supuesto entonces que aceptaba.

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