Portada de la novela Tentado a tocar.

Tentado a tocar.

9.7 / 10.0
Bastian Derrick siempre puso su orgullo por encima de todo, en especial ante Dylan Henry, la irritante joven que no dejó de molestarlo en el pasado. No obstante, los años han convertido a esa niña en una mujer que ahora sacude sus cimientos y domina su mente. Lo que inició como una hostilidad mutua evoluciona hacia un juego arriesgado donde las normas pueden fallar. ¿Lograrán contener el deseo y evitar caer en la tentación definitiva?

Tentado a tocar. Capítulo 1

—Dylan llegará en una hora, debes ir por ella —su padre Francis Derrick, una montaña en ciudad, su altura afortunadamente fue heredada, pero no tanto como su encanto y empatía por las personas, para Bastian no le era agradable tratar con personas, especialmente si se trataba de Dylan. Francis le miró con reproche al notar que sólo desvió la mirada para ignorar por completo lo que le estaba diciendo—. Y debes ir tú, Barrick no está, sabes perfectamente que tampoco maneja.

Sí, así es, Barrick Derrick, para su padre le pareció divertido hacer una combinación de nombres extraños para que seguramente la familia, amigos y desconocidos se burlaran de su hermano, aunque no le molestaba en lo absoluto, después de todo Barrick era irreverente e idiota, lo odiaba.

Incluso una vez más, a Dylan Henry, quien también se describía como una mujer sin vergüenza, es por ello por lo que su hermano y ella tenían tan buena amistad.

— ¿No puede tomar algún tipo de transporte que la traiga hasta este lugar? ¿Cómo se llaman? —entrecerró los ojos fingiendo pensar—. Oh sí, se llaman taxis, y hay muchos en el aeropuerto.

—Sólo ve por ella —reclamó una vez más su padre al verlo levantarse para partir, no lo dejaría irse a menos que hiciera lo que le decía, y entonces supo cómo hacerlo fastidiar—. Recuerdo a un niño que le gustaba...

—Corrijo, nunca me gustó, sólo era una niña interesante, una tonta, muy torpe, estúpida, distraída niña.

Otra cosa más en su lista no negaba que era adorable de niña, más si él era más grande que ella, en los dos sentidos tanto de edad como de altura, y alguien tan pequeño y frágil le atrajo, especialmente porque siempre fue tan inocente y logró hacer con ella lo que quisiera.

No lo mal piensen, le pedía que trajera cosas tal como un perro, o masajear su espalda luego de terminar sus prácticas de béisbol.

—Deja de hacer un berrinche tan infantil y ve por ella —gruñó por última vez antes de salir de la casa para trabajar. Su padre era dueño de una pequeña empresa que los hacía ganar lo suficiente para que él pudiera darse sus lujos, así como su hermano que nunca se encontraba en casa sino viajando. Francis volvió a abrir la puerta y asomó su cabeza por unos segundos—. Y más te vale que la traigas en una pieza, porque su madre nos la ha encargado. Y quiero verlos temprano para cenar.

Bastian enarcó una ceja ante su amenaza y asintió finalmente. Dylan también siempre había sido eso, torpe y distraída lo cual ya confesó que sí le agradó en un principio, pero claro, sólo cuando eran niños, luego creció y comenzó a ser odiosa, al hombre de cabellos cenizos no le agradó y finalmente comenzó a alejarse, e incluso para cuando ella entró a la misma Preparatoria que él, decidió continuarla en una extranjera para no tener que soportarla. Barrick, por su parte era otro idiota que también se había vuelto odioso después de la muerte de su madre, es por ello por lo que creía que seguía viajando después de tanto tiempo.

Sus pensamientos lo llevaron a subirse al auto y dirigirse hacia el aeropuerto con la velocidad al mínimo, podía ir por ella, pero si en el transcurso de ese favor le hacía la vida imposible, lo haría.

Desde que tenía memoria su familia y la de Dylan se unió, e incluso más luego de la muerte del padre de la mujer, que también pensaba que conllevó a que ella fuera tan estresante. Veranos largos en la casa de los Henry, vacaciones, fiestas, reuniones, siempre estaban ahí. Afortunadamente ahora con sus 25 años tenía la decisión de no verlos y quedarse en casa el mayor tiempo posible o haciendo lo que fuera, menos ahí.

Llegó al aeropuerto una hora y media después, sólo para estacionarse y entrar por las puertas recibiendo toda mirada alguna de las mujeres. En un principio cuando conoció el poder que tenía sobre las mujeres le incomodó que eso sucediera, pero luego cuando su deseo creció no dudó ni un segundo en aprovecharse de eso, a cualquier mujer que quisiera tomar lo hacía y sin necesidad de sentirse mal, no había mujer que rechazara su cuerpo y eso le gustaba.

De casi dos metros, con cabello cenizo y ojos verdes, él sabía perfectamente que era eso, perfecto.

Observó el increíble repertorio que tenía frente a él, las mejores chicas que podía encontrar eran las recién llegadas al país, aquellas que sólo querían un tour hacia su miembro, sin rechistar ni problemas. La mirada del hombre se dirigió hacia una mujer alta de largo cabello azabache y un exquisito trasero redondo que meneaba al esperar su maleta. Vestida como una secretaria, sus deseos más intensos se incrementaron al imaginar a la mujer pasearse por una oficina y pedir por clemencia para un aumento.

Con aquel andante audaz y gracia, se acercó a ella, tocó su hombro y con una voz grave habló sobre su hombro.

—Bienvenida a Canadá —el aroma masculino entró por las fosas nasales de la mujer y una excitante punzada viajó a través de todo su cuerpo.

Ella giró sólo unos segundos para que su vista periférica se encontrara con el hombre que le hablaba. Enarcó una ceja cuando se dio cuenta de quién se trataba.

—El gran Bastian Derrick —sonrió de lado deslumbrando una sonrisa perfecta, que de manera similar el mencionado hizo, sólo que la suya era cínica.

— ¿Te conozco? —enmarcó una ceja imaginando si ese cuerpo ya se lo había comido antes y negó con lentitud recordando que en ningún momento aquellos brazos delicados le abrazaban con fervor pidiendo clemencia.

—No es posible que no me reconozcas —rio girando por completo. El hombre entonces la examinó una vez más, de hermosos ojos oscuros, labios carnosos que deseó probar, y una larga línea de piel que llevaba a una camisa nude con gran abertura en el área de los pechos—. Sigues siendo el mismo imbécil de siempre.

— ¿Disculpa? —preguntó intrigado, frunció el ceño enfadado y escrudiñó más en su rostro—. ¿Dylan?

—Ay mi amor, no es posible que no me hayas reconocido —Bastian volvió a echarle un ojo y enarcó las cejas en grande, no podía creer que aquella niña odiosa y fea, había perdido la "o" y ahora era una completa diosa, de largas piernas que imaginó tener como aretes—. Cierra la boca amor, las moscas pueden entrar. Trae mi maleta, estoy hambrienta.

Señaló su maleta con un dedo y comenzó a caminar tambaleando su exuberante cuerpo que sabía perfectamente estaría observando.

Y de pronto él también estuvo hambriento.

— ¿Cómo está Naomi? —murmuró intentando despejar sus pensamientos. Incluso dentro del auto no podía dejar de verla de reojo. La tenía ahí, sin saber cómo reaccionar y al verla quitarse los zapatos y colocar los pies sobre el asiento para que su falda entonces se ajustará para mostrar su profunda curva, supo que ella tampoco podía dejar de verlo, sabía perfectamente lo que hacía, de eso estaba seguro.

—Bien, dijo que llegaría la siguiente semana y me pidió venirme antes —Dylan elevó la mirada hacia él y sonrió con ternura. Bastian sólo logró asentir con la cabeza y continuar con la mirada hacia el camino—. ¿Y tú? ¿Qué hay de nuevo? Es decir, hay mucho de nuevo en ti, en especial porque te ves realmente bueno, en todos los sentidos, ¿qué talla eres de zapatos?

Resopló por unos segundos, seguía siendo aquella niña odiosa que no tenía pelos en la lengua para decir todo lo que pensaba. La miró por unos segundos y continuó en el camino.

— ¿Mi talla de zapatos? —preguntó incrédulo.

—Sí, ya ves que dicen que, con la talla de zapatos, puedes conocer el tamaño de su pene —ahogó un gruñido incómodo cuando terminó la frase y la volvió a mirar, ella sólo sonrió una vez más triunfante de hacerlo sentir nervioso, y es que Bastian ya se encontraba ansioso, y de pronto sonrió jocoso.

— ¿Y por qué no mejor me pides que lo saque para que puedas admirar su largo? —ella soltó un silbido al clavar la mirada en su entrepierna.

—Por la manera en la que se aprieta contra tu pantalón, puedo darme una idea —murmuró acercándose a él para pellizcar su miembro. Bastian se sobresaltó por unos segundos.

《La misma niña odiosa, más sexy y caliente. 》Su subconsciente delató sus intenciones, no quería contestar grosero, y si no era ello, sería otro tema que decidió hablar.

—También bailo bien, ¿sabes?

—Oh vaya, que rico —rio. Los hombres que sabían bailar seguramente tenían enormes posibilidades para ser increíbles en la cama—. ¿Es una invitación a bailar?

—Quisiera llevarte a bailar, sí —comentó divertido y despegó su mano derecha del volante sólo para colocarla sobre la rodilla de la chica, ella abrió un poco las piernas casi de inmediato. La mano de Bastian viajó con lentitud sobre su muslo interno hasta llegar al borde de su falda, le miró por sobre el hombro y sonrió de lado.

Aquella mirada la hizo derretirse y comprendió a lo que se refería, subió su falda un poco más hasta quedar al descubierto para él. Bastian bajó más la mano, y tocó la fina tela que ya se encontraba mojada, masajeó con tres dedos su cuerpo y la escuchó dejar escapar un suspiro.

Con la mirada en el camino, pero su concentración no estaba del todo ahí, sólo la quería ver retorcerse por el deseo, y gemir sobre su cuerpo.

Las delicadas manos de Dylan tomaron su brazo y supuso que era una invitación a seguir.

Retiró hacia un lado la tela de su ropa interior y tocó los pliegues de la mujer que soltó otro suspiro más, los abrió con dos dedos y el del medio comenzó a masajear su clítoris, presionando y moviéndolo con tranquilidad, en su lugar Dylan intentaba controlarse para que las personas fuera del auto no se dieran cuenta de lo que ocurría y en un semáforo, entre risas Bastian colocó el aire acondicionado cerrando las ventanas.

No sin dejar de hacer su trabajo de darle placer a la mujer a su lado, en cuanto las ventanas cerraron, ella recostó la cabeza hacia atrás y esperó a que la penetrara con el dedo—. ¿De verdad crees que lo voy a hacer?

Rio separando su mano para ponerla en su propia pierna observando el semblante molesto de la mujer.

—No me vas a dejar así, ¿verdad? —reclamó haciendo un puchero.

—Puedes tocarte, no juzgo —la miró por unos segundos y llevó sus dedos a la boca probándolos—. Exquisita.

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