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Portada de la novela Sustituta ¿yo?

Sustituta ¿yo?

Tras la amarga entrega de los documentos de divorcio por parte de Aarón, Lara descubre una verdad devastadora: su matrimonio fue una farsa para sustituir al antiguo amor de su marido. Ante el regreso de esa mujer, él la desprecia y confunde su dolor con avaricia, ofreciéndole propiedades y dinero para agilizar la separación. Mientras Aarón planea su nueva boda, presiona a Lara para que firme de inmediato, ignorando por completo sus sentimientos.
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Capítulo 3

Sin decir mucho, Aarón, se encaminó a la salida de la casa, aunque estaba un poco desconcertado por las últimas palabras de Lara ya que pensó que rogaría un poco más. Luego consideró todo y pensó que era mejor así. En ese lugar no había absolutamente nada de valor para él. En su mano llevaba la carpeta con el acuerdo firmado. Le extrañó un poco que pudiendo obtener 5 millones más solo firmara por diez, por las dudas depositaría los otros, no quería correr riesgos. Sabía que ella nunca diría nada de él pues había firmado un acuerdo de confidencialidad y si hablaba tendría que pagar una multa muy superior al dinero que le había dado.

Se sintió un poco molesto al comprobar lo que tanto se repetía a sí mismo, ella solo buscaba su poder y dinero, seguro esperaba que en algún momento pudiera salir a la luz su matrimonio y formar parte realmente de su vida, algo que nunca lograría. Una mujer como ella, sin ningún valor real, una pobre becada sin familia, nunca sería aceptada por su familia y jamás la llevaría del brazo en la calle.

Lástima que fuera tan hermosa, incluso más que su amada Amelia. Sacudió la cabeza intentando desviar el curso de sus pensamientos. No podía pensar en esa mujer cuando planeaba pedirle pronto casamiento al amor de su vida.

En esa casa vacía Lara se desplomó en el suelo y comenzó a llorar desconsolada, sentía dolor, odio, repulsión por ese hombre. Había roto de un plumazo todos sus sueños e ilusiones. Se prometió a sí misma que ese día lloraría con todas sus fuerzas, pero al siguiente comenzaría de nuevo y está vez tomaría el control de su vida.

_ Carla, hoy no puedo presentarme pues aún tengo fiebre y me siento fatal _ dijo cuando la llamada con la jefa de recursos humanos se conectó.

_ Tranquila Lara, sabes que tu puesto es muy sencillo y… en realidad los cadetes del correo pueden realizar todo solos sin necesidad de tu presencia. Lo curioso es que ese cargo se creó cuando entraste a trabajar a la empresa _ las palabras de su jefa la dejaron en blanco y colgó la llamada, no sabía si la mujer trataba de hacerla sentir mejor o de destruirla y la verdad, poco le importaba.

Considerando la nueva información ahora comprendía que ese hombre la había escondido. No quería que nadie la viera y no entendía muy bien el por qué. De todos modos, ella nunca diría ni haría nada que los delatara dentro de la empresa, por más que hubiera querido tenían un acuerdo firmado.

No queriendo pensar más fue dormir nuevamente. La verdad es que si sentía muy mal. La fiebre no la había abandonado del todo y su cuerpo estaba muy adolorido, lo mejor era descansar.

“—“

Aarón Miller había llegado al departamento de su amada luego de dejar los papeles de divorcio a su abogado y amigo. Algo dentro de su pecho lo hacía sentirse un poco incómodo con la situación por lo que fue a buscar refugio en los brazos de la mujer que siempre le había dado paz.

_ ¡Mi amor! Que bueno que vienes a verme _ corrió la morocha a besarlo con amor.

Amelia era una mujer hermosa, de 29 años al igual que él. Con cabellos negros, de ojos verdes y piel muy blanca y tersa. Parecía una hermosa muñeca de porcelana. Lo había enamorado con tan solo una mirada y una sonrisa. Ella era su sueño hecho mujer y durante dos años tuvo que conformarse con Lara, su sustituta, una mujer que compartía rasgos muy similares a su amada. Si no fuera porque conocía a Amelia y a toda su familia pensaría que son hermanas, pero sabía que eso era imposible porque ella era hija única.

_ Tenía muchas ganas de verte _contestó él cariñoso dando un dulce beso en los labios de la joven.

_ Yo también quería verte _ decía ella con una alegría muy grande por estar a su lado _ estaba pensando…mmm _ comenzó a decir con timidez.

_ ¿En que piensa esa hermosa cabecita? _

_ Me gustaría ir al centro comercial, es que hay muchas cosas que necesito _ agregó un poco apenada.

_ Esta bien mi vida, vamos al centro comercial a buscar todo lo que necesitas _ contestó él. Aunque no tan contento con la situación.

Aarón lo único que quería era poder estar con ella, hacerle el amor por horas y luego dormir abrazados. La había extrañado tanto, tanto que cuando encontró a una mujer que se le parecía no dudó en convertirla en su sustituta.

Eso es lo que había sido Lara en su vida, una sustituta de la mujer que él pensaba era el amor de su vida y el dolor de no tenerla lo obligó a tomar medidas desesperadas y esas fueron convertir a esa mujer sencilla y hasta cierto punto aburrida en su esposa. La veía un poco insípida, y bastante común, a pesar de su incomparable belleza.

Nuevamente sacudió la cabeza para concentrarse en Amelia, no podía pensar en Lara teniendo a su amor junto a él. Lo mejor era llevarla a comprarse lo que quisiera, luego a comer y después, por fin, poder tenerla en sus brazos.

Aarón sentía que por fin la vida le sonreía. El sol había vuelto a salir y los días grises se habían terminado con el regreso de su Amelia la luz había vuelto a su vida.

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