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Portada de la novela Te Quiero, Más De Cien Años

Te Quiero, Más De Cien Años

Para salvar a su hermano, ella acepta una fortuna que la obliga a ser quien siempre odió. Se cruza entonces con un magnate implacable y seductor que, pese a sus conquistas, termina obsesionado solo con ella. En medio de una frialdad defensiva y besos que se vuelven adictivos, surge un romance tan arriesgado como inevitable. Atrapados en una conexión profunda y compleja, ninguno de los dos está dispuesto a renunciar a este vínculo compartido.
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Capítulo 1

Un taxi pasaba velozmente por un viaducto. Adentro, se encontraba una chica en el asiento trasero.

Las luces parpadeantes brillaban sobre la nota que sostenía en su mano. Esta decía: '11 en punto de la noche. Habitación 8888, piso 28 del hotel Hilton'.

Una lágrima cayó sobre el papel, lo que hizo florecer una húmeda mancha. Ella se secó las lágrimas a toda prisa, pero la tristeza y la amargura permanecieron en su corazón. Sus hombros empezaron a temblar mientras lloraba en silencio.

"Señorita, ¿se encuentra bien?", preguntó el taxista mirándola. Lo más probable es que estuviera pensando que era rara; llevaba un elegante vestido pero tenía una expresión asustada. Ella sostuvo la nota con más fuerza. Incluso le había tomado unos minutos decirle al taxista el nombre del hotel al que se dirigía, como si fuera una turista.

"Estoy bien. Solo…me duelen los pies", respondió Nina Bai en un balbuceo. Luego, siguió secándose las lágrimas presionando la nota ya arrugada sobre sus rodillas.

Aquella noche era la primera vez que Nina usaba tacones de ocho centímetros. El dolor en sus pies era insoportable, pero no más que el terror por lo que estaba a punto de suceder.

"Recuerda, no lo hagas enojar. Tiene mal genio pero es muy generoso. Lo necesitas para tener el dinero de la operación de tu hermano menor. Sabes lo difícil que es encontrar un donante compatible de riñón. Si no pagas a tiempo, el hospital no se lo dará. No vas a tener tanta suerte la próxima vez".

Las palabras de Daisy resonaron en su mente. Esta también había estado en el hospital por uremia pero, a diferencia de Nina, a ella no le faltaba dinero. Solo había tenido que esperar a un donante de riñón que sea compatible. Sin embargo, Leon, el hermano menor de Nina, ya había perdido uno porque pudieron pagarlo. Y a pesar de que habían logrado conseguir otro donante, seguían sin poder cubrir los gastos. Solo que esta vez Daisy le dijo que debía hacer todo lo posible para asegurar ese riñón, incluso prostituirse.

Por supuesto, al principio, Nina se opuso; pero tras mirar el rostro hinchado de su hermano, así como sus extremidades, supo que tenía que tomar aquella difícil decisión.

"Mira, no te estoy obligando a hacer nada. Todas las chicas que he presentado a los clientes tomaron su propia decisión. No quiero destruir lo que queda de tu inocencia pero, ¿qué podemos hacer? Así es como funciona el mundo en estos días, y ustedes son huérfanos. ¿De qué otra manera puedes salvar a Leon? Aunque seré honesta: si no fuera por tu cara bonita, ni siquiera te recomendaría que lo hicieras. Pero piénsalo. Puedes conseguir trescientos mil de la noche a la mañana. ¡Pocas mujeres han ganado tanto dinero tan rápido! Además, muy pocos hombres pueden pagar tal cantidad. Niña, este hombre no es una persona común y corriente. No puedes usar esa ropa para conocerlo. No te preocupes, te conseguiré un vestido elegante para que lo uses. Vaya, vaya. Menos mal ya tienes dieciocho años".

Las palabras de Daisy siguieron persiguiéndola. Arrugó la nota y se dijo a sí misma: "Puedes hacerlo, Nina. Hazlo por tu hermano. Es solo por una noche, tú puedes. Simplemente reprime el dolor y aguanta".

De repente, se fue hacia adelante mientras el sonido de frenos le perforó los oídos. Miró hacia arriba justo a tiempo para presenciar la conmoción.

¡Bang! ¡Bam! El impacto hizo que el taxi diera media vuelta, lo que resultó con la cabeza de Nina golpeando el asiento frente a ella.

Afortunadamente, el auto patinó hasta detenerse. Además, había sido lo suficientemente precavida como para abrocharse el cinturón de seguridad. De lo contrario, habría ocurrido una tragedia. Aun así, le empezó a doler mucho el golpe, por lo que se cubrió la frente con la mano y miró al conductor. "Señor, ¿se encuentra bien?".

Este agitó la cabeza para despejar su mente. Luego, murmuró que estaba bien y abrió la puerta para revisar la gravedad del choque. Resultaba que habían chocado contra un hermoso auto deportivo. Nina no sabía mucho del tema, pero resultaba evidente que era muy costoso. Desde su asiento, pudo ver al taxista palidecer.

No obstante, ella no podía esperar a que el taxista resolviera ese asunto, así que abrió rápidamente la puerta y se bajó del taxi. Solo tenía media hora para llegar al hotel.

"Señor, aquí está el pasaje. Tengo una emergencia, y no puedo quedarme con usted...", dijo Nina dándole unos billetes cuando, de repente, un hombre muy guapo bajó del auto deportivo. Era alto y delgado, con un largo cabello que enmarcaba su rostro esculpido. Apenas los ojos de Nina se encontraron con los de él, su mente se quedó en blanco. "Bobby Teng", susurró, reconociéndolo.

Ese hombre estaba en todas partes: en televisión, en revistas e incluso en las noticias. Nunca había imaginado encontrarse por las calles con personas como Bobby. Para ella, existían en un mundo diferente al suyo. Se veía mucho más guapo e imponente en persona.

"No tengo tiempo para tonterías. Esta es la tarjeta de mi abogado, puedes esperarlo aquí", dijo Bobby Teng dándole al taxista una tarjeta claramente elegante y costosa. Luego, miró a Nina, quien lo seguía observando boquiabierta, y tuvo que mirarla una vez más. Sus ojos se encontraron en un atónito silencio.

Ella bajó la cabeza. El príncipe de los medios la estaba observando mientras llevaba un vestido revelador. Sintió que su rostro ardía de vergüenza. Sin embargo, y para su sorpresa, Bobby Teng se acercó a ella. Agarró su barbilla con fríos dedos e inclinó su rostro hacia arriba.

Sus ojos fueron lo primero que Nina vio. Sus penetrantes pupilas grises reflejaban su mestizaje. 'Oh, Dios mío'. Nina sintió que estaba a punto de desmayarse.

"¿Cómo te llamas?", preguntó él con voz ronca, mirándola con evidente aburrimiento.

"¿Qué?", murmuró ella. No podía escuchar nada más que los latidos de su propio corazón. Solo veía los labios de Bobby Teng moverse, pero no oía lo que estaba diciendo.

Él apretó su barbilla con más fuerza. Nina gimió de dolor. "¿Cómo te llamas?", preguntó Bobby de nuevo.

"Nina...Nina Bai".

El hombre la miró de arriba abajo y, rápidamente, la tomó de la mano. "¡Entra!", exclamó él arrastrándola inesperadamente a su auto.

"¿Qué?". Después de dar dos pasos, Nina finalmente se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. "¿Por qué debería subirme a tu auto?", preguntó. "Tengo que ir a otra parte".

Él se detuvo y la observó. Luego, agarró la nota de su mano. "¿Hotel Hilton?", preguntó.

Nina bajó la cabeza, avergonzada.

"¿Cuál es la diferencia si te entregas a otra persona? ¡Te pagaré lo mismo!", dijo Bobby arrastrándola de nuevo.

"¡No!", protestó ella. No sabía qué tipo de hombre era Bobby Teng, pero conocía lo suficiente sobre él. Sabía que podía pagar muy bien. No obstante, había decidido hacer eso porque necesitaba ganar trescientos mil rápidamente.

"¿Qué dijiste?", preguntó Bobby mirándola con frialdad. "Nadie puede decirme que no. Escucha: esta noche me perteneces. Eres mía".

Convenientemente, ambos se encontraban junto al vehículo. Solo necesitó darle un ligero empujón para meterla. Luego, él entró y cerró la puerta para irse con ella. Ambos abandonaron la escena mientras sus faros desaparecían en el horizonte.

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